Diseño: Mayo Bous
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Reflexiones sobre la difusión de la música cubana bailable

10 minutos / Lucio J. Dávalos (DJ La Pantera)

24.06.2020 / Artículos

Cuando me enamoré de la música cubana, en particular de la música popular bailable —tradicional y contemporánea— comencé a buscarla con avidez. Quería tener y escuchar todos los discos de mis orquestas favoritas: Los Van Van, Manolito Simonet y su Trabuco, Pupy y los que Son Son, Adalberto Álvarez y su Son, Elito Revé y su Charangón… las más conocidas, pues, cuando entras al mundo de algún género musical, usualmente a lo primero que te expones es a lo más popular y de mayor presencia en el mercado.

En ese camino de buscar, perseguir y descubrir, me di cuenta de que había mucho material que no era fácil de conseguir. Estábamos en plena fase de transición hacia el apogeo del formato digital para la música, por tanto, varios álbumes solo se podían encontrar en formato físico (CD).

Conforme seguí adentrándome en este universo musical, descubrí también que existía en la red una suerte de mercado negro de música digital. La piratería se había encargado de generar un tráfico de material importante: desde álbumes que ya no se conseguían en formato físico, hasta aquello que solo salió como promocional y que llegó a páginas dedicadas al género, DJ y difusores, para su exposición ante el público seguidor de la música cubana. Incluso podían encontrarse allí discos que se habían grabado para ser publicados oficialmente pero que, por una u otra razón, nunca vieron esa esperada publicación en el mercado local ni el mundial a través del formato digital.

No voy a negarlo; gracias a ese tráfico “subterráneo” pude completar muchas discografías de artistas y orquestas que me hacían volar con su música.

Llegado el momento de iniciar mi camino de selector musical caí aun más en la cuenta de lo restringido que es nuestro circuito: los privilegiados que —por pasión, dedicación o contactos adecuados— podíamos tener acceso a todo el material oficial de las agrupaciones cubanas representábamos un círculo pequeño en comparación con el universo de consumidores potenciales de esta música. Y ni siquiera estoy teniendo en cuenta el material “inédito”, que también es otro buen lote.

Por estas razones, para el consumidor habitual de las salas de baile, festivales o eventos similares, la vía de acceso a una buena cantidad de propuestas atractivas, más allá de lo más conocido o popular, era a través de los DJ o de las páginas de difusión. Si uno se enamoraba de un temazo en una fiesta había una buena probabilidad de que no lo fuera a encontrar en ningún lado a menos que uno se moviera en esos círculos. Lo digo por experiencia.

En algún momento comencé a preguntarme si esta mecánica favorecía a la música cubana. ¿No se supone que por mucho tiempo la distribución discográfica de la música cubana frente a la “salsa” estuvo en desventaja? ¿No se supone que el interés principal es llegar a todo el público posible? ¿No se supone que es el interés común de todos los que amamos los ritmos cubanos que más y más personas se enamoren de esta música y que, para ello, es fundamental que tengan un acceso fácil y directo a ella?

Actualmente, con el completo dominio del formato digital y la suscripción a servicios de streaming, se han reducido muchas barreras para la circulación de la música a nivel mundial, ya sea de un artista muy conocido o de uno desconocido para la mayoría, ya sea de un artista que pertenece a un sello discográfico grande o de un artista independiente.

¿No representa entonces este contexto una gran oportunidad para la música cubana, para poder concretar ese acceso fácil y directo?

Creo que el modelo en el que el artista novel o poco conocido le entrega su música a un DJ/difusor/promotor para que le dé esa ansiada visibilidad que le haga llegar a los oídos y, posteriormente, a la preferencia de los bailadores y consumidores de la música cubana, se está quedando obsoleto (si es que no lo es ya).

 

Detalle de la portada del sitio web Solar Latin Club, dedicado a la difusión de música cubana.

Detalle de la portada del sitio web Solar Latin Club, dedicado a la difusión de música cubana.

Es habitual encontrar temas de varias agrupaciones de música bailable en los canales de YouTube de DJ o de difusores, así como en otras plataformas como SoundCloud o Reverbnation. Esto incluye material que no ha salido oficialmente (y que llega por esa concesión del artista o por las temidas filtraciones) o que probablemente no va a ver la luz por las diferentes limitaciones a las que se enfrentan los artistas para que su música se publique en plataformas abiertas y masivas.

Sin duda, esto no deja de generar visibilidad y que los interesados conozcan la buena música que se está haciendo o lo que “pronto” llegará al mercado (digital o físico). Esto no deja de darle luz al nombre del artista o agrupación, genera expectativa, pero esta expectativa debe ser satisfecha en un corto-mediano plazo con el acceso del público general a ese ansiado material.

