Oscar Sánchez y Marbis Manzanet. Foto: Oscar Sánchez. Foto: Angel Gabriel Carrera.
Oscar Sánchez y Marbis Manzanet. Foto: Oscar Sánchez. Foto: Angel Gabriel Carrera.

Ojos que te vieron GO, deberían verte COME BACK

21 minutos / Iván Egüed

08.06.2020 / Entrevistas

Oscar Sánchez es uno de esos artistas que, para bien o para mal, le vuela la cabeza a quien lo vea interpretando sus músicas, ya sea en el escenario de algún bar o en una descarga a las tres de la madrugada en un parque cualquiera. Contrastando con sus irreverentes textos y su energética proyección escénica, Oscar es un ser altamente sensible y humilde, con una férrea disciplina para con su arte y una tremenda inquietud que lo arrastra a la experimentación constante, a buscar siempre nuevos instrumentos —o nuevas formas de tocar los viejos—, y a tener un inusual gusto musical que cubre una enorme gama de estilos.

Entre 2016 y 2017 grabó a dúo con la cantante Marbis Manzanet su segundo álbum independiente, titulado Ojos que te vieron GO, NEVER te verán COME BACK, un disco intimista y reflexivo, donde la trova se arropa con elementos estilísticos de la música electrónica. Es este un fonograma artesanal, imperfecto y hermoso, capaz de calar hasta la médula de quien lo escucha, y que —me atrevo a conjeturar— no ha recibido la atención que merece. Así es que una tarde nos reunimos los tres en un jardín habanero para conversar sobre este disco que, sin duda, should come back.

A Oscar normalmente se le asocia con un tipo de canción visceral, intempestiva, divertida, irreverente, coloquial, muy temperamental… Sin embargo, en Ojos… nos encontramos con composiciones más poéticas, intimistas, reflexivas, sensibles, ¿por qué este cambio tan radical? ¿Cuándo empezaste a componer de esta forma?

Oscar Sánchez: Es cierto que generalmente se me relaciona con la irreverencia, la locura, la alegría… todo muy despampanante. Encasillar a alguien es muy fácil. Yo noto que existe hoy una tendencia muy grande a encasillar lo mismo a músicos que a pintores, deportistas… Se ha vuelto casi una necesidad, y no solo para el público: necesitas tu hashtag, siempre. Necesitas tu hashtag para sentirte seguro. Pero a algunos no se les puede hashtaquear.

Empecé a componer cuando tenía 17 años. En esa primera etapa de creación, mis canciones iban por ese camino más romántico, lírico o trovadoresco, si se quiere. Claro, siempre hice mi guiño a la irreverencia, a la picaresca cubana, y también intentaba dialogar con mi realidad y cuestionarla.

Suelo expresar lo que me sucede a través de canciones y, como muchos, he experimentado varios amores y desamores. Que haya escrito ese disco, así como dices, tan íntimo, introspectivo o poético, no es nada extraño para mí. Y, realmente, no es tan siquiera un cambio. Es, cuanto más, una revisitación a una etapa anterior.

Por otra parte, no me inventé eso para complacer a nadie, ni para vender un álbum, ni para alcanzar un público nuevo. No hice concesiones. Estas canciones surgieron de un momento específico, de una situación emocional por la que estaba pasando. Nacieron de sentimientos genuinos, los cuales canalicé. ¿Esas son las canciones que están viniendo a mí? Pues, ¡bienvenidas sean!

El álbum está atravesado por dolores, fantasmas, tristezas, desilusiones… ¿De dónde vinieron estos sentimientos y angustias?

OS: Como te comentaba, yo estaba pasando por una situación emocional compleja. Un amor platónico. Estaba queriendo a una persona sin saber por qué lo hacía. Ni siquiera la conocía. Simplemente la vi y fue… ¡Cupido! Cupido apareció en ese momento y me hizo: ¡Chax, coge lo tuyo!

Marbis Manzanet: Incluso te conformaste con que fuera de esa manera.

OS: Exacto. Yo me convencí de que eso era una locura mía y decidí no luchar. Pero, bueno, me generó ese grupo de canciones que acabó conformando el disco. Es un álbum de amor y de desamor también. De lo que uno pasa cuando ama y no es amado, o cuando la otra persona ni se entera y tú no te atreves a decírselo a las claras por miedo al rechazo. De eso se trata el disco. Los sentimientos y angustias que dices que ves vienen precisamente de esos conflictos y contradicciones. Incluso Pa´ matar a to´ los vivos, que aparentemente no tiene nada de romántica, en sí es una forma de amor, porque te deseo de una manera tan intensa que lo que quiero es descuartizarteeee, descuarejingarteeee, cogerte, matarte y matarte. Pero en un sentido amoroso. Sexual, si se quiere… Si se quiere no, sexual.

