Ilustración: Mayo Bous

Backstage: Cary Diez

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Ya ves, lector, que no soy imparcial. Por más de 30 años he trabajado con la Cary, residente de El Vedado, hija de San Miguel del Padrón, pupila de Argeliers León, y actual madrina de la rumba cubana.

Juntos hemos logrado suficientes cosas como para justificar mi presencia en la tierra. Pero debo confesar que nuestros logros conjuntos son solamente una pequeña (aunque brillante) porción de los proyectos de esta visionaria hija de Yemayá, musicóloga, productora musical, embajadora de la música cubana, maestra, gestora, productora audiovisual y madre orgullosa.

Ella ha estado detrás de muchos de los momentos más importantes de la historia musical cubana de los últimos años. Fue fundadora de Artex, lo que significa que fue parte clave del momento en que comenzó a comercializarse sistemáticamente la producción discográfica cubana en los Estados Unidos y otras partes del mundo. Para las producciones de mi sello discográfico Qbadisc en los ’90, sus consejos fueron determinantes.

Cofundadora del Festival Cubadisco, coprodujo además (junto con Rosa Marquetti, y bajo el liderazgo del productor español Francis Cabezas) el proyecto El Son Más Largo del Mundo, el evento musical más fuerte al que haya asistido en mi vida, que como parte de la primera edición de Cubadisco mantuvo tocando en La Tropical a las mejores orquestas de toda la Isla durante 120 horas ininterrumpidas, en marzo de 1997. Tenga en cuenta el lector que en el año del que hablamos casi no existía en Cuba ni el correo electrónico ni los teléfonos celulares, y calcule la hazaña de organización que significó este macro evento. A partir de entonces, no ha habido una edición de Cubadisco que no haya contado con su participación y dedicación. 

Fue Cary quien hizo la investigación, viajando por toda Cuba para conocer los músicos de cada rincón para el proyecto La Isla de la Música, iniciativa de Francis Cabezas, con la ayuda de Ciro Benemelis desde el Instituto Cubano de la Música. Esto, más su previo y posterior afán de estudio, hace que su conocimiento de la música cubana sea envidiable; y quien dice la música dice la vida, la religión, la cultura, los sabores de Cuba.

Sin embargo, cuando un día le pregunté cuáles eran, a su juicio, sus logros mayores, contestó enseguida: “mi trabajo con la rumba”. Es ese camino al cual propongo dedicar el resto de este texto, comenzando, por supuesto, con los rumberos mayores, Los Muñequitos de Matanzas. Cary ha trabajado 32 años con ellos, entrando en su mundo matancero como un familiar más. Ha estado presente en todas sus grabaciones, sus giras como grupo, y debe haber presenciado alrededor de 750 actuaciones suyas. No es exagerado decir que Cary Diez es un Muñequito más. 

Bajo su égida, el enorme éxito que alcanzaron las giras de Los Muñequitos de Matanzas en los Estados Unidos sirvió para romper las barreras en contra de la presentación de la música cubana en ese país. Defendieron su patria con dignidad siempre y siempre regresaron felices a Cuba. A partir de ahí, el grupo alcanzó un nuevo nivel performático que ha conseguido mantener a pesar de la desaparición física de los robles mayores, que ha ocasionado varias veces la reorganización del elenco con el paso de los años. Contando con la sabiduría, experiencia y estrategia que Cary le ha aportado, junto con la visión del director general Diosdado Ramos, el grupo ha podido mantenerse a un altísimo nivel por tantos años y está preparado para una próxima generación. El resultado es que Los Muñequitos de Matanzas, con 67 años de fundado, se mantiene como una agrupación joven y tiene un futuro brillante.

Lo de Los Muñequitos sería suficiente para toda una carrera, pero Cary Diez ha participado también en más de 300 producciones fonográficas y audiovisuales. Por destacar algunas diré que en 2001 el Grammy Latino (un premio nuevo en aquel entonces) fue otorgado a La Rumba Soy Yo, álbum que contaba con un elenco de estrellas de la rumba y la timba, que dejó para la posteridad múltiples modalidades de rumba para todos los gustos. El fonograma fue ideado por Cary Diez, quien también asumió la producción musical junto a Joaquín Betancourt. El disco ya es un clásico, y fue seguido por un caliente, bien pensado, y más experimental segundo volumen, La Rumba Soy Yo. Con Sentimiento Manana (2005), cuyo elenco incluyó a Luis Carbonell, la primera grabación de estudio de Rumbatimba, y, con mirada de futuro, a una muy joven Telmary. 

