Fragmentos de la portada del álbum Ciro 3C, de Raúl Ciro. Imagen: Mayo Bous.
Fragmentos de la portada del álbum Ciro 3C, de Raúl Ciro. Imagen: Mayo Bous.

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12 minutos / Raúl Ciro

09.12.2019 / Artículos

Hoy, 9 de diciembre, Raúl Ciro Hernández Gómez (1964-2019) habría cumplido 55 años de edad. No quiso esperar y se fugó antes, dejándonos a muchos totalmente huérfanos de su infinito afecto, su sensibilidad a flor de piel y su música irrepetible. Para no extraviar la memoria, aquí lo dejo hablando solo. Son extractos de mensajes intercambiados por casi dos décadas, con rodeos, digresiones, regresos y reflexiones. Aquí, en particular, comenta acerca de sus comienzos y referencias. (Humberto Manduley)

Fragmentos de Raúl: Ciro crack, crack, crack…

Parte I: Así aconteció

Mira, brother, me voy a tomar esto como si estuviese tallando junto a ti en la cabina y el micro estuviese abierto, puedo imaginar tu cara. Aunque para ser realista te diré que, ahora mismo, sentado en mi esquina maravillosa, intentando dar forma a mi paja mental, escucho Siglo XXI[i], en Radio 3, una de las pocas cosas que me atan a este mundo “de la creación”. Ya sé que dirás que divago como siempre, pero no.

Hace un tiempo (2002, creo) trabajaba en una residencia para ancianos; tenía que barrer el patio de hojas secas, casi siempre sobre un suelo húmedo, mantener el césped con el corte adecuado, pintar alguna habitación, arreglar el salidero en algún baño; en fin, hacer tareas de mantenimiento puro.

Aunque no lo creas, hice algunos amigos allí (…), pero mientras cumplía mi horario, siempre estuve enganchado por audífonos a la radio, escuchando en la mañana, claro, este programa del que te hablo; y tenía un método muy bueno: siempre andaba con un bloc de notas y un bolígrafo. Cada vez que escuchaba algún tema que me impresionaba, paraba de hacer lo que estuviera haciendo y tomaba nota, aunque fuera pura fonética errada de nombres de grupos, discos. Entonces una vez de vuelta a “casa”, en Granada, introducía estos datos en mi programa preferido de búsqueda en el PC y ¡qué maravilla!, todo funcionaba: Sparklehorse, Boards of Canada, Sigur Ros. Hasta el día de hoy, todos mis descubrimientos usando este método han sostenido mi imaginación de modo semejante a cuando era muy inconsciente de lo que percibía, mientras mi madre escuchaba la radio que se hacía en los sesenta en Cuba (“estoy aquí, aquí para quererte…”).

Nunca tuve guitarra hasta un día en que engañé a mis padres con la historia de que había vendido mi bicicleta, comprando una de las clásicas guitarras rusas que pululaban por ahí. Curiosamente esta, que me vendió un vecino, era acústica, pero le habían colocado un engendro de micro muy curioso, usaba cuerdas de acero, tenía poca resonancia y afinaba bastante bien. Muchas veces intenté enchufarla a la radio Philips de mi padre y a ratos funcionó.

Por entonces había en casa, antes de la rusa, una réplica de guitarra criolla pero como para un niño de siete años. Era un regalo que nuestros abuelos le habían hecho a mi hermana. Ellos eran tres hermanos solterones que de vez en cuando nos cuidaban, educaban y mimaban. Él decía que había sido de los Matamoros; tenía unas maravillosas guitarras. Recuerdo que una tenía su nombre enchapado en oro en la pala. De niño, él nunca me dejó tocar su tesoro, sólo le estaba permitido a mi hermana. No imaginas el daño que por entonces me hizo aquello, yo tendría pocos años y la música era considerada por mí como una pertenencia, no como aspiración. Sentí cosas muy raras entonces que ahora me explico.

El sonido de las cuerdas de nylon nunca me motivó. Hay que tocar muy bien la guitarra para sacarle buen partido. No sé si soy injusto, pero no recuerdo haber hecho el salto de pasar de las de nylon a las de acero. Por entonces las cuerdas que se podían comprar eran las metálicas, además artesanales. Hablo casi de los años ochenta, en que un amigo del pre tenía una guitarra criolla que me prestó una temporada y que, de tanta tensión, soltó hasta el puente. Ah, ahora recuerdo que le pedí a un compañero de clases, Rodolfo Frómeta, estudiante de guitarra clásica, que me diera una luz, y éste hizo lo indecible, pero al ver con lo que yo pretendía aprender se desmotivó.

