De izquiera a derecha: Lorenzo, Caridad y Reinaldo Hierrezuelo. Foto: Humo Graphic.

La estirpe Hierrezuelo: entrevista a Reinaldo y Caridad

por
AM

REINALDO: Tú dices “familia famosa”, pero podías haber escogido otra frase. No me gusta la palabra famosa. Ser famoso es nada, te lo digo yo. La familia Hierrezuelo es conocida no sólo por la música. Mi padre fue veterano de la guerra de independencia y mi tío Valeriano Hierrezuelo fue general. Por eso somos conocidos desde fines de siglo XIX, por esa razón histórica, patriótica, antes que por la música. En Santiago hay una calle que se llama General Hierrezuelo, y en la historia de Cuba aparecen unos cuantos Hierrezuelo que fueron veteranos, así que una pequeña aclaración para empezar no tiene nada de malo. Incluso hasta el director de la banda de conciertos del ejército era un Hierrezuelo. Antes de ser músicos eran mambises. Y bueno, la música después.

CARIDAD: Lo de la música nos viene en la masa de la sangre. Éramos cinco hembras y seis varones, hermanos de madre y padre. Unos nacieron en Santiago, otros en Siboney, otros en Miranda, pero todos estamos inscritos en El Caney: “Caney de Oriente tierra divina…”, como dice el pregón. En la casa había guitarra, tres, maracas, bongó, esos instrumentos del campo. Según iban naciendo, los muchachos fueron pescando lo de mamá y papá, que cantaban y tocaban de toda la vida. Trabajaban en el campo todo el día y al regreso a la casa, formaban la cantadera.

En casa todos sabíamos tocar algún instrumento, o varios. A mí me tocaba la marímbula, pero cuando estaba jovencita empecé a presumir y tenía las uñas largas. Me mandaban a tocar y yo, con mala cara, cogía la marímbula aquella, y empezaba ti-tin-cun-tan la noche entera, y cuando terminaba ya no tenía uñas. De vez en cuando llevaban un contrabajo de tres cuerdas, yo lo sonaba, y sonaba bien. Todo, todo de oído, siempre. Rey y yo, que somos los hermanos menores, nos quedamos, los demás se casaron y se fueron de la casa poco a poco. Nosotros seguimos cantando y tocando con mamá y papá, allá en Siboney.

REINALDO: Profesionales en la música fuimos cuatro hermanos: Lorenzo, Caridad y yo. El cuarto fue Ricardo, que tocó por un tiempo en el Cuarteto Patria, del cual soy fundador con Francisco Cobas, Emilia García y Rigoberto Echevarría —el popular Maduro—, tresero en Santiago de Cuba.

Aprendí la guitarra viendo cómo tocaban los demás, pero a mí me ponían a cantar. Cuando ellos soltaban la guitarra la cogía y trataba de hacer lo que ellos habían hecho. Había copiado en mi mente y mis ojos las posiciones y las repetía.

REINALDO: En casa tocábamos sones, algunos muy viejos, del tiempo de España, que eran estribillo nada más. Había uno que decía:

Saca la cabeza, jicotea,

saca la cabeza pa que veas.

Qué ingrata eres Natura

con la infeliz jicotea,

la pobre no se menea

porque no tiene cintura.

Te estoy hablando de los años 30, a principios. Cantábamos también cosas de Machín, porque lo que estaba de moda en esa época era el Cuarteto Machín, que copó el terreno en Oriente después de la fama del Trío y el Septeto Matamoros. El Cuarteto Machín, prácticamente, superó allá en popularidad  al propio Matamoros. ¿Qué te parece? Uno de los primeros números que yo canté se llamaba El pirulí, de Ramón Espígul y Caridad tenía un número que decía Cuando a Mantua yo llegué, que le encantaba a la gente, pero a ella entonces no le gustaba cantar. Eso era del repertorio de Machín.

CARIDAD: Cuando Lorenzo mi hermano, que tenía un genio tremendo, hacía una fiesta en su casa y venía la gente para oírme cantar, me iba para el último cuarto, me acostaba y me tapaba cabeza y todo. ¿Qué tú crees que hacía Lorenzo? Iba a buscarme y me decía: “Caridad, ¿tú no vas a cantar? No. ¡Tú no vas a cantar, coño! ¡Canta porque te meto un tiro!” Y yo me moría de miedo porque él usaba arma. Entonces la mujer venía: “Lolo, no hagas eso, ella va a salir, tú vas a ver”. Y yo con dos lagrimones así. Entonces me llevaban para el baño y me lavaban la cara. Cantaba lo que él quería, y con la misma: “¿Ya acabé?” y me iba a dormir otra vez. No era miedo, yo cantaba para mí, pero no quería hacerlo para los demás.

