La Reyna y La Real en Chao Papito. Fotograma del videoclip.
La Reyna y La Real en Chao Papito. Fotograma del videoclip.

Cuando la faraona dice chao…

9 minutos / Berta Carricarte Melgarez

10.06.2020 / Reseñas

Hoy se lo dije: Chao papito, sigue jugando con tus amiguitos. No le despaché el resto de la canción porque, igual, él es turco, y no entiende el castellano, y del argot cubano solo aprendió a decir asere, y qué bolá.

Entablar una relación amorosa a menudo significa entrar en un territorio donde muy pronto se establecen los roles de dominador y dominado. No sé si esto es por herencia machista o por una condición biológica hacia la procreación o la supervivencia de la especie. He leído que el hombre actúa instintivamente como un cazador, por eso desprecia a las mujeres que acceden fácilmente a tener relaciones con él, mientras se empecina en aquellas que le ofrecen resistencia. A veces pienso que estoy harta de esa lucha psicológica, de ese proceder masculino y controlador que he visto repetirse en no pocos hombres que he conocido; y que supera, para mi sorpresa, cualquier condición cultural o geográfica. Me gustaría encontrar uno, con el cual se rompiera ese maleficio ancestral. Sé que hay otro tipo de hombre, otro papito, que no cabe en moldes, normas ni libros de autoayuda. Mientras tanto, y una vez subida en el burro, no me queda otra que darle los palos.

Por eso, entre descubrir el videoclip de Chao Papito de La Reyna y La Real e identificar que ese tema describe prácticamente mi relación con un hombre perteneciente a una cultura muy diferente de la mía y muy aferrado al modelo suave pero fundente —es decir, te mimo pero te controlo—, no medió más que un click. El tema no solo está sabroso para mover el cuerpo, sino que me ofrece, en diversos momentos y componentes, un resumen de imágenes inspiradas que me son de alguna manera entrañables. Momentos que me ponen a bailar y a liberar energía aeróbica, impulsada por la maquinaria musical de Michael Jackson. Componentes que me acechan todo el tiempo, desde la propia africanía de mi tez, hasta la complicada bisutería y el maquillaje que me remontan a los orishas. De ahí, quizás, la atracción que me produce este video, y el deseo de decirle alto y claro al turco: tú no estás tan papi pa´ hacerte el gracioso.

De ahí que valore ante todo la eficacia comunicativa que logra el realizador Charles Cabrera con este promocional, presentado en las redes el 25 de abril pasado. Creo que hoy una pieza musical se vende con mayor eficacia si se transforma en videoclip. Porque, en efecto, la música sufre un trasvase artístico cuando se relee a través de la conjugación sonido-imagen que puede incluso expandir sus horizontes semánticos.

Por otro lado, una de las lecciones fundamentales que va dejando la pandemia de la COVID-19, es la reafirmación de Internet como espacio de colectivización, democratización, difusión y consumo del arte. Es el momento del update para las manifestaciones artísticas; de sobrevivir en los términos que imponen las extrañas circunstancias que vivimos a nivel planetario y que nos han devuelto a la aldea global diagnosticada por McLuhan y actualizada por Chomsky. La literatura, la danza, el teatro, etc., buscan el modo de actualizarse, de mutar hacia la nube, como lo demuestra Daniel Ross Dieguez, Darode, un joven artista guantanamero que en días recientes inauguró su exposición virtual e interactiva, El mamífero nacional, colgada en la plataforma de YouTube.

Volviendo, no a la pasión turca —que parece solo asunto de películas—, sino al Chao papito, primero que todo me remojó la memoria con Remember the time, dirigido por John Singleton, original propuesta para el Rey del Pop. Con toda probabilidad, sirvió de inspiración a Cabrera para decidirse por una dirección de arte inspirada en motivos africanos, donde se mezcla una lejanísima referencia al antiguo Egipto, con una no menos estilizada y canonizada apropiación de elementos culturales subsaharianos y afrocubanos.

Lo que llamó mi atención es que a diferencia de la propuesta de Singleton, en el caso cubano domina la realeza femenina en un argumentado reclamo de atención amorosa que el sujeto masculino elude. El emplazamiento del dúo femenino de La Reyna y La Real se enfoca en rapearle un “bajanda” al tipo que presume altanería frente a los amigos, mientras en la clandestinidad amorosa se arrastra a los pies de la mujer.

