Ilustración: Mayo Bous

Desmitificando el estudio de grabación (III): Los home studios

por
AM

No tengo constancia de la existencia de algún estudio de grabación casero en La Habana durante la era del audio analógico. El equipamiento en aquellos días era muy voluminoso, costoso, prácticamente imposible de adquirir y difícil de mantener en perfecto estado técnico.

En otros países conocí de algún que otro ingeniero audaz, que sí se aventuró a construir su home studio con máquinas grabadoras de cinta de ¼ o ½ pulgada, de cuatro y ocho pistas respectivamente, pero los resultados de sus trabajos no eran siempre competitivos de acuerdo a los estándares de la industria discográfica. Sin embargo, no hay regla sin excepción, constan excelentes discos nacidos en un garaje o habitación equipados con una consola de apenas 16 canales y grabadora de unos pocos tracks

Cuando me refiero a la clasificación de home studio no incluyo los estudios de proyecto. En mi texto anterior, segunda parte de esta trilogía, definí el estudio de proyecto como aquel perteneciente a un músico o compositor, diseñado acorde a sus necesidades artísticas y que por lo general no persigue fines comerciales. Aunque algunos de estos estudios de proyecto no van más allá de talleres caseros, otros con mayores posibilidades económicas alcanzan un elevado nivel profesional. 

En la década de 1990, con la introducción del audio digital, aparecieron en Cuba las primeras grabadoras digitales. Inicialmente fueron los moduladores PCM, equipos capaces de convertir al lenguaje digital una señal analógica de audio estéreo que, una vez codificada, podía registrarse en la pista transversal de video utilizando una grabadora común VHS. Poco tiempo después surgió el Mini Disc, grabador con codificación ATRAC en disco magneto-óptico, seguido del DAT (Digital Audio Tape), primer soporte estándar de audio digital a 16 bits, profesional y duradero. A partir de este momento se empezaron a abrir los horizontes para la aparición de los primeros estudios caseros en Cuba. 

Poco tiempo después, salieron al mercado las primeras grabadoras modulares multitrack DTRS (Digital Tape Recording System), capaces de registrar ocho pistas digitales de audio a 16 bits, que utilizaban nuevamente como soporte la cinta de video, en casete VHS en los sistemas ADAT de Alesis, y Hi8 en las máquinas DA 88, DA 78 y DA 98 de Tascam. Esta nueva tecnología, con equipos de reducidas dimensiones y peso, precio asequible y elevada calidad (para el momento en que surgieron), constituyó el elemento base de los nacientes estudios caseros, ya capaces de asumir grabaciones multitracks no limitadas a la cantidad de ocho. Estos sistemas, cuya existencia no superó los diez años debido a la poca fiabilidad de la cinta y del cabezal de video, permitían enlazar de forma sincrónica varias máquinas, convirtiendo la cantidad de pistas en múltiplo de ocho.

En La Habana varios ingenieros tuvieron la iniciativa, a pesar de los limitados recursos económicos, de fundar home studios que les dieran la posibilidad de registrar el enorme caudal de música emergente que los contados estudios estatales de la capital no podían abarcar. Los primeros y más osados (si la memoria no me traiciona) fueron Antonio Carreras, Miguel Ángel Bárzagas y Delio Ferrero. Los locales en que emplazaron sus salas de grabación fueron la sala o el dormitorio de una casa, un garaje o el sótano de un edificio. Mientras no tuvieron a disposición la costosa fibra de vidrio y otros materiales necesarios, los cartones de huevo de fácil adquisición cumplieron el necesario rol de material absorbente en el acondicionamiento de sus locales. Pude presenciar la grabación de demo tracks de excelente factura, en las condiciones distantes de ser idóneas que brindaban los citados estudios. 

Pocos músicos se aventuraban en aquel entonces a grabar sus discos completos en los home studios. Pero el miedo fue vencido poco a poco, a medida que estos iban evolucionando. En un breve periodo de tiempo cada uno fue mejor acondicionado y equipado, hasta convertirse en verdaderos estudios de grabación profesional que, a pesar del limitado espacio de sus salas, comenzaban a asumir proyectos de magnitudes nunca antes imaginadas fuera de los estudios tradicionales. 

Durante la selección de locaciones para la película Habana Blues, los realizadores buscaban un estudio de grabación casero rudimentario, como el que finalmente aparece en algunas secuencias del filme. Para ello visitaron uno de los pocos existentes entonces, que estuvo activo en el municipio Playa hasta el 2007, cuando fue trasladado al Vedado: Scorpio, al que eran asiduos músicos de la talla de Roberto Carcassés, Descemer Bueno, Yusa, Kelvis Ochoa, entre otros. Antes de visitar el estudio, consultaron a Roberto Carcassés la propuesta, a lo que este les respondió: “no pierdan su tiempo, que este estudio, al igual que otros, ya dista mucho de lo que ustedes quieren hacer ver en su película”. Al visitarlo se convencieron. Tal es así que le confiaron a Scorpio la grabación de la banda sonora del filme. 

El siguiente y sin dudas más importante acontecimiento que condicionó la proliferación y evolución de los estudios caseros, fue la introducción y desarrollo de las estaciones de trabajo digitales de audio (DAW, Digital Audio Workstation). El costo de una computadora con poder suficiente para procesar múltiples señales de audio, una interface de apenas unas pocas entradas y un software de grabación-edición (en muchos casos adquirido sin licencia), no era comparable ni siquiera con el precio de una grabadora ADAT de ocho pistas, y brindaba recursos con los que nunca antes soñó el ingeniero de sonido, menos en condiciones domésticas. 

