Foto original ´Rosita Fornés y el producto derramado´, sesión fotográfica promocional, La Habana, 1947. Crédito: Armand Studios (Armando Hernández López).

Rosa Fornés: porque no hay nadie como ella

por
El Secundero
No solo porque Freddy Maragotto, uno de sus más grandes admiradores me haya pedido desde ayer que recordara el cumpleaños de esta mujer, es que estoy escribiendo otra vez sobre ella. Parece que ya no puedo evitar hacerlo, y cada 11 de febrero me rindo nuevamente ante su encanto, su versatilidad, su profesionalismo y su manera de haber sobrevivido tantas hecatombes.

Rosalía Palet Bonavía, aquella muchachita que debutó con El asombro de Damasco, cumple hoy 96 años, y sin su presencia nos hubiera faltado mucho por entender acerca del carisma, y el glamour y la popularidad auténtica que algunos artistas cubanos han sabido ganarse; lo cual tanto contrasta en este tiempo de supuestos artistas que ni cantan ni comen vegetal alguno, pero a los que se les promociona como si fueran candidatos al Nobel de la frivolidad más barata. Rosa Fornés fue ligera, grácil, simpática, pero siempre se las arregló para demostrar una intuición que la mantuvo a salvo, incluso cuando dejó que su talento se pusiera en manos no siempre confiables. Como nuestra otra gran vedette, María de los Ángeles Santana, se impuso a sí misma no quedar enquistada en la imagen de plumas y lentejuelas, y demostró cuando se le dio oportunidad el amplio rango de su veta artística. Con una voz ideal para zarzuelas y operetas, para el musical ligero y la revista de variedades, sobrepasó la belleza de su juventud, las estancias en México y España, para volver siempre a su país. Esa fidelidad supo llevarla con el mismo orgullo con el que salía, arropada en una capa majestuosa, a cantar un tema de Meme Solís en el Desfile de la Alegría. Nunca hubo, probablemente, un espectáculo televisivo más gay en la historia de ese medio en Cuba que Cita con Rosita, donde siempre se le vio con una corte de bailarines que emulaban con los de Raffaella Carrá en su célebre video de Hay que venir al sur.
Ese público hoy la sigue adorando, porque Rosa jamás les ha negado una sonrisa. Como ya he dicho esto y más sobre ella, lo que añado hoy a la fiesta que la reconoce como una auténtica reina es un playlist de sus canciones que prefiero, en el que hay desde las más previsibles hasta las más delirantes: ella ha sido todo eso y mucho de lo que las generaciones de hoy no se imaginan. Protagonista de zarzuelas, bailarina de mambo y cha cha chá junto a Tin Tan, Linda Misterio en Madrid, Violeta en la Confesión en el barrio chino que le regalaron los hermanos Dorr,   la Gloria afanada en conseguir un mejor apartamento en Se permuta, Filomena Marturano en Teatro ICR, la Dolly Levi del Teatro Karl Marx, Rosa Soto (su mejor actuación en cine) negada a aceptar “papeles secundarios”, la esposa de Bianchi y la reina de Juntos a las 9 y otros shows de ese tipo… todo eso coincide en la Fornés, en esos 96 años que se volvieron anhelo de artista cuando cantó La hija de Juan Simón en La corte suprema del Arte.
Acá van, como diez flores para ella, estas grabaciones suyas que prefiero y recomiendo.
10. Aquellos ojos verdes, para la banda sonora de Papeles Secundarios. Impulsada por Mario Daly, responsable del soundtrack de esta película de Orlando Rojas, la Fornés recordó sus días de chica rockera para entonar una versión alucinante del célebre bolero de Nilo Menéndez para dejarnos boquiabiertos. Un video en YouTube, rescatado por ese adorador principal de la Fornés que es Tony Pisani, da fe del acontecimiento que hasta donde sé, nunca llegó al disco.
9. Un ramo de rosas. Incluida entre las pistas´de Vedetísima, el disco que logró acumular un conjunto que da una idea precisa de la versatilidad de la Fornés, este tema es un shake de Pal Latorre y José Solá, que la actriz y cantante convertiría en una de sus cartas de presentación a lo largo de los años 70. Y aún mucho más.
8. Por qué te vas. La canción de Gilbert Bécaud tuvo notables versiones en otros idiomas, como la de Judy Garland. La Fornés  echa mano a sus tonos graves para transmitir el dramatismo de la célebre canción. En YouTube, ese país al que pienso retirarme en mi vejez, hay un video de ella cantando en vivo estas estrofas, que justifican a plenitud el por qué de esta elección.
