Peña de Vieja Escuela en la Casa de la Amistad, La Habana. Foto: Ernesto Lahens / Magazine AM:PM.

Clases en la vieja escuela

por
AM

Son las cinco de la tarde y en el patio de la Casa de la Amistad, ubicada en Paseo entre 17 y 19, se realizan los preparativos para el concierto. Es la rutina de la banda Vieja Escuela, que transforma este sitio en su guarida cada domingo a las seis de la tarde.

Todo el equipo de trabajo (sonidistas, músicos y operadores de luces) organizan el escenario apresuradamente, para luego taparlo con una lona pues las nubes se ciernen sobre ellos, amenazando con arruinar la tarde. Ya están acostumbrados a los contratiempos. La mayoría de ellos lleva más de treinta años dedicándose al rock & roll, incluso en tiempos en los que esta tarea era un acto de fe.

La banda Vieja Escuela surgió en 2012 del germen de Sociedad Habana Blues. Ha sufrido varios cambios desde su formación, algo habitual en las bandas de rock cubano, donde siempre hay miembros que integran otras agrupaciones y artistas invitados en algunos conciertos.

“En 2014 llegamos a la Casa de la Amistad, no recuerdo bien cómo fue, pero hemos hecho de este nuestro hogar; llevamos ya cuatro años y seguimos”, cuenta Virgilio Torres, el vocalista del grupo, poco antes de comenzar el concierto. Nunca están solos, “invitamos a tocar con nosotros a muchas bandas como Malas noticia, los Habalama, Miel con Limón, Sweet Lizzy Proyect y Eddie Escobar, que toca hoy”.

Pasadas las seis de la tarde la amenaza de lluvia se ha disipado. La guarida de Vieja Escuela está preparada para los acordes iniciales. Eddie Escobar y su banda hacen estallar el lugar con su versión Whole Lotta Love, de Led Zeppelin. Las notas –que fueron compuestas por Jimmy Page hace casi 50 años– remueven viejos recuerdos en la mayor parte del público, como si las partituras estuviesen tatuadas en sus mentes.

La batería marca el ritmo que el público ha oído cientos de veces en vinilos, casetes o de forma digital; pero esta vez no proviene de las muñecas y tobillos de John Bonham, sino de Daniel González, quien ha sido baterista desde su infancia.

Daniel González, baterista de Eddie Escobar: "Los grupos que más influyeron en mi cuando joven fueron Los Brincos, Los Bravos, Led Zeppelin, The Beatles. En un principio era un poco incómodo tocaren una batería de verdad porque era muy bajito y tenía que subirme arriba de un cajón".
Daniel González, baterista de Eddie Escobar: “Los grupos que más influyeron en mi cuando joven fueron Los Brincos, Los Bravos, Led Zeppelin, The Beatles. En un principio era un poco incómodo tocaren una batería de verdad porque era muy bajito y tenía que subirme arriba de un cajón”.

“Yo empecé en la música de forma empírica, desde niño me gustaba seguir el ritmo de las canciones en un taburete. Todo cambió cuando estaba en la secundaria, alrededor del año 1970; en los recesos iba a oír el grupo Los Micros, que ensayaba en la esquina de la escuela, en casa de Jorge Lahens. Un día faltó el baterista oficial del grupo y me pidieron que marcara los ritmos en la batería para no perder el ensayo; a partir de ese entonces fui el baterista oficial de la banda.”

Cuando Daniel acelera el ritmo de su drums, gran parte del público aglomerado frente al escenario baila con movimientos desordenados y caóticos, cada vez más rápidos. Aunque se me pudiese acusar de sacrilegio, me atrevería a decir que la música salida de la batería de Daniel podría confundirse con la del mismo Bonham. Y eso es lo que hace el público, confundirse con el ritmo. Quizás las influencias académicas, de la música jazz y los ritmos afrocubanos, sumado a su talento natural es lo que le ha permitido tocar la batería como si fuera parte de su cuerpo.

“Los Micros fue la escuela que me abrió las puertas; en los ensayos conocí a Changuito, quien me contactó con Tony Valdés, que fue mi gran maestro. Tony me enseñó a escuchar otros tipos de música, él era jazzista y me llevó a ese mundo; me ayudó a entrar en la Escuela Nacional de Arte donde realmente me formé como músico. Desde entonces pasé por muchas bandas, no solo de rock & roll, sino también de jazz, música bailable cubana, reggae y calipso”.

