Ilustración: Mayo Bous / Magazine AM:PM.

¿Podemos saber qué es lo más escuchado en Cuba?

por
AM

En el mundo existen dos tipos de listas. Las que se basan en datos (datos que pueden ser discutibles, pero al menos aspiran a ser tomados como hechos (nótese cómo humanicé a los datos con sus aspiraciones (y con este tercer paréntesis, este texto es el de más paréntesis dentro de paréntesis en Magazine AM:PM, es un hecho))) y las que se construyen a partir de opiniones. Con esquemas divergentes, estas clasificaciones tienen la misma validez para medir el objeto de interés de turno, según la conveniencia de cada quien.

¿Es posible conocer cuáles son las cien mejores canciones de la historia? No. El debate de toda la vida: los premios son subjetivos, y no siempre reflejan qué es lo mejor; por otra parte, lo más escuchado y vendido pudiera dar una idea de lo más popular, pero eso no tiene por qué ser sinónimo de calidad. Al menos lo más popular es una categoría más honesta y objetiva que los premios otorgados por unos pocos. Lo terrible es cuando lo más popular, tampoco es exactamente lo más popular.

Analicemos un momento Popnable, un sitio web que, a partir de la API (Interfaz de programación de aplicaciones, por sus siglas en inglés) de Youtube, confecciona listas de lo más escuchado de diferentes países, sin importar el idioma o el género.

Popnable analiza más de 28 mil canales de la plataforma a través de una serie de bots dedicados a buscar y recopilar estadísticas. Estos bots tienes tres metas esenciales: buscar canales trending (populares en tiempo real) para agregar al repositorio de Popnable; obtener datos de cada nuevo video musical para también ser agregado; y leer información de Youtube semanalmente como cantidad de vistas, de “me gusta” y “no me gusta”.

Popnable solo busca información en dos tipos de canales, los internacionales, que publican videos de diferentes países y géneros, y los locales, dedicados a un país en específico. A la hora de seleccionar la nacionalidad bajo la cual se clasificará el video, en caso de pertenecer a un canal internacional, se elige la nacionalidad del artista que lo interpreta; si se trata de uno local, pertenece al país que se describe en el canal.

Más tarde un equipo de administradores del sitio procesa esta información. Selecciona los videos sugeridos por los bots y edita los nombres de las canciones y artistas de forma estándar; aprueban o no los reportes dados por los usuarios de Popnable. Al finalizar, las estadísticas se comparan con las obtenidas en las semanas previas para generar los nuevos listados. Y se publica lo más escuchado en esos países a los que dedican un espacio. La lista de Cuba se publica los jueves. Con una metodología bastante confiable, podemos saber así cuáles son los temas cubanos más pegados en el mundo, al menos en Youtube.

De paso, podemos conocer ciertas tendencias a partir de los lugares en esas listas: los cambios repentinos que ocurren de una semana a otra –ya sea gracias a la popularidad de un artista en un período de tiempo corto u otros motivos–; la aparición de un nuevo canal con contenido propio que logre, por un golpe de suerte, o de trending, pegar determinado video; incluso analizar cómo algunas canciones se mantienen entre lo más escuchado por varias semanas. Sin embargo, estas estadísticas se limitan a Youtube, y es difícil comparar el resultado de sus listas con el de otras plataformas.

Del otro lado de la balanza tenemos a Pistacubana, un portal que publica “lo más escuchado en Cuba” al tomar como referencia varios programas radiales y televisivos del país, y donde pocas veces se diferencia entre artistas extranjeros y cubanos. Pero el verdadero problema, como explica Geovanys García, creador y director de Pistacubana, es que “las maneras de confeccionar las listas en la radio y televisión varían en cada programa, e influyen diversos factores como qué suena en el mundo, especialmente (en los) Billboard, qué suena en Cuba, qué piden los oyentes, criterios de selección y balance de los directores, y otras fórmulas más complicadas que van de tradiciones en cuanto a géneros, criterios personales y hasta qué hacen el resto de las listas”. Esto, sumado a “la ausencia de un mercado de música, hace diferente la elaboración de los conteos en Cuba en relación con el mundo”.

