Camilo Lara: Termómetro emocional

por
AM

En junio de 2017 el evento AM-PM “América por su música”, organizado por tercera vez por Fábrica de Arte Cubano, decidió reunir a algunos de los más destacados productores musicales del continente con la intención de que compartieran y debatieran con sus iguales de Cuba las principales regularidades, preocupaciones y tendencias de la profesión.

Como parte de ese encuentro, AM-PM encargó un grupo de entrevistas a varios de los productores musicales imprescindibles de Latinoamérica, las que fueron publicadas como un dossier en la revista española Zona de Obras y que reproducimos en nuestro magazine, con la intención de continuar divulgando el pensamiento musical de estos “monstruos”.

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Camilo Lara es un todoterreno de la creación y la producción musical latinoamericana. En su natal México, como compositor e intérprete, ha concretado proyectos musicales de referencia como el Instituto Mexicano del Sonido (IMS), Boom Segundo, Compass o Mexrrissey, en los que late su impronta creativa.

En su trayectoria se incluye la creación para audiovisuales, materializada en las bandas sonoras de películas mexicanas como Rudo y cursi, Club Sandwich o Y tu mamá también, así como la película animada Coco (Pixar); al igual que para series de televisión —Californication, Scrubs y Breaking Bad— y videojuegos —como FIFA. En los medios de comunicación, su trabaje se extiende, incluso, a colaboraciones como locutor de una estación de radio dentro del Grand Theft Auto V. Una de sus pasiones: el trabajo en colaboración con músicos que le enriquecen. Un paradigma: el disfrute del proceso creativo.

Conversar electrónicamente con Camilo Lara fue un privilegio. Tomando como pretexto las líneas temáticas que ocuparon las jornadas de trabajo de AM-PM, encaminamos el diálogo en torno a la figura del productor musical contemporáneo, sus retos y oportunidades. Sus respuestas dibujaron un amplio panorama que deja abiertas numerosas rutas para reflexiones futuras.

Hoy en día estamos en presencia de una industria musical caótica, cambiante, a veces con mucha rapidez, que hace que sea casi imposible adaptarse a los cambios, lo cual la torna extremadamente interesante. ¿Cuáles son los desafíos que enfrenta un productor musical en la industria de hoy?

En realidad el principal valor al ser un productor musical es conseguir excelencia con la música. En ese sentido, creo que el oficio no ha cambiado. Hay que crear música que conecte con la gente y tenga un grado alto de calidad. 

Por otro lado, hay que entender a quien le hablamos. Los jóvenes que consumen música hoy no son los jóvenes de los ochenta, ni los de hace diez años. Los formatos continúan cambiando. Hoy en día vivimos un mundo de canciones. Volvimos a lo que pasaba en los cincuenta: un mundo en el que los discos ya no son relevantes. Un mundo de mucha información y con un público dispuesto a darte muy poco tiempo para convencerlos. 

Es emocionante. Creo que el vínculo entre público y creador es cada vez más corto. La música está siendo más inmediata, más maleable.

La figura del productor resulta borrosa en términos de definición, pues adopta numerosos roles dentro del proceso de creación/producción de un fonograma o artista. Tal parece que un productor es un todólogo que compone, arregla, toca, graba, mezcla, motiva… ¿En qué consiste producir? ¿Cómo definiría a un productor musical contemporáneo?

Sí y no. Al final un productor debe de ser un tutor de forma y estilo. Para mí, los grandes productores son aquellos que tienen un criterio claro y con su gusto logran ayudar al músico a conseguir lo que buscan. 

Hay productores que lo logran con técnica de grabación, otros que lo consiguen con musicalidad, hay quien lo hace con instinto. A mí me gusta pensar que el productor es el guardián del estilo, el que no pierde el objetivo. Lo técnico, musical e intuitivo debe de estar al servicio del resultado. Hay veces que se debe utilizar un poco más de uno de esos tres elementos y siempre debe de ser por el bien de la canción. 