En el disco veo influencias de Juana Molina, Lisandro Aristimuño, e incluso temas que me recuerdan a Nicola Cruz o la música industrial. Esto bien pueden ser relaciones armadas en mi cabeza, aunque las escucho muy claras. ¿Qué influencias permearon a la hora de componer estas canciones?

OS: En aquella época yo estaba escuchando mucho alt-J y Fink, sobre todo el Sort of Revolution. Ya a Lisandro Aristimuño y a Juana Molina los había escuchado, al igual que a Radiohead, Björk, Trent Reznor, y otras bandas y artistas con unas sonoridades similares, que ahora no recuerdo. A Nicola Cruz aún no lo había oído. Entonces tenía todo ese background que, por supuesto, me sirvió mucho como influencia. Recuerdo que bombardeé a Marbis con todo aquello. Le decía: “Mira esta es la música que estoy escuchando, me gusta mucho y quiero intentar hacer algo así, con ese espíritu”. Y así fuimos proyectando, poco a poco, la sonoridad del disco.

MM: Ciertamente las canciones que le salieron a Oscar eran muy musicales y emotivas. Así es que no fue difícil vislumbrar el sentimiento en que estaban envueltas. Y, como yo soy una persona altamente melancólica, me sumé a ese sentimiento y le di un poquito de lo mío, creo que le aporté algo.

OS: Recuerdo también que cuando hice Tu voz no deja de escapar, por ejemplo, tuve un contacto muy cercano con Edwin Casanova, uno de los integrantes de Nacional Electrónica. Yo le comenté la idea que venía gestando y él me apoyó: me dijo que creía que estaba en un camino interesante y compartió programas y músicas. La mayoría de la gente cuando piensa en la música electrónica, piensa en um um um um, ácido hasta arriba, um um um um. Y realmente hay otras formas de enfocar la música electrónica, más trabajada, usando el ambiente para situarte en un estado de ánimo específico, y eso era lo que yo estaba buscando. Por eso digo que es un disco anímico, emocional. Te voy a condicionar, a través del sonido, un sentimiento, una forma de pensar. Incluso intentaré que no solo tu psiquis, sino también tu físico se sienta invadido o tocado por esa amalgama de sensaciones.

MM: Muchas veces cuando hablas de música electrónica la gente piensa que los instrumentos son simplemente un adorno. En este caso fue al revés; es decir, estas canciones perfectamente se pueden hacer acústicas. Las sonoridades electrónicas sirvieron para crear la atmósfera que te sitúa en un estado anímico o sentimental determinado. Los instrumentos no estaban adornando un tema electrónico. Son los recursos que brinda la música electrónica, forman parte del fantasma de una canción.

En el disco se nota la ausencia del productor: algunos arreglos parecen aún sin pulir y en lo técnico se notan errores de grabación, mezcla y ecualización. ¿Por qué se arriesgaron a autoproducirse, sobre todo tratándose de sus primeros pasos en la música electrónica?

OS: ¿Pero por qué dices que hay ausencia de productor?

Porque notas detalles en algunas canciones que dices, bueno, le falta algo o sobra esto. Para mí una de las cosas más importantes en el trabajo del productor es la visión externa que puede aportar. Y en este caso ustedes empezaban a experimentar con la música electrónica…

MM: Yo creo que no fue una decisión como tal, ¿no?

OS: Sí…

MM: Realmente estábamos coqueteando con estas nuevas herramientas y sonoridades, y nunca nos planteamos “no vamos a tener un productor”. Las cosas fueron sucediendo. Lo hicimos arrestados, ¿no?, a ver qué pasa, sin pretender mucho más que hacerlo por el puro placer de trabajar juntos y explorar un universo nuevo. Ahora, esto no quiere decir que no nos lo tomáramos seriamente.

OS: Por otra parte, yo no estaba dispuesto a esperar cuatro, cinco, seis meses por una tercera persona que pudiera acomodarme a su horario o que se sintiera motivado por el proyecto. Tengo un cerebro y tengo dos manos, entonces, ¿por qué no podría hacerlo? Claro que no poseo todo el conocimiento ni la visión de una tercera persona, que estoy de acuerdo en que me iba a aportar algo, pero no estaba dispuesto a detener mi proceso de creación. Porque fue un proceso vivo… Escribía las canciones y las grabábamos.

