Diseño: Jennifer Ancizar, a partir de la portada del álbum I put a spell on you.
Diseño: Jennifer Ancizar, a partir de la portada del álbum I put a spell on you.

El disco rayado: I put a spell on you

5 minutos / Carlos M. Mérida

30.06.2020 / El disco rayado,  Reseñas

Toca hablar de Nina. Cuento mi historia con dos canciones incluidas en este álbum: Feeling Good y I Put a Spell on You. Las dos tienen no sé cuántas versiones. Libé de varias hasta encontrarme con estas. Una es mi preferida entre todas y la otra comparte la cima del podio con la versión original.

La primera me la encontré en un álbum de Muse, el Origin of Symmetry (Mushroom Records, 2001), que por el año 2010 me rompía la cabeza y ahora no aguanto (Jeff Buckley llegó, grabó un disco, se murió, y dejó una estela de imitadores de los que se salvan uno o dos, con el filtro abierto, porque me apuras un poquito y saco a Thom Yorke del gentío, lo monto en el bote salvavidas y los demás que se las arreglen mientras el Titanic se hunde). Feeling Good era el tema que más me gustaba del fonograma. Me estremecía. Lo sigue haciendo. Pensaba que Matt Bellamy era el autor, y mataba por él. Luego lo escuché en la voz de Randy Crawford, con esa calma suya. Empecé a buscar y supe que era una de las canciones más promiscuas que existen, y que gracias a Nina se popularizó. Debí saberlo. Era la décima pista. Cuando en un álbum hay un tema claramente muy por encima del resto, y es ubicado de la pista ocho en adelante, revisen porque, o es una versión o un remaster, o algo raro pasa. Obvio, siempre hay lindas excepciones de esta regla estúpida.

El Feeling Good de Nina es legendario. Bruja. Encantadora. Margaret Jones. Euterpe. Crispadora de vello. Turbina de lagrimales. Te odio por bella, por mostra. Todo en este tema conmueve: los trombones, las cuerdas, el piano que primero insiste, poseído, en una misma nota, y luego susurra en segundo plano; y bueno, ella. Hay dos momentos donde, como dice Roly Berrío, toca morir. Uno, cuando la sacerdotisa oxigena la voz y dice: “…sleep in peace when day it’s done, that’s what I mean”. Dos, cuando, un poco más adelante, se empinga y grita: “Oh! Freedom is mine! And I know how I feel”. Los que cantamos con ella, si nos detenemos en el hecho de que es 1965 y Nina es mujer, norteamericana y negra, sentiremos un cosquilleo en la espalda, la voz se entrecortará, se encharcarán los ojos y escupiremos a quien esté frente a nosotros mientras pronunciamos las efes de “freedom” y “feel”.

La otra canción se la oí primero a John Fogerty, con Creedence. Supe rápido que no era suya. Wikipedia señalaba que el autor era un excéntrico cantante de blues. Después vino la de Joe Cocker y la que canta Joss Stone en un álbum de Jeff Beck que ya no tengo; hasta que me encontré con la versión original en un Festival de Cine, en la oscura y casi vacía sala del 23 y 12.

Era una película de Jim Jarmusch, Stranger than Paradise. Recuerdo muy poco, pero sí que me encantó, que era en blanco y negro y que en la primera escena se veía a una muchacha blanca, de pelo oscuro, con gabardina y una maleta en su mano, caminando confundida mientras en el fondo sonaba la espeluznante I Put a Spell on You de Screamin’ Jay Hawkins. Quedé enganchado desde el inicio. Un sabio ese Jarmusch.

A día de hoy no sé cuál me gusta más, si la versión de Nina o la original, pero hablemos de Nina que pa´ eso estamos aquí. Una interpretación personalísima. No se puede hacer otra cosa cuando esta niña está cantando. Hay que parar y atenderla; ella lo reclama, con esa voz nasal de la que el saxo pareciera haberse contagiado porque suena fañoso, como si le amarrasen el aire.

Entre todas, esta es la que más enfatiza la palabra “you”. El “you” de las otras versiones es más general. En ellas cualquiera de nosotros puede ser el destinatario del maleficio. Pero Nina es tan temperamental, tan de carne, hueso y sangre, corporiza la canción de tal forma, que su “you” tiene nombre y apellido. El “you” de Nina no somos ni tú ni yo, solo la persona concreta a la que le canta en ese momento; como si nos dijera: “Pipo, esto no es contigo, así que no vengas después a enamorarte de mí y a pedirme autógrafos. Si quieres siéntate y conmuévete observando cómo una mujer expresa su amor, pero no te hablo a ti”.

El disco está repleto de interpretaciones así: Tomorrow is My Turn, Ne me quitte pas, July Tree, One September Day, You’ve Got To Learn. Es un abuso. Ya sé que no es sorpresa para nadie, si esta mujer es una de las cosas más grandes que le ha pasado a la música.

Carlos M. Mérida

Carlos M. Mérida

Oidor. Coleccionista sin espacio. Leguleyo. Temeroso de las abejas y de los vientos huracanados.

    Más publicaciones

    Deja un comentario

    Avatar

    D

    30.06.2020

    En lo personal Nina Simone no me gusta, vi su película documental y me conmovió, interesante el artículo, ahora escucharé la canción, que hasta ahora la versión que más me gusta es la de Annie Lenox


    Más en El disco rayado

    patreon

    sé un
    mecenas

    mecenas
    Become a Patreon