José Pérez Lerroy. Foto: Rafael Valdivia / Magazine AM:PM.
José Pérez Lerroy. Foto: Rafael Valdivia / Magazine AM:PM.

José Pérez Lerroy entre cintas, recuerdos y placas de vinilo

11 minutos / Rosa Marquetti Torres

19.06.2020 / Entrevistas

Ni siquiera los que están cerca de él en esto de los estudios de grabación, las viejas cintas y los pro-tools, conocen que José Pérez Lerroy ha sido parte activa, durante más de 50 años, en la historia de la fonografía cubana. Da la impresión de que Joseíto quiere pasar siempre inadvertido, de tanta discreción y humildad; es un hombre de pocas palabras, algo que casi resulta inconcebible entre tanto cubano de verbo fácil y fluido.

En algunos sitios web que se consideran enciclopédicos en lo que a discografía se refiere, su nombre se repite muchas veces en los créditos técnicos (edición, producción, técnico de grabación, masterización, transfer digital) de numerosos e importantes fonogramas grabados en Cuba.

Joseíto ha sido, esencialmente, grabador de másters de acetatos y como tal vivió y sobrevivió al cambio tecnológico que supuso el paso a la masterización y remasterización digitales. No creo que encontremos con facilidad a alguien aún en activo que haya trabajado en dos etapas sucesivas de esa historia hacedora  discos.  Probablemente sea el único técnico de grabación que nos quede a mano con tal recorrido, si tenemos en cuenta que comenzó a trabajar con apenas 15 años de edad como asistente en el Departamento de Grabaciones de la entonces muy famosa y ponderada Radio Progreso. La llamada Onda de la Alegría contaba con uno de los estudios de grabación más reputados en el país y Joseíto comenzó allí en 1960, antes de que el 29 de mayo de 1961 fueran nacionalizadas las empresas y fábricas del ámbito discográfico cubano.

“Antes de la nacionalización —cuenta— estuve prácticamente en todas las compañías discográficas que grababan en el estudio de Radio Progreso: Velvet y su director José Pagés; Gema, de Guillermo Álvarez Guedes;  Maype, de Arturo Machado; Modiner, dirigida por Nilo Modiner; RCA Victor, entre otras. Allí en Progreso trabajé con los grabadores José Gutiérrez Balmaseda, José Ciérvide y con alguien que fue decisivo en la fonografía en la Isla: el ingeniero Medardo Montero Torres. Durante toda mi vida laboral, fue con Medardo con quien más me relacioné.

”Con él participé en numerosas grabaciones con orquestas, grupos y solistas, como Benny Moré, Orquesta Aragón, Olga Guillot, La Lupe, Gina León, Blanca Rosa Gil, Ñico Membiela, Bertha Dupuy, el trío Los Tres Caballeros, el grupo Los Amigos —integrado por el pianista Frank Emilio Flynn, el baterista Guillermo Barreto, el bajista Orlando López Cachaíto, y el güirero Gustavo Tamayo—, y muchos otros. Te podrás imaginar que con la edad que tenía no podía valorar correctamente lo importante que eran y que seguirían siendo muchos de estos músicos, pero me acerqué a ellos, tuve una empatía muy buena con algunos, como con el propio Guillermo Barreto, Gustavo Tamayo, con el percusionista Ángel Ortiz —a quien llamábamos Semilla—, con Israel López, Cachao, y también con el famoso bongosero Rogelio Iglesias, Yeyito, quien había tocado hasta con Chano Pozo”.

En la antigua cabina de masterización de la Egrem. Foto: Rafael Valdivia

Con la antigua máquina cortadora de placas matrices en la cabina de masterización de la Egrem. Foto: Rafael Valdivia

Su juventud no supo aprovechar la cercanía a Benny Moré, y Joseíto tiene su explicación: “Cuando Benny grabó en Radio Progreso yo era muy joven y no tenía idea de su dimensión como artista. La adquirí con el tiempo. Hoy valoro mucho haber sido testigo de eso que tanto se cuenta de él: su capacidad innata y empírica de hacer un arreglo sin saber escribir música. Benny acostumbraba pedirle a Generoso Jiménez que, antes de grabar, le pasara los temas con la orquesta a modo de ensayo; y recuerdo que en una de las piezas, cuando la orquesta los tocó previamente, a Benny no le gustó cómo sonaba y le dijo a Generoso: ‘Quiero que las trompetas hagan esto; los trombones, esto otro; los saxos, esto’; y empezó a tararear cada uno de los cambios que quería en el arreglo y Generoso a escribir en la partitura, para acomodar el arreglo como quería Benny. ¡Aquellos sonó como tenía que ser!  Era como 1960 o 61.

