Foto: Cortesía del Festival Havana World Music.
Foto: Cortesía del Festival Havana World Music.

El año en que el Primera Base se mudó a las redes

7 minutos / Gladys M. Quesada

31.07.2020 / Artículos

Quiero que quede claro, a La Habana yo vine por la música. En enero de este año mal augurado, después de 16 horas de espera y más de 300 kilómetros, llegué al Festival Jazz Plaza. Fue una semana frenética, de conciertos a toda hora y días de nunca acabar. La Habana no descansa y sin salir de aquel último concierto de Tank and the Bangas, Trombone Shorty Foundation, Cimafunk y The Soul Rebels en el Salón Rosado de La Tropical, un volante del Havana World Music (HWM) llegó a mi mano.

Recuerdo que La Sintaxis, mi pandilla habanera, me hizo jurar que regresaría en marzo. Con los dedos en cruz, dije que sí. Era entonces una promesa difícil, pero para febrero las circunstancias me trajeron de vuelta y con permanencia indefinida. Con toda certeza, el Havana World Music 2020 sería mi bienvenida con pompas y honores.

Los dioses ríen cuando los mortales hablan de futuro. El coronavirus se saltó continentes, impuso cuarentena y con ella, silencio. Eso sí, pausó la existencia, pero no la vida. El HWM, en el que el roce es mandatorio y se anda de a multitudes, tuvo que reinventarse y esperar. Y yo juré estar en él.

De marzo pasamos a julio y parte de lo que ocurriría en el José Antonio Echeverría y el Pabellón Cuba se fue a las redes para reconectar con una audiencia distante. Fue así que el concurso Primera Base, plataforma para nobles proyectos con grandes ambiciones, tuvo tres días de competencia online —uno por división—en el que cada banda tuvo la oportunidad de disponer su set y mostrarse bajo un estilo y producción que complementara su propuesta musical.

Los Monos Lácteos, ganadores en la categoría de Menores. Foto: Cortesía del Festival Havana World Music.

Los Monos Lácteos, ganadores en la categoría de Juveniles. Foto: Cortesía del Festival Havana World Music.

El feedback del público ―imprescindible siempre― se tradujo en votos online que no solo determinaron ganadores, sino que también dicen mucho de la notoriedad de este concurso que presenta talentos noveles.

La apertura el día 16 estuvo a cargo de los juveniles. Antes de reseñar más, quiero decir que si este es el futuro que viene, grandes cosas nos esperan. Los Monos Lácteos me ganaron con su lírica inteligente y fresca, y su atractiva sonoridad, diversa y compleja, da señales de una creatividad feliz y una producción virtuosa, perspicaz.

A Cuadrigales les falló la selección de piezas para competir. A una justa de bravos solo se llevan los caballos de guerra y ellas eligieron dos temas iguales en cadencia, estilo y posibilidades. Quizás, de haberse salido de los esquemas del ensamble vocal, las muchachas hubiesen sido un adversario a temer.

Ah, Misifuz y sus Gatos Samurái, en la que el bajo sigue a una flauta que al fin no adorna sino lidera. Misifuz, que cuando todo parece jazz, el rap sorprende; donde batería y teclados convergen sin perturbarse. Misifuz, que me tuvo repitiendo kimono katana kimono katana un buen rato. El nacimiento de una princesa se fue a otras aguas y demostró la versatilidad de una banda que, si se lo propone, puede pasar de promesa a joya.

La división más joven y abundante de contendientes cerró con TóPop, en la que confluyen country, jazz, rock y funk. Faltó, debo decir, que la cámara rompiera su estatismo y acompañara la tremenda energía que proyectan. Quienes asistimos a la presentación ―pantalla mediante― precisamos una experiencia más completa, atractiva, que destierre de alguna forma la nostalgia y la lejanía. Sugerencias aparte, terminé de verlos convencida de que pueden hacer bailar (¡y engordar!) sin pausas a una multitud.

Raulito Prieto, ganador en la categoría de Mayores. Foto: Cortesía Festival Havana World Music.

Raulito Prieto, ganador en la categoría de Mayores. Foto: Cortesía del Festival Havana World Music.

