Ilustración: Mayo Bous / Magazine AM:PM.

Descarga: Dafnis Prieto

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Como un medio, mi cuerpo se convierte en el hábitat físico de una energía circular, una fuerza que trasciende el entorno inmediato.

Me gustaría compartir uno de los mayores momentos espirituales que he experimentado al tocar la batería. Esta experiencia, particularmente fascinante ―casi imposible de describir con palabras― sucedió durante una actuación.

Estaba sentado detrás de mi batería, tocando con un gran sentido de autoconciencia, de paz y satisfacción. Empecé a sentir un sutil aumento de energía que fluía a través de mis brazos, las piernas y el pecho, una sensación agradable que llegó a todo mi cuerpo. A partir de ese momento, todo lo que estaba tocando se convirtió en un puro reflejo de mis pensamientos; cada pensamiento se convirtió en una acción con su propia reacción a la vez. Cada emoción deseada se expresó en conjunción con una fuerza espiritual que me elevó fuera de mi propio cuerpo físico.

Para entonces empecé a sentir un estado superior de conciencia donde diferentes energías fluían a través de mí: me electrizaba. Entonces me veía desde arriba, como si estuviera levitando por encima de la batería, como si fuera mi propio observador. En ese momento quedé muy tranquilo, contemplando la experiencia de estar en dos lugares a la vez: tocando en el escenario, al tiempo que me observaba (al que tocaba). Estaba flotando por encima de mí mismo en éxtasis, sintiendo un gran desprendimiento del mundo físico, pero incluso así me mantenía involucrado en la interpretación, porque estaba consciente de todo.

Y entonces… regresé a la batería.

Esta fue la más profunda y elevada sensación que he experimentado al tocar; es decir, la capacidad de elevarme a un estado de conciencia sin límites entre mi ser interior y mi exterior, siendo mi propio oyente, mi propio observador.

Este tipo de experiencia no sucede muy a menudo, o, mejor dicho, no sucede tan frecuentemente como me gustaría que sucediera. Cuando llega, puede ser tan breve como un minuto, o durar tanto como 20. A veces puede ocurrir más de una vez en una sola actuación, y a veces no sucede en absoluto.

Honestamente, cada vez que me siento en la batería, deseo que regrese esta sublime experiencia. Pero se trata de un evento tan exquisito, que he aprendido a dejar que suceda por sí mismo, en vez de forzarlo conscientemente. Lo más que puedo hacer para ser consecuente es tocar siempre con sinceridad, y estar listo para abrazar la magnífica experiencia de tocar música con gran entusiasmo.

Este fragmento corresponde  al libro Un mundo de posibilidades rítmicas. Lecciones de batería y reflexiones sobre el ritmo (Dafnison Music, 2016), cedido a Magazine AM:PM por el autor.

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