Yusa X Oscar Sánchez: El encanto es mutuo

por
AM

En este segundo trabajo de la serie MxM sentamos a conversar en el Estudio López-Nussa a Oscar Sánchez y a Yusa, dos grandes creadores de canciones unidos por el amor a la palabra y a ese instrumento, único en su tipo, llamado tres .

Oscar Sánchez: Vamos a la génesis de Yusa, a la niñez.

Yusa: Dice mi mamá que ella siempre supo que yo iba a ser músico, porque yo nunca tuve otro juego que no fuera hacer música. Hay cosas que hago incluso antes de tener conciencia; una es que no sé cuándo aprendí a nadar —soy hija de marino mercante—, cuándo fue ese momento. Con la música me pasó algo similar, porque cada vez que había [una entrega] de juguetes básicos y dirigidos yo siempre pedía una guitarra. Y me acuerdo de la primera guitarra que [mi mamá] me trajo; era una chiquita y yo decía “¡pero esto es de mentira, me estás timando!”.

Por esa época mi mamá me llevaba a ver el ballet y cosas así, donde se usaba música de Leo Brouwer; yo veía aquello y ya tenía en mi mente que quería estudiar guitarra clásica. En ese momento no me interesaba hacer canciones, mi idea era tocar música clásica. Cuando entré al conservatorio le pregunté a mi mamá por qué ella me había llevado tan tarde —porque yo veía que habían alumnos con pañoleta azul, y yo tenía ya la roja ya. “Mami, ¿y por qué tú no me trajiste antes aquí?” —le decía. “Es que tú querías estudiar guitarra” —me respondía. “¡Pero yo también quiero estudiar esto y aquello!” —y le señalaba el violín, el chelo, todos los instrumentos.

Oscar: Vamos a brincar un poquito; estudias guitarra y llegas al tres. Yo tengo una pregunta, le he dado muchas vueltas en mi cabeza, y hacértela a ti es buenísimo porque tienes el plus de haber sido la primera mujer graduada de tres por la academia; y es sobre sobre el enfoque del estudio del tres. Entiendo que el programa de la academia está un poco alejado de cómo se toca el tres popularmente… Fíjate, no es solo una cuestión de sonoridad, sino que sabemos está más enfocado en la música clásica, y no tanto en la popular.

Yusa: Efraín Amador, que fue quien creó la escuela del tres y el laúd en Cuba, es hijo de luthier, y además maestro de guitarra clásica, así que lo que ha hecho es integrar la parte técnica del instrumento [al programa de estudio]. Al principio había muy poco repertorio de tres, cosas de Guyún o del Niño Rivera, y algunas otras pocas piezas que estaban hechas para tres en ese momento. Fuera de eso lo que hacíamos era transcribir obras de Bach y Beethoven, y siempre había alguna que otra popular, pero eran las menos. De hecho, tenías que tener una formación de guitarra clásica para poder entrar en la academia de tres; llegabas al instrumento en nivel medio y debías contar con un desarrollo técnico para abordar el instrumento, porque las obras eran complejas.

Por otra parte [el hecho de que no haya una formación académica básica] es bueno, porque al ser un instrumento tradicional, que viene del campo, tampoco lo puedes violentar y llevar a la música clásica, sino que debes integrar los elementos tradicionales a la música clásica, que era justamente lo que intentaban hacer gente como María Teresa Linares, José Ardévol y Harold Gramatges. Eso era lindo, incluso había piezas que se iban creando mientras yo estudiaba.

Yusa: Bueno, déjame preguntarte yo a ti. ¿Cuándo fue que empezaste a integrar la marímbula a tu poesía?

Oscar: La marímbula fue una casualidad feliz. Fui a Guantánamo a un festival de canción, e iba con el encargo de una amiga de comprarle una marímbula. Compré la marímbula, me la llevé al hotel, y por supuesto que  yo no podía tener ese aparato en la habitación y no sentarme arriba de él… Bueno, las manos se hincharon porque yo no quería soltarlo; me decían “vamos a comer” y yo respondía “ahora voy”. Ahí me salió la primera canción. Este es un instrumento del demonio, lo que me hace falta a mí para coger caminos muchos.

Yusa: Es muy bonito, me ha encantado lo que estás haciendo…

Oscar: El encanto es mutuo…

Yusa: Porque además tienes esa cosa del cronista, y al mismo tiempo integras instrumentos tradicionales con un verso fresco y moderno, donde también hay amagues y enlaces a historias y a tu bagaje cultural. Es importante que artistas como tú sean vistos, porque es una manera de ver cuánto ha evolucionado [la canción], que se vea que hay esperanzas, al tener personas como tú que están haciendo un arte tan auténtico y fresco.

Oscar: Ahora vamos a hablar del mundo del teatro. Yusa estudia en un conservatorio, tiene contacto con un montón de gente de varias manifestaciones artísticas, pero chocas con el teatro. Cuéntame qué te aportó esa experiencia. Me imagino que reestructuró tu visión no solo de la música, si no de las palabras y los gestos.

Yusa: Yo en el ISA siempre estaba metida en el aula de antropología, habían unos debates profundos sobre la historia y el negro, una cosa súper fuerte. Ahí conocí a Domingo Candelario, un teatrista que después se hizo muy amigo mío. Él por esa fecha iba a presentar un monólogo que se llamaba Blen, blen, blen, y me interesó porque la obra tenía como eje central la vida de Chano Pozo. Ese monólogo a mí me volvió loca, porque fue cuando vine a encontrar una manera que se avenía a lo que yo era, y a como yo quería escribir. Siempre me ha parecido muy pretencioso estar nombrando o dándole categoría a las cosas —de hecho mi música es incategorizable—, y me gustó que ese sistema que él usaba de poesía actuante, con elementos del subtexto que tienen que ver con nuestra sociedad, donde siempre subyacen cosas.

