Diseño: Jennifer Ancizar, a partir de la portada del álbum Viva la patria.
Diseño: Jennifer Ancizar, a partir de la portada del álbum Viva la patria.

The scratched disc: Long live to homeland

11 minutos / Carlos M. Mérida

30.07.2020 / Worn-out record,  Reviews

This is the name, without exclamation marks; Fernando's homeland does not carry them. This Viva la patria is not a battle cry, it is a procession; it is said softly and at night, shyly. It is not that there is no ridiculous love for the earth on this album, because there is, and it is good that there is, but it appears fragmented, dispersed, superimposed like the photos of Montevideo on the cover; Because the homeland spoken of here is both the "Uruguay peneplain" and the life there, especially that of Fernando himself.

In Montevideo's footprint, the most beautiful thing in that South American corner, one hears: “Beautiful Montevideo, they have delayed you; / you inherited this self-absorbed step. / Smuggling people, you live passing. / I take root, and I give you my home, and if I can I sing ”. Before, on the fourth track, a masterpiece titled the phonogram, we believe by the name that now we are going to find a band, horse and Artigas, since three songs had already passed and no trace of the homeland; but nananina, we discovered the most autobiographical song on the album (because this is an autobiographical album, although Fernando is so “showy” that he can sign a record of that cut without giving us a single piece of information - or very few - about his life; it gives us, instead, images, signs, shadows, like this one, from Escondido: "The midwife said 'gauchito!' / when I had to be born. / At the ranch the two alone, / my mother and I, without knowing. / She give birth, I will be born ”). A theme where the homeland is all there is between the Canzani and Pereira hospitals - places, both, from the narrator's birth - and these last verses, capable of annihilating the toughest: “… I swear, history, I don't think I cry when you're dead I don't think, song, that you cry, too, when I'm dead "

In La huella de Montevideo, loa bellísima a esa esquina sudamericana, se escucha: “Lindo Montevideo, te han demorado; / heredaste este paso ensimismado. / Contrabando de gente, vivís pasando. / Yo me afinco, y te pueblo, y si puedo canto”. Antes, en la cuarta pista, obra maestra que titula al fonograma, creemos por el nombre que ahora sí vamos a encontrar banda, caballo y Artigas, puesto que ya habían pasado tres canciones y ni rastro de la patria; pero nananina, descubrimos el tema más autobiográfico del álbum (porque este es un disco autobiográfico, aunque Fernando es tan “mostro” que puede firmar un registro de ese corte sin darnos un solo dato —o muy pocos— sobre su vida; nos da, en cambio, imágenes, señas, sombras, como esta, de Escondido: “La partera dijo ‘¡gauchito!’ / cuando tuve que nacer. / En el rancho los dos solitos, / mi madre y yo, sin saber. / Ella a parir, yo a nacer”). Un tema donde la patria es todo lo que hay entre los hospitales Canzani y Pereira —lugares, los dos, de nacimiento del narrador— y estos últimos versos, capaces de aniquilar al más duro: “… te juro, historia, no creo llorar cuando te hayas muerto. No creo, canción, que llores, también, cuando yo haya muerto"

I guess we have all had this kind of friends: friends-guardians, friends-big brother; They teach us, as if it were the most important thing in the world (and it is), the good things that we should get closer to. My friend from Miami was mine. This kind of friend can only be had at a precise age: the age of amazement and the ventilated heart, a beautiful age at which unbelief has not yet expired. If they took you 30 and you have not found yours, you screwed; It will no longer be the same when someone tells you that Alice in Chains is the greatest, and then, alone, you strike out the Dirt to verify that yes, indeed, it is; you will no longer undertake listening with the same gravity, as if it were friendship itself.

Supongo que todos hemos tenido esta clase de amigos: amigos-tutores, amigos-hermano mayor; que nos enseñan, como si fuera lo más importante del mundo (y lo es), las cosas buenas a las que deberíamos acercarnos. Mi amigo de Miami fue el mío. Esta clase de amigos solo se pueden tener a una edad precisa: la edad del pasmo y el corazón ventilado, hermosa edad a la que todavía no vence el descreimiento. Si te agarraron los 30y no has encontrado el tuyo, te jodiste; ya no será lo mismo cuando alguien te diga que Alice in Chains es lo más grande, y después, solo, ponches el Dirt para comprobar que sí, en efecto, lo es; ya no acometerás la escucha con la misma gravedad, como si en ello fuera la amistad misma.