Mientras Daniel toca la batería, Eddie Escobar, director de la banda, se mueve como un camaleón sobre el escenario, transformándose en el artista que esté encarnando. Su voz y guitarra tienen que transformarse en Jimmy Page, Robert Plant, Bono, Hendrix o Freddie Mercury; no de forma literal, sino a manera de homenaje. Los solos de guitarras son los cuernos que llaman al público a abordar el escenario, algo que parece no molestar a Eddie.

“A los 9 años me regalaron mi primera guitarra y ahí empecé a estudiar música. Siempre he sido empírico; aprendí a tocar la guitarra y el piano, a leer partituras y a hacer arreglos, solo, yo con los libros. A mí me nutrieron mucho grupos como The Beatles y Led Zeppelin; estuve viviendo un tiempo en Europa donde conocí a varios grupos de música tradicional, [aunque] también la música popular cubana es un elemento clave en mi estilo.”

Avanzada la noche, tras la actuación de la banda de Eddie Escobar, llega el momento de Vieja Escuela, que como buenos anfitriones han permitido comenzar a los invitados.

Vieja Escuela es una banda variopinta, compuesta por integrantes de otros grupos y distintas nacionalidades que han tomado La Habana y específicamente la Casa de la Amistad como su hogar. Entre ellos está Steinar Seland, quien en 2008 dejo atrás su Noruega natal para venir a vivir a Cuba, dedicándose por completo a su verdadero amor: la guitarra.

Steinar Seland, guitarrista de Vieja Escuela: "A Cuba llegué por primera vez en 1998, por la invitación de unas amigas noruegas que tenían negocios aquí. Estuve haciendo algunos viajes durante algún tiempo y en el 2008 vine a vivir a Cuba de forma definitiva. Aquí comencé a tocar con Sociedad Habana Blues y en el 2012 me convertí en uno de los miembros fundadores de Vieja Escuela".
Steinar Seland, guitarrista de Vieja Escuela: “A Cuba llegué por primera vez en 1998, por la invitación de unas amigas noruegas que tenían negocios aquí. Estuve haciendo algunos viajes durante algún tiempo y en el 2008 vine a vivir a Cuba de forma definitiva. Aquí comencé a tocar con Sociedad Habana Blues y en el 2012 me convertí en uno de los miembros fundadores de Vieja Escuela”.

“Nací en Oslo, Noruega, ahí en las escuelas se estudiaban instrumentos de música de concierto y yo estudié violín. Cuando tenía 13 años comencé a tocar la guitarra de mi papá; [y luego] vendí mi violín y compré una guitarra eléctrica. La guitarra me fascina, es un instrumento de solista que te deja mucha libertad, puedes subirte en un escenario y hacer mucho ruido, que es algo que siempre me ha gustado.”

El primer tema es With or Without You, de la banda irlandesa U2. La voz de Virgilio Torres, aunque melódica, suena algo más grave que la de Bono, dándole un toque blues a su interpretación. Virgilio lleva medio siglo dedicándole su vida al rock & roll, pero su voz no parece resentirse por el esfuerzo.

“Todo empezó cuando tenía 10 años, en 1967. Mi hermana me llevó a una fiesta y tenían rock & roll puesto, a partir de ese momento me enamoré de esa música. De casualidad me di cuenta que tenía habilidad para cantar, en mi barrio se formó un grupo de covers llamado Radio Rojo y ahí empecé a cantar con ellos. En un principio solo imitaba lo que oía porque no sabía nada de inglés, fue con los años que fui estudiando el idioma y entendiendo lo que decía.”

Virgilio Torres, vocalista de Vieja Escuela: " Mi madurez como músico fue la banda Seres Indomables en el año 1977, que tocaban covers de Rare Earth. Luego pasé por otras bandas como Sputnik, FM, Los Takson y OVNI. Luego estuve u tiempo sin cantar hasta que Sociedad Habana Blues me llamó para trabajar con ellos, ese fue el germen de Vieja Escuela".
Virgilio Torres, vocalista de Vieja Escuela: ” Mi madurez como músico fue la banda Seres Indomables en el año 1977, que tocaban covers de Rare Earth. Luego pasé por otras bandas como Sputnik, FM, Los Takson y OVNI. Luego estuve u tiempo sin cantar hasta que Sociedad Habana Blues me llamó para trabajar con ellos, ese fue el germen de Vieja Escuela”.

Las nubes han abandonado el cielo nocturno y bajo la luz de las estrellas el público corea “We’ll shine like stars in the summer night, we’ll shine like stars in the winter light, one heart, one hope, one love”.

Tras una larga noche, el patio comienza a vaciarse; el escenario queda desierto, solo poblado por los técnicos que se encargan de recoger el equipo. Todos están listos para repetir la rutina el siguiente domingo.

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