A partir de ahí empecé a trabajar con él, usando los instrumentos teatralmente. Estando con él conocí a una directora de teatro y profesora de la ENA, que trabajaba con un grupo atendido por Raquel y Vicente Revuelta, y ahí perdí la cabeza completamente. Hicimos teatro norteamericano, muchas obras de Virgilio Piñera como Falsa alarma, Aire frío y Las escapatorias de Laura y Oscar.

Casi todo mi primer disco salió de ese encuentro con el teatro. Eso me abrió un mundo muy grande; [me mostró] el camino para la manera en que quería escribir. Por eso casi todos los textos del disco Yusa tienen que ver con ese acercamiento al teatro. Con Raquel y Vicente Revuelta fue como un gran juego, porque era la primera vez que yo hacía música para teatro, y donde la música era un personaje, porque siempre he creído que la música no es el acompañamiento sobre el texto, sino que el texto y la melodía juegan ambos un rol importante, donde unas veces ceden al otro el protagónico. De hecho, mis canciones en vivo son muy diferentes al disco, porque el show en vivo tiene esa teatralidad donde pasa lo efímero, lo que sucede en ese momento y no vuelve a pasar nunca más.

Oscar: Todo el que compone tiene algunas herramientas, ¿cómo funciona ese proceso en ti?

Yusa: No tengo una estructura establecida, porque muchas veces estoy estudiando y de momento tengo como una idea, y esa idea empiezo a escribirla. Otras veces he tenido un suceso, y básicamente son esos estímulos los que me impulsan a escribir. Como pasó con el teatro, que en ese momento yo lo escribía todo. Lo mismo escribía la canción más absurda del mundo y ni yo misma la entendía, pero yo estaba haciendo una búsqueda, ¿sabes?

De hecho, como me gusta tanto la palabra, me importa mucho también lo que se dice, el cómo se dice, cómo suena, o cómo se recibe, siempre le he tomado mucho respeto a ese juego que tiene que ver con las palabras, porque como quiera que sea la música —lo que es la melodía—, es algo que tengo como entrenamiento casi innato. La literatura era mi escape, el único que tenía fuera de la música; luego del teatro es que yo empiezo a crear un sistema, que tiene que ver con estímulos, y pueden ser una obra de teatro, o un suceso, u otras canciones que haya creado.

Siempre es diferente; hay días en que me ha salido una canción de arriba abajo, como pasó con Sirvió de algo, que fue un tema que hice así mismo. El otro día estaba viendo el manuscrito de la canción, y veía que había cambiado un artículo por una conjunción, no sé, algo así. Y eso fue increíble, pero eso no sucede siempre, a veces me he pasado meses.

Me acuerdo cuando hice No tengo otro lugar; había hecho toda la canción y me faltaba una palabra que la tenía trabada, y yo decía: “puedo ser tan diferente a lo que era, puedo incluso… la edad”. Yo tenía que hablar de la edad, del hecho de ser joven y al mismo tiempo de desquitarse uno. Ahora digo desquitarse, aunque esa palabra quien la puso fue Santiago Feliú, yo estaba trabada. Me acuerdo que en ese momento él estaba también en el proceso de creación de Sin Julieta, y nos veíamos y me decía: “¿Pero ya compusiste?”, y yo le decía: “no, no me sale nada, compadre”, y pasaban un montón de meses y de nuevo: “¿Y qué?”; no podía avanzar, y era una palabra, esa palabra la que me faltaba.

Pero bueno, muchas veces pasa de esa manera, que no la encuentras y, sabes, juegas con eso. Jugar un poco con los sinónimos. Muchas veces cuando yo las hago [las letras de las canciones], las hago porque ya básicamente sé lo que voy a decir. Después me pongo a armar juegos con otros estímulos y empiezo a conectar teatralmente, porque es el recurso que más tengo, el del teatro.

Oscar: Aquí te tengo con el tres, nuestro amigo el tres. Cuéntame, que ahorita hablábamos de la inclusión del tres y el laúd dentro de la música clásica. Ahí está su sonoridad, el cómo se toca, que perfectamente puede ser tratado como una mandolina, o puede ser una guitarra de doce cuerdas, y sé que según la púa que tú uses tienes una sonoridad distinta.

Yusa: Yo uso una púa medium o soft para el tema de los trinos. El trino es tan suave, y tiene tanto [sonido]…; eso es una cosa que a mí me gustó mucho de este instrumento: la posibilidad de hacer el trino. Esta púa [que tengo ahora] es un poco más fuerte, más rockera. Casi siempre cuando toco en conciertos, en el último tema que siempre es con el tres —aunque uso el tres en el medio cuando hago Close to you—, me gusta ir a ese homenaje donde está mezclada la academia y la música popular. Si Efraín me escucha, no sé…

Oscar: Seguro te da dos.

Yusa: Me puede dar dos, sí,directo para suspenso.

1 Comment

  1. Muy linda idea esta , felicito a todo el equipo. Ojalá se hagan muchos más. Ciertamente fui testigo (en esa época teatral, de muchos sucesos y mucha inspiración) que hay temas que Yusa escribió de arriba a abajo, como en un trance : “Freya” y “La numero 2” Me imagino que olvidó mencionar a Celia Rosa Hernandez, directora con quien tuvo la experiencia teatral apoyada por Raquel Revuelta. La maestra más grande de actuación que tuvimos varias generaciones y con quien Yusa tuvo la oportunidad de hacer su aporte musical y más. Espero ver todos los M and M futuros. Nos debíamos un programa así hace mucho tiempo. Enhorabuena.

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