Aquí van algunos nombres propios que me mostró mi amigo de Miami por primera vez: Spinetta, Charly, Radiohead, The Doors, Pedro Guerra, Patti Smith, Drexler, Roly Berrío, Ariel Barreiros, Leonard Cohen, la lista es larga. No le agradezco nada por esto —o al menos nada que vaya a decir ahora—, porque no hay nada que agradecer. Él estaba donde estaba cuando estaba, y yo también. Con esos nombres te ibas a topar de cualquier manera, era cuestión de tiempo; lo lindo aquí no son los nombres propios, sino tú y tu amigo de Miami, atacados, recogiendo cabos de cigarros de las macetas en el lobby de la beca de Alamar a las tres de la mañana.

Mi amigo-tutor se fue a Miami en el ocho, y desde entonces nos hemos visto en persona solo dos veces, aquí en La Habana, aunque no hemos dejado de escribirnos ni de mencionar nombres propios. Cuando me dice hoy: “escucha esto”, lo hago con una seriedad que el acto no tiene, como cuando mi padre manda a callar a todos en la sala porque Rafael Serrano va a reproducir, con semblante de director de secundaria enojado, la última nota informativa del Minrex en el noticiero. Cuando hablamos de música él sigue siendo la autoridad, la academia, el superyó. Tendré que matarlo, pobre.

Cuando me mostró a Fernando Cabrera, estábamos en la sala de una casa del Vedado, con más gente: la cantidad de gente que hay en la sala de una casa adonde recién ha llegado alguien desde Miami. Me puse los audífonos. Era El tiempo está después. Pausé la reproducción por la mitad porque había mucha bulla; si mi amigo-hermano mayor decía que había que oír eso, entonces había que oírlo bien. Me separé un poco y me fui a la ventana, que daba a la calle Línea. No era en realidad una ventana, era más bien un espacio en la pared, que convertía a esa parte de la sala en una especie de balcón. Apoyé los dos brazos en el muro, saqué un poco la cabeza, miré hacia la calle, pinché de nuevo el tema, y entonces sí se produjo la magia. Pensé —¡cómo no hacerlo!— en el pasado y el presente míos y de mi amigo de Miami cuando Fernando dijo: “Un día nos encontraremos / en otro carnaval. / Tendremos suerte si aprendemos / que no hay ningún rincón, / que no hay ningún atracadero /  que pueda disolver / en su escondite lo que fuimos; / el tiempo está después"

Entre los discos que hay en la lista, el Viva la patria, de este crack oriental, fue el último que llegó, y lo hizo vía WhatsApp, tema por tema, a la velocidad irritante de la Wi-Fi del parque del ISDi, en una era que parece ya tan lejana, cuando Nodiel aún no me había dejado usar su cuenta de Spotify y salvado la vida. Me lo compartió mi amigo de Miami, desde allí, unos meses después de nuestro segundo encuentro en La Habana. Luego de haber oído buena parte de la discografía de Fernando, este álbum sigue siendo el que más me gusta; en positivo, por la naturalidad de la poesía, que aquí alcanza un nivel altísimo, por sí misma y por cómo conecta con la música; en negativo, porque me cuesta encontrar cosas que no me gusten en estas 15 canciones.

Fernando Cabrera is a poet poet. His word does not cheat, he does not see the trick. It seems that what he says can not be said in any other way, and this is what true poets do, they are the only ones who can be called poets without getting hives on your skin doing it, as it happens to me to me every time I hear someone called out of tune suddenly. Fernando is the antithesis of the pseudo-poet. A pseudopoet is a poet who does not know how to make a lifelong love poem, a poet with a limited subject, who is only served by the avant-garde. Fernando not only talks about anything, but he moves even when you do not know what the hell he is talking about, as happens in Good Wood, that if you are distracted you do not find out, so, well, it is, it gives us a clue in the last stanza —Although the title already anticipated it—: “Where is the turn of this candombe? / The question is in the wood. / Someone polishes the soul of the drums. / Someone makes the doors more sincere ”. Similar occurs in Canelones, the opening of the album: you don't have to know the history or geography of Uruguay to understand what is going on; It helps, but it is not necessary.