Me obligaba Lorenzo, nadie más que él que tocaba la guitarra, el tres, y cantaba como tú sabes, altísimo y claro como pocos yo he oído en mi vida. Y hacía una voz segunda preciosa. Él nació en el año 1909. Me llevaba seis años nada más. Cuando aquel terremoto grande del año 32, en Santiago de Cuba, él ya no vivía con nosotros.

REINALDO: En ese año Lorenzo vino para La Habana y, como todos los demás artistas, empezó dando bandazos. Trabajó con Mozo Borgellá, con Panchito Riset, con Matamoros, estuvo en la orquesta de Don Aspiazu, por la misma época que comenzó Machín. Y se codeó acá con todos los grandes, Miguelito Valdés, Alfredito Valdés y todos aquellos populares del momento. Junto a Marcelino Guerra Rapindey formó un cuarteto con Evelio Machín, el hermano de Antonio, y Francisco Repilado. Cuando Rapindey viajó al extranjero entró Armando Dulfo. En el año 34 hicieron una gira por todo Oriente y se quedaron en mi casa, en Siboney. Después Lorenzo trabajó también con distintos grupos, como el trío de Justa García, que era muy conocido en La Habana.

Una vez, cuando mi hermano estaba con Justa García haciendo su programa de radio en la emisora Lavín, cantaron Veinte años, de María Teresa Vera, y gustó mucho a los oyentes. Entonces invitaron a María Teresa, que no actuaba por ese tiempo. Él fue a buscarla a donde vivía, en un solar. Ella había empezado a los 15 años, hizo muchos discos en Nueva York con Rafael Zequeira y también con el Sexteto Occidente. En ese momento estaba en un retiro prematuro, porque el problema de que las mujeres fueran artistas era muy difícil. No me preguntes si el santo se lo prohibió o no, no quiero hablar de ese tema. Cuando el cuarteto de Justa García se dispersó, a ella le propusieron que siguiera en la estación de radio y ahí fue donde se unió a Lorenzo en el año 45, por ahí.

CARIDAD: Él no solo trabajaba con María Teresa: la cosa era cantar con fulano de tal aquí y con mengano allá para poder echar para alante. Lorenzo estuvo un tiempo largo con Matamoros, que estaba contratado en el Hotel Nacional, y muchísimas veces sustituía a Miguel, porque su voz era muy potente, y dominó su forma de tocar la guitarra. Matamoros era el director del trío, del septeto, del conjunto… Cuando quería descansar dejaba a una persona que lo reemplazara y descansaba, pero estaba ahí su nombre, que era el que vendía.

REINALDO: Con María Teresa Vera estuvo haciendo programas, primero en CMQ, y en Radio Cadena Suaritos, y trabajaron ahí bastante bien porque les hicieron un contrato de exclusividad. Esa emisora pagaba bien, quizá se debía a que Suaritos —que se llamaba Laureano Suárez, gallego él—, no solo era el dueño, también el técnico y el locutor o presentador de la estación, o sea, que hacía el trabajo de cuatro o cinco y ahorraba el dinero de esos puestos. Tenía muy buenos anuncios y era muy jocoso para hacer la publicidad; él adoraba a María Teresa.

Un día que estaban en una fiesta de la alta sociedad, María Teresa se indispuso y hubo que llevarla para su casa. Cuando ya Lorenzo se marchaba los dueños le dijeron que continuara solo, por favor, para que no se acabara la cosa. Aunque además de son y bolero él cantaba tangos —porque fue uno de los buenos tangueros de aquí, le decían El Irusta Cubano—, hacía falta algo más movido para seguir la fiesta que todavía no estaba por la mitad. Entonces salió a buscar a alguien para que lo acompañara y poder terminar aquel trabajo, y trajo a Francisco Repilado, que todavía no era Compay Segundo ni nada de eso. Ya se conocían, naturalmente, eran del mismo pueblo y habían trabajado juntos, en el cuarteto Hatuey, con el conjunto Matamoros y con otros grupos, pero nunca habían hecho dúo. Así fue como comenzó el dúo Los Compadres en el año 1949, casualmente, porque si María Teresa no se enferma no se hubiera formado.