”Un día Eliseo Valdés, representante de la RCA Victor en Cuba, llega a la emisora y nos dice: ‘Hace tres días que estoy detrás de este hombre —refiriéndose al Benny. Llego a su casa, me pone a beber a mí también, y termino borracho y no logramos concretar nada. Pero hoy no, hoy ya vine para acá y tenemos que empezar a grabar’. Al tercer día pudo meterlo en el estudio. En aquel momento no se grababa un LP completo, sino que se grababan tres o cuatro números, se mandaban a imprimir en discos sencillos de 45 rpm, y se enviaban a las victrolas y a la radio. Así empezaba la promoción, a ver cómo funcionaban; si los temas pegaban se hacía el LP con lo que ya estaba probado. Había excepciones, como el caso del disco de La Lupe que se grabó completo de arriba a abajo”.

Algunas de las grabaciones más trascendentes —por su difusión a nivel mundial— en las que participó Joseíto son las recogidas en los dos álbumes que grabara La Lupe en Cuba y que significaron el debut discográfico en solitario de la famosa cantante cubana. “Yo tenía muy buena relación con Eddy Gaytán, un músico muy completo, orquestador, pianista y productor, quien estuvo relacionado con la producción de esas dos placas, en las que trabajé junto a Medardo como grabador. Como La Lupe hacía un espectáculo en el club La Red — ¡porque lo suyo era un espectáculo!—, ya estaba acostumbrada a cantar así y le costaba trabajo amoldarse a las exigencias de una grabación en estudio. Cantaba sin zapatos, se movía mucho y, a veces, hasta se daba golpes en su cuerpo, eso en el estudio, grabando…”.

Por estos años, Joseíto realizó grabaciones para proyectos didácticos auspiciados por el Consejo Nacional de Cultura, como el que lideró el músico y musicólogo José Ardévol, en el cual la gran pianista Zenaida Manfugás dejó registradas piezas del repertorio clásico cubano. “Cuando más embullado estaba con este trabajo en Radio Progreso, tuve que parar, porque en 1964 me llamaron al Servicio Militar Obligatorio y al salir no me habían guardado mi plaza, como estipulaba la ley. Tuve que alejarme de mi perfil, de lo que me gustaba, y capacitarme para trabajar en la industria de conformación de metales. Años más tarde, ya creada la Egrem, ingresé a ella en junio de 1973, gracias a mi amiga de Radio Progreso, Nenita Sueiro y a Medardo Montero, quien era entonces el director. En esa etapa, durante algunos años, Medardo me involucró también en tareas administrativas, como apoyo a él desde la dirección, hasta que en 1980 pasé entonces a trabajar directamente en las grabaciones. Cuando empecé en esta casa discográfica los grabadores eran Antonio López, Eusebio Domínguez, Rafael Padrón, Adalberto Jiménez y el polaco Jerzcy Belc. Poco después se incorporó Ramón Alom”.

Por aquella época estábamos aún en los tiempos de vinilos y casetes, pero él nunca había cortado una placa de discos, y tuvo que aprender rápido a lidiar con la máquina. “Mi trabajo consistía en hacer el llamado máster en acetato o PVC. Debía también supervisar una parte delicada en el proceso tecnológico en fábrica, donde se hacían las copias a partir del máster. El acetato suelta una grasa y lo primero que se hacía era desengrasar la placa, pues cuando se hacía el plateo a pistola, si había grasa se estropeaba el disco, quedaba rajado o grumoso. Ahí, entonces, no había nada que hacer. El precio de cada placa no era barato para la época, costaba 25 pesos cubanos, y por ahorrar a veces se trataba de desengrasar de nuevo para volver a hacer el plateo, pero eso era muy riesgoso; lo correcto era empezar desde cero a esparcir la plata para hacer el disco.

