Ilustración: Duchy Man.
Ilustración: Duchy Man.

Ruido y furia: Intento de venganza contra los cuatro corazones de Freddy Laffita

6 minutos / Wendy Martínez

05.02.2021 / Columnas,  Ruido y Furia

Freddy no me conoce a mí, pero yo conozco a Freddy. Lo vi una vez en La Casa de la Bombilla Verde, y lo vi antes: en Santa Clara, en un festival donde estábamos todos muy borrachos y donde unos borrachos le pedían Cuarto corazón. Y yo, que solo tengo uno, sentí cuatro veces eso a lo que llaman un golpe en el pecho.

No. Él no me conoce. Él no sabe que existo detrás de un ordenador, ni que lloré una vez —cuando me dejaron en una parada de la 400— escuchando una canción suya.

Freddy, el trovador, no sabe que tiene la culpa de unas cuantas noches en una casita de El Cerro, ni sabe lo que padezco, ni que una vez agarré la guitarra y le fusilé un tema: Leve resplandor. Él no sabe que mis alarmas son impares, que me despierto a las 10:35, que a veces no me despierto, que mi tono de llamada es Foxy Lady, que no me gusta Joyce.

A Freddy qué le importa. Freddy canta como si le hubiesen quitado la voz y no puede, no debe importarle mi muela. Canta como si no pudiera más. Freddy no puede más. Y puede.

No quiero hablar del año en el que sacó tal disco, no me importa. A Freddy tampoco.

Esa noche de La Bombilla conversamos. No nos dijimos nada. Algo mencionó sobre un programa en el que me vio cantando. Ah, pero él no se acuerda. Freddy no me conoce. Si lo hiciera se callara la boca y me dejara en paz, y no se metiera con mis noches, con mis amores exiliados, con mi corazón, que era único y pequeño hasta que decidió volverlo una cosa múltiple y monstruosa. Y le diera igual tirarme contra la ventanilla de la 400. A mí me da igual tirarme contra la ventanilla de la 400. No sé en qué año nació y no tengo la intención de buscarlo; no quiero saber cuál fue su primer tema, porque esta es una venganza un poco tierna, muy a pesar mío. Yo quiero que la gente sepa que Freddy me partió el alma, que lloré por su culpa, que aquella noche puse su canción 28 veces, no importa cuál. Hubo algo que se rompió y desde entonces yo fui otra cosa: una especie de tormento que ahora se pone canciones para vomitar la bilis, o una bilis que se vomita y se deshace. Freddy me enseñó a llorar. A deshacerme. Le debo mucho. Quizás lo vea un día y lo abrace. Quizás yo me abrace a los anuncios de los cuerpos, de las vitrinas, quizás yo sea un maniquí que canta. Quizás no le diga nada.

A él le robaron la voz, porque no era justo que su voz fuera dulce. Su voz es amarga y tiembla. Su voz es la voz del ron y los milagros. (Ay, Freddy, me disparé tus temas como la gente se dispara un Alprazolam para dormir bien. Pero fuiste un efecto adverso, una pastilla que me dejó insomne para siempre).

Una vez escuché de golpe todas las canciones. Yo no sé tocar sus temas. No sé, porque mi voz es muy infantil como para hablar de dioses intangibles. Freddy no esperó para entrar. Yo amé a las mujeres que él amó, y sufrí los fantasmas certeros, las ausencias. Él es una ausencia porque yo no puedo ahora mismo coger una guagua e ir a recriminarle nada. Me dejó sin voz y ahora tengo que procurar la ternura y no me sale. No me salen las palabras dulces. No puedo anunciar la llegada de sus dioses. Siento que la gente debe conocer a los dioses suyos, porque estos comienzan en un acorde menor y se tiran contra la ventanilla de la 400.

Por favor, que alguien le diga que estoy detrás de un ordenador, que casi vomito la bilis aquella noche porque las calles de noviembre fueron largas, porque ya no hubo más puerta que el leve resplandor, porque a los amores les faltó pan, les faltó el milagro en una parada de la 400. Que alguien le diga que hay una niña que quería ser modelo de Yves Saint Laurent, una niña que se murió de flaca y ya no quiso ser más modelo de Yves Saint Laurent. Que alguien le diga que yo tampoco puedo comer a veces. Díganle que tuve tres corazones más, y que me alegra que ese número haya sido impar, que esos corazones hayan sido alarmas, resplandores leves. Que alguien le diga que él tiene la culpa.

Cúlpenlo a él del llanto. Díganle que me traiga una pastilla, que no la coja conmigo, y que ahora estoy rezándole a sus dioses, y que no son tan intangibles.

Freddy, querido, esta es mi venganza. No sé dónde te vas a meter. Me da igual en qué año grabaste los resplandores. Tú no me conoces, pero no es justa la suma.

Tú ocúpate de estrechar las calles de noviembre, de procurarme el pan, de arreglarme los acordes menores. Cállate. O mejor no te calles. (Yo vengo de la pena como un día del amor). Deja que mi casa sea un mercado para excéntricos, tráeme la tierra y una lluvia de papel. Déjame exponer las manchas silenciosas. Déjame, por lo menos, dormirme a las 9:00. Déjame volver a las vitrinas, hacerme la idea de que puedo romper mis cauces inhumanos, de que puedo contra mi neurosis y contra el delirio (mil veces, Freddy, no es justo). Déjame tranquila, como dejaste aquella pena (yo sé que es mentira, que la pena es tuya y que te duele). Déjame volver a Joyce, a los dioses propios. Déjame el ayuno aunque prefiera tu pan. Deja de intentar la lluvia en mis papeles. Deja que transite por noviembre sin calcular las calles. Déjame impar y serena. Déjame tranquila.

Después nos arreglamos.

Wendy Martínez

Wendy Martínez

Voyeur de partidas de ajedrez. Taquígrafa de mis sueños. Tengo miedo a los payasos.

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    Abel Reyes

    05.02.2021

    Wendy mía, con este texto volvió tu ausencia y no sé qué darle de comer… Eres como una sombra a la que le ladra mi perro. Te amo.

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    Lia Llorente

    05.02.2021

    Hermoso!!!!Yo si conozco a Freddy ..y también lloré ,amé y fui feliz hace años con sus canciones !!Graciasss por hacer justicia..por hacer visible un poeta de tamaño insospechado!!!¡

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    Lesbia

    05.02.2021

    Gracias, la obra de este cantautor es como la calma después de la tormenta o viceversa, un arcoíris de tonos discrepantes. De sus composiciones La Aspirina.

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    Coki

    05.02.2021

    LINDO!!!!

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    Major Tom

    05.02.2021

    Emping

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    Yelaine

    05.02.2021

    Felicidades Wendy. Soy de Las Tunas y he sentido en piel y alma ese impacto que deja Freddy. Gracias por tus palabras. Geniales.

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    José Miguel

    05.02.2021

    Sí, varias canciones de Freddy están entre las mejores de su generación, y han servido para lo que cuentas a muchos cubanos. El link a «Leve Resplandor» no remite a esa canción, sino a otra: «La isla en peso».

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    Carlos Tellez Espino

    08.02.2021

    Freddy, uno de los eternos. Por suerte, aún, entre nosotros.

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    Ángeles

    08.02.2021

    Hermoso texto, qué digo hermoso, HERMOSÍSIMO. No conozco la autora, pero siento la música tras las palabras. Sigo a Wendy. Ya espero sus textos.


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