Trío Palabras: trova tradicional para el siglo XXI

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Reseñas

“Sublime” es la palabra. La trova que se toca en el centro de Cuba, al menos desde mediados del siglo XIX, esa que fue terreno de proletarios, de gente que trabajaba de día (el Corona tabaquero, el Companioni farmacéutico) para luego entregarse a la bohemia nocturna, sigue siendo tremendamente sublime. En su lenguaje, en sus modos de interpretar la música, incluso en la exquisitez con que visten sus intérpretes. En esa estela se ha subido Lo que dice mi cantar, el más reciente disco del Trío Palabras, integrado por las villaclareñas Liane Pérez, Nubia González y Vania Martínez.

Publicado bajo el sello americo-canadiense Muxía Music, el álbum recoge 11 piezas a modo de homenaje de la trova de distintas épocas y regiones del país. Desde El vendedor de agua de Lorenzo Hierrezuelo, que abre el disco como un pregón, pasando por Esta vez tocó perder, de María Teresa Vera —juro que “esta vez” no extrañé para nada Veinte años—, hasta ese himno espirituano que es Pensamiento, de Teofilito, o la tan tierna, por insomne, El soldado, de Rafael Suárez.

Con semejante repertorio, pareciera de entrada que estamos frente al último de los productos concebido “para los yumas”, con ínfulas y todo de gran mercado. Pero stop. La música se encarga bien rápido de romper el maleficio que nos han lanzado los cientos de discos de trova tradicional (¿o serán miles?), publicados aquí o allá, bajo el rótulo de world music (o afines). Porque una cosa es compilar en un dos por tres temas recontraprobados, por inmensos, tipo Lágrimas negras, y otra bien diferente tomarse el trabajo de escarbar con minuciosidad en el inmenso catálogo de la trova para reverenciar y volver a sacarle brillo (con la bondad de una pulidora), a otras canciones también enormemente hermosas. Para eso, la clave es la interpretación del Trío Palabras, el sonido preciso de la guitarra de Nubia, el empaste de las voces únicas de Vania y Liane (tan sutiles y respetuosas del silencio: como si cada fraseo llevara antes una respiración profunda) y, por supuesto, las orquestaciones y arreglos pensados para el álbum.

La lista de músicos y músicas que acompañan aquí a Palabras es otra señal más del espíritu colectivo y la fraternidad que priman en la trova santaclareña de los últimos años. Están los Trovarroco Maikel Elizarde (tres) y Rachid López (guitarra), el contrabajo de Meylín Chaviano, el laúd de Teresa Wong y la percusión de Axel Yera y Alexis “Pututi” Arce (nombre prominente en la timba cubana de los noventa).

Otro detalle aplaudible,  vintage, que no hace sino engrandecer a este disco registrado durante cuatro días y sus noches en los estudios Eusebio Delfín de Cienfuegos, es la técnica utilizada para su grabación. Encabezado por el productor Jim Laurel, el austero equipo de Muxía Music tiene como filosofía el registro en alta definición de música acústica, a la usanza de los años cincuenta y sesenta: tomas únicas, músicos tocando juntos en un salón cómodo, con algo de alcohol (supongo) y micrófonos extravagantes.

Antes de terminar, un detalle importante. En la última edición de los premios Cubadisco, Lo que dice mi cantar se llevó el máximo galardón en la categoría de Canción. Y eso tiene mérito, porque se trata de una obra made in el interior, de autoras que defienden su música, sin grandes apoyos. Si el Premio Cubadisco, en fin, sirviera por una vez para recabar el interés de un sello nacional por licenciar y regar por toda Cuba esta música, entonces se habrá hecho un poquito más de justicia.

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