Tampoco fue que rechazamos la idea del productor. Yo fui bastante crítico todo el tiempo con lo que hacíamos. En general trabajo con una mirada muy autocrítica. Me gusta pasarme la cuchilla bien bajitico para que luego no haya casualidad. Es obvio que todos nos equivocamos y aprendemos equivocándonos, pero trato de no hacerlo. Es un ejercicio que me impongo: ser mi propio juez para arrancarme la cabeza sin piedad todas las veces que tenga que hacerlo. No me gusta pasarme las manos ni lamerme las heridas. ¿Lo hiciste mal? Lo hiciste mal, tienes que hacerlo bien.

Oscar Sánchez. Foto: Angel Gabriel Carrera

Oscar Sánchez. Foto: Angel Gabriel Carrera

El título del disco me parece demasiado largo, divertido y no responde a la naturaleza o a los colores del álbum

OS: En realidad fue casi unilateral. Un día llegué a casa de Marbis, le propuse ese título, a ella le gustó, ahí quedó. La esencia del título es Go, Never Come Back; todo lo que hay en el medio es parte de la picaresca cubana, te deja leer un sentido, pero es otro. Es vete y nunca regreses porque me muero, me tienes loco, necesito correr de aquí, lejos de ti, a toda velocidad. Quizás ese título es largo, pero ¿para qué es largo?

Bueno, ahora pensando, si lo comparamos con el When The Pawn…,[1] de Fiona Apple, es bastante corto. Pero digo largo como para que funcione mejor para…

OS: ¿Para el mercado? Pero yo no trabajo para el mercado, trabajo desde mi plataforma. No quiero ser Backstreet Boys, no quiero seguir esa forma de trabajar y ver la música. Porque ya eso no es música, eso es croqueta, y yo no hago croquetas, hago música. Desde mi corazón y desde mi alma. Prefiero hacer cualquier cosa para ganarme la vida antes que negociar con la música o convertirla en el centro de mi economía. De hecho, te confieso que me preocupo mucho cuando solo estoy generando economía con la música. Sobre todo cuando me doy cuenta de que he cedido en algo por ello. Porque no quiero ceder, sino hacer lo que desee con la música. Soy feliz cuando toco. Lo tengo muy claro desde la primera canción que hice. Cuando cogí una guitarra no fue ni para enamorar a una muchacha ni para ganarme 20 pesos. Fue porque necesitaba tocarla y gritar. Desahogarme. Eso no lo olvido. Es central.

Pa´ matar a to´ los vivos, sexto tema, no encaja con las demás pistas del álbum. Viene a romper la atmósfera que se venía desarrollando. Esta ruptura en la narrativa creo que no se supera en las restantes canciones que, incluso, llegan a parecer extras, aunque sí guarden relación con el espíritu de los primeros tracks. ¿Por qué su inclusión?

OS: Cuando llegó Pa´ matar a to´ los vivos ya había procesado un poco el dolor de no ser aceptado por la persona a la que estaba queriendo, y podía ser jocoso y burlarme un poco de mí mismo y de la situación. También hay un elemento muy importante: esa canción la hice yo, igual que Buganvilia blanca o Sin semilla… Lo que quiero decir con esto es que al final es una misma persona quien está viviendo un proceso emocional, en el cual se suceden varios estados de ánimo que quedaron reflejados en cada uno de esos temas. Por otra parte, si bien estábamos haciendo un disco, no estábamos generando un producto para que fuera una unidad. Aunque, evidentemente, llegamos a eso porque, desde mi punto de vista, el álbum es una unidad sólida y todos los temas están emparentados, aunque algo pueda sonar un poco discordante. Como sucede con Pa´ matar a to´ los vivos, que tal vez tiene que ver más con otra etapa, con otro carácter de las canciones, pero para mí tiene todo el sentido del mundo que esté ahí.

MM: Es la misma persona sintiendo diferentes cosas…

OS: Efectivamente, es eso…

Entiendo que la canción naciera de ese proceso amoroso. Pero en cuanto a la curaduría de las canciones, del acople del disco, tal vez si estuviera hacia el final o si luego hubiera algo que le diera más coherencia a que estuviera en esa posición…

OS: Bueno, a nivel sonoro hay una coherencia. Fíjate que después, en Atrapado, uso la marímbula y en Mori-viví la kalimba, que tiene también un tono oscuro —como Atrapado, que es una canción hermosa, pero muy oscura. Pienso que sí, que tiene una cohesión.

Otro de los aspectos que destacan de tu trabajo es ese empecinamiento en el “hazlo tú mismo”. Ejemplo de esto son tus discos hechos a mano, a partir de materias primas cotidianas —cartón, papel, esmalte de uñas. Háblenme del diseño. ¿Por qué aún no le han hecho una edición física? Ahora que está oficialmente presentado, ¿piensan hacerla? ¿Qué ideas están manejando?