Consola de masterización. Foto: Rafel Valdivia

Consola de masterización. Foto: Rafel Valdivia

”Cuando se comenzaron a fabricar casetes en paralelo a los acetatos, también realicé las matrices para este formato. Además trabajé en números álbumes hoy considerados muy importantes, como los de Los Van Van, Irakere, NG La Banda, Adalberto Álvarez. También de la Orquesta Revé, Paulo FG, Dan Den, Anacaona, la Charanga Habanera. En general, desde 1980 hasta 1992 —cuando inició la era del CD y se pasó a la tecnología digital—, grabé las matrices de acetato de todos los fonogramas que se hicieron. En este salto tecnológico, comencé a hacer las matrices en DAT —periodo que duró de 1992 al 2008—, que, ante la ausencia de fábricas en nuestro país, eran enviadas al extranjero para poder hacerlos CD”.

Pero Joseíto no duda en responder cuando le pregunto cuál de los discos, cuyas matrices trabajó, considera más importante, cuál le provoca mayores emociones: “Toda la discografía de Irakere, Juan Formell y Los Van Van, Elena Burke, Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, el grupo Afrocuba, Frank Fernández, Ignacio Villa (Bola de Nieve), Luis Carbonell, Síntesis y muchas otras agrupaciones y solistas, que constituirían una lista interminable. A todos les grabé y son trascendentales para la música cubana”.

A estas alturas de la entrevista, y tentada por citar números que muestren aún más la magnitud de su labor, le pido un listado de todas las grabaciones en las que participó. “No, nunca hice inventario de los discos que he trabajado. Apelando a mi memoria, ya he mencionado algunos y puedo agregar la discografía de Benny Moré, aquella serie Sonero Mayor que publicara Egrem en vinilos; también en grabaciones de Orlando Contreras, muy popular a inicios de los ’60 en Cuba con su bolero Mi corazonada; las del conjunto Rumbavana, Pacho Alonso, Lino Borges, y muchas que hoy se me escapan. En los últimos años ha sido muy placentero colaborar con Jorge Rodríguez en la colección Las Voces del Siglo, que regresan al presente a muchos de aquellos grandes que grabé en vivo por los años ’60”.

Joseíto no lo dice, pero su trabajo, fue decisivo cuando la Egrem, entrando en la era del CD, decidió iniciar la remasterización de fonogramas valiosos de sus archivos, en función de la demanda internacional. Por sus manos pasaron grabaciones realizadas en Cuba por Compay Segundo, Bebo Valdés, Arturo Sandoval, Septeto Habanero, Mercedita Valdés, Enrique Jorrín, Eliades Ochoa con su Cuarteto Patria, y muchas otras.

Por último, le pido que resuma lo que para él ha sido su vida en ese sello discográfico y, en especial, en los legendarios Estudios Areito: “Pienso que no he tenido nunca malos momentos.  Como todo en la vida, hay algunos en que uno discrepa, pero en mi caso no ha sido como para haberme sentido mal. Por la cantidad de años que llevo trabajando y por la calidad de mi trabajo, he recibido respeto y consideración. La Egrem ha sido importante, porque durante una larga etapa tuvo el monopolio de las grabaciones en Cuba, hasta que en los años ’90 se crean Bis Music y después Abdala y Colibrí.  Por esta circunstancia, a la Egrem le tocó hacer grabaciones que en la actualidad son de extraordinaria relevancia. Hoy ya no estoy tanto en los estudios y, junto con Jorge Rodríguez, me dedico más a una labor, no menos interesante, de extensión cultural y conocimiento a la que queremos aportar desde las diferentes “peñas” que hemos organizado en el Salón Jelengue del Patio de Areito, y el Encuentro de Coleccionistas y Melómanos.  En todas estas actividades me encargo del sonido y de algunas grabaciones que realizamos. Si me pides resumir, te diría que me siento feliz y agradecido de haber dado mi pequeño aporte a la Egrem y a la discografía cubana”.

Rosa Marquetti Torres

Rosa Marquetti Torres

Filóloga. No es musicóloga, pero le encanta escribir sobre música y músicos. Librepensadora. Adicta al helado de caramelo. Alérgica a la chusmería ilustrada y al postureo.

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