Francisco Repilado y Lorenzo Hierrezuelo, integrantes del legendario dúo Los Compadres. Foto: Humo Graphic.
Francisco Repilado y Lorenzo Hierrezuelo, integrantes del legendario dúo Los Compadres. Foto: Humo Graphic.

CARIDAD: Cuando uno se hace músico nunca sabe lo que va a pasar. Hay profesiones en las que tú sabes lo que vas a hacer. Tú vas a ser médico y sabes que vas a operar y curar, pero en la música nadie sabe nunca lo que va a hacer. Uno se hace músico porque le gusta y porque tiene la posibilidad, aclarando que nosotros fuimos músicos empíricos, no estudiamos. Usted se hace músico como nosotros, que lo fuimos de nacimiento, nos gustó y lo empezamos. Pero nadie pensó vivir de eso. Nos criamos en los campos de Oriente, según como soplara el viento, dando tumbos. Un tiempo en Santiago de Cuba y otro en Siboney y así.

REINALDO: El músico de Santiago de Cuba que te diga que no ha fleteado, te está mintiendo. Aquí en La Habana se dice “pasar el cepillo”. Tú salías a tocar en los bares y ponías el sombrero para que te tiraran unas monedas. Tuve la suerte y honor de compartir con Sindo Garay, Augusto Castillo, con José Mondéjar… con muchos trovadores de Santiago, como Ángel Almenares, y también con los hermanos Eddy y Fernando Álvarez, que se hizo un gran bolerista con los años.

CARIDAD: Yo fui la última que salí de la casa y tenía que pasarme la vida cocinando para los varones. Cuando me pude sacudir de eso dije: no, qué va, ya estoy cansada de vivir en este monte, me voy. Entonces mis hermanas ya vivían en Santiago y me llevaron con ellas. Ahí empecé a levantar cabeza.

En el año 47 comencé. Mi primera actuación fue con el trío Baraguá. Vinimos a La Habana para una fiesta que le dieron a los veteranos de la independencia. El trío Baraguá éramos Rey, Mondéjar, y yo. Salimos de Santiago en tren, recogiendo a todos los veteranos de todas la provincias hasta llegar aquí a la cervecería, que fue donde se le dio la fiesta. En la Tropical y en La Polar. Se usaban las dos.

En el 50 [José] Maracaibo Castañeda y yo empezamos con Maravillas de Beltrán. Por ahí está el retrato, no sé dónde. En el conjunto estaban Isidro Beltrán, que era el director, y sus dos hijos. Mi difunto marido tenía muchas relaciones y nos consiguió unas transmisiones en la CMKR y la CMKC y allí estuvimos un tiempecito cantándole al cigarro Edén en esas emisoras. Íbamos tirando. Cantábamos de todo. Siempre me he dedicado a cantar bolero, danzón, guaracha, conga, todos los géneros. En Santiago el ambiente era bueno para los que tenían trabajo, porque los que no tenían ya tú sabes el trabajo que pasaban. Allá había varias orquestas y conjuntos que tenían sus lugares específicos donde tocar. Sábados y domingos, no creas que todos los días. Después me llamaron por aquí y por allá, hasta que empezaron a contratar [a los negros y mulatos] en los clubes de los blancos en Santiago. Fue entonces que Bacardí nos acogió y representábamos la marca de ron y cerveza. Así fui luchando con mil cosas, aunque a veces iba a trabajar en el monte, también.

Mi carrera no fue fácil porque en aquella época no había tanta oportunidad para cantar en Oriente, y para una de color, menos. Al principio pasaba muy malos ratos porque yo era muy seria, muy respetuosa, no tenía ese desparpajo como ahora, que ya yo me peleo, me defiendo y digo unas cuantas cosas. Antes yo era muy noble y a veces me daba por llorar cuando me hacían algo.

Oye esto: en Holguín me contratan para trabajar en un night club y yo voy y ensayo por el día. Cuando llego por la noche, estoy sentada allá, muy fina, y entonces me dice un empleado “qué vas a tomar”, y yo digo que un whisky, porque como tenía la presión mala el médico me había dicho que cuando fuera a tomar algo tomara una copita porque estabilizaba la presión. Cuando le digo al camarero: “whisky”, me mira con una cara así, y yo no sé lo que me trajo… pero whisky no era. Cuando llega la hora de cantar, se me acerca el dueño: “¿Y usted que hace aquí? ¿Usted es la que va a cantar esta noche aquí? Pues no, aquí no puede cantar”. El asunto es que él creía que yo era blanca, porque no me había visto ensayar. Ahí mismo tuve que recoger mis matules y coger la puerta. La suerte es que a mí me pagaban trabajara o no trabajara, porque iba por Bacardí.

