Diecisiete instantes de una institución hiphopera

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Días atrás iba caminando con mi amigo Víctor Fowler cerca de La Madriguera, cuando de pronto nos interceptó un adolescente (casi un niño). Me llamó por mi nombre completo y me comentó que era rapero, que leía todos mis textos en Facebook, y al final me dio las gracias por mi trabajo, e incluso me exhortó a seguir haciéndolo. En todo ese peso generacional pensaba ayer mientras esperaba el comienzo del espectáculo en el Maxim Rock por el Aniversario 17 de la Agencia Cubana de Rap.

Cuando comenzó finalmente, comprobé que habían asistido unas escasas cincuenta personas, y por momentos (aunque caía una lluvia pertinaz propia para nostálgicos, y la propuesta de raperas/os en escena estuvo muy bien) no pude dejar de tener la amarga sensación de estar en presencia de un velorio o un cementerio cultural. Hubiese querido que, ya que se pensó en realizar este homenaje en la Casa del Rock en Cuba, hubiesen confluido bandas/solistas de rock con bandas/solistas de rap.

Dos de los géneros alternativos más fuertes y dialógicos que ha tenido nuestra nación desde hace varias décadas. Hasta que le tocó el turno a Etián Brebaje Man de subir a la tarima y expresar las palabras más sentidas que he escuchado en mucho tiempo dentro de la escena hiphopera nacional. Brebaje Man (sentado, vestido de blanco y con voz grave) confesó querer dejar de rapear. Habló de las muchas y complejas dimensiones que tenía que enfrentar Rubén Marín (actual Director de la Agencia de Rap) y elaboró preguntas muy agudas relacionadas con la crisis de ese rap cubano (consciente, emancipatorio) en la actualidad. También expresó que le dolía que no aplaudieran a los artistas en escena. Si hubo una persona ayer que lo entendió, fui yo. En Medellín, ante más de 3000 personas escuché gritar el nombre de Etián Arnau y se coreaban todos sus temas, así como unánimemente se gritaba lo positivo que es el rap cubano y la fuerza/presencia que éste tiene en Latinoamérica. El grupo Negrons relajó la escena con piezas rapeadas/ fusionadas con funk, timba y otras sonoridades.

Acto seguido, Rubén Marín (visiblemente emocionado) cogió el micrófono y confesó que las palabras de Etián le habían llegado muy profundo, y se sentía muy dolido al escuchar que un prestigioso rapero de la vieja escuela (como lo es Etián) se parara a decir públicamente que estaba pensando en dejar de rapear. Rubén estuvo aproximadamente quince minutos (ante la mirada y atención de todas/os) haciendo preguntas durísimas y recordando no pocas situaciones relacionadas con la apatía-irresponsabilidad de no pocos sectores hiphoperos. Se autocriticó en varias ocasiones y expresó que él mañana podría dejar de ser director de la institución que dirige, pero quedarían en el aire muchos asuntos irresueltos con la cultura Hip Hop en Cuba y sus cultoras/es, y ello tenía que ver con dimensiones culturales más complejas que trascendían a la agencia.

Me emocioné cuando mencionó que las pioneras/os del rap cubano habían comenzado sin nada, y el detalle de la pintura de uñas para pegar casetes con backgrounds estadounidenses, producto de una pasión que, al parecer, no volverá. También agradeció la ayuda de Pedro Álvarez Mosquera y de muchas personas (intelectuales, trabajadoras/es de la agencia, activistas) que lo apoyan día a día.

