Fragmento de la portada del álbum Desde dentro, de Kamankola.
Fragmento de la portada del álbum Desde dentro, de Kamankola.

Desde dentro / Kamankola

7 minutos / Iván Egüed

13.11.2020 / Reseñas

La (re)aparición discográfica de Kamankola en el 2014 tuvo cierto impacto en el público de la escena alternativa cubana. No se paraba de hablar de Antes que lo prohíban (2014), promocionado como el primer fonograma cubano financiado mediante micro mecenazgos a través de la plataforma de crowfounding Verkami. Kamankola, que había debutado en 2008 con el álbum Musas desechables, se hizo rápidamente de un público fiel que abarrotaba los espacios donde se presentaba y parecía saberse hasta las canciones que el artista aún ni había compuesto. Público que, además, era mayoritariamente adolescente, lo cual tiene cierto mérito si tenemos en cuenta que al artista se le suele encasillar en la trova, género cuya popularidad entre los jóvenes ha mermado bastante. Seis años y tres discos después de aquel retorno, Kamankola nos trae Desde dentro (2020), su álbum más limpio hasta la fecha.

Empezando desde fuera, la portada del fonograma muestra el rostro de Kamankola conformado por una compilación de cuanto cliché de lo cubano exista. Vamos, que podría funcionar como moodboard de algún artesano de suvenires para turistas: ahí están una selección de edificios icónicos de la capital; el tabaco y el ron; el almendrón y el camello; la Soyuz 38 y las cámaras de camión; los girasoles y la palma real; el CUP y el CUC; Cristo y la Caridad del Cobre; el avión y el colibrí; el bate de béisbol y la libreta de abastecimiento; los Van Van, los Rolling Stones y La Bayamesa… Tal vez funcione, no lo negaría: es un collage simpático, atractivo y bien compuesto que puede conectar lo mismo con el chovinismo del cubano que con la curiosidad simplificadora del yuma estándar. Kamankola carga con todas las Cuba dentro, pareciera decirnos la imagen. Pero, ¿alguien lo duda a esta altura del partido? El músico lleva cuatro discos diciéndonoslo y, en ese sentido, esta portada encaja más con el contenido de sus anteriores álbumes. Porque en este lo cubano apenas aparece y nunca explícitamente.

A pesar de que, probablemente, la realidad nacional siga siendo su disparador creativo, en esta producción Kamankola plantea un enfoque más universal, menos localista: ya no hay que ser cubano para entender lo que se dice. Habrá quien vea esto como algo negativo. Habrá quien piense que es un intento del artista por alcanzar nuevos mercados. Habrá quien hable de pérdida de la esencia. Y tal vez tenga razón. Por mi parte lo veo como un síntoma de madurez artística. A los cubanos —y a los latinoamericanos en general— nos cuesta muchísimo trascender lo nacional. Tiene sentido: nuestras cotidianidades, culturas e identidades, han sido tradicionalmente invisibilizadas por los circuitos internacionales y como respuesta tendemos a ponderarla. Pero las temáticas universales también nos pertenecen, aunque nos hayan hecho creer lo contrario. Los complejos de inferioridad son tan nocivos como la minimización externa. 

En este disco nos encontramos con un Kamankola más pausado, reflexivo e íntimo que trata de no quedarse en lo superficial, de no repetir estampas con tintes contestatarios que ya hasta se nos han vuelto costumbristas, y que suelen caer con facilidad en la porno-miseria de la cual advertían los cineastas colombianos Luis Ospina y Carlos Mayolo, allá por 1978. Un Kamankola más humilde y sencillo que no ataca con un torrente de frases sagaces pretendiendo hablar de todo —so riesgo de terminar hablando de nada—, sino que intenta un diálogo más pensado y medido sobre lo que considera esencial en estos tiempos. De hecho, el discurso en Desde dentro descansa prácticamente sobre tres ideas centrales: la lucha de la vida por la vida, lo verdadero como tabla de salvación, y el amor como la máxima verdad a la que aferrarse.

