Lucía Labastida en 2009 junto a Eskoria William Fabián Álvarez y Roly Berrío. Foto Gisela Sais.

La voz temperamental, trágica y libre del filin en Santa Clara

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La cantante santaclareña de filin Lucía Labastida murió el 1 de enero de 2020 a los 45 años. Nació y creció artísticamente en el centro cultural El Mejunje, donde fueron depositadas sus cenizas por voluntad expresa de la artista, quien consideraba este espacio su casa, y a su director, Ramón Silverio, “el padre de todos”. Fue una ceremonia en la que amigos, familiares, músicos y seguidores cantaron, recitaron décimas, brindaron, bailaron y se despidieron enterrando la urna en la base del árbol central de El Mejunje.

“Lucía es un fenómeno de El Mejunje, este es el lugar dónde surgió y dónde se sintió plenamente identificada”, cuenta Silverio. En este espacio de culto de la trova cubana se estrenó artísticamente a finales de 2000: “le buscamos repertorio, alguien que la maquillara, la peinara”, sigue Silverio. Así, le prestaron ropa, le inventaron un nombre artístico —su verdadero nombre era Lucila Oílzer Bastida Zamora—, le diseñaron el cartel y asesoraron profesionalmente. “Tenía una voz excepcional y un repertorio que ya nadie defendía: el de las grandes trágicas de la música como Elena Burke, Moraima Secada y La Lupe. Ella se había criado en el cabaret, por la tradición del padre, y tenía el gusto por interpretar la canción, vivir esa canción. Y fue conquistando un público, sobre todo intelectual”, comenta el director de El Mejunje.

Cartel del primer concierto de Lucía Labastida en El Mejunje. Archivo: Alexis Castañeda
Cartel del primer concierto de Lucía Labastida en El Mejunje. Archivo: Alexis Castañeda

Su padre era José Luis Bastida, un cantante muy popular en los 70, fundador de la primera formación de Los Fakires, amigo de Zaidita Castiñeyra, cantante de filin quien la acogió en su espacio las tardes de sábado, además de ayudarla y aconsejarla.

“Yo soy como a mí me da la gana y no como nadie quiere, canto lo que me da la gana como me da la gana. Yo no soy diva pero sí temperamental. Lo temperamental no me lo va a quitar nadie porque eso nació conmigo”, decía Lucía en una entrevista en Tremenda Nota este verano. “Fue un fenómeno natural, sin escuela, con una interpretación salvaje, se dejaba llevar por la pasión. Con el tiempo aprendió algunos límites, como cuándo podía explayarse con el público o no”, apunta Silverio. “Al cantar caía en una especie de éxtasis cercano al trance”, según el escritor Alexis Castañeda. “Era una cantante extraordinaria, un diamante en bruto que nunca pudo ser educado, pero que tenía un don natural especial; uno se quedaba sorprendido siempre que la veía”, recuerda Grethel Medina, directora del documental Puro sentimiento, protagonizado por Lucía y su pareja, Maribel Rodríguez.

El filme que todavía está en fase de rodaje, según cuenta su directora, “narra  la relación de pareja de dos mujeres en una pequeña comunidad rural, tratando de salir adelante en el mundo de la música, con un género que no es el que está en demanda. Dos mujeres extraordinarias luchando contra los esquemas sociales de los que no pudieron escapar y tratando de mantenerse unidas a pesar de ellas mismas”.

Lucía participaba todos los años en la Jornada contra la Homofobia en Santa Clara, al igual que en la mayoría de las actividades culturales programadas por Silverio, desde la gira nacional De Santa Clara al Mejunje, hasta la gala de bienvenida del entonces Ministro de Cultura, Abel Prieto, en su visita a la ciudad. En todos estos años, Silverio ha conseguido que la transversalidad llegara a los músicos y al público. Esta interconexión también benefició a Lucía, quien participó en varios espectáculos de diferentes artistas de El Mejunje, como el Rolyn Hood de Roly Berrío, en el que hizo de monja, o No llores alma mía, en el cual Diego Gutiérrez la invitó a cantar junto a él y Los Fakires.

Ceremonia de despedida a Lucía Labastida en El Mejunje. Foto: Gisela Sais
Ceremonia de despedida a Lucía Labastida en El Mejunje. Foto: Gisela Sais

Lucía Labastida también desarrolló su carrera más allá de El Mejunje: tuvo su espacio en el Museo de Artes Decorativas, actuó en el Teatro La Caridad, participó en el Festival Internacional del Libro y la Literatura de Villa Clara, al igual que en otros espacios y eventos de la ciudad. Fuera de la provincia tuvo especial relación con Matanzas, donde la Uneac y la AHS solían invitarla. Y estuvo a punto de protagonizar la obra En privado con la reina, basado en la vida de Celeste Mendoza. “La actriz Miriam Muñoz intentó montarla con ella. Lucía interpretaba muy bien sus canciones. La comenzaron, pero al final no fue posible”, dice Silverio.

“Lucía fue alguien que tenía mucho amor para dar, a pesar de que recibió muy poco. Estaba abierta a entregar mucho y muy ávida de recibir cariño, muy llana, reaccionaba de manera natural, era muy espontánea, eso la hizo a veces ser rechazada y otras ser muy querida”, recuerda la directora del documental Grethel Medina.

Raúl Marchena, músico e integrante de La Trovuntivitis, el colectivo de trovadores también con espacio propio en El Mejunje, concluye: “Lucía había logrado con mucho empeño hacerse un lugar en la cultura de Santa Clara. Viniendo totalmente de abajo, siendo mujer, pobre, negra y lesbiana logró imponerse en el entorno de la música y del arte en la provincia. Hacerse reconocer, respetar y querer por la comunidad de artistas y el público. Me entristece que no haya podido seguir con ese empeño, pero es lindo hasta dónde llegó y por dónde anduvo. Así que un beso para Lucía, donde quiera que esté”.

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