Lo de Fernando no es lucirse. No necesita un vocabulario extenso, ni ponerse a inventar, ni llevar el diccionario de sinónimos y antónimos bajo el brazo, ni darle demasiadas vueltas. Le sale así nomás. Lo tiene. ¡Sufre Oliverio Girondo! ¡Observen, iniciados de la infladera! Miren lo que hace en el tema que despide el álbum, Nunca te dije te amo: “Vendaval tu abrigo / a tu lado sigo / rincón de incredulidad. / Espigón barrido / feriados de frío / doblados a la mitad. / Nunca te dije ‘te amo’ / ni te lo voy a decir. / Son palabras que cualquiera / dice con certeza, o sin. / Nunca te dije ‘te amo’ / pero te amo como nunca amaré”. Traten de decir eso mismo y verán lo cheo que sale.

Fernando is not showing off. You don't need an extensive vocabulary, or inventing, or carrying the dictionary of synonyms and antonyms under your arm, or giving it too much thought. It just comes out like that. Has it. Oliverio Girondo suffers! Behold, initiates of the inflation! Look at what he does in the song that ends the album, I never told you I love you: “Gale your coat / next to you I follow / corner of disbelief. / Swept groyne / cold holidays / folded in half. / I never told you 'I love you' / nor will I tell you. / They are words that anyone / says with certainty, or without. / I never said ‘I love you’ / but I love you as I will never love. ” Try saying the same thing and you will see how cheo it comes out. To say something and make me smart, I would have liked Fresh Merchandise to open the phonogram, and not located only as eleventh, where it neither paints nor colors in the album's narrative. That cry “take fifteen songs! Fresh merchandise! ”, It would have been great to warm up, but we already said that Fernando is not interested in the avant-garde. Nor is he a sentinel of forms. The same contradicts the metric guidelines when he feels like it, which begins with singing and ends with reciting. These things don't stop him. It says first, and then we'll see.

In Caminos en flor you will find a beautiful story about those early stages of some artists, when they go on tour, acting for food and shelter, which they always long for after fame and success. Children of abundance hear a different sound than the rest of the album. I thought it had been recorded elsewhere, but it is not. It sounds different because it is the only song on the album that Fernando does not sign alone; the text is his but the music belongs to his compatriot Jorge Galemire, who also plays the guitar and has the leading role. Futura cumbia is apparently the most easy-going cut, if there is something easy about this: “Why is there no longer an antenna on your roof? / God gives me lunch, and it doesn't fill ”; and in Cinema Religion Fernando messes with certain kinds of faithful with a childish attitude: "The old exchange of believers: anxious obedient" Cordero Lobo excites me a lot; he talks about what I know what, by Tony Soprano; and the unparalleled After the Dock is a commission for the documentary I never read Onetti, by the director Pablo Dotta, a sign to those brave sailor explorers, discoverers of the world, who leaves us moments like this: “Now they are free as if they were. / They do not know yet that the night is eternal, / darkness without change no matter how much they turned on / tiny and brief the dim lantern "

In Caminos en flor encontrarán una historia bellísima sobre esas primeras etapas de algunos artistas, cuando van por ahí de gira, actuando por comida y techo, que siempre añoran después de la fama y el éxito. En Hijos de la abundancia se escucha un sonido diferente al del resto del disco. Pensé que había sido grabado en otro lugar, pero no es así. Suena distinto porque es el único tema del álbum que no firma Fernando en solitario; el texto es suyo pero la música es de su compatriota Jorge Galemire, quien además toca la guitarra y tiene el protagonismo vocal. Futura cumbia es en apariencia el corte más desenvuelto, si hay algo de desenvoltura en esto: “¿Por qué en tu techo ya no hay antena? / Me da el almuerzo Dios, y no llena”; y en Cine Religión Fernando se mete con cierta clase de fieles de actitud pueril: “El viejo canje de los creyentes: ansiosos obedientes" Cordero Lobo me emociona muchísimo; habla de qué sé yo qué, de Tony Soprano; y la sin par Después del muelle es un encargo para el documental Jamás leí a Onetti, del realizador Pablo Dotta, una seña a esos valientes marineros exploradores, descubridores de mundo, que nos deja momentos así: “Ahora son libres como si lo fueran. / No saben aún que la noche es eterna, / tiniebla sin cambio por más que prendieran / minúscula y breve la tenue linterna"

Dedicated to Luis Pescetti, this is already located among my most beloved albums, and Fernando Cabrera, whom I met yesterday afternoon, is already a must in my life. Whatever he calls homeland, it will surely be a beautiful place.

Carlos M. Mérida

Carlos M. Mérida

Oidor. Coleccionista sin espacio. Leguleyo. Temeroso de las abejas y de los vientos huracanados.

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