Sarah Willis en Fábrica de Arte. Foto: Larisa López.
Sarah Willis en Fábrica de Arte. Foto: Larisa López.

Mozart y Mambo / Sarah Willis

8 minutos / Pepe Gavilondo

26.10.2020 / Reviews

Es jueves por la tarde, y, como todos los jueves por la tarde, estoy tomando un break después de haber ayudado a preparar el escenario de la Nave 3 de Fábrica de Arte Cubano. El calor es sofocante, pero sé que lo que viene vale todo este esfuerzo. Sobre las cinco empiezan a llegar los músicos de la orquesta. Un poco más tarde converso con mi tocayo Pepito Méndez sobre la logística, el programa, etc. Nos reímos. Entonces aparece ella, rodeada de un séquito europeo listo para documentar el concierto. Sarah Willis hace su entrada con una sonrisa que no le cabe en el rostro y casi meneando sus caderas (lo hace mejor que muchos cubanos y cubanas, se los aseguro) al ritmo del jaleo de la nave. El resto de lo que acontece esa noche en F.A.C. puede ser catalogado de histórico. ¡Qué honor, qué placer haber escuchado la premier exclusiva del disco Mozart y Mambo (Alpha Classics, 2020)!

Uno no podría desear una mejor combinación de talentos para un álbum. Por un lado, la Orquesta del Lyceum de La Habana, en mi humilde opinión, el mejor conjunto sinfónico de Cuba en la actualidad, dirigido por José Antonio (Pepito) Méndez, de quien ya no puede decirse que es la promesa de la dirección orquestal cubana. Pepito ha sido el guardián de esta orquesta por más de 10 años y no se ha cansado de dar muestras del porqué. Para esta ocasión especial, se unen, además, tres jóvenes talentos: el trompetista Harold Madrigal, el saxofonista Yuniet Lombida y el pianista Jorge Aragón; estos dos últimos, también arreglistas del proyecto. Por último, la parte cubana hace gala de los Havana Horns, un ensamble de cornos creado dentro de la misma Orquesta del Lyceum. Recuerdo que durante el ensayo del concierto en F.A.C., ya pensaba: “¡Qué clase de talla vamos a ver hoy!”.

Por otro lado, la increíble Sarah Willis, nacida en los Estados Unidos, de corazón alemán y alma cubana. Su carrera no ha sido sino un ascenso constante impulsado por su talento, expresividad, musicalidad y carisma, hasta romper una barrera histórica: convertirse, en el año 2001, en la primera mujer intérprete de un instrumento de metal en pertenecer a la Filarmónica de Berlín, una de las instituciones musicales de más prestigio e historia en el mundo. Como casi todos los músicos de esta orquesta, Sarah es una solista mundialmente reconocida.  Además, es anfitriona de su propio programa de televisión para la Deutsche Welle, y creadora de los famosos podcasts Horn Hangouts, donde presenta a los mejores cornistas del mundo. Pero, les juro, todas estas credenciales son secundarias cuando uno conoce a Sarah en persona. Nada más habría que verla bailando casino con algún músico durante el ensayo para saber que se está frente a alguien demasiado especial, en todos los sentidos.

Concierto de Sarah Willis y la Orquesta del Lyceum de La Habana en Fábrica de Arte Cubano. Foto: Larisa López.

Concierto de Sarah Willis y la Orquesta del Lyceum de La Habana en Fábrica de Arte Cubano. Foto: Larisa López.

Es una suerte tremenda que Sarah se haya enamorado de Cuba y su música, pero aún más, que el proyecto de sus sueños se haya podido convertir en realidad. Por esto no solo hay que agradecerle a ella y a su equipo de colaboración europeo, sino también al Lyceum Mozartiano de La Habana, una institución apoyada por la Oficina del Historiador de la Ciudad, la Universidad de las Artes y la Fundación Mozarteum de Salzburgo, Austria. Gracias a ellos podemos disfrutar de este fonograma único en su clase.  

La premisa de Mozart y Mambo se puede resumir en una frase de la misma Sarah: “Mozart debió haber nacido en Cuba”. Honor de esta Isla el haber podido contar con Amadeus entre sus artistas, sí; aunque parrandear por las callejuelas de la Habana Vieja y descargar en las primeras tertulias, también le hubiese venido a Mozart como anillo al dedo. Es precisamente con música original del genio de los genios que empieza este disco. Clásico, vaya, para que no haya dudas. Un micro-festival mozartiano compuesto por el Movimiento de concierto para Corno en Mi Bemol Mayor K.370b, the Rondó en Mi Bemol Mayor para Corno y Orquesta K.371 and the Concierto para Corno en Mi Bemol Mayor K.447. Pero ese es solo el comienzo del viaje que el mismo Mozart hubiese hecho desde la fría Austria hasta el calor de nuestras costas. Ya en la cadenza del rondó Sarah deja ver el destino real del disco, evocando un tumbao de mambo. Y al oír un corno haciendo esto, uno piensa: “¡Uy!, lo que viene”.