Caridad Hierrezuelo. Foto: Hermi Pedroso.
Caridad Hierrezuelo. Foto: Hermi Pedroso.

Vine a vivir a La Habana mucho después, ya con Fidel en el gobierno, aunque desde antes yo trabajaba mucho aquí. Varias veces pasó que estaba viendo un programa de televisión —sobre todo el de Manolo Rifat, que era los martes—, el locutor anunciaba “para la semana que viene: Caridad Hierrezuelo”, y yo cogía mi avión, hacía el programa y al final me iba de nuevo para Santiago. Así me enteraba de las actuaciones, así me avisaban, por televisión. Menos mal que en aquella época no había apagones en Santiago de Cuba, porque no me hubiera enterado de la mitad. A veces me quedaba trabajando con la orquesta que hacía el programa Fiesta en el Aire o Fiesta en no sé qué. No me acuerdo tampoco cómo se llamaba la orquesta aquella que trabajaba de lunes a sábado, y cantaba la semana entera. Porque yo fui atrevida, no tenía mucha desenvoltura con el dinero, pero siempre viajaba en avión, aunque fuera caro. Ya yo sabía que podía hacerlo, pues contaba con lo que me iban a pagar.

REINALDO: Tú tienes razón en una cosa: el modo de hacer música en Oriente es distinto al de La Habana. El sabor de un son santiaguero no es igual a uno que toquen aquí en La Habana, que nazca en La Habana. En los salones de aquí no querían que se tocara el son vivo, o que se tocara la rumba a la manera de allá. Era pecado cantar un son oriental en algún salón de la alta sociedad de La Habana. Te pedían hacer un número muy popular, pero que lo hicieras distinto a como tú lo sientes, más despacio, para que no se suden las chicas, te decían. Es como si te dijeran en un restaurant: mire el bistec, y tú dices tráiganme una palomilla, un bistec, un filete, pero no le pongas sal. Tú te lo comes como te gusta a ti. En la música resulta igual. A las personas que no sean capaces de resistir les cambian la cultura, se la cambian. Porque es verdad que tú tienes que comer, y si no sabes pasar hambre, haces la concesión. Te dicen “por favor maestro, tóqueme la rumba Cachita” —que aunque es del puertorriqueño Rafael Hernández, es cubana porque la hizo aquí y la hizo para Cuba. Pues te piden “hágame esa rumba pero un poquito más despacio”. Y como tú vas a cobrar y lo necesitas, la tocas en tiempo de vals.

La música en Oriente es un poco más andante, viva. Pero aquí en La Habana, te llamaban para tocarle a Míster Fulano en Miramar, y tú tenías que tocar lo que ellos quisieran, como les gustaba y estaban acostumbrados. Los músicos santiagueros siempre conservan el aire más vivo, más expresivo. Así lo hacían los trovadores verdaderos de allá y así yo aprendí desde muchacho a cantar el son, la guaracha y el bolero.

***

CARIDAD: Desde que Rey vino para acá empezó a trabajar con Los Compadres, que era un dúo, pero que usaba ritmo y contrabajo, cuando el presupuesto alcanzaba para eso, claro.

REINALDO: Yo actuaba con ellos como acompañante, haciendo coros y tocando el bajo, hasta que me incorporé al dúo en 1954, cuando Lorenzo y Repilado se separaron. Estuvimos juntos más de treinta años. Al mismo tiempo mi hermano trabajaba con María Teresa y yo me presentaba como solista como Rey Caney, que es el nombre del pueblo donde nací. He actuado en todos los cabarets y emisoras de este país, desde el Faro de Roncali hasta el de Maisí: y me he subido en los dos.

Cuando había una fiesta, allí estaba Lorenzo Hierrezuelo con María Teresa Vera y también estaban Los Compadres. Nosotros hacíamos la parte movida, jocosa, y él, con María Teresa, la parte seria de canciones de la trova, aunque también tocaban guarachas, claves ñáñigas y rumbas habaneras que él aprendió de ella. Después, como Los Compadres, Lorenzo y yo caminamos casi el mundo entero, hasta que se jubiló.

Reinaldo Hierrezuelo. Foto: Hermi Pedroso.
Reinaldo Hierrezuelo. Foto: Hermi Pedroso.

