Foto: Samuel Reina Calvo.
Foto: Samuel Reina Calvo.

El momento para hacer punk cubano es ahora

13 minutos / Susana Gomes Bugallo

23.09.2020 / Entrevistas

Ser punk en Cuba no se parece en nada a ser punk en España. Y, a la vez, es lo mismo. El estilo contestatario, la música agresiva sin muchas complejidades melódicas y la máxima de que la calle enseña todo lo que hay que saber para sacarle a la guitarra lo que esta tiene para ofrecer, son verdades que defienden los punks de la Isla con igual pasión que a sus instrumentos. Acá, lo importante es tocar.

Esa magia llegó hasta la española Carmen Torre Pérez, que cursa el quinto año de su doctorado en Estudios Hispanos en Estados Unidos y quien —por esas razones raras del destino— se interesó por el sonido cubano, convirtiéndose en la gestora de Punk Cubano, un proyecto que reúne en un sitio web una parte importante de la producción de este género en el país. A la par, Carmen desarrolla  un documental sobre este género en Cuba. Sobre este viaje y los descubrimientos que le ha aparejado, nos cuenta.

Carmen Torre Pérez. Cortesía de la entrevistada.

Carmen Torre Pérez. Cortesía de la entrevistada.

¿Cuál es su relación con la música y con el punk en particular? ¿Por qué crear un proyecto sobre la escena cubana?

“Mi relación con la música alternativa y con el punk ha sido siempre muy estrecha. Durante mi infancia, mi padre tocó en diversas bandas de metal, y junto con mi madre regentaba un bar rockero, por lo que desde niña he recibido muchas influencias de la música y cultura underground. De adolescente comencé a involucrarme con el movimiento punk de mi ciudad (Santander, Cantabria) y desde entonces he procurado conocer las distintas escenas de los lugares que he visitado y en los que he vivido.

“El interés por hacer un proyecto sobre punk cubano nació de una manera bastante casual. A finales de 2015, la Universidad de Kansas, en la que yo estudiaba por aquel entonces, estaba ofreciendo becas para hacer investigación en países de Latinoamérica y el Caribe, destinadas a investigadores noveles que tuvieran poca experiencia trabajando estas áreas. Quise aprovechar la oportunidad de esta beca para conocer Cuba y, dado mi interés general por el punk, pensé en elaborar un proyecto relacionado con las culturas musicales alternativas del país. Había intentado encontrar algo de información al respecto por Internet, pero apenas conseguí resultados, por lo que el tema empezó a interesarme cada vez más: ¿existía una cultura punk en la Isla? ¿Por qué era tan complicado encontrar información sobre ella en las redes?

“Teniendo en cuenta además que el contexto era tan diferente del de los países donde primero había surgido el punk (como Inglaterra o Estados Unidos), ¿qué podría caracterizar a la escena punk cubana? Después de mucho tiempo en Google, conseguí el contacto de una banda de hardcore-punk de Trinidad llamada Arrabio. Con la ayuda de su guitarrista, William García, elaboré una pequeña red de contactos a los que entrevistaría durante mi viaje para poder saber más sobre la historia y la situación del punk cubano. Mi proyecto tuvo buena acogida, recibí la beca y me embarqué en mi primer viaje a Cuba en diciembre de 2015.

“Una vez que comencé a saber más sobre este universo, me di cuenta de que era una cultura súper rica y muy diferente a la de otras escenas más conocidas. Como había podido experimentar antes, apenas existían datos o música disponible online y prácticamente nadie del mundo académico se había dedicado a investigar este tema. Así que decidí enfocarme en llenar ese vacío. Convertí a la cultura punk de Cuba en el tema central de mi tesis doctoral y llevo casi cinco años, desde aquel primer viaje, tratando de hacerla más accesible y conocida fuera de las fronteras del país”.

¿Qué no puede quedarse fuera de ninguna investigación como esta y cuáles son los momentos más complicados?

“Lo esencial en una investigación de este tipo es el trabajo etnográfico. No existen archivos oficiales a los que una pueda acudir en busca de información, y tampoco hay apenas textos que hablen sobre esta historia (salvo algunas excepciones, como los libros de Humberto Manduley López sobre el rock en Cuba). Para saber de la cultura punk de la Isla, hay que encontrarse con los punks cubanos. Ha sido a través de muchos ratos de observación y de numerosas entrevistas personales que he podido conocer sobre el contexto, las experiencias y la historia de la comunidad punk del país. Estos contactos me dieron acceso a las grabaciones musicales que hay disponibles, permitiéndome compartir todo esto públicamente. Su deseo de ayudar y sus ganas de dar a conocer su trabajo fuera de sus fronteras han sido, en realidad, lo que ha dado vida a este proyecto.