OS: Inicialmente pensamos imprimir la portada en un trozo de tela rectangular mediante la serigrafía, bordarle algún que otro texto, y hacerle un bolsillito pequeño donde poner una memoria USB con el disco y todos los materiales audiovisuales que se hubiesen generado a raíz del álbum. Esa fue la idea inicial, la cual no he desechado, pero que no hemos podido materializar. Porque sabemos que una impresión serigráfica con tantos colores es expensive y difícil.

 MM: ¿Y en blanco y negro no será más barato?

 OS: Poechito, ¡mira como tiene colores eso…! He pensado también imprimirlo en papel o cartulina. En formato cartel de 50 x 70 centímetros. A mí me gusta mucho la idea de la memoria USB para que sea algo más funcional, le puedes sacar los materiales que pongamos, reutilizar la memoria, y, por supuesto, iría decorada con pintura de uñas, no va a ser una memoria cualquiera. De esa forma también se expande la identidad visual del álbum.

Esas son las ideas que he tenido sobre el físico. Todavía no hemos podido ejecutar ninguna, pero son cercanas, no es que sean imposibles. Hacer discos físicos hoy ya no es la meta. Pero siempre existen los coleccionistas, los melómanos empedernidos, y para ellos hay que construirlos y hacer una edición de lujo.

En diciembre de 2019 presentaron el fonograma en Fábrica de Arte Cubano, en el contexto del Festival Eyeife con una banda que incluía DJ, bajo, piano, y una vocalista. ¿Cómo fue el proceso de montaje y arreglos para este concierto?

OS: Realmente montar ese show fue difícil, porque no encontrábamos un DJ que fuera músico, que entendiera que no solo se trata de pinchar la pista y dejarla correr, sino también trabajar encima de ella, tener consciencia de las entradas, las salidas… Conocí a DJ Milano, que es además saxofonista y clarinetista, y vi la posibilidad de montar esa presentación con él como DJ. Nosotros trabajamos constantemente con varios músicos y armar la banda no fue gran problema. Luego el montaje fue rápido. Aun así, trabajamos intensamente en los arreglos y ensayamos todas las veces que pudimos.

¿Quedaron contentos con el resultado del concierto?

 OS: Yo no quedé contento. No estoy para nada contento con el resultado del concierto.

 MM: Yo tampoco.

No puedo decir que me sorprenda, como espectador tampoco quedé muy satisfecho, aunque la mayoría de los arreglos me gustaron.

OS: Mira, cuando se hace un concierto dentro un festival, y en la noche en que vas a tocar hay cuatro bandas con formatos complejos en la misma escena, hay una gran posibilidad de que las cosas no salgan bien. Fue un grupo de factores el que echó por tierra el esfuerzo de semanas: el ultimar detalles organizativos que correspondían al equipo del festival, el mal trabajo de la producción y del técnico de sonido en Fábrica son, desde mi criterio, los principales motivos para que esa noche fuera fatídica. Nosotros ensayamos y tocamos lo mejor que pudimos, pero la técnica no nos ayudó. En escena no escuchábamos nada bien y eso nos llevó por un camino errático a la hora de ejecutar el concierto. Yo salí muy disgustado esa noche…

 Personalmente creo que F.A.C, tanto por las características de su público habitual, como por la concepción del espacio en sí, es un lugar para divertirse con música, no para escucharla, y este es un disco que hay que escuchar con mucha atención. Por otra parte, el audio estuvo fatal y la Nave 4, por sus amplias dimensiones, tampoco era el local adecuado para estas canciones. ¿Por qué escoger un escenario como este para la presentación del álbum?

 OS: Nosotros no lo escogimos, esa elección fue de los organizadores del Eyeife. Al festival uno le muestra su propuesta, ellos la revisan y luego te incluyen en el cartel o no. Después te ponen en el lugar y en el momento que creen más acertado, y uno tiene que confiar en eso porque no tienes participación, a nivel organizativo, de escoger el mejor sitio. Además, si tú estás mostrando una propuesta con ciertas características se supone que ese comité organizador analice y diga: “Esta música no la podemos poner en este lugar que es para bailar y que es tan grande. Funcionará mejor en esta sala más pequeña, más íntima”.

De hecho, el concierto en F.A.C fueron 48 minutos y teníamos 50 para la presentación, detalle que no supimos hasta el momento de llegar a tocar; de lo contrario hubiéramos organizado el show de otra manera. Después de la última canción que logramos tocar, habíamos incluido tres temas más, que tenían más relación con el espacio de la Nave 4. Al final no pudimos ejecutarlos. Se trataba de un repertorio más bailable, más energético y divertido, más acorde al lugar.