Caridad ha grabado como veinte veces un número mío que se llama Guarapo, pimienta y sal … que hice para ella: “Yo quiero alegrar al mundo con mi sabor natural / porque corre por mis venas guarapo, pimienta y sal…”.

CARIDAD: Si no fuera por el azúcar que da ese guarapo… Mira, la verdad es que yo he cantado porque, como dice la guaracha: “canto porque me gusta, y porque quiero cantar”. Cuando yo, de jovencita, miraba que estaban limpiando la casa y veía al musiquito por aquí, un timbal por allá, me empezaba el mal humor. Porque a mí me gustaba, sí, pero no que me mandaran a cantar. Después me casé y mi marido tuvo más fuerzas que mis hermanos, porque a él le encantaba que cantara aunque él tuviera que cocinar. Tuve que resignarme. Y así estoy hasta ahora, pero qué voy a hacer. Ni soy linda ni tengo la cintura estrecha como antes, ni nada de eso, ahora tengo que seguir cantando.

Grabé por primera vez para Panart en el 58, por ahí. Era un grupito —Rey, Lorenzo, un bongosero, un tumbador y un pianista muy flaco: Javier Vázquez, que era el arreglista. Después llegó el comandante y mandó a parar, intervinieron la disquera y no se terminaron las grabaciones. No están completas. Han sacado unos disquitos con eso, una musiquita así que se siente livianita, sin fondo. Cada vez que yo la oigo por ahí digo oye eso, cómo es posible. Después, ya viviendo en la Habana, empecé a levantar cabeza y a ponerme seria para el canto. La vida me llevó por ahí obligatoriamente y tuve que bajar la guardia.

Grabé con orquestas y sobre todo con conjuntos, como el Caney de Benitico Llanes. Después hice, en Santiago, un long playing con arreglos de Joaquín Mendível, y por el 98 con Enriqueta Almanza y Rolando Baró, Babalú ayé y algún otro número que ahora se me olvida con una jazz band grande. Lo demás, en el extranjero: dos o tres compactos con muchas guarachas, como Guarapo, pimienta y sal, que siempre me la piden…

Reinaldo y Caridad Hierrezuelo. Foto: Hermi Pedroso.
Reinaldo y Caridad Hierrezuelo. Foto: Hermi Pedroso.

REINALDO: A mí la inspiración me viene fácil, no sé a otros compositores. Fíjate si es así que te voy a hacer un cuento: una vez llegamos a Japón y yo oía por la calle un pregón que salía de una carreta o una camioneta que echaba humo por todas partes. Enseguida pregunté qué era eso, qué vendían, y me dicen: boniato asado. Así fue como hice yo un número con ese nombre y enseguida lo grabamos en Japón. También lo pusimos en un disco que hicimos aquí:

Cuando a Tokio llegué

sentí gran curiosidad

porque oí que pregonaban

algo en toda la ciudad.

Mas cuando me informaron

recordé el popular

manisero de mi Cuba,

y aquí es boniato asado,

algo muy original.

Lo traduje al japonés y lo grabé en ese idioma.  Fue locura allá.

CARIDAD: Yo cogí mi pedacito de gloria, gracias a ellos, allá en Japón. Se llenaban los teatros todos, todos, completos, completos, porque iba a actuar “la hermana de Los Compadres”. Así me presentaban, se llenaba todo y era una bulla dondequiera que actuaba, así que me salvé.

REINALDO: No solo por eso, Caridad. Yo no necesito ser inglés para saber si un inglés está actuando bien como artista, eso fue lo que pasó contigo. Japón es un país muy desarrollado, muy inteligente. Esa gente sabe mucho: uno va allá y toca un son cubano de verdad, con todo lo que lleva, y ellos lo disfrutan a plenitud. Ahorita van a cantarlo mejor que nosotros.

CARIDAD: Yo creo que ya en otras partes se disfruta más el son y la trova que aquí. Te lo digo yo, que estoy viajando mucho últimamente, y te lo puede decir Rey, que le dio la vuelta al mundo con Lorenzo y después con la Vieja Trova Santiaguera. Qué barbaridad, muchacho.


Entrevistados en el invierno de 2006 en casa de Reinaldo Hierrezuelo, en la habanera calle Infanta gracias a la mediación inapreciable de Maxitxa.

Autor de veinte libros de poemas, culpable de intrusismo en varias otras disciplinas: artes plásticas, guiones, periodismo. Obsesión: la frágil memoria de la música cubana.

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