Roberto Fonseca y un concierto para trío en clave radioactiva

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PM

El pianista está cercado. Lo rodean los cómplices de siempre: el piano, los teclados, los sintetizadores, y un sinfín de cables. De pie, con las manos dentro del chándal color ladrillo, el pianista no ha tocado aún ni una sola nota. No aplaude: mira. No sonríe: mira. Eso sí, mueve la cabeza a ritmo de la música y, a la vez, asiente. Algo están haciendo bien aquellos que lo acompañan. Enfrente, la batería suena. Lo hace descomunalmente. El bajo, en el centro, marca el tempo de lo que apenas comienza. El pianista, mientras, solo mira. Luego se acomoda en el asiento y comienza a tocar la primera nota. Y la primera nota ya no es una nota sino un resorte que activa todo un mecanismo capaz de almacenar energía y devolverla en forma de música, una especie de sustancia radioactiva que discurre desde sus dedos al piano, y viceversa. La contaminación, entonces, es inevitable.

Es sábado 5 de octubre, es el concierto de Roberto Fonseca, y la Fábrica de Arte Cubano tiene otro ritmo. Un ritmo de locos. Alguien a mi derecha dice algo así como: “Tal parece que acá va a tocar Cimafunk”. Se refiere, sin dudas, a lo multitudinario que se ha convertido, de pronto, el espacio. Hay, digámoslo, demasiada gente.

Concierto de Roberto Fonseca en FAC, 5 de octubre de 2018. Foto: Larisa López.

Aun así, Roberto Fonseca sigue sacando sonido de aquellas teclas negras y blancas que, a su vez, percuten las cuerdas de acero con martillos forrados de fieltro que son, en un final, las que traducen todo aquello que él nos quiere decir. Pero el pianista se levanta de nuevo. Busca su sitio en otra zona del escenario. Es hiperactivo. Por alguna extraña razón no puede permanecer mucho tiempo en un mismo lugar y comienza a tocar el keytar mientras interactúa con el público y le pide que siga con él aquella melodía que hoy le regala. Para decirlo de alguna manera, esa melodía no nos suena de nada. Rain, el primer tema de la noche, es una canción nueva. Novísima, podríamos afirmar, pues no figura en toda la discografía de Fonseca, ni siquiera en su más reciente fonograma Yesun, que el próximo 18 de octubre será lanzado bajo el sello francés Walgram en todas las plataformas digitales y que hoy, sabemos, ha venido a presentar. De modo que este es un estreno total. Los agradecidos, entonces, le seguimos el juego. Lo acompañamos en el coro. Fonseca se divierte.

Already in Kachucha, segundo tema de la noche y segundo de Yesun, Roberto incursiona en el vocoder y canta. Canta y mira hacia el frente. Quien sigue la línea recta que traza su mirada, se percata entonces que Fonseca mira a Ruly Herrera en el drums. Piano y batería se comunican y lo que se escucha es algo tremendo. Hay un momento en que Fonseca y Ruly solo tocan y se miran y ríen —Yandy Martínez, mientras, continúa desde el bajo, impávido, en lo suyo. Hay un momento, o varios, en que tal pareciera que en el escenario solo existe esa dupla. Una dupla ganadora, sin dudas. La gente, en tanto, enloquece.

Concierto de Roberto Fonseca en FAC, 5 de octubre de 2018. Foto: Larisa López.

Más tarde, luego de escuchar Abakua —otro track huérfano de disco—, llega el turno de Yandy. En el centro del escenario se alza el contrabajo, el músico parece abrazarlo y, aunque las dimensiones de aquel instrumento le sobrepasan, el contrabajista lo domina. Sus manos delgadas, sus dedos largos y ganchudos acarician levemente aquellas cuatro cuerdas, mientras el arco las frota como si sacar aquel sonido de tesitura grave fuese lo más sencillo del mundo. Sin previo aviso la gente comienza a cantar aquel verso de Bésame, bésame mucho/ como si fuera esta noche la última vez. La canción, escrita en 1940 por la compositora mexicana Consuelito Velázquez y que ha dado la vuelta al mundo en infinidad de versiones —incluso una en inglés a cargo de The Beatles—, regresa entonces en forma de jazz.

