Yissy García. Ilustración: Mayo Bous.
Yissy García. Ilustración: Mayo Bous.

Jam: Yissy García

6 minutos / Yissy García

29.07.2020 / Articles

Since I was little I used to play a lot in the neighborhood, I went to Callejón de Hamel, to Parque Trillo. My mom left work at five in the afternoon, and at that time my grandmother would stand at the door and pssssssss me and forget about it; Wherever I was, I listened to the pssssssss and knew it was time to go home, take a shower, and get decent so my mom could take me to dance classes.

From kindergarten to fourth grade, I mataperrié a lot, but one day a teacher came up with a musical group in the neighborhood elementary school, and I said "I want to be the one who plays the bongo", and it was very funny, because then the boys sang and They danced and the little girls one played the drum, another the maracas, another the clefs. We had costumes and everything, and so we went to play in a pile of places, even at the Spanish Embassy, we hardly gave classes.

De preescolar hasta cuarto grado mataperrié mucho, pero un día a una profesora se le ocurrió hacer un grupo musical en la primaria del barrio, y yo dije «quiero ser la que toque el bongó», y era comiquísimo, porque entonces los varoncitos cantaban y bailaban y las niñitas una tocaba el tambor, otra las maracas, otra las claves. Teníamos vestuario y todo, y así fuimos a tocar a una pila de lugares, a la Embajada de España incluso, casi no dábamos clases.

Un día me encontré un piano eléctrico destartalado en la basura y me lo llevé a mi casa. Mi mamá me peleó muchísimo, y yo le decía «¡quiero estudiar piano!» (Esto nunca lo había contado, de verdad). Me dijo «bueno, está bien»; me llevó con una profesora que daba clases particulares de música al doblar de la casa, pero ya no tenía edad para estudiar piano en la escuela, y preguntó si había otro instrumento que me gustara y contesté «bueno, la percusión»; y después de un año de preparación me presenté en el conservatorio Manuel Saumell.

Sabía un poco que quería la batería, pero cuando entré a la escuela solo se daba percusión clásica. Al otro día le dije a mi mamá «sácame de ahí que no quiero estar todo el día con la caja esa aburrida», porque yo pensaba que iba a entrar a tocar batería, y nunca fue así. Pero finalmente me quedé estudiando percusión clásica. Entonces a un profesor se le ocurrió hacer una jazz band y así fue que empecé en la batería de verdad. El pase de nivel para la Amadeo Roldán fue una batalla enorme, todos los días un examen diferente. Quise dejarlo, pero mi mamá me dio fuerzas, y lo conseguí.

Yo era tremenda, la verdad. Un día se me ocurrió decirle a mis amigos «caballero, vamos a coger el M1, nos bajamos en la última parada y luego regresamos…». Pero cuando nos bajamos en la parada nos dimos cuenta de que era Bacuranao. Al otro día le dijimos a todo el mundo: «¡caballero, nos montamos en el M1 y nos lleva hasta una playa!». En la secundaria, la “escolaridad” estaba en una escuela y la música en otra, entonces, antes de ir para la de música, nos bañábamos en el malecón y luego nos quitábamos la sal en una pilita del Cupet, para que la directora de la escuela no nos descubriera.

Around that time we made a group called Pentajazz. Alfredito Rodríguez, Papucho —of Manana Club—, Jorgito Aragón and Julio Valdés, for example, passed by. Once we went to play La Zorra y el Cuervo and they wouldn't let us in because we were minors, and the concert was ours. I learned a lot and I studied a lot, they made me study and try hard.

My social service? Imagine that they placed him all year long on the Isle of Youth, in Sancti Spíritus and in Guantánamo, to teach. And I didn't want to go far. I was lucky that Anacaona asked me, and there, in the orchestra, I spent my social service.

Yo venía de tocar jazz, no sabía nada de timba, pero cuando me preguntaban «¿tú tocas timba?, ¿tú tocas batería con timbal?». Siempre respondía «sí, sí…». Me probaron en un ensayo y ahí más o menos cacharrée. Una semana después de graduarme nos fuimos a Pinar del Río a un concierto. Y todo mal. Después de un tiempo, cuando estábamos en confianza, me confesaron que varias de ellas le habían dicho a Georgia que yo no encajaba, que no iba a aguantar los shows de dos horas sin parar. Y Georgia respondió «vamos a darle un voto de confianza, tú verás que ella lo va a lograr, porque los jazzistas son así. Si en tres conciertos no coge, entonces veremos».

Ese día terminé llorando. Llegué a la casa y dije que no iba a ir más a la orquesta, que yo no la ponía en la timba… Habíamos regresado a La Habana un martes, y el viernes ya teníamos otro concierto en unos carnavales, no recuerdo dónde. ¿Qué hice? Me puse a estudiar: Van Van completo, Manolito Simonet, el Médico de la Salsa, timba, timba pa´ bajo en esos dos días, y luego me puse a tocar encima de los temas de Anacaona, a ponerles cosas, y ya en el concierto del viernes hice tremendo show, y todo el mundo se quedó «¿a ella qué le pasó en dos días?». Así fui encajando.

Today I remember those student times spectacularly well. And I miss a lot of things: the shenanigans we used to do, bathing on the boardwalk, the groups with friends… We have one on WhatsApp called “We are old”, where we remember those days with great emotion.

The truth is that I still feel like a girl and in some way that has been reflected in my career. And when I'm playing drums, when I'm on stage, I feel so fulfilled, like a girl who can't let go of her toy. And I still love games, when I see children out there I go straight to them. I think I will always be a naughty teenage artis

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