Habría que ser miope, tener muy mala memoria o vivir ajeno a las producciones foráneas, para pensar que el videoclip cubano se pretende artístico por espontánea voluntad, y como resultado solamente atribuible a nuestro contexto. La producción de videoclips de altísima calidad y de indiscutible calidad artística es un fenómeno internacional, a cuyos paradigmas apenas se acercan los mejores ejemplos cubanos. Aquellos no solo poseen recursos financieros, una larga tradición en el oficio y un repertorio tecnológico en constante evolución y perfeccionamiento, sino que disponen de talento inagotable y de permanentes canales de difusión (en 1981 se funda MTV, canal dedicado a la transmisión  exclusiva de videoclips) e incluyamos, por supuesto, a Internet, con  plataformas  como YouTube.

Fotograma del videoclip.

La Reyna. Fotograma del videoclip.

Esa producción que llega al ámbito nacional por diversas vías, incluida la versión criolla del congelado semanal que llamamos El Paquete, se comparte acá en los más diversos soportes, y es uno de los elementos que interviene en el estímulo a la iniciativa nacional. Tampoco dudo que lo de aquí pueda servir también de mapa referencial en cierta medida para la creación videoclipera allende los mares.

Al propio tiempo la confrontación con exponentes foráneos sirve de paradigma para evaluar los resultados y el nivel que posee el videoclip en Cuba.  No es que lo que se hace más allá de nuestras fronteras tenga que erigirse en forzoso medidor para los realizadores cubanos, sino que, participando de un lenguaje universal, puesto en función de propósitos similares, es lógico que sirva a los creadores de modelos ya sea para reacomodarlos a nuestras circunstancias, sin caer en una imitación frívola, o para negarlos en busca de proposiciones más auténticas.

Visto así, Chao papito mantiene un diálogo discreto con su referente, pues entre la propuesta de Cabrera y la de Singleton suele mediar una especie de intertextualidad que facilita la conexión de motivos empáticos o análogos (elementos de vestuario, peluquería, utilería, etc.), así como ciertos tics coreográficos, incorporados mediante la alusión, dedo invisible que apunta hacia Remember the time, con sus respectivas cuotas de parodia y de pastiche. Además, entre las diferentes modalidades discursivas que puede adoptar el audiovisual, Cabrera se inclina por articular una metáfora visual de lo que la canción expone. No se trata de una pedestre ilustración del tema, sino de una interpretación lúdicra basada en el eje de poder y obediencia que, no pocas veces, ha sido explotado en múltiples clips a través de incontables variantes.

La Real. Fotograma del videoclip.

La Real. Fotograma del videoclip.

Raperas de reconocido expediente en la Isla, La Reyna y La Real no solo encarnan el espíritu del hip hop por excelencia, sino que proyectan un discurso antimachista sincero y sin falsos radicalismos. Así lo corrobora Que se queme el arroz, dirigido por Yasser Argüelles en 2016. Este video musical, muy superior a Chao papito desde el punto de vista de la solución visual, sigue una dramaturgia que enlaza el “de pie” de la mujer, en relación con un despertar simbólico del sujeto femenino frente al vasallaje doméstico, dejando de paso dos lecturas que se complementan. Pues mientras La Reyna se rebela contra una vida mediatizada por el inmovilismo del zángano, La Real protagoniza una rebelión contra el rol simbólico que nos persigue incluso en ausencia del mandato masculino, una de cuyas expresiones más espontáneas ocurre cuando al llegar a casa de un hombre que vive solo, una puede sorprenderse exclamando: Aquí falta la mano de una mujer, o en el mejor de los casos, falta un toque femenino.

En virtud de su decidido emplazamiento, Que se queme el arroz es un grito de combate, pero Chao papito es una declaración de independencia pacífica, mediante decreto-ley y sin derecho a réplica. Si años atrás todavía la faraona de Remember… tenía que jugarle cabeza al faraón para dejarse robar un beso furtivo del insólito mago, ahora las soberanas de Chao papito se dan el lujo de ir descartando bailarín tras bailarín, sin que les tiemble el cetro. Lejos de la fantástica opulencia del musical de Michael Jackson, al menos demuestran en escena la potente soberanía de sus rostros, y el de otras jóvenes que replican el mensaje, sin necesidad de restregar en la nariz de nadie un trasero en tanga. La mirada masculina que suele centrarse en glúteos y pechos cuando de mujeres se trata, aquí se ve subordinada a la intensidad de un encargo sobre el que sus autoras mantienen absoluto control.

En fin, que me descargué el Chao papito con la intención de añadirlo a un podcast sobre videos nacionales que muestran una imagen asertiva de la mujer, pero no pude resistir la tentación de compartírselo en Messenger, en WhatsApp, Telegram, Instagram y Twitter al papi turco, aunque yo sé que él no entiende ni pito.

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Berta Carricarte Melgarez

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