Si en los álbumes anteriores Kamankola era un personaje hiperquinético, protagonista activo de una realidad en la que se movía como pez en el agua y a la que se enfrentaba agresivamente, aquí adopta un rol pasivo y se transmuta en observador cauteloso. En estos tiempos tan violentos y convulsos, la calle se le ha vuelto un medio demasiado incómodo, amenazador. Hostilidad esta que queda retratada en versos como “Puedo sentir / la niebla despiadada / y a las primeras hienas / oírles respirar. Aunque quizás el cambio lo sufrió él: ¿acaso la humanidad ha conocido tiempos más tranquilos? La realidad ha acabado por desgastarlo. Sufre un hastío que lo arrastra a pedir ayuda: “Alguien que salve esta vida”; a alienarse: “Dame papel para liar / que quiero relajarme / (…) dame tijera y tiempo / que quiero desaparecerme”; o, en última instancia, a refugiarse en sí: “Afuera llueven los alcoholes más baratos / y la vida más tranquila adentro / Adentro es caro / pero a veces lo prefiero”. Después de escuchar Desde dentro uno siente que Kamankola se ha abierto en canal para exponer los miedos, las preocupaciones y los remordimientos que asedian a Jorge Lian.

Si hay algo difícil e importante en la música y en el arte en general es el ahorro de recursos; transmitir más con la menor cantidad de elementos posibles; que la obra haga parecer que dos más dos da cinco. Ese es uno de los puntos fuertes de este fonograma tanto en las composiciones como en lo musical.

La banda se limita a tres instrumentos: guitarras a cargo de Nam San Fong, drums por el gigante Rodney Barreto, y el bajo de Miguel Valdés. Este esquema básico de instrumentación es suficiente para otorgarle a los textos un cuerpo sonoro robusto. Claro, esto solo es posible con un sólido trabajo de producción. Mérito que se lleva Nam San, uno de nuestros más talentosos y versátiles guitarristas, que (creo) ha sido injustamente relegado a planos secundarios en otras ocasiones.

Es fácil imaginar que hubo una química fuerte entre productor y compositor, que esta delicada relación creativa fluyó sin trabas durante la gestación del proyecto, que Kamankola confió ciegamente en el genio de Nam San. Como resultado de esto, la guitarra es la gran protagonista del disco  —algo que ya se anunciaba desde la portada. Con un acertado uso de efectos —sobre todo reverb y delay— se generan atmósferas para aquellos temas más reposados y reflexivos, mientras que en los tracks  más energéticos y directos asoman las guitarras acústicas y predominan riffs pesados. Ese mar guitarrero —donde la voz de Kamankola flota y se sumerge por momentos— deja entrever la marcada influencia de  Gustavo Cerati, fundamentalmente en las placas finales de Soda Stereo como Sueño Stereo (Sony International, 1995) y Comfort y música para volar (BMG Ariola Argentina S.A., 1997). 

La labor de Nam San en su rol de productor resulta impecable hasta el perfeccionismo y es ejercida con un sentido del control tremendo, metódico podría decirse. Esto no contradice esa sensación de fluidez de la que hablaba más arriba. Por otra parte, no cercenó o sobrescribió el espíritu de Kamankola. Y eso es una de las características esenciales de un buen productor: que guíe al artista, pero dejándolo ser. Con todo esto se elevan las expectativas para Piezas únicas, el debut solitario del ex Habana Abierta, aún en proceso de grabación, y del que ya hemos podido saborear un primer sencillo precisamente a dúo con Kamankola.

Desde dentro es uno de esos álbumes que divide a los fans y hace que se pierdan y ganen, simultáneamente, a unos cuantos oyentes: aun cuando no se podría hablar de ruptura, la divergencia con respecto a su obra anterior es más que evidente. Kamankola ha llegado tal vez a un punto de inflexión en su carrera en el que, o bien regresa sobre los trillos de su obra previa, o vuelve a lanzarse a buscar nuevos tópicos y formas de decir. Preferiría el segundo camino, pues esta vez siento que he escuchado a Jorge Lian hablar desde dentro. Y que lo entiendo. 

Iván Egüed

Iván Egüed

Melómano coleccionista. Ingeniero automático y otros disparates. Niño empedernido. Adicto a la guanábana. Siempre Feliúz, nunca inFeliúz. A veces con los pies sobre la tierra...

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