No es mi intención restarles mérito a esos canales de difusión: muchas veces he descubierto música en ellos, me he emocionado con lo buenísimo que podía estar un tema o podía ser una orquesta, pero luego… ¿por dónde accedo al tema regularmente? ¿Solo a través de un canal ajeno al artista? ¿Tiene que ser tan restringido el acceso para un “simple mortal”? ¿Cómo retribuyo económicamente el esfuerzo del artista?

Incluso puede que ni siquiera el artista tenga el tema publicado en su propio canal, pero que ya circule en otros ajenos al suyo. Varias veces con la coletilla “by fulano o mengano”. Se exhibe la exclusividad, el tener lo que nadie tiene y —en esa demostración de jerarquía— las vistas, las reproducciones, el prestigio y potencial ingreso económico (el que sea) llegan a un tercero y no a quien deberían llegarle.

Para más inri, los videoclips de las agrupaciones que, con gran esfuerzo económico, tiempo y energía, se publican en sus canales oficiales al poco tiempo ya están publicados (que no compartidos) en las páginas o canales de otros, muchas veces bajo el rótulo de “exclusivo”.

Por supuesto que “todo suma” pero… ¿no nos interesa sumar MÁS y MEJOR?

En un entorno donde las redes son nuestro segundo hábitat, no hay dudas de que tener más likes o views nos posiciona, prestigia y jerarquiza mediáticamente. Generan estatus. Pero creo firmemente que debemos ganarnos ese estatus manteniendo unos códigos éticos, como en todo ámbito que aspire a ser profesional, responsable y respetable.

Canal de Youtube de Dj Yasel de Cuba, dedicado a la promoción de la salsa.

Canal de Youtube de Dj Yasel de Cuba, dedicado a la promoción de la salsa.

Pienso que esta mecánica de difusión está desviando en gran medida hacia terceros el crédito que debería ser para el artista, aún más cuando canales como YouTube o Spotify monetizan los altos índices de reproducción, y cuando un número importante de views y reproducciones pueden nutrir el currículum de una agrupación de cara a buscar más oportunidades en el mercado.

Si deseamos optimizar el beneficio para los artistas y, en consecuencia, para la música cubana, tenemos que procurar dirigir la diseminación de su material a través de sus canales oficiales.

La difusión se trata de eso: de ser el vehículo que lleva de un punto A (canal del artista) a un punto B (el público) el arte de estos músicos.

No es mi intención decir que los difusores no deban tener un acceso preferente al material; pienso que el buen difusor es vital. Ya sea por dar a conocer la música a través de sus páginas, por programas radiales o por hacerla sonar en fiestas, conciertos, festivales y más eventos. Cada difusor es parte del importantísimo networking de los artistas. Pero nosotros, en retribución a esa confianza, debemos encontrar maneras de difundir y promocionar sus creaciones con ética y responsabilidad.

El submundo del tráfico de material no va a desaparecer, hay que ser realistas, sin embargo, podemos ser cada vez más los que demos preferencia a los canales oficiales. Si de verdad nuestro interés principal es la salud de la música cubana y su masificación, debemos ser cada vez más quienes respetemos la música y a sus artistas dándoles el máximo crédito que podamos, empezando por dirigir al público hacia sus páginas de Facebook, canales de YouTube y a sus perfiles en plataformas digitales.

Esto también puede estimular a los artistas para mantener sus canales oficiales mínimamente organizados, con un manejo profesional, así como producir más material y ponerlo a disposición por las vías adecuadas con el propósito de llegar a más gente de forma directa, a la vez que generan beneficios. Porque también es responsabilidad de los artistas hacer las cosas de la forma más seria posible para proteger su trabajo y esfuerzo.

Nosotros podemos contribuir optimizando nuestra difusión, compartiendo información valiosa sobre los artistas y su música: entrevistas, reseñas, anécdotas, etc., comunicando nuestra historia de amor con la música, utilizando fragmentos de algún tema venidero para endulzar a la audiencia o publicar temas autorizados por los artistas, pero con cuñas de audio que protejan ese material. En resumen, tenemos que explotar toda nuestra creatividad para compartir nuestra pasión —insisto— de forma ética y responsable.

Para terminar, pienso que debemos sentirnos orgullosos y motivados pues formamos parte del gran equipo de agentes transmisores de eso que anda. Somos aquellos que van un paso más allá en la curiosidad musical y en el contacto con los artistas que admiramos, por tanto somos fuente de información y descubrimiento para el colectivo que disfruta de esta música.

Debemos mantenernos unidos en ese compromiso férreo de cuidar y mimar a la “gallina de los timbales* de oro”: nuestra música popular bailable y toda la música cubana, generadora de tan lindas emociones y momentos inolvidables.

*Úsese el instrumento de su preferencia.

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Lucio J. Dávalos (DJ La Pantera)

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    Annia

    03.07.2020

    Muy buen artículo. No había visto nada escrito sobre este tema tan importante.
    El accionar irresponsable y falta de etica de algunos DJs y plataformas es algo que sufro diariamente en carne propia. Gracias Pantera!


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