Según explica García, las listas en Pistacubana se elaboran con una fórmula que se aplica cada semana y es la base de todos los conteos. Se toman las listas de éxitos de la radio y la televisión (Piso 6, Lucas, Hit Parade de Radio Rebelde, Entre hits de Radio Holguín, Sonido E de Radio Victoria, entre otras), canción por canción, así como los monitoreos aleatorios a la radio y la televisión cubanas, día por día, y las interacciones de los usuarios a través del portal (videos, audios, letras, comentarios, votos, valoraciones, noticias, listas, e impacto en redes sociales). La fórmula determina por cada canción el índice de preferencia, que es la cantidad total de emisoras y fuentes de información que reportan el tema, y el resultado se encuentra entre 0% y 100%. El número uno por lo general ronda el 50% de índice en el país. Aunque canciones como Bailando lograron el 70%, en los últimos tiempos el número uno está entre 45% y 49%, algo bajo pero que demuestra que no existe un acuerdo general en Cuba a la hora de promover la música. O sea, ningún programa de radio o programa de televisión dicta pautas de cuáles canciones son más populares.

Los factores que se suman hasta dar con el 100% -la supuesta canción que logra el #1 en todas las listas compiladas, todos los reportes de rotación, un índice promedio del 10% y un índice de redes absoluto- son: la posición de la canción en la lista (El #1 es mejor que el #10. Si no tiene posición, como sucede en Piso 6, se asume un genérico, el 10 para todas); la cantidad de listas que reportan la canción (este aspecto puede otorgar hasta un 65 %); el índice de promoción (con cuánta fuerza entra en los conteos de la radio y la televisión – un dato que a medida que pasan las semanas disminuye y muestra el desinterés que genera el tema con el paso del tiempo al ser sustituidos por otros o sencillamente aburrir-); el índice de rotación en la radio y la televisión (temas como los de verano o patrióticos no entran en listas pero rotan mucho, o cuando un artista muere, como Aretha Franklin o Charles Aznavour, estos pueden rotarse más, pero no entran en conteos); y el índice de interés de las redes sociales (acciones en las redes, notas de prensa, reflejos en otras webs o entrevistas relevantes en radio y televisión. Por ejemplo, Laura Pausini en Cuba generó conciertos, especiales y recitales de Laura en toda Cuba; no aparece en listas pero está presente y debe tener una entrada en los conteos, o el interés que genera un premio Grammy, Cubadisco, Lucas, Cuerda Viva, etc.). “El objetivo”, dice García, “es lograr un comportamiento coherente con la rotación musical en el país. Este formato de conteo garantiza un medidor estable en el tiempo, sin importar la cantidad de estrenos o emisoras involucradas para los conteos de décadas o anuales. O sea, que los datos del 2010 tienen correspondencia con los del 2018”.

El director de Pistacubana no cree esta “sea el medidor por excelencia de la difusión y consumo de música en Cuba sino una variante, porque pueden existir otras, incluso mejores”. Las listas que ellos elaboran se generan a partir de una fórmula matemática que han perfeccionado con los años, con diferentes parámetros. Uno de esos parámetros es la calidad de las listas que le da mayor o menor importancia a cada uno a la hora de elaborar sus conteos. Pistacubana tiene ya más de ocho años, por lo que sus criterios y experiencia pueden considerarse de valor. Sus listados no son un reflejo de lo más escuchado en Cuba, pero sí una aproximación a partir de lo que se emite en los medios nacionales de difusión.