Es medianoche y Fonseca sigue, desde el piano, haciendo muecas y gestos, tal parece que está disfrutando el asunto. El pianista toca Congo Arabe, tema perteneciente a su álbum Zamazu (2007), y luego dice que tiene unos invitados especiales. La gente sabe, o imagina, de quiénes se trata. Un concierto de Roberto Fonseca —aun cuando sea un concierto para trío— no puede suceder sin implicar a buena parte del crew de Temperamento. De manera que el trompetista Roberto García y el saxofonista Javier Zalba suben al escenario. Lo hacen para interpretar lo que es, quizás, uno de los mejores tracks from Yesun. Porque Vivo es eso, un tema extremadamente dinámico, extremadamente energizante.

Concierto de Roberto Fonseca en FAC, 5 de octubre de 2018. Foto: Larisa López.

Pero lo que la gente no imagina es lo que sucederá después. No tiene cómo. Fonseca adelanta algo, pero la gente no imagina. Fonseca dice, otra vez, que tiene una invitada, dice que le complace mucho que ella esté aquí, esta noche. Pero cuando dice el nombre de Danay Suárez muy pocos enloquecen. Sin embargo, la rapera cubana se planta frente a todos, y comienza a hacer lo que mejor sabe. Cadenas es el penúltimo tema de la noche y el tercero del nuevo álbum, donde Danay —que no respira, que cierra los ojos, que viste de azul— dice cosas como esta:

“Si el hombre supiera donde comenzó su falta, la medida de su deuda y que la vida es una puerta, no fuera coleccionista de llaves que cierran. Pelearía en el espíritu la verdadera guerra. Si el hombre supiera donde se encuentra su gracia, porque aquel que es sabio no anda perdiendo su tiempo acumulando tesoros que se va a llevar el viento, poniendo por esperanza un muro sin fundamento”.

Al cierre, Danay Suárez, rapera, negra, cubana, con temazos como Yo aprendí, Individual and Esta guerra tan violenta, dice estar muy emocionada; dice, además, que algún día le gustaría cantar en este lugar para todos nosotros. Y todos nosotros, o al menos yo que nunca he visto a Danay Suárez en concierto, pensamos que, efectivamente, también nos gustaría.

Pero volvamos a Fonseca y a este concierto para trío en clave radioactiva, que ya casi llega a su fin: el pianista pregunta si la gente está cansada, alguien desde el fondo le pide Aggua, single cuyo video en YouTube ya rebasa las ochenta y cinco mil vistas; él, en tanto, prefiere cerrar con Mambo pa la niña.

Concierto de Roberto Fonseca en FAC, 5 de octubre de 2018. Foto: Larisa López.

Quizás sea obvio, pero en ese momento me pregunto qué tiene Fonseca con el mambo y qué tiene el mambo con él. Quizás esa relación se alimente del origen afrocubano del género; lo cierto es que en esta ocasión las sonoridades electrónicas se apoderan de las tradicionales y juntas reviven una mixtura repleta de colores que, aunque sea difícil de creer, revienta en la nave 4 esa noche.  El baile, el goce, la buena vibra en escena están garantizados.

Concierto de Roberto Fonseca en FAC, 5 de octubre de 2018. Foto: Larisa López.
Concierto de Roberto Fonseca en FAC, 5 de octubre de 2018. Foto: Larisa López.
Concierto de Roberto Fonseca en FAC, 5 de octubre de 2018. Foto: Larisa López.
Concierto de Roberto Fonseca en FAC, 5 de octubre de 2018. Foto: Larisa López.
Concierto de Roberto Fonseca en FAC, 5 de octubre de 2018. Foto: Larisa López.
Concierto de Roberto Fonseca en FAC, 5 de octubre de 2018. Foto: Larisa López.

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