En esta era de tecnología, se hace más natural la presencia de home studios en los que los jóvenes artistas se autoproducen (una fase por la que tú mismo pasaste): ¿cuáles son los retos principales (o más comunes) que un artista joven debe enfrentar cuando produce su propia música?

Creo que hoy en día que con los softwares disponibles todos podemos más o menos sobrevivir y hacer grabaciones medianamente decentes. Eso no está a discusión. 

Lo más importante es tener gusto. Pensar que vivimos en un mundo en el que prácticamente todos usamos los mismos programas para crear música suena aterrador… sin embargo, creo que es genial. 

Es como todos los escritores que cuentan con una hoja en blanco para crear. La diferencia entre un pésimo escritor y uno genial radica en la elección de palabras. Los dos tienen las mismas letras y la misma hoja en blanco. ¿Cuál es la sutil diferencia? El gusto, la capacidad de encontrar las palabras correctas y combinarlas con gracia. En música pasa exactamente lo mismo. 

Un artista debe encontrar su voz propia. Eso es totalmente independiente al software que usen. Si no tienen ideas lo suficientemente emocionantes, únicas, peligrosas, geniales, pues no pasa nada. El reto es poner esos home studios a merced de las ideas de creación. Las ideas son el rey. No hay software que logre reemplazar la carencia de buenas ideas. 

 Uno de los problemas fundamentales de esta práctica es que se tiende a perder la escucha activa, objetiva, a favor de la producción, pues el artista suele apegarse a lo que produce. ¿Qué fórmulas encontrar para escuchar de manera objetiva el resultado que autoproducimos? ¿Cómo saber que la producción ha terminado, que el tema (disco) está listo? 

Hay muchas formas de romper con ciclos creativos viciosos. Ha sido uno de los mayores problemas a lo largo de los años de la música grabada. ¿Cómo saber cuándo parar? Nadie sabe. Brian Eno inventó las estrategias oblicuas, con las cuales los músicos logran salir de baches creativos. En ellas se sacaba una carta al azar con un comando aleatorio, algo así como una galleta de la suerte china. Decían cosas que obligan al creador a salir de su zona de confort: “Mutea todo lo que has hecho en la ultima hora”, “¿Necesitas bajo?”. 

Creo que siempre hay que tratar de romper con los procesos creativos. Ahí aparecen cosas geniales.

Siempre que estoy atorado pienso: “¿Que harían los The Clash?”. Con eso me basta para pensar de otra manera. Por supuesto que siempre sirve pensar que “menos es más”. La simpleza es mucho mejor y más efectiva que rebuscarnos… Y la otra es: hay que tener confianza en su juicio. Sí, las primeras tomas pueden ser las definitivas. No es necesario repetir todo a la perfección. De hecho, la perfección regularmente es poco sexy. 

Ante esta circunstancia tecnológica, parece casi natural que desaparezca la figura del productor externo al proyecto: ¿qué importancia otorga al productor en la industria de hoy? ¿Cuáles son los beneficios/perjuicios de contar con esa mirada (guía) externa?

Un productor puede ser el equivalente al editor de una novela. Debe ayudar a que sea fácil de leer sin perder los principales valores del escritor. El productor debe ser una persona con calidad moral y gusto suficiente para poder hacer elecciones por el bien de las canciones o el disco. Tal vez a muchos niveles el rol del productor parecería que no es necesario. Pero creo que hay poquísimos de mis discos favoritos en la historia de la música que se han hecho sin un productor.

Uno de los mayores problemas de la industria contemporánea radica en el reciclaje musical, donde es común la reiteración de patrones que hace que numerosos resultados musicales se parezcan; incluso se ha vuelto frecuente la práctica de preguntarle al artista a quién se quiere parecer. ¿Cómo hacer que la individualidad de la música prevalezca? ¿Cómo mantener vivas las inevitables referencias sin que estas sean explícitas? ¿Qué rol otorga a la experimentación? 