Si nos guiamos por lo que uno más escucha en bares o en la calle, como el reguetón y el trap, o consumimos las listas de lo más pegado de El Paquete Semanal, se vuelve muy complicado confeccionar un lienzo de qué escuchamos los cubanos. Es lógico pensar que las diferentes matrices de El Paquete Semanal (puntos donde pueden reestructurarse los contenidos de El Paquete) prioricen determinados artistas en detrimento de otros. ¿En qué, o quién, confiar entonces? Nos toca elegir, como mismo hacemos con los premios a los que, según nuestro criterio, les damos más valor. Pistacubana, por ejemplo, tiene un conteo –“TopListas”– que evalúa “la calidad” de una lista. García explica que “el portal tiene en cuenta cuáles son más coincidentes entre sí y cuáles divergentes. Las coincidentes tienen mayor influencia y calidad porque responden a una mayoría; esta “calidad” nada tiene que ver con la calidad de la propuesta musical. La base de coincidencia no es el Top 100, sino Promo, que parte de cualquier reporte que se realice en el país, con la idea de promover. Una lista cuyo conteo coincida ciento por ciento con Promo es una lista de altísima calidad según los criterios de Pistacubana; pero no son las mejores, ni debieran ser las únicas. Todo esto se hace para suplir la falta de un mercado en el que relaciones directamente el consumo de la música por los públicos”. Es sólo una forma honesta de abordar el problema, una posible solución que podemos aceptar.

No obstante, al preguntarle por qué no existen exponentes de ciertos géneros en las listas, García explicó que “si la radio no difunde un tipo de música, es casi nula la posibilidad de que ese contenido aparezca en el portal”. Lo cual nos lleva a trasladar la pregunta a los programas de radio y televisión. ¿Por qué músicos como Bad Bunny, que logró colar 15 canciones en la Billboard’s Hot Latin Songs en 2017 y es uno de los más escuchados por los jóvenes y con más presencia en El Paquete Semanal, apenas aparece en las listas de los medios de difusión nacional? ¿Es un problema con determinados artistas, con el género en que se mueve o con canciones específicas por el contenido? ¿O es con el trap por su agresividad sonora y letras vulgares? Sea cual sea el motivo, se está eliminando una realidad: el trap como uno de los géneros musicales más populares de Cuba.

Algo parecido pasa con la vertiente más callejera del reguetón. Si descontamos las excepciones de artistas con un estilo más comercial que han logrado entrar en alguna lista –aunque no en los puestos que deberían estar–, hay otros como Chocolate MC, con una presencia casi viral en las bocinas ambulantes y con su momento de gloria en Youtube, que brillan por su ausencia. Chocolate es un habitual en las listas cubanas de Popnable, su tema Bajanda estuvo en el séptimo lugar en junio de 2018.

A veces uno cree que se trata de evitar un tipo de música por su agresividad, y eso, aunque no lo compartas, al menos tiene una explicación. Pero entonces hay casos como los de El Negrito, El Kokito y Manu, cuyos temas Pa’ que guarachee Santa Claus o Amiga mía no entran en ninguna lista, aun cuando son reguetones “suaves”, sin ningún tipo de grosería.

Ambos modelos de conteo son diferentes y por ello arrojan resultados casi siempre diferentes. Ninguno de los dos nos muestra la realidad de lo más escuchado en Cuba, pero al menos nos permiten tener una idea ligera de la preferencia de los cubanos. Por desgracia, la inexistencia de estadísticas públicas de consumo de música en Cuba, junto a la desconexión del país del mundo moderno (streaming y demás plataformas de reproducción) nos mantienen dentro de una niebla donde algunos, como PistaCubana, intentan iluminar un poco. Si Cuba, y su industria musical, desean incorporarse a los procesos de la industria global, una gran cantidad de cambios en el sector serán necesarios. Y en teoría, ese es uno de los propósitos del programa de modernización de la industria musical cubana[1].

 


[1] Se refiere al Proyecto «Fortalecimiento de la competitividad, desempeño organizacional y capacidad de exportación de la industria musical cubana», impulsado por la Organización de Naciones Unidas para el Desarrollo (ONUDI por sus siglas en español), con el Ministerio de Cultura de Cuba y que abarca una serie de inversiones en infraestructuras de la música en Cuba y actividades de capacitación, entre otras acciones. El proyecto de financiación concluye en 2018, aunque se supone que sus resultados abarcan hitos a corto, mediano y largo plazo.

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