En 1983 conocí a una muchacha chilena, Paula, y mi vida cambió de un modo impresionante. Fue mi musa durante muchos años. Su hermano Pablo tenía muy buena música grabada; hacía unas conexiones rarísimas desde su grabadora y el televisor Electrón o Caribe de entonces. Estas teles tenían una salida de línea para grabación, pero de algún modo se podía usar como entrada, transformándolas en amplificadores, mono, claro. Bueno, la grabadora de Pablo era mono también, pero su salida de línea era estéreo. Entonces, haciendo un balance forzado entre ella y la tele, conectándole cada canal a cada uno de los dos, lograba amplificar en estéreo. En esas escasas sesiones, conocí varios discos de Led Zeppelin, Los Beatles, el Grupo de Experimentación Sonora del Icaic, Pink Floyd. Escuchados de ese modo hacían burbujear algo muy dentro de mí.

Paula me prestó un casete de cinta cromada con una copia del álbum blanco de Los Beatles y, bueno, en mi casa no había grabadora, pero ella me dejó una pequeñita. Me inventé unos audífonos con cápsulas de teléfonos, hasta que conseguí no sé cómo unos de verdad y lo escuchaba hasta la saciedad. Yo creo que con Julia y Rocky Raccoon, de ese álbum, “aprendí” a tocar la guitarra. Intentar traducirlas fue mi obsesión de entonces. Hice algunas versiones nefastas, pero muy divertidas.

No hay que mitificar, menos si de mí se trata, pero creo que llegué a todos estos frustrados intentos de versiones desde la miseria. Considero que todas mis canciones son el resultado como alternativa de no poder “fusilar” los temas que me gustaban de mis ídolos.

Luis Gómez, un amigo de Alejandro Frómeta, nos prestó el LP Hunky Dory de David Bowie, y por entonces mientras grabábamos el clip Éxito de Superávit, se me ocurrió ponerle un texto (a Quicksand) desde lo que yo imaginaba entender en el original, y cosas que querría agregarle. Más tarde le pedí una traducción a Pablo (Herrera), y entre Frómeta y yo le dimos forma al nuevo texto (Arenas movedizas) que grabamos.

Mirtha y Raúl siempre estuvieron en mis desesperadas búsquedas de música inaccesible. Cada vez que usaba el tocadiscos Silvertone de mi padre y ponía sus singles, sólo encontraba uno de Elvis, otro de Bill Halley y sus Cometas, un LP pirata de Paul Anka, los Zafiros, Nat King Cole o el Benny Moré. Esa placa de Mirtha y Raúl estaba muy rayada y no podía escucharla bien. Una vez, pasados muchos años, le propuse a Frómeta la idea de, en un concierto, versionar Que tú me quieres voy a gritar, e invitar a Mirtha Medina. Todos nos vestiríamos de época; ya sabes…

A principios de los noventas mi tío Armando, comunista desde antes del triunfo de la revolución, decidió ir a vivir con su hijo a Norteamérica, y este me dejó su máquina de escribir Underwood, unos discos de 78 rpm, unos libros, algunas herramientas y un paquete con cuatro libras de leche en polvo. Al salir de su casa la policía me detuvo y mi tío casi no puede viajar. En una de estas placas antiguas había dos temas maravillosos de La Sonora Matancera: Palito e´ tendedera, tema que algún día versionaré, y El dedo gordo del pie. Hice una versión de esta última porque quería regalársela a mi tío, pero nunca la escuchó.

Mi madre y mi padre cantaban genial. Él imitaba a Nat King Cole como nadie. Cuando estaba  entre amigos le daba por cantar guaguancó. Un día me contó que, en una descarga entre compañeros en Tropicana, Elena Burke le dijo que debía dedicarse a ello. Uno de los discos que más me fascinaba de la pequeña colección de mi padre era uno de los primeros en salir estéreo, no recuerdo su título, pero sé que era una jazz band haciendo versiones de temas muy famosos del cine norteamericano de los cincuenta.[ii]

Mi abuelo Manolo nunca me dejó tocar ninguna de sus guitarras, a mi hermana sí. Escuchar la radio siempre me fascinó; mami siempre la tenía puesta. Recuerdo aquella roja y blanca que nos robaron estando un día papi cortando caña en el 70. Los Zafiros me hipnotizaban, María Elena Walsh, Mirtha y Raúl, Juan y Junior, Los Brincos, Los Platters, Los Ángeles, Los Van Van de Marilú, La vida sigue igual. ¿Quién no vio esa película más de una vez? Claro, todos estos discos no los teníamos en casa, la radio era la reina entonces.

