Diseño: Jennifer Ancizar a partir de la portada del álbum.
Diseño: Jennifer Ancizar a partir de la portada del álbum.

El disco rayado: Bocanada

3 minutos / Carlos M. Mérida

24.09.2020 / El disco rayado,  Reseñas

Ya se ha dicho, pero lo voy a repetir: Cerati es sofisticación y exquisitez; es, sencillamente, un moderno. Un día entró a una tienda de dispositivos de sonido electrónicos caseros, compró su mejor AKAI MPC, y ahí mismo comenzó el desbalance.

Bocanada (BMG, 1999) es un disco hecho a mano, en el sótano de su casa. Él, su voz, su guitarra, su caja plástica japonesa, y la sustancia luminiscente que compone su cerebro. Lo demás son toques finales. ¿Qué es esto, caballero? No hay derecho a ser tan bueno. ¿Díganme algo, por ejemplo, de la voz del bicho este? Es tosca y suave, gruesa y fina, recia y blanda, azul y roja; como la de un locutor de radio amanerado, o como la de esas mujeres de carácter, tipo Broselianda Hernández, que tiene la voz más hermosa del mundo.

Las sensaciones son solo trozos de realidad, borradores, distorsiones. Nos dan pistas de ella. Les dirán que solo las sensaciones son la realidad, pero no hagan caso. Está la realidad, y está la percepción de esta, bien separaditas. Otra cosa es que a uno le interese menos la realidad en sí, que las formas en las que ella se expresa, pero esto no significa que no haya una. Escuchando este álbum siempre tienes la sensación de que el tema que suena está mejor que el anterior.

Cuando crees, a la altura de Verbo carne, la octava pista, que ya todo está echado, que ya el Gus no dio para más después de cruzar el Atlántico y grabar con la Sinfónica de Londres en los mismísimos Abbey Road, te topas con Raíz, abuso creativo que no sabes bien si es una chacarera, un bossa nova, o un tema de Enigma; y así pasa constantemente, hasta el final. No es que la última pista sea la que más me guste, es que el álbum no tiene baches. En general me ocurre ―aunque ya no tanto― que me caen mal algunos temas solo por el hecho de que van detrás de los que más me gustan. ¿No les ha pasado? (pienso rápido en Mother, el track que viene después de Another Brick in The Wall II en el disco de Pink Floyd). No es que haya algo mal con ellos, es que no están tan buenos como el anterior. Bueno, eso aquí no va a suceder nunca. A eso me refiero.

Pero la verdadera estrella de este álbum, lo que para mí lo hace único, es la madurez del diálogo, el que se entabla entre el sonido electrónico y la guitarra de Cerati. Vayan a Engaña, o a Beautiful, o a Perdonar es divino. No hay ahí ni un solo exceso, ni un solo decibel de más; todo es moderación y orden, dosis justa, prudencia del volumen. Recuerdo que en las clases de Educación Plástica te decían que la hoja tenía que ser dibujada completamente, que no podían quedar lugares en blanco. Yo nunca lo logré, no sin que el equilibrio del dibujo se lo sintiera. Aquí hay de eso. No de lo que hacía yo, de lo otro, de la armonía y la sensatez. Solo un maestro pudo cubrir todo el espacio sonoro, sin muchos silencios, y que no se armara el bullanguero. Una joya este cuadrado azul.

Carlos M. Mérida

Carlos M. Mérida

Oidor. Coleccionista sin espacio. Leguleyo. Temeroso de las abejas y de los vientos huracanados.

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