Omara Portuondo, Compay Segundo y otros músicos cubanos en el mercado Midem Latino. Foto: Paco Manzano.

La SGAE y el intercambio musical entre Cuba y España

por
AM

En los años 80 del siglo XX el músico español Santiago Auserón (a.k.a Juan Perro), había “descubierto”, de la mano del poeta cubano Bladimir Zamora, el tesoro escondido en las voces de los soneros cubanos del Oriente de la Isla, y se había producido ―por contarlo mal y rápido―, un reencuentro fabuloso de culturas filiales en las dos ediciones de Encuentros del Son y El Flamenco, en Sevilla. El primer volumen de Semilla del Son, compilatorio resultado de ese esfuerzo, salió a la luz en 1991, pero esa historia está demasiado bien contada en Semilla del Son. De cómo la música popular cubana germinó en suelo español (La Huella Sonora Ediciones, 2017) por el propio Auserón, para que yo vuelva a contarla aquí. El llamado Período Especial que asoló a Cuba en la década del 90, además de afincar la timba como género popular bailable (mientras peor estábamos más rotunda era la música que hacían NG La Banda y el resto de las agrupaciones que seguían a aquella, la que mandaba) supuso un éxodo bastante significativo de músicos cubanos, muchos de ellos hacia la península ibérica. El asentamiento en España de un grupo de artistas relativamente poco conocidos en Cuba pero con una propuesta muy fresca y mucha rabia y frustraciones acumuladas, llevó una bocanada de aires latinos a la música emergente española y provocó, junto a los efluvios timberos que atravesaban el Atlántico, interesantes fusiones y confluencias.

Fue la época de oro de lo que llamaron nuevo flamenco, en la que Ketama y Rosario Flores, por solo mencionar un par de los más destacados y famosos exponentes del flamenco fusión,  introdujeron blues, rock y música afrocubana en su olla musical y produjeron una música que puso a bailar y a corear a todos. Por el lado cubano, Lucrecia enamoró a la españolada de todas las edades y Gema y Pável y los muchachos que integraban Habana Abierta, eran los “extranjeros” invitados a la fiesta. Gema y Pável sacaron con el sello Nube Negra dos discos hoy de culto (Trampas del Tiempo y Cosa de Broma) y produjeron además para esta misma discográfica álbumes de Rapindey, Omara Portuondo, la entonces Habana  Oculta, y muchas otras maravillas, incluyendo un hermoso homenaje a María Teresa Vera que incorpora intérpretes de España y de Cuba. Athanai, el mismo que había debutado como rapero bajo el ala productora de El Tosco antes de salir de La Habana, produjo en 1999 el disco más roquero de Rosario (Jugar a la locura); Chano Domínguez y Marta Valdés grabaron en 2001 esa maravilla a voz y trío de jazz que es Tú no sospechas. Habana (ya) Abierta andaba de gira por toda España, conseguía un contrato con BMG (que también había firmado a Carlos Varela) y que les produjo sus próximos dos discos (Habana Abierta y 24 horas). Las orquestas de salsa y timba cubanas tenían a las principales ciudades de España como paradas obligatorias en sus giras. Issac Delgado se iba un tiempo a vivir a la península y su banda en pleno se “quedaba” en el exilio, poniéndola buena en las orquestas españolas de diverso tipo (de ellos, Alain Pérez, el bajista y cuñado de Issac, iba a parar tocando y girando nada menos que con Paco de Lucía). Cuba y España estaban muy cerca, musicalmente hablando, en esos años finiseculares.

En medio de ese panorama, a fines del año 1997, la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE) abrió, en coordinación con el Instituto Cubano de la Música, una oficina en Cuba. El entonces presidente de su consejo de dirección, el músico canario Eduardo Teddy Bautista, era, además de un fanático de la música cubana, alguien que tenía absoluta claridad sobre el hecho de que la única manera de “competir” en el mercado de la música con la anglosajona, era fortaleciendo los circuitos de promoción y comercialización de la música iberoamericana y latina (incluidas las de Brasil y Portugal). Y con esa visión encabezó una sólida estrategia desde la organización de los autores españoles que incluyó acciones de todo tipo.

Luis Pastor, Ismael Serrano, Silvio Rodríguez y Luis Eduardo Aute, FundAción AUTOR, 2016. Foto: Luis Camacho / Fundación SGAE.
Luis Pastor, Ismael Serrano, Silvio Rodríguez y Luis Eduardo Aute, FundAción AUTOR, 2016. Foto: Luis Camacho / Fundación SGAE.

Entre ellas hubo concursos de distintos géneros musicales, becas para compositores de músicas en español, la publicación de libros y discos, Semanas de Autor, giras de música hispana por los Estados Unidos y otros circuitos especialmente creados al efecto (Rock en Ñ, Jazz en Ñ, Fémina), la creación y promoción del MIDEM Latino y la participación de muchos artistas iberoamericanos en el MIDEM, WOMEX y otras ferias internacionales, de las que se beneficiaron cientos de artistas cubanos y latinoamericanos. Todo este despliegue de recursos no siempre fue bien visto ―todo hay que decirlo―, por el gran corpus autoral de la SGAE, que eran los creadores y editores españoles.

