Detalle de la portada del álbum El Grito Mudo (2019), de Carlos Varela. Diseño: Erik Ravelo.

El grito mudo de Carlos Varela

por
Reseñas

“Solo se debe escribir lo que hace falta, y hacer un buen silencio después”
Juan Rulfo

Recuerdo la pasión con la que escuchaba a Carlos Varela. Una pasión que adolescentes y jóvenes se pasaron como testigo desde los años ochenta y compartieron pese al tiempo, porque sus angustias, personales y sociales, eran las de ellos. Las grandes canciones tienen eso, la capacidad de salvar las fronteras del tiempo, porque hablan de lo esencial, y lo esencial no caduca. Pero corrieron los años, y cambió el país, cambiaron los jóvenes, y hasta el propio Varela cambió, y sin embargo las canciones que siguieron naciendo continuaron hablándole a un lugar y a unos seres que sí eran los mismos.

Carlos Varela parece haber atravesado inmune los primeros veinte años del siglo XXI. No hay nada en El Grito Mudo (2019), su más reciente álbum, que revele que estás en 2019, y no en 2000, o en 1990. Ni en su sonido, ni en su instrumentación, ni en las letras de las canciones en sí.

El disco está diseñado con todos los ingredientes típicos del Varela que conocemos de siempre: persistentes riffs de guitarra acústica entrelazados con acordes de guitarras eléctricas, letras inteligentes con un mensaje a la vez sombrío y esperanzador, excelentes músicos de respaldo, su voz envuelta en capas de sí mismo, el sonido pop rock ochentero que lo distingue.

A Why not, tema que abre el fonograma y que cuenta con un hermoso videoclip, le siguen un par de canciones que parecen trasplantadas de algún material anterior del músico. Esta sensación de déjà vu persiste a lo largo del álbum, la impresión de que esto ya lo hemos oído. Sin embargo, el mal sabor se calma un poco cuando escuchamos esos mensajes de amor —algo de lo que Varela ha sabido escribir como pocas personas en español— que son Volando Slowly, Perdón u Origami. No porque sean canciones extremadamente originales, sino porque su letra nos gana por encima de cualquier manierismo.

Mención aparte para De espaldas a La Época, una de esas historias poéticas llena de referencias locales que tanto nos encantan. Pero los cubanos y Cuba han cambiado, y si un artista quiere apelar al mensaje social hoy, debe activar otros dispositivos. No dudo que este sea uno de los hits a ambos lados de la frontera, uno de esos temas a los que las personas se aferran para sentirse menos solos, pero bien podría habernos dado algo más, 20 años después.

¿Necesitábamos otro disco de Carlos Varela? Con una sólida discografía que incluye varias obras maestras, El Grito Mudo no aporta más que un adorno nuevo en una casa que ya estaba espléndidamente decorada.

Los fanáticos más inconscientes, las personas de generaciones más jóvenes o las mentes más olvidadizas puede que reciban este álbum con alegría, puede que estas canciones le hablen al corazón, pero ya todo esto lo vimos antes. El mago que otrora nos encandilaba con sus prestidigitaciones no tiene otra cosa que hacer que enseñarnos los mismos viejos trucos a los que le hemos cogido la vuelta.

Dueño de una de las voces líricas más potentes de la canción cubana de todos los tiempos, Varela se perdió en algún momento del camino. Tal vez no se perdió, tal vez dio todo lo que tenía, y estamos y le estaremos eternamente agradecidos. Por eso me sorprende su necesidad de lanzar este grito mudo. 

No hay mejor metáfora para valorar el disco que su propio nombre, un llamado de alguien que quiere decirnos algo pero que no nos llega.

Habría sido mejor seguir rumiando pacientemente hasta tener otra bomba deslumbrante, o, si la urgencia era mucha, soltar singles, que en definitiva es la manera moderna en que el mundo consume la música. Las canciones de manera individual alcanzarían la gloria o pasarían al olvido sin arrastrar en su avance algunos temas del álbum en los que podemos vislumbrar al mejor Varela.

Cuando llegas a la cima (y Varela, no lo dudemos, lo está) hay dos maneras de avanzar: o lanzas un trabajo de calidad incuestionable que continúa la senda ya trazada, una destilación precisa de lo mejor que ya sabemos puedes hacer; o arriesgas el pellejo y cambias las reglas del juego, das un timonazo y empiezas a abrir nuevos caminos que desafíen todo tu trabajo anterior. Mi corazón y mis oídos siempre van a estar con los que apuestan por esta segunda opción. En el arte, el riesgo (incluso si fallido) siempre va a ganarle la mano al encasillamiento.

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2 Comments

  1. Coincido con casi todos los criterios. Sólo recomendaría al autor ser más cuidadoso con algunos términos, como es el caso del adjetivo “lírica”, con el que caracteriza la voz del artista. El canto lírico se refiere a un estilo muy característico, y al conjunto de técnicas vocales que se emplean para la ejecución de música “culta”, dígase; ópera, lieder, etc.

    • Hola Daniel, muchas gracias por acercarte a la reseña. Una precisión: cuando me refiero a voz lírica, hablo de sus textos, de Carlos Varela como autor, no es un calificativo de su voz como instrumento. Saludos.
      R

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