A mí este disco me pega más con un lugar como el Teatro del Museo Nacional de Bellas Artes, que es uno de los mejores sitios para conciertos de pequeño formato en La Habana.

OS: Yo todavía me estoy recuperando de la experiencia, que no fue precisamente amable. Estoy acostumbrado a tocar solo, y cuando estoy con una banda las cosas salen generalmente bien. Últimamente, y por fortuna, el resultado de mis shows en vivo ha sido positivo. Y me estoy recuperando todavía de haber tenido un espectáculo que no lo fue del todo. Hubo cosas buenas, por supuesto, pero no al nivel que estoy acostumbrado.

 MM: Si de algo sirvió, fue para darnos cuenta de lo que no queremos… Ahora sabemos cómo funciona, tenemos una visión práctica. Hasta que no lo pruebas no sabes a ciencia cierta cómo es. Siento que a pesar de no estar satisfechos con esta presentación nos ha servido de mucho porque, aun con todas estas dificultades, pude sentir la atención y el deseo de los que fueron a ver el concierto, algo que dice mucho. La gente tenía muchos deseos de ver este trabajo en vivo después de haberlo escuchado.

OS: Sí, claro. Uno siempre saca algo positivo: qué es lo que quiero, y qué es lo que no quiero. Vas descartando. Esa es la vida. Y está muy bien que nos haya sucedido. Además, después de esta inclusión en el Eyeife creo que ya debemos romper la barrera del prejuicio y tocar la puerta de alguna disquera en Cuba que esté dispuesta a asumir, no tanto la producción de videoclips y de ejemplares físicos, sino el financiamiento para una gira nacional, que produzca una serie de conciertos donde podamos mostrar ese trabajo debidamente, con todas las condiciones técnicas necesarias. Porque hemos podido constatar que a la gente le gusta y nos felicitan constantemente por ese trabajo.

Me imaginé que el concierto en F.A.C y la presentación del disco estarían cerrando esta etapa y me he dado cuenta de que no cierra nada. Queremos hacer otras cosas con esa música, porque se lo merece. El trabajo es bueno y vale la pena. Vamos a ver si las cosas fluyen y puede suceder.

¿Qué les gustaría que sucediera con este disco?

MM: Estoy bastante contenta con lo que ha pasado hasta ahora. Saber que hay un montón de personas que lo han escuchado, que se acercan a ti y te dicen cuánto les gusta el disco o que tal canción los ha ayudado en algún momento… Eso me dice que por lo menos hay algún objetivo logrado. Yo con eso estoy bastante complacida hasta ahora. Me imagino que todo lo bueno que pueda aparecer por ahí ya es como un bonus.

OS: Sí, la verdad. Que la gente escuche el disco y que le guste ya es un objetivo cumplido. Al menos en cierta medida. Y creo que tiene que ver con que es un álbum que acompaña al oyente. Así me lo propuse mientras diseñábamos la sonoridad. Más allá de que fuera un proceso bastante mediado por la improvisación y la espontaneidad, yo necesitaba un disco que me acompañara sonoramente, que fuera mi compañía en soledad.

A mí me encantaría que pasaran un montón de cosas. Sinceramente creo que no ha pasado ni la mitad de lo que podría suceder. Muchas cosas se pueden hacer, que el material es interesante, pero no he tenido el valor de contactar con ninguna disquera. Es un tema con el que soy bastante escéptico. Muy escéptico. Y, como te decía ahorita, ya siento que es tiempo de derribar esa barrera autoimpuesta para ver si las cosas dan un giro y van hacia otro lugar. Porque ya con los esfuerzos que hemos hecho…

MM: Hemos llegado hasta aquí.

OS: Hemos llegado hasta aquí.

[1]When the Pawn Hits the Conflicts He Thinks Like a King What He Knows Throws the Blows When He Goes to the Fight and He’ll Win the Whole Thing ‘fore He Enters the Ring There’s No Body to Batter When Your Mind Is Your Might so When You Go Solo, You Hold Your Own Hand and Remember That Depth Is the Greatest of Heights and If You Know Where You Stand, Then You Know Where to Land and If You Fall It Won’t Matter, Cuz You’ll Know That You’re Right (Word Records, 1999).
Iván Egüed

Iván Egüed

Melómano coleccionista. Ingeniero automático y otros disparates. Niño empedernido. Adicto a la guanábana. Siempre Feliúz, nunca inFeliúz. A veces con los pies sobre la tierra...

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