Cuando Cary tuvo la idea de combinar cantantes como Issac Delgado, Mayito Rivera, Haila María Mompié, y Paulo FG con rumberos, había muy pocas peñas para la rumba en vivo en La Habana, y las que había eran bastante formales comparadas con lo que es la verdadera rumba callejera. La rumba se veía poco en la televisión cubana. Como el lector debe saber, este género no era muy respetado entonces en los círculos de promotores de la música, algo que venía de tiempos inmemoriales. Pero en la realidad del barrio La Marina de Matanzas, la rumba y no solamente el guaguancó no es meramente folclor sino una expresión de contemporaneidad negra, comparable al hip hop en los Estados Unidos. Los Muñequitos tuvieron que triunfar en ese país antes de poder tocar un concierto en un teatro mayor de La Habana. Ya no es así. 

En Cubadisco 2008, Cary produjo La Rumba Más Larga del Mundo, que cruzó el país en una rumba continua, comenzando en Holguín, un maratón cuya historia podría servir de base para una novela. Más recientemente, en colaboración con este humilde servidor, produjimos El Rumbazo (2017) y El Rumbazo #2 (2018), los festivales más grandes de la rumba de todos los tiempos desde el descubrimiento del fuego. El #2 especialmente tuvo visibilidad nacional y ganó para los rumberos facetime en la televisión cubana, donde generalmente estos no se incluyen entre las “celebridades”. Presentamos 18 grupos de rumba, con el gran Pedrito Martínez en carácter de invitado especial. (El Rumbazo #3 fue pospuesto gracias a Trump, pero tiene ya fecha para febrero de 2021).

Cary no ha hecho nada sola, por supuesto, pero otra de sus virtudes es que sabe organizar equipos colaborativos. Siempre cuenta con muchas buenas voluntades porque la rumba es verdaderamente popular. Resulta incontestable que, de todas las personas involucradas en la producción de música en Cuba que no son pocas, es a ella a quien le debemos muchas de las dedicadas a la rumba cubana. En las décadas recientes, nadie ha hecho más en las instituciones y los medios para ganar espacios y prestigio para este, el más cubano de los géneros. 

Quizás el logro más espectacular en ese sentido fue la designación de la rumba como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la Unesco, un proceso que tomó años, y que comenzó con iniciativas comunitarias para declarar la rumba Patrimonio Nacional. No fue obviamente obra de una sola persona, pero si hubiera que señalar a una entre todas a quien se le debe este logro, ya tú sabes de quién hablo, lector. 

Fue y sigue siendo anfitriona de las que hasta ahora son las únicas series de televisión en el mundo dedicadas a la rumba: dos temporadas de En Clave de Rumba, seguida por Caminos de la Rumba y pronto se sumará una nueva, en fase de pre-producción: La Rumba Soy Yo. 

Ha aportado muchísimo a una generación entera de nuevos rumberos que ha ido surgiendo en toda Cuba entre ellos, Rumbávila (Ciego de Ávila), Ochareo (Cienfuegos), Timbalaye (La Habana), y por supuesto Rumbatimba (afiliado con Los Muñequitos). Les ha aconsejado, los ha ayudado a tocar en la capital, les ha producido discos y conciertos y los ha presentado a empresarios extranjeros. Y ha visto con orgullo su desarrollo creativo. 

En todo el país, Cary Diez ha cultivado relaciones con una impresionante cantidad de proyectos comunitarios, tanto religiosos como culturales. Ya sea trabajando con los güineros del Patio de Tata Güines en su proyecto De Acera a Acera, o visitando dinastías religiosas en casas templos de Matanzas, o asistiendo a un bembé infantil en la extraordinaria comunidad yoruba del Central Álava en Colón, o el Cabildo Kunalumbo en Sagua la Grande, o presenciando el bonito proyecto de raíces haitianas en Cueto, o muchos más, ella va construyendo una red, levantando cabildos. Y no para. Cuidado.

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2 Comments

  1. Gracias, Ned Sublette, por hacer ponernos delante a esa Cary Diez total que no todos conocen. Gracias por hacer justicia, focalizando sus grandes aportes. Gracias, por poner en orden las cosas, que si hoy la rumba es Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, un porciento altísimo de la preparación documental y gestión de ese premio, tiene un solo nombre: CARY DIEZ. Un beso, Carita querida!!!

  2. Un gran aplauso!!!!!! Buenísimo articulo, creo q esta era digital hay que hacer un recuento de todo lo que gesto y produjo Desde fin de los 80 recorriendo los 90 y hasta la fecha, el tardío salto al digital dejo un vacío de información que hay q revertir.
    Cariños a todos!!!!

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