“Lo más complicado de una investigación como esta es navegar todas las dificultades que implica la vida en Cuba. Por un lado, viajar a la Isla desde Estados Unidos conlleva muchas restricciones. Por otra parte, dentro del país suele ser difícil cumplir con un itinerario de viaje: el transporte escasea, las comunicaciones telefónicas o por Internet son complicadas… Muchas veces hay que repensar el plan de trabajo inicial, y en más de una ocasión ha habido conciertos que se han cancelado o entrevistas ya programadas que no he podido realizar”.

Foto: Samuel Reina Calvo.

Foto: Samuel Reina Calvo.

¿Cuáles han sido las principales sorpresas que se ha encontrado en esta investigación?

“Sin dudas, el evento más sorprendente de la historia del punk en Cuba con el que me he tropezado es el hecho de que, a principios de los ’90, varios de los miembros de esta comunidad decidieron contagiarse voluntariamente con el VIH para ingresar en uno de los ʽsanatorios del Sida’ que regentaba el Estado. En entrevistas y conversaciones informales he recibido respuestas distintas en torno a las razones que llevaron a estos jóvenes a contraer esa enfermedad: algunos querían huir del servicio militar y de la persecución policial; otros buscaban un espacio al margen de la sociedad donde poder sentirse más libres de ser ellos mismos; y estaban los que buscaban la garantía de un techo y comida en una época en la que todo escaseaba.

“Por aquel entonces no se tenía clara la gravedad de una enfermedad como el Sida, y la mayoría de los punks que se inyectaron el virus murieron con el transcurso de los años.

“Sobre esto se han publicado algunos materiales e invito a quien quiera saber más a que busque el podcast Los sobrevivientes, de Luis Trelles, donde encontrará el testimonio de Gerson y Yohandra, dos de las pocas personas autoinfectadas que todavía viven”.[1]

¿Cómo es el punk cubano?

“Ha sido muy influenciado por el punk de España y Latinoamérica, pero se ha adaptado con éxito a la realidad cubana. Musicalmente hablando, tiene un estilo agresivo, rápido y sencillo. Una de las máximas de esta comunidad es que no hay que ser músico para poder tocar punk. Los punks de Cuba no han estudiado música y muchas veces tienen que tocar con instrumentos en pésimas condiciones. Esto se traduce en un sonido crudo y amateur que sirve como vehículo de un mensaje directo —que puede oscilar entre la crítica social más dura y temas de ocio y fiesta. Más allá de la música, la comunidad punk de Cuba es de carácter solidario y casi familiar. No hay muchas bandas, por lo que todo el mundo se conoce, y si han logrado sobrevivir durante todos estos años es gracias a haber tejido redes de solidaridad entre los propios miembros de la escena, compartiendo espacios, recursos, y música de manera altruista”.

Foto: Samuel Reina Calvo.

Foto: Samuel Reina Calvo.

¿Qué distingue al punk en la Isla y qué puntos comunes tiene con el de otros países?

“El punk en Cuba surge en un contexto muy diferente al de, por ejemplo, bandas pioneras a nivel global como los Ramones o Sex Pistols, que iniciaron su carrera a finales de los ’70. En la Isla, el gobierno revolucionario se había dedicado a censurar y criminalizar todas las formas artísticas de influencia estadounidense, por lo que el punk emergió mucho más tarde, a principios de los ’90, coincidiendo además con la caída del bloque soviético y durante el estallido de la crisis del Periodo Especial, en un contexto donde era difícil acceder a este tipo de música.

“Si algo distingue al punk de Cuba es su mirada alternativa a la historia del país de los últimos 30 años. El punk, en sus diferentes escenas, se ‘localiza’ y adapta siempre a la realidad de cada lugar. En el caso cubano, por tanto, es una herramienta para hablar de manera crítica del escenario insular. Si bien las cosas han mejorado, la comunidad punk todavía está estigmatizada, sigue siendo censurada y desoída por el gobierno. Además, en comparación con las escenas del norte global, vive una situación más precaria. La escasez económica del país, unida al bloqueo impuesto por Estados Unidos, dificultan enormemente conseguir material musical, grabar y distribuir composiciones o incluso dar conciertos.

“De los puntos en contacto entre la escena cubana y la foránea, puedo mencionar la filosofía contestataria y antisistema. Tanto el punk inglés de finales de los ’70 como el cubano del Periodo Especial coinciden en que estallan en momentos de gran crisis, liderados por una generación joven que se siente desplazada por el sistema y que ha perdido cualquier perspectiva de futuro”.

¿Cuánto ha contado el punk cubano sobre su país?