En prácticamente todos esos concursos, eventos, ediciones, estuvieron representados artistas del patio. Antes de iniciarse el nuevo milenio, SGAE publicó por vez primera la integral de las Cervantes & Saumell: Danzas y Contradanzas (edición al cuidado y la interpretación de Frank Fernández), publicó Catálogo de obras de Ernesto Lecuona y el correspondiente a José María Vitier, además de los menos conocidos en Iberia Harold Gramatges, Roberto Valera y Juan Piñera. Otorgó a Gramatges en su primera edición el Premio Tomás Luis de Victoria, dotado con 100 mil euros en la época y que 10 años después recayera en otro cubano internacional: Leo Brouwer. En la colección Los Autores de la entonces Fundación AUTOR, se editaron sendos libros sobre la vida y la obra de Amaury Pérez, Carlos Varela y Santiago Feliú.

Para ilustrar el trabajo de promoción de la música cubana no solamente hacia España sino en mercados internacionales como MIDEM, WOMEX, WOMAD, SXSW y otros, bastaría decir que de la mano de SGAE se han presentado en escenarios internacionales, desde los últimos años de la década de los 90 hasta la actualidad, Gema y Pável, José María Vitier con Tata Güines, Miriam Ramos y Miguel Angá; David Calzado & La Charanga Habanera, Pablo Milanés, Habana Oculta (y también luego Habana Abierta), Chucho Valdés & Irakere, Giraldo Piloto & Klímax,  Manolín El Médico De La Salsa, Isaac Delgado, Pancho Céspedes, La Vieja Trova Santiaguera, Santiago Feliú, Carlos Varela, Síntesis, Eliades Ochoa y El Cuarteto Patria, Cándido Fabré, el Grupo Jelengue, Athanai, Liuba María Hevia, La Estudiantina Invasora, Septeto Yaguasa, Pío Leyva, Garage H, X Alfonso, Telmary, Yissy García, Daymé Arocena, y Kelvis Ochoa. La lista no es exhaustiva.

En la edición del MIDEM Latino en 1998, SGAE desembarcó en la ciudad de Miami con un elenco cubano de lujo compuesto por Compay Segundo, Omara Portuondo, Chucho Valdés & Irakere y La Charanga Rubalcaba, en la que sería la primera presentación en esa ciudad norteamericana de la mayoría de estos artistas. El Team Cuba de la Salsa, compuesto nada más y nada menos que por Juan Formell, Adalberto Álvarez, José Luis Cortés, David Calzado, Issac Delgado, Paulo FG, y Manolín El Médico De La Salsa, con una banda “terrorífica” fue posible y llegó a Europa gracias a la apuesta de la Fundación SGAE.

Ernán López-Nussa, Jazz Eñe, Valencia, 2016. Foto: Tato Baeza / Fundación SGAE.
Ernán López-Nussa, Jazz Eñe, Valencia, 2016. Foto: Tato Baeza / Fundación SGAE.

Mientras, en la dirección contraria, actuaron en Cuba en los últimos veinticinco años ―a cargo en todo o en parte de la Fundación SGAE― (y vuelve a ser una lista no exhaustiva): Pedro Guerra, Jarabe De Palo, Navajita Plateá, Rosario Flores, Michel Camilo y Tomatito, Mestisay, Joan Manuel Serrat, Luis Eduardo Aute, La Oreja De Van Gogh, Pablo Abraira, Martirio, Raúl Rodríguez y Son De La Frontera, Diego El Cigala, Pablo Peláez, Lolita, Fermín Muguruza, Amparo Sánchez, Chano Domínguez, Dorantes, Ximo Tebar, Albert Sanz, Mario Rossy, Carles Benavent, Jorge Pardo, Tino Di Geraldo, Los Sabandeños, Jose M. López López y Trío Arbós, Platero y Tú, Caco Senante, Joaquín Sabina, Carlos Cano, Javier Ruibal, Ketama, Israel Suarez “Piraña”, Manolo San Lúcar, Ertaziak, OBK. Algunos vinieron más de una vez.

En los últimos seis o siete años, por razones de diverso tipo (crisis de la industria musical, crisis económicas en España, crisis internas en SGAE, crisis, crisis, crisis…) ese fenomenal intercambio ha mermado mucho, no obstante, Mayté Martín, Ojos de Brujo, David de María, Chambao, Muchachito Bombo Infierno, Marinah y Juan Perro han actuado ante el público cubano gracias a apoyos de la SGAE o su Fundación; la cual organizó en 2015 una Semana de Autor en la que compartieron creación y escenario jóvenes músicos de ambos lados del Atlántico y que culminó con un concierto en la sala del Museo Nacional de Bellas Artes.

Semana de Autor en La Habana, 2015.
Semana de Autor en La Habana, 2015.

Mientras, nuevos músicos cubanos se abren camino a golpe de talento en suelo ibérico y cuentan o han contado en numerosas oportunidades con el apoyo de la entidad de los autores españoles, que ha realizado en par de ocasiones el ciclo “Cuba en la Memoria” con diversos músicos cubanos asentados en España. También en 2016, Ernán López Nussa y su cuarteto viajaron a Valencia para ser parte del evento Jazz en Ñ; y Fundación SGAE fue parte de la organización del concierto gratuito de Silvio Rodríguez en el Auditorio de Vallecas, Madrid, como parte de su Gira por los Barrios.

En tiempos en que casi todo lo que escuchamos de SGAE, al menos procedente de la prensa española, son malas noticias, es un acto de estricta justicia ponderar el rol que esta organización y su Fundación han desempeñado en el intercambio musical entre ambos países.

1 Comment

  1. Sacando Telefónica, no conozco otra entidad española más avariciosa que la SGAE. No me sorprende la pésima reputación que tiene en su propio país, si con el tema del canon digital, en donde puede meter la cuchara para llevarse algo pal bolsillo, así lo hará.

    Un bochorno de organización, que lo que menos el importa es la cultura, como quedó demostrado.

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