Los 80 de una gran señora

por
El Secundero

Para despedir el año 39 del pasado siglo La Habana lucía un nuevo centro nocturno ubicado a las afueras de la ciudad, en Marianao. Su dueño, el empresario ítalo – brasileño Víctor de Correa, pensaba llamarle Boite Du Nuit. Pero, no sabemos por qué, lo inauguró aquel 31 de diciembre como Beau Site.

Rodeado de una exuberante vegetación bellamente iluminada contaba con una sala de fiestas con capacidad para aproximadamente trescientas personas, una plataforma con acceso por los laterales para los show, una pista circular de baile, un bar, retirado del gran salón desde el cual se podía disfrutar del espectáculo y una pequeña sala de juegos. Un año después de su inauguración una canción que Correa le había encargado al compositor Alfredo Brito rebautizaba el Beau Site con el nombre que le daría fama mundial y que lo acompaña hasta nuestros días: Tropicana.

Correa le había pedido a Brito una canción con la palabra “tropical” para identificar el centro nocturno. Pero el compositor le hizo saber que ya existía en La Habana un club llamado así. Le propuso, entonces, el de Tropicana que combina el trópico con la palma cana que abundaba en los predios del nuevo cabaret. De hecho, su primer escenario estaba como escoltado por dos altas palmas. Sergio Orta, director de los espectáculos, gustó tanto de la canción cuando la escuchó que decidió abrir y cerrar cada show con ella, que –por cierto- aún hoy se escucha en el famoso salón “Bajo las estrellas”. Comenzaba entonces, una historia que, cuando termine este año, estará cumpliendo su onomástico 80 de noches, tragos, música y esplendor.

De finca de recreo a centro nocturno.

Si usted va a Tropicana observe con cuidado a su izquierda, antes de entrar al techo volado que da acceso al cabaret y verá que, justo detrás del otrora casino, se yergue una construcción de dos plantas con un estilo semi colonial que parece esconderse de la vista del curioso parapetada tras vegetación, cristales y otros elementos. Esa era, posiblemente, la casa de Regino Du Rapaire Truffin, cónsul de Rusia en Cuba, que había llamado a su elegante finca Villa Mina como homenaje a su mujer, Mina Pérez Chaumont. La señora Mina resultó ser una mujer fatal, una suerte de “viuda negra” que perdió, primero, al señor Truffin. Poco tiempo después decidió casarse nuevamente, ahora con un senador norteamericano. Lo hizo. Pero el hombre murió ¡el mismo día de la boda! Para ese entonces las arcas de la atribulada estaban diezmadas y se vio obligada a arrendar la finca a Víctor de Correa por la en aquellos tiempos astronómica cifra (recuérdese que estamos en la crisis económica de los años 30) de ¡100 pesos mensuales!

Es decir, que el famoso centro nocturno que este 2019 cumple 80 años, inicialmente fue Boite Du Nuit en la imaginación y los deseos de su primer dueño, después se inauguró como Beau Site y, finalmente, pasó a ser Tropicana

La sombra de Martín Fox

Martín Fox fue el hombre que catapultó Tropicana al mundo como un símbolo de buen gusto, entretenimiento con glamour, fascinación tropical con buen gusto europeo, luces, agua, vegetación, embrujo nocturno, paraíso caribeño y universal… Los mejores cócteles, comida de alta cocina, espectáculos deslumbrantes, salas de juego rodeadas de cristales y discretas al mismo tiempo… Erótica de la diversión nocturna elegante y vibrante a la vez. No vino solo a Tropicana Martín Fox, ni a jugarse el todo por el todo con los espectáculos. Le dejó esto a Correa. Esperó con infinita paciencia a que el ítalo-brasileño se apagara inmerso en sus conceptos ya gastados del “show”, a que no pudiera con la empresa, a que sintiera el temor de la quiebra y la angustia por sus consecuencias. Y le vendiera su parte en el negocio para convertirse en empresario total, hombre fuerte, perfil alto en el mundo del juego y de la farándula. Un semidiós en los recovecos en que se entrelazaban juego y música, mafia y espectáculo, nombres encumbrados de artistas cubanos y de capos de la mafia universal. En el Tropicana remodelado de Martín Fox coincidieron Santos Traficante y Armando Romeo, El arquitecto de vanguardia Max Borges Jr y Mayer Lanski, la emblemática escultora Rita Longa, el inmenso pianista Bebo Valdés, el destacado diseñador Andrés García o el renombrado director de coros Paquito Rodino con figuras del bajo mundo que llevaban y traían influencias y dinero a Estados Unidos, México y otros países del continente americano.

Ahora bien: ¿Quién era este señor de nombre corto, sonoro, con cierto toque anglo sajón? ¿Cómo había llegado a Villa Mina y cómo se había apoderado de sus terrenos, sus instalaciones y su vegetación?

Sobre todo esto les contaré la próxima semana Espérenlo.

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