Un par de altavoces y algunos micrófonos —no siempre los ideales, sino los que estaban al alcance del presupuesto— era todo lo que cualquiera con ganas de grabar música requería para hacerse un estudio. A partir de entonces la cantidad de ellos comenzó a crecer en proporciones inesperadas. Varios fueron los indicadores que diferenciaron a unos de otros: el nivel tecnológico, el acondicionamiento y aislamiento de los locales y, por último, aunque no menos importante, la capacidad y nivel técnico y artístico del ingeniero de sonido a cargo. 

En la actualidad, la cantidad de home studios en nuestra ciudad es incalculable. Solo citaré dos de los de mayor y bien merecido renombre, sin que por esto deban sentirse excluidos o menospreciados los que de igual modo cumplen su rol. Como me comentara hace algunos años uno de los fundadores: “en Cuba el caudal musical es tan grande que hay trabajo para todos, sin que interfieran unos con otros”.

Miguel Angel Bárzagas (Maykel) fundó su estudio MB en su casa de la barriada de Nuevo Vedado en 2004, con la grabación de los proyectos de Manuel Argudín y Ojos de brujo. Su primer soporte de grabación fue la DAW Protools con interface Digidesign 001, actualizado poco tiempo después al sistema HD con unidades Avid 192, aún activas a la par de las más modernas interfaces Antílope con versión Ultimate de Protools con que cuenta hoy. Dos salas y una cabina de control son los locales que conforman el estudio. Ostenta una amplia variedad de micrófonos, desde los clásicos Neumann U87, U 67, TLM 170, AKG 451, hasta el legendario micrófono vintage de cinta RCA 44. En su cabina de control tiene una mezcladora Summing Mixer 5059 de Neve, y múltiples sistemas de monitoreo: Genelec 1029, 1031, 4080, y una pareja de Audio Unity, así como preamplificadores de elevada gama como el Rupert Neve 8801, 4081 y el UA 6176. 

Muchos han sido los álbumes producidos en este estudio que han alcanzado enorme popularidad y galardones en concursos y ferias discográficas nacionales e internacionales, para prestigio de sus ingenieros Maykel Bárzagas, padre e hijo. Entre ellos se cuentan los dos premios Grammy por los discos Techari de Ojos de Brujo, y Visualízate, de Gente de Zona, así como una nominación en 2014 al gran premio de grabación por Bailando, corte del álbum Sex and Love, de Enrique Iglesias, Gente de Zona y Descemer Bueno.

Por otra parte, apenas con siete años de inaugurado, el estudio dBega se torna cada vez más popular, aunque  para algunos es de lejana localización al estar situado en Víbora Park, en el municipio Arroyo Naranjo (aunque son apenas 9 km desde el corazón de la ciudad). Su ingeniero principal, Carlos de la Vega, su asistente Alejandro Durán, y Maruchi, madre de Carlos, han realizado un arduo trabajo que ha logrado atraer a numerosos artistas y productores. Culminadas las sesiones de trabajo, sus clientes suelen constatar con satisfacción la veracidad de su eslogan, “dBega se dB a tu música”. 

Este estudio cuenta con una excelente selección micrófonica, que incluye ejemplares de la firma Neumann (U87, TLM 102, 103), Mojave, AKG (C 414 y C 214), Sennheisser y Audix. Dos preamplificadores Warm Audio WA73 (copia de 1073 de Neve) y dos WA 412 (copia de los Api 412), un IGS valvular estéreo de fabricación polaca, UA 4710, interfaces Antilope Orion 32, un summing mixer Kahayan con 24 módulos SSL 4000, y la DAW Protools en su versión X, son sus principales herramientas de trabajo. Sus monitores son Focal Twins 6 B con Subwoofer JL audio. 

Inició sus sesiones con la grabación del proyecto del cuarteto de jazz Oddara, al que le siguieron Bamboleo, Alain Pérez, María del Mar Bonet, y Susana Baca con Argelia Fragoso, entre muchos otros. Al inicio el espacio se limitaba a dos salas y la cabina de control, proyectadas por el ingeniero Carlos Hevia. En 2019, fue ampliado con un tercer recinto, diseño del ingeniero Ricardo Suárez, especialmente acondicionado para albergar un piano acústico de reciente adquisición. Perfectamente conservado y restaurado, este Steinway & Sons de ¼ de cola modelo New York del 1917 expande las posibilidades del estudio, ya en la mira de muchos pianistas que planean grabar en él su música. 

Un detalle a destacar, común para la mayoría de los estudios caseros, es que a pesar de que su objetivo sea innegablemente comercial, además de artístico, gran parte de los ingresos son reinvertidos en el desarrollo del propio estudio, en la adquisición de tecnología de punta, lo que trae como feedback una mayor calidad de sus productos, de su prestigio y con ello de la demanda que adquieren. 

Sin duda alguna, esto se traduce en beneficio para nuestra música, que ha encontrado en estos pequeños home studios un hogar seguro donde crecer y desarrollarse.

Ingeniero de sonido cubano con más de 30 años de experiencia en la industria musical cubana. Textos suyos y algunos ejemplos de sus contribuciones profesionales pueden consultarse en su blog https://piprofessionalaudio.home.blog/

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