Creo que el problema muchas veces no es que se copie algo, más bien es que se tiene muy poquita cultura musical. Entre más cultura musical tienen los músicos, las influencias se vuelven eso, influencias, no copias. Yo soy de la idea de que los músicos deben de oír mucha música. Son nutrientes que te ayudan. En México tenemos una frase que dice “El que no conoce a Jesús, a cualquier barbón se le hinca”; es lo mismo. Si no conoces mucha música y tienes un amplio catálogo mental, no puedes saber lo que ya se hizo y lo que falta por hacer. En el arte, el conocimiento ayuda a consolidar ideas, que a su vez se vuelven conceptos y al pasar de los años se traducen en estilos. No todo es inspiración. Es encontrar nuestro lugar en el mundo y entender quiénes somos, cuál es nuestro entorno y quiénes queremos ser en este difícil y competitivo mundo. 

En la escena latinoamericana, ¿cuáles serían los productores (o equipos de producción) que considera imprescindibles, a tener en cuenta y por qué? 

Depende. Creo que hay mucha gente haciendo cosas emocionantes. De Jamaica a Monterrey. He tenido la fortuna de viajar y trabajar con muchísimos grupos de producción y puedo decir que sería injusto decir uno o dos. Hay cientos de ellos. 

¿Cuáles considera son los álbumes de referencia para el continente?

No sé. Esa es la pregunta más difícil de todas. No todos los álbumes son para todos. No todos los discos son para todas las horas. A mí me gusta Caetano en la mañana, Secos & Molhados después de desayunar, Wanderléa a medio día, Jorge Ben para la comida, Tribalistas por la noche. ¡Y eso es sólo Brasil! Imagínalo así para cada país. De Puerto Rico, Cuba, México o Argentina…

El trabajo en colaboración con otros artistas ha marcado mucho su trayectoria profesional, especialmente en proyectos como Boom Segundo y Compass. Hoy día la colaboración entre artistas se hace común como fórmula para lograr alcanzar distintos niveles de audiencia. En su experiencia, ¿cuán positivo o negativo resulta el trabajo en colaboración, especialmente para artistas que comienzan su camino? 

La colaboración es muy divertida. Siempre es emocionante y salen cosas que, por lo menos, uno no esperaba. Así que como ejercicio es genial. Lo recomiendo ampliamente. Entre más colabora uno, más ganas tiene uno de colaborar. Es adictivo. Yo colaboro con muchos otros creadores porque regularmente en mi proceso creativo personal paso la mayor parte del tiempo en soledad. Así que cuando salgo y colaboro es como ir a una fiesta. Me divierto, pero luego me vuelvo a casa a mi realidad. 

Has trabajado en ambas caras de la industria (multinacional e independiente), como músico, productor, A&R, director… y te has caracterizado por llevar adelante propuestas arriesgadas (como la experiencia de Suave Records, el propio IMS, o el CD Cuba 21). ¿Qué debe tener una propuesta para que se decida a producirla/intervenir en ella?

Todas las veces que me he involucrado en proyectos creativos o con proyectos, o películas es porque conecto con ellas y porque creo que puedo ayudar a mejorar el resultado. Si no siento emoción con un proyecto, prefiero no hacerlo. Creo que es mi único termómetro. Necesito sentir que va a ser algo emocionante. Que tiene una idea sólida y con vértigo. De otra forma, prefiero no involucrarme.

Latinoamérica es un universo musical por descubrir para el resto del planeta; sin embargo, para el mundo, este universo latinoamericano queda sustituido en el ideario colectivo por el universo “latino”, fuertemente marcado por estereotipos de mercado reducidos a determinados géneros y manifestaciones. ¿Cuán audaz se presenta la industria del continente para representar y promover el sonido propio? ¿Cuál es su posición como productor ante este panorama?

Pues: 1) no todos los latinos traemos piñas en la cabeza como Carmen Miranda. 2) Latinoamérica es tan variada que sería ignorante tratar de pensar en una sola idea. 3) Debemos tener una lucha encarnizada por seguirle mostrando al mundo que no todo es Miami.

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