Italuba Big Band… una descarga sin artificios

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Reseñas

Sería lógico pensar que en un país como el nuestro, de tanta buena música y músicos, resultaría difícil discernir cuándo se está en presencia de un producto realmente valioso. Pero cuando algo es verdaderamente bueno no necesita de muchos recursos ni parafernalia para hacerse notar. Así sucede con Italuba Big Band, la más reciente producción musical de Horacio “El Negro” Hernández, un producto de esos que te alegran el oído y te esperanzan el corazón. 

Bajo el sello Bis Music Horacio “El Negro” Hernández nos regala un CD/DVD de sobrado valor artístico, en el que la espontaneidad y el sentido común a la hora de interpretar la música resultan leitmotiv en cada uno de los temas que aquí se recogen. Arropado por excelentes intérpretes, y con el latin jazz como principal avenida a transitar, El Negro invita a recorrer caminos sonoros llenos de color, calidez y contraste. En una confluencia de juventud y experiencia, reconocidas figuras de la escena musical cubana de la talla de Tato Vizcaíno Guillot, César López, Carlos Miyares, Robertón Los Van Van, Haila María Mompié, Mandy Cantero y el maestro Joaquín Betancourt se dan la mano con jóvenes promesas como Héctor Quintana, Eduardo Sandoval, Tato Vizcaíno Jr. y los integrantes de la Joven Jazz Band.

Conformado por un total de 10 temas, Italuba Big Band resulta océano de virtuosismo para todo aquel que dedique unos minutos de su tiempo a su escucha. Como obertura del fonograma nos recibe Last Minute, tema en el que los miembros de Italuba Daniel Martínez Izquierdo (bajo), Iván Bridón Nápoles (piano), Amik Guerra (trompeta) y obviamente Horacio “El Negro” Hernández (drums), acompañados por la Joven Jazz Band, nos dan una probadita de lo que está por venir, a modo de real descarga.

Remitiendo al oyente a las sonoridades propias de las grandes jazz bands de décadas anteriores, el tema 90 millas nos envuelve en un mar de contrastes y matices. Con una delicadeza no muy vista en este tipo de creación, el arreglo nos lleva de un lado a otro de la composición, sin incomodar al oyente con la aparición de nuevos universos sonoros a la postre de las intervenciones de cada uno de los instrumentos solistas. El equilibrio logrado por la tríada perfecta establecida entre la fuerza del saxo alto de César López, la elegancia de la guitarra eléctrica de Héctor Quintana y el groove de la trompeta (esta vez con sordina) de Amik Guerra, nos ofrecen una suerte de mano a mano donde el buen gusto se viste de gala. 

Evocando sonoridades caribeñas mezcladas con la clave afro de 6/8, que asoma sutil entre golpes de batá, Mr., quinto tema del fonograma, abre las puertas hacia un lugar donde la sencillez deviene rasgo característico. Otra vez el excelente tratamiento del contraste permite al oyente sumergirse en un mundo lleno de colores diversos. A partir de un arreglo en el que, a mi entender, el mayor mérito es el perfecto balance logrado a la hora de contraponer los distintos formatos instrumentales que se advierten en la obra, el certero uso de dichas masas sonoras permite la clara diferenciación de cada una de las partes. El magistral juego con los temas principales haciéndolos transitar por las distintas áreas de la banda, cambiando timbres, intención y formación instrumental, a la manera de un tema con variaciones para luego dar paso a los momentos de descarga a cuenta de los instrumentos de la base armónica (piano, bajo y guitarra) permiten que siete minutos de música se conviertan en siete minutos de magia. 

Pero si de sabor se trata, Puerto Rico resulta el tema obligado dentro del disco. Además de la notable intervención de Carlos Miyares en el saxo tenor, la presencia de voces resulta elemento característico del sencillo. Aplausos para el manantial de cubanía que brota con cada uno de los golpes dados sobre los parches de los tambores por el trío de los Vizcaínos y “El Negro”. Padre e hijo, timbal y tumbadora (Tato Vizcaíno y Tato Vizcaíno Jr); baquetas en las manos, pedal del bombo en los pies (Horacio Hernández), estos grandes de la percusión nos regalan un despliegue de virtuosismo, sabor y cadencia. 

Igual de sobresalientes resultan piezas como Divertimento, con la presencia de Eduardo Sandoval en el trombón; Deseo, donde la majestuosidad y sensualidad del bolero nos refresca de cuando en vez; Pati Metal; T Prima y Tropical Madrid, obras todas merecedoras de elogios. 

Entre timbres de teclado, la cadencia del bajo y la polirritmia resultante del encuentro del drums, el timbal y las tumbadoras llega Free Jazz para dar fin a tan disfrutada experiencia sonora. Envuelta en mambos y armonías perfectas de los vientos llega otro magistral solo de timbal. Con el tumbao cubano a cargo del piano comienza realmente esta última descarga, esta vez, acompañado de una flauta César López vuelve a hacer su aparición, a la que minutos después se suma Carlos Miyares al saxofón tenor. 

Y otra vez, esa cuerda de metales majestuosa, potente, acoplada, propia de las grandes jazz band, nos lleva a una falsa coda haciéndonos creer que todo terminó. Es entonces cuando llega él, Horacio “El Negro” Hernández, verdadero protagonista de este hecho musical. Clave en mano, dueño de innegable cubanía y dominio del instrumento, reafirma por qué es uno de los más destacados bateristas de las últimas cuatro décadas. Con extrema fluidez, cadencia y sabor pone punto final a lo que fuera una verdadera descarga.

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