El 17 de julio, los mayores tuvieron su momento. Raulito Prieto, con una sonoridad y estética muy propia del pop rock de inicios de los 2000, une imágenes y símbolos colectivos. En su discurso están las marcas de generaciones diferentes, las contradicciones de quien concientiza las complejidades de su realidad pero desde recursos sencillos y atractivos.

Akira Colarte y Habana on Me se decidieron por las libertades de un sonido más jazzístico, con el que lograron articular individualidades creativas en un conjunto. No hubo instrumento o intérprete subordinado a otro y ciertamente su energía se sintió más como un live show que una presentación planificada o enlatada. No obstante, la calidad de sonido deslució su performance que por momentos fue desprolijo y oscureció a su vocalista, tal vez a causa de la falta de una dirección general.

Debo confesar que bailé desde mi cuarto con LA Pimienta como si los hubiera visto en vivo, de cerca y cerveza en mano. No obstante, me queda esa sensación de asistir a algo que ya escuché, que ya vi. A su propuesta le falta madurez y le sobra impulso. No me queda duda de que cuando equilibren estilo e intención, cristalizará su talento.

El 18 y para cerrar, Primera Base dio paso a los DJ Productores. Leonardo Milano de Cuba, muy dado al cuban groove, experimenta con los samples de voice tracks, la loop machine y elementos del house. Milano entiende que un DJ no es un simple editor de samples sino un orfebre de ritmos. Él es un artífice de la dramaturgia sonora, que sabe disponer sus transiciones, clímax, anticipación y giros.  ¿Se puede hacer changüí electrónico?  Él tiene la respuesta.

Jaidpit le siguió con dubstep y house. Con una ejecución notable, pudo haber hecho más. Su cámara en plano cerrado a su consola y la poca variación entre sus dos temas le restaron atractivo a una presentación que pudo ser mejor. En la electrónica, reiterativa por defecto, saturar a quien escucha es un pecado capital.

Kill the Party fue sorprendente por desconcertante. Un mismo tema va del trap, al rock, al dubstep, de vuelta al trap y luego al house. Para respaldar esta mixtura genérica, la banda logra transiciones orgánicas, fluidas y sutiles. Su secreto, sospecho, es la construcción de un caos ordenado.

Kill the Party, ganador en la categoria de DJ/Productores. Foto: Cortesía Havana World Music.

Kill the Party, ganador en la categoría de DJ/Productores. Foto: Cortesía del Havana World Music.

No hablaré de ganadores o conteos de votos, que serán tema de otros. Más que un lauro, el Primera Base rescata talentos que quizás, por estar fuera de lo mainstream, hubieran quedado al margen. Quienes lograron la aprobación del jurado, podrán lucirse en la edición del HWM en 2021 y, quienes no, al menos les fue concedido el don de la notoriedad.

Esta edición tuvo mucho de improvisación y apuros, pero quienes compitan ya no deben pensarse solo como una propuesta musical, sino como un producto completo. Las presentaciones online, para bien o mal, son parte importante del futuro del directo en el mundo post pandemia. Quienes concursen bajo esas circunstancias en un no muy lejano 2021 (por si las moscas) tendrán que hacerlo con la premisa de que a las audiencias ya no solo se les vende un sonido, sino también imagen, y con ella movimiento.

Importa, además, que cada cual condense su identidad y esencia en su presentación, porque cada detalle es carta de triunfo. Para pasar de la primera base y llegar a un home, no basta talento: hay que dar el extra de los campeones.

Ya regresaremos al jolgorio de las multitudes, a esa atmósfera electrizante que siempre complementa la música en vivo. Todos extrañamos esa comunión feliz, pero la edición de 2020 del Primera Base fue más. Tuvo que serlo.

Que el empeño le haya ganado a la pandemia, que la música saltara ―otra vez― toda barrera, es la mejor prueba que tengo de que La Habana no cree en pausas. Disfruté de este concurso diverso y completo, yo que de outsider devine espectadora gustosa.  Al final, siempre lo digo, a esta ciudad me trajo la música. Y por ella me quedo.

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Gladys M. Quesada

Licenciada en Filología Española, Locutora, Guionista. Máster en Ciencias de la Comunicación. Convencida de que existe vida fuera de la Tierra y de la vida. Crespa por convicción, Filóloga por vocación. Consumidora voraz de series y música. Eternamente, niña guajira.

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