7. La viuda alegre. Quiero creer que en algún escondrijo de las arcas impenetrables del ICRT se conserve una grabación en video, o el playback al menos de algunas de las emisiones televisivas en las cuales la Fornés fue Ana de Glavary. Este rol, junto al de La casta Susana, fueron excepcionales en su desempeño, y es una pena que la EGREM o el propio ICRT no haya sacado en versión de disco esos registros, donde la Fornés derrocha elegancia, picardía, salero y un encanto que hacen de sus versiones de esos papeles una lección genuina.
6. Noches de Moscú. En verdad no es tanto por el tema sino por la aparición del mismo en una despedida del Desfile de la Alegría, dirigido por Condall, que incluyo aquí este tema, que pudo haberse sustituido por Prendado a un sentimiento, la rockerísima versión de la Fornés de la canción tan popular de B. J. Thomas, en los albores de la Zafra de los 10 Millones. Pero el número que ella centraliza, con un Moscú de cartón de fondo, un coro adusto y severo mezclado con unas mamboletas de rompe y raja, deviene uno de los instantes más surrealistas de ese tiempo en el que lo soviético quería imponerse entre nosotros. Sin Rosa Fornés en el medio, como se le ve en YouTube, aquello no tendría ni pies ni cabeza. Ella es la “solución unitiva” de ese ir y venir de figurantes y cantores que nos dice, también a su modo, cuán posible o imposible era esa “hermandad eterna” entre el Caribe y la Siberia. Imperdible.
5. El comediante. Una canción de José Antonio Quesada le permitió, en 1984, ganar el premio de interpretación del Concurso Guzmán. Monólogo cantado, en realidad, era un manifiesto de reafirmación de su trayectoria, y un repaso para no quedarse a la espera de nuevos aplausos, que ella hace crecer aún más con su personalidad. También en YouTube, confirma las armas de la Fornés que, mucho tiempo después, las reafirmaría al asumir a su modo la muy famosa Balada para un loco de Piazzolla.
4. Magia de amor. Es una canción de las más bellas de Adolfo Guzmán, y esa voz de soprano tan suya se pone al servicio de una melodía impecable. Dentro de un repertorio que abunda en versiones, esta es una canción que, indudablemente, pertenece por entero a la Fornés.
3. Cuéntale. Uno de esos temas que ella hizo tan populares, y que aún en Rosa del Tiempo, el CD que lanzó la EGREM tras muchos años de no editar nada de la Fornés, sigue presentando como autor a un  misterioso D.R. (Derechos Reservados). La grabación de Vedetísima tiene un ligero acento mexicano en esas trompetas, y ella se regodea en el papel de “la otra”. Como si alguien pudiera dejar a esta mujer por otra, al menos cuando nos canta con tanto desafío y gracia.
2. La Chica Yé Yé. Estuve a punto de cambiar este tema por uno grabado para niños (ya he dicho que la Fornés es versatilidad, y me refiero a su Gato andaluz donde ella demuestra que su felina voz es un instrumento que da para mucho), pero cedo ante su versión de una canción concebida para Concha Velasco, y que transformó a la gran actriz española repentinamente en cantante. De vuelta a YouTube, hay otro video (gracias mil veces, Tony Pisani) que a pesar de su baja calidad, deja ver a la Fornés en su esplendor. Sin plumas, sin demasiados adornos, sin joyas más radiantes que su sonrisa, ella es sin dudas nuestra mejor Chica Ye Yé. Con perdón de su Majestad, la Velasco.
1. Sin un reproche, de Meme Solís. Bueno, qué decir. En YouTube la Fornés canta con un dominio de sí misma, una dignidad de gran dama y un fraseo irrepetible, Otro amanecer. La acompaña un abanico que alguna vez tuve entre las manos, y un aire que se combina perfectamente con los coros y la orquesta en pleno de la grabación. La amistad de Rosa con Meme Solís es uno de los grandes capítulos de su vida. Y en la cima de ese episodio, está su rendition de Sin un reproche. Es, de todos los de la lista, el único que le he visto cantar en vivo. Y tanto ella, como el modo en que el público la sigue a través de las palabras y el estribillo, me confirman el por qué este es mi momento Fornés preferido. Mucho hay de ella, de la vida de ambos, en esa canción. Y por eso, en esta mañana de sus 96 años, es la primera que oigo. Para cantar con ella, cómo no, y con Meme Solís.
La trayectoria de una mujer tan singular no cabe en un playlist. Tampoco, en 24 horas, cabe todo lo que ella merece como homenaje. Basten esos apuntes y recomendaciones para saberla viva y con nosotros, cantando para nosotros. Porque no hay nadie como ella. En ningún jardín de Cuba ha brillado con tanta intensidad una rosa como ésta.

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