En lo personal –y llegado hasta este punto–, quisiera que ese joven que me abordó reciba públicamente mis disculpas. Siento que le hemos fallado generacionalmente. No hemos sabido entregarle un movimiento hiphopero cohesionado, en el cual se vean reflejadas las múltiples voces unidas de una nación aún muy joven. Sin embargo… ¿las palabras tienen que seguir siendo movimiento y unidad? ¿Por qué? ¿Tuvieron peso alguna vez esas palabras, o fueron solo quimeras? ¿Ser rapera/o en Cuba constituye en la actualidad un sinónimo de oposición política, o un sinónimo de resistencia cultural/continuidad y esperanza para las jodidas/os históricos? ¿Existen otras vías de apoyar este proyecto social que, con sus muchas-muchas-muchas limitaciones, aún apuesta por nosotros humanitariamente (nosotros, repito: negros, mestizos y blancos pobres) no como números o pilas desechables, sino como seres humanos dignos? ¿Y si pedimos que cierren la Agencia Cubana de Rap de una buena vez, se solucionarían los problemas del hip hop en Cuba o se agravarían? ¿Pensamos en la responsabilidad/legado histórico hiphopero? ¿Por qué algunos raperos piden que se les pague por ir a rapear a las cárceles? ¿Eso es Hip Hop? ¿Hacemos Hip Hop o Somos Hip Hop? ¿Qué sucede con el CONOCIMIENTO y la CONCIENCIA en el contexto hiphopero cubano? ¿Merecemos más? Algunas hiphoperas/os cubanas/os vacilan el transporte, comida abundante en mesas suecas de hoteles, festivales nacionales todo el año utilizando el presupuesto estatal… ¿y luego, además de no producir un puto kilo, lo correcto entonces es atacar (no sugerir, criticar con argumentos válidos en pos de una mejoría) al país y a las/os que (en el nivel que sea) intentan de alguna manera nivelarlo? ¿Eso es justo visto en un contexto amplio?

Lo siento, pero no formaré parte de la espiral del silencio. Me opongo a los chistes que hablan de coyunturas. Somos más grandes que eso. Este es el país de Benny Moré, Capablanca, Elena Burke, Los Zafiros, José Martí, Maceo, Mariana Grajales, Titón, y de millones de cubanas y cubanos que se levantan y trabajan duramente (aquí y en la diáspora) por mejorarlo desde todo punto de vista positivo-humanista. O hacemos un rap profesional que edifique espiritualmente, o perecemos. No hay una tercera opción.

Continúo: no asistir ayer a la celebración de los 17 años de la Agencia Cubana de Rap (tanto presencialmente como con una simple nota digital o una llamada de apoyo y solidaridad) no es hacerle una velada guerra a Rubén Marín y sus posibles limitaciones/aciertos como líder, sino traicionar simbólicamente la memoria de Barbarito Grandes Ligas, Lucius Walker, Eduardo Djata Dieli, DJ Vahamas, Wilanga Party, Matilde, Arsenio, Filah, y muchas/os más que murieron pensando/amando la cultura hiphopera cubana. También traicionaríamos el esfuerzo de personas vivas como Ariel Fernández Díaz, Pablo Herrera, Joaquín Borges Triana, Tomás Fernández Robaina, Grizel Hernández, Tatiana Cordero, Roberto Zurbano, y otras/os. Es como ratificarle al colonizador que ganó de una buena vez todas las batallas posibles: el hip hop en Cuba ha muerto, estamos fragmentados, llenos de odio y ego. Sin brújula ideológica o liderazgos. Somos frágiles ante la manipulación política y la posverdad. Seguimos siendo esclavos de mente.

No obstante, y a pesar de toda esta visión apocalíptica, quiero también decirle a ese joven rapero que no desfallezca: el Hip Hop en Cuba enriqueció el trabajo de no pocas/os intelectuales respecto a temáticas relacionadas con la raza, género, estudios poscoloniales. La música popular bailable cubana se enriqueció con el rap. Van Van, Irakere y muchos grandes artistas populares rapearon. De ser una islita diminuta, logramos que Common, Dead Prez, The Roots, Paris y muchas/os más artistas globales del hip hop vinieran fascinados, y que nos admiraran. Existen libros infantiles con temática hiphopera, obras de teatro, libros académicos, fanzines. La moda también fue influida por la conciencia en movimiento, tesis globales que narran la resistencia de hiphoperas/os cubanas/os en pos de impulsar un poquito más adelante a la humanidad, lo cual constituye, a mi entender, el principal motivo de estar vivos. ¡Aurora Bosch danzó simbólicamente con Miguelito La Peste! 17 años es un instante desde el punto de vista histórico… pero también una eternidad. ¡Feliz Aniversario 17 de la Agencia Cubana de Rap! Conmigo pueden contar siempre. Paz, memoria, amor.

(Tomado del perfil personal de Facebook del autor)

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