“Es una ventana abierta a la realidad de los cubanos de clase baja y de comunidades marginadas y, por tanto, ha contado mucho de lo que deja fuera la historia oficial. En este sentido, creo que el punk cubano es muy valioso como documento socio-histórico, y confío en que conocer mejor esta subcultura ayudará a entender en mayor profundidad la complejidad de la vida en Cuba”.

¿Qué repercusión ha tenido la difusión de la música de bandas cubanas en el mundo?

“Creo que el punk cubano todavía está en el proceso de darse a conocer y es un poco pronto para saber la repercusión que tendrá de aquí a unos años. Pero hay algo claro: es un tema que suscita gran interés entre el público general. En los últimos años han nacido diferentes iniciativas para enviar donaciones de material musical a las bandas y organizar intercambios entre agrupaciones cubanas y extranjeras, fuera o en el exterior de la Isla. Por otra parte, desde que empecé a compartir materiales de mi investigación son muchas las personas que me han confesado no saber con anterioridad que en Cuba había una escena punk. Creo que las perspectivas de futuro son prometedoras”.

¿Cuánto aporta su proyecto a la visualización del punk de la Isla en el mundo?

“El objetivo general de mi proyecto es dar a conocer la música y la historia del punk de Cuba fuera del territorio nacional. La web punkcubano.net es el primer producto más acabado y ofrece un espacio digital a la música de muchas bandas que no figuraban en la red y a algunos pequeños testimonios de participantes de la escena. Además, funciona como un directorio organizado geográfica y alfabéticamente, por lo que puede ayudar tanto a los iniciados en el tema, como a quienes deseen buscar un disco o una banda específicos”.

¿En qué fase se encuentra el documental que preparan?

“El documental está ahora mismo en fase de edición, trabajo liderado por Samuel Reina Calvo, el camarógrafo que me ha acompañado todo este tiempo. En febrero terminamos de grabar los últimos materiales necesarios y ahora, con un guion de edición diseñado, estamos terminando una primera versión. Creemos que podremos estrenar el documental a finales de 2020, aunque todo se ha retrasado por consecuencia del coronavirus.

“Su propósito es mostrar de manera audiovisual el estilo de vida punk en Cuba, y también contar la historia de esta subcultura a través de los testimonios de varios participantes de la escena”.

¿Cuánto seguirá creciendo la página Punk Cubano?

“Mi idea es seguir actualizando el directorio de bandas de por vida. Por un lado, me gustaría añadir información y música sobre algunas que conozco, pero de las que no he podido aún conseguir archivos. Por otro, si surgen bandas nuevas o se publican nuevas grabaciones, quiero que se vean reflejadas en la web. De hecho, hace unos días incorporé un nuevo álbum de Pólvora Soxial porque sus integrantes ya conocen mi proyecto y me escribieron para hacerme llegar su último disco. Me gustaría que se convirtiera en una enciclopedia digital sobre punk en Cuba que la gente pueda usar como referencia fiable. Con respecto a los video-testimonios de la página, en el futuro quiero añadir una mayor selección de clips, pero por el momento voy a esperar a que terminemos de editar el documental, que también podrá encontrarse en esa dirección cuando esté listo”.

¿Cuál piensa que es la proyección del punk en Cuba para el futuro? ¿Qué podría hacerse en el país para que tenga más visualidad este género?

“Creo que, pese a las dificultades, la proyección de futuro del punk cubano es bastante esperanzadora. A diferencia de lo que sucede en otros países (hablo sobre todo de los casos que conozco en España y Estados Unidos), donde la media de edad de los participantes ha envejecido mucho en los últimos 10 años, el punk en Cuba cuenta con una joven vanguardia bastante numerosa —sin olvidar, eso sí, que es un movimiento underground y marginal cuya popularidad siempre va a ser muy relativa. A la luz de la coyuntura actual en la Isla, donde en las calles se rumorea que se está viviendo un segundo Periodo Especial, hay quien dice que, de hecho, el momento para hacer punk es ahora”.

 

[1] La película Boleto al paraíso, del cineasta cubano Gerardo Chijona, cuenta también una versión de estos hechos.
Susana Gomes Bugallo

Susana Gomes Bugallo

Su plan más serio es dedicarse a escribir cuentos por el día y cantar boleros en un bar por la noche. Mientras tanto, hace un poco de uno y de lo otro. Y, de paso, algo de periodismo y marketing, que también la apasionan. Lo de la música no es negociable: necesita algún acorde siempre cerca. Y al menos siete canciones de Santi al día.

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    Carlos Fornes

    03.10.2020

    Muy interesante. Magnífica idea. Realmente hay poca info sobre punk cubano. Ojalá la página crezca. Cualquier colaboración pues ahí me tienen tengo lagunas maquetas que son parte de esa historia.


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