Tengo que decir, a forma de paréntesis, que nunca me dejo de asombrar con la capacidad de los músicos cubanos de interpretar música clásica al más alto nivel. No es fácil transportarse lejos del calor, la bulla, el cubaneo, pero más difícil es la música en sí. Los cinco primeros tracks del álbum demuestran el enorme talento que emana del sistema de educación musical de Cuba.

Punto y aparte. Esto empieza a calentarse.

No es la primera vez que Mozart ha viajado a tierras latinoamericanas y caribeñas. En este tipo de proyectos, el peligro de terminar con otro cliché está a la vuelta de la esquina, pero puedo asegurar de que no es el caso de este fonograma. Los principales responsables: los arreglistas. ¿Qué cubano no ha escuchado Qué rico el mambo, de nuestro eterno Dámaso Pérez Prado? Joshua Davis, arreglista de esta icónica pieza de la música cubana, nos demuestra con sutileza y simplicidad (los mejores ingredientes), que el corno, tan clásico como se ve y suena, puede ser uno más del piquete. ¡Y mira que lo es! Edgar Oviedo sube aún más la parada con su arreglo de Sarahnade Mambo (el nombre es la mejor dedicatoria posible), una parodia “mámbica” del más conocido movimiento de la Seranata Nocturna de Mozart. Yuniet Lombida y Sarah Willis hacen un dúo perfecto de donde escapa tanto contrapunto clásico como, bueno… ricura. Un coro de "Amadeo que bueno toca usted" resume esta delicia de pieza donde dos iconologías sonoras se juntan perfectamente en un mismo discurso.

Rondó a la mambo, arreglada en conjunto por Davis y Lombida, nos regresa al Concierto K.447 que hemos escuchado apenas unos minutos antes. Pero vaya que suena distinto ahora. No hago más que sonreír por lo natural que se oye todo. Me doy cuenta una vez más de que nuestra música popular es heredera indiscutible de Mozart y la tradición musical europea, y el que no lo oiga, que se afine bien el oído… o, mejor, que escuche este disco. “Gózalo con este rico rondó a la mambo”, recita el montuno que cantan los mismos músicos de la orquesta mientras tocan. Y Sarah haciendo lo suyo. Deleite puro.

Los dos arreglos de Jorge Aragón, uno de nuestros pianistas, compositores y arreglistas más brillantes, cierran nuestro viaje cornístico. Dos gardenias para ti, tema antológico de Isolina Carrillo, viene hacia nosotros con un aire de banda sonora, un aroma a orquesta de los años ’50 que produce un verdadero placer al oído. En esta pieza, Sarah hace dúo junto al trompetista Harold Madrigal. Elegancia, es la palabra que me viene a la mente. Terminar un disco con El manisero, de Moisés Simons, podría haber sido un cliché más, pero Aragón y Willis piensan lo contrario. Un arreglo distinto y de calidad superior sirve de plataforma de despedida en la que Sarah toma el barco de regreso a casa, no sin antes despedirse de la manera más adecuada. Corno y trompeta solistas, unidos a una orquesta perfecta, nos recuerdan que, como el mismo Mozart, un buen clásico nunca muere y que nuestras vidas se definen por la música que lleva años, siglos, siendo el pulso universal de todas las generaciones que se suceden.

Termino de escuchar el disco con la misma euforia que tenía al concluir el concierto esa noche en F.A.C. Casi tengo ganas de aplaudir. Este disco es una maravilla en todos los sentidos: música, intérprete, grabación, mezcla y masterización, arreglos, curaduría, etc. Además, hablando en buen cubano, no hay manera de no descargarle. Es así de simple. La calidad de la solista, el carisma de Sarah Willis, se escucha, se palpa, lo sientes dentro, viajas de Austria pa’ Cuba y de vuelta hasta el punto de no saber dónde estás. Pero el mensaje verdadero que me llevo es de cómo la música sigue siendo el verdadero mecanismo universal para el entendimiento. Desde un punto de vista musicológico, es fácil demostrar cómo toda música viene de una misma raíz. Pero son discos como este, son los encuentros de hermandad, los que te demuestran que no es la raíz musical, sino la raíz común de la humanidad, la que hace que la música rompa los límites de las naciones, las culturas, en pos de hacernos pensar como raza verdadera.

Pepe Gavilondo

Pepe Gavilondo

Compositor, pianista, productor e improvisador cubano. Desde 2014 es tecladista de la banda Sintesis. Además es especialista de Música Clásica de Fábrica de Arte Cubano, y director del Ensemble Interactivo de La Habana (EIH). Ha sido parte del programa 1Beat, y su música se ha tocado en America Latina y Europa.

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    Sandra Sierra

    26.10.2020

    Mejor descripción imposible, un regalo para los amantes de la buena música.


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