Portada del álbum Elena Burke canta a Marta Valdés.

Con Elena Burke, a manera de otro cumpleaños

en El Secundero

En los minutos que me quedan antes de que se esfume este 28 de febrero, cumplo la promesa para recordar a Elena Burke, a través del disco suyo que tal vez prefiera. Es difícil decir eso, porque la Señora Sentimiento (ese nombre artístico que ella, como varios de su tiempo, se ganó por derecho propio y no como un gesto de vanidad) grabó mucho, dejando en placas diversas las muestras de su genio, y exigiéndonos que al fin se le rinda un tributo verdadero con una amplia retrospectiva de su trayectoria. Aquel segundo Lp que grabó, para el sello Gema, con acompañamiento de Meme Solís al piano, por ejemplo, es otra joya de colección, pero este, de 1989, la retrata en toda la gama de su redonda madurez.

Elena Burke canta a Marta Valdés, y como asegura Nancy Morejón en su nota de contratapa, esta grabación es poco menos que un prodigio. Confabulada con la autora de los temas, con Enriqueta Almanza, con Frank Emilio, Elena canta las doce piezas sin necesidad de esfuerzo, con la naturalidad de quien viene de vuelta y trae consigo toda la complicidad que puede dar nueva vida a esas palabras y a esos acordes. Ya se sabe que la Burke no leía música. Pero tenía ese oído extraordinario y ese don interpretativo que la mantenían en control desde su estilo irrepetible, y eso, cuando la acompañaba alguien que la comprendiera a fondo, siempre nos regalaba un momento extraordinario.

Este disco, en todo lo que nos devuelve, es un instante así. La amistad con la compositora, los largos años de compartir escena con sus arreglistas y pianistas, explican el por qué. Desde el arranque con Llora, llora… hasta la nota final de La Canción, hay un arco sostenido que nos permita apreciar otros valores en Tú no sospechas, Canción sin título, Macayá, Hay mil formas, José Jacinto

Fotografía de las tapas interiores del álbum Elena Burke canta a Marta Valdés.
Fotografía de las tapas interiores del álbum Elena Burke canta a Marta Valdés.

No fue Elena la única intérprete de esas canciones. Hay otras grabaciones suyas cantando a Marta Valdés que podrían ampliar esta selección. He oído luego a Renée Barrios, Miriam Ramos, Doris de la Torre, entonar estas piezas, y eso me permite una selección más íntima de a quién oír y en qué momento. Pero insisto en que esta placa es una obra de colección por la perfecta ilación de todo lo que acompaña a la voz de Elena, que se convierte en una especie de autobiografía compartida cuando se entrega a Aida, dedicada a la fundadora del cuarteto donde ella misma se forjó antes de convertirse en la solista rotunda que todos recordamos.

Tuvo Ella Fitzgerald la idea feliz de grabar toda una colección que repasaba la obra del gran American Songbook, ese repertorio de George Gershwin, Irving Berling, Cole Porter, Duke Ellington, Jerome Kern, Johnny Mercer, Rodger & Hart…, en una serie fabulosa que recogió para la posteridad el diálogo de una mujer increíble con un catálogo esencial. Es una pena que falte algo así en la discografía cubana, aunque haya habido ese intento, por ejemplo, en las entregas recientes de Miriam Ramos. Elena Burke pudo hacerlo, en un álbum dedicado íntegramente a esta compositora, como un retrato de sí misma en un momento de plenitud.

La foto que aparece en la contratapa del álbum muestra a los protagonistas de esta grabación y en sus rostros asoma una sonrisa indeleble: la que proviene de saber, tal vez, que el encuentro que ese disco hace perdurar es tan irrepetible como mágico. A ese disco vuelvo para recordar a la Burke en su cumpleaños. La vi a mediados de los 90, en el pequeño teatro del Museo Nacional de Bellas Artes, durante uno de sus retornos de su estancia mexicana, y allí cantó este repertorio. Frank Emilio aún se acercó al piano para acompañarla. Este disco me hace volver a esa imagen de una Habana que, en pleno período especial, volvía a iluminarse con la voz de Elena. Y quisiera compartirlo con los amigos que, al ver en este muro una referencia que escribí sobre esta placa, me dicen que no lo tienen. Cuando vuelva a esa ciudad, avísenme. Que los recuerdos, las cosas maravillosas y buenas, existen para ser compartidas.

Eso nos dice también Elena Burke canta a Marta Valdés. Desde su transparencia tan honda, tan cargada de memorias, pérdidas y gozos. Como el retrato en el que, también nosotros, los que la oímos, estamos sonriendo junto a Su Majestad, Elena Burke.

Elena Burke canta a Marta Valdés

Enriqueta Almanza, piano; Frank Emilio, piano, Carlos Emilio, guitarra.
Notas de Marta Valdés y Nancy Morejón.
Estudios EGREM, 1989.

LLora, llora
Como un río
Tú no sospechas
Tengo
Tú no hagas caso
Como un río
Hay mil formas
Juego a olvidarme de ti
José Jacinto
Macayá
Aida
La canción

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