Siendo adolescente me marcaron los Bee Gees. Hasta me peinaba como la portada del Tragedy. Por las noches cuando apagaban la luz en la beca yo me ponía casi siempre a golpear creando un loop en la madera de la litera, y cantaba chamuscando un terrible inglés. Aunque mi padre dice que no, yo recuerdo que me habían prestado justo ese vinilo y no paraba de ponerlo en casa. Un día que mi padre ya estaba hasta los cojones me dijo: “mira, hijo, por qué no escuchas a Los Beatles, porque estos al final los imitan como gatos en celo”. Ahora dice que nunca me dijo tal cosa, qué curioso.  Ver un día la película Let it be fue tremendo, aunque no estuviera subtitulada. Cuando escuché conscientemente, o casi, toda la discografía de Los Beatles no pude parar. Los temas de Paul, una vez separados y ya en Wings, me fascinan aún hoy; es como ver fotos de mis padres jóvenes.

Aunque no me crean busqué a Led Zeppelin para estudiarlos seriamente, porque en el pre no les hice mucho swing. Fue después de ver por primera vez a Adrián Morales. El Volumen III me mató. Me salieron algunos temas de allí (Un soldado duerme bajo tu cama…).

“La primera vez” que escuché a Silvio Rodríguez —seriamente y a voluntad— fue pasando el preuniversitario. Un compañero de clases me prestó Días y Flores, y después Al final de este viaje. Siempre fui un berraco, como diría mi buen vecino Alejandro González; nunca fui a un concierto de esos míticos que dicen que hubo por ahí. La mayoría de los combos me parecía poco creíble. No recuerdo entonces que nada me llamara la atención. Bacalao con pan era un buen tema. Los casetes de los temas inéditos de Silvio que me prestó Casuzo me llenaron la cabeza de ideas evasivas y tremendas. Comencé a idealizar la vida de este curioso hombre; hasta que un día fui solo por primera vez a un concierto suyo en Casa de las Américas. Fue impresionante ver que la gente se quedaba sin entrar, pero escuchaban todo por unos altavoces que pusieron. Me fascinaba el “mundo Silvio” y los discos del GES, pero realmente nunca mi adoración generó creatividad; sólo consumía y consumía.

Cuando llegó a mi vida un casete de los 20 años de rock argentino, con aquella sonoridad y tanto desprejuicio, sí se me llenó la cabeza de goteos continuos, y las oscilaciones de mi mente se agigantaron. Años después supe que lo que tanto me hechizaba se llamaba Serú Girán, Sui Generis, Almendra, Spinetta, Charly García. “Te amo, te odio, dame más…”. Cuando Fito tocó en el Karl Marx a todos nos noqueó, pero siempre pensé que había gato encerrado. Me resultaba curioso y chocante que se adelantara a Mick Jagger. De todas maneras, el Giros y Del 63 fueron también muy consumidos por mí. Spinetta, Charly, Fito, son geniales. Claro que les debo todo, o casi. Ojalá algún día estén orgullosos de ello, pero bueno, no hay que exagerar: sueno bastante a mí, ¿cuándo vamos a ser justos?

Con el tiempo hubo más: Simon y Garfunkel, Juan Formell, Raúl Gómez, Billie Holiday, Juan Pardo, George Martin, el más flaco de los Silvios, Supertramp, U2 (sobre todo en Villa de París), CSN&Y, Roger Waters, Jimmy Page, Robert Plant, Changuito, Kris Dane, Jeff Buckley, Soundgarden, David Lebón, Mark Linkou (Sparklehorse), Sigur Rös, y ojalá pudiera sonar como Radiohead, Björk o el mejor Beck. Magical Mistery Tour.

Hace años que no leo libros físicos, estoy todo el día pegado al monitor del PC o a la tele. No hay muchas cosas que me motiven hoy, estoy un poco harto de todo, nada me sorprende. Hace dos años Su me regaló la Antología Beatles, el gran libro plateado, pero como me bajé el documental de la red en vídeo, ni la he hojeado mucho. El Boris [Larramendi] casi se lo come la vez que nos visitó con sus niñas. Pero últimamente hay algo que me ha distanciado de mis reiteradas escuchas beatlemaníacas: la maravillosa discografía de Sparklehorse. Escuchándola, cada día entiendo más el Queso y el Ciro3C.

(Continuará…)

[i] Programa radial de Radio 3, España con emisión diaria de lunes a viernes. El programa analiza y da a conocer las novedades de la música popular contemporánea.
[ii] En el momento sus padres estaban vivos.

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humberto

30.12.2019

gracias por recordar a raúl… lástima de cuchilla


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