At last, Tony Rodríguez

9 minutos / Yentsy Rangel

25.05.2020 / Reseñas

Desde hace varios años, hemos visto a Tony Rodríguez en agrupaciones que marcan el discurso de la música popular. Lo escuché por primera vez en un concierto de Carlos Varela en la Plaza Vieja del Centro Histórico y me llamó la atención el abanico de recursos pianísticos que alberga este instrumentista. Un poco más tarde, el encuentro con su participación en el disco No es el fin (2010), de Carlos Varela, me hablaría aun más sobre su “capacidad para sorprender” a la audiencia, esa que debe tener toda acción artística. En este caso, su colaboración con Varela fue trabajada desde un diseño que, con sus atmósferas y recursos sutiles, conforma una estructura que construye un conjunto de sentidos emotivos para el receptor. Su técnica de ejecución, los arreglos, el medido y enjundioso trabajo del timbre, así como la mesura en el tratamiento de las armonías y su construcción de acordes, hacen que su contribución en este álbum estimule y emocione.

Esta proyección exquisita y detallista se extiende a espacios de la música popular bailable, como se comprueba cuando atendemos al trabajo que Tony Rodríguez ha realizado por varios años en la nómina de Havana D’ Primera.

En la cima de la preferencia del público de la Isla por más de cinco años, la agrupación liderada por Alexander Abreu se proyecta con un colectivo de músicos que desde sus historias particulares destacan valores como la versatilidad, el virtuosismo asociado a un manejo profundo de la técnica del instrumento, las inquietudes por la explotación tímbrica de uno, así como el dominio de estilos musicales dispuestos a ser conjugados y mezclados en las creaciones. La obra desarrollada por Tony Rodríguez es un ejemplo de todo ello. En temas como Energías oscuras se advierte la influencia de un acompañamiento más cercano a la canción, buscando clímax melódicos a través de progresiones armónicas en contrastes con el diseño de contracantos en secciones de mayor sutileza.

Los tumbaos, por su parte, Tony los construye a partir de la combinación de estilos que influencian estos diseños rítmico-armónicos. En ellos, como es característico, impera una intención rítmica en las secciones del montuno, desde una estructura cerrada que se abre para lograr mayor clímax y tensión, según el discurso del tema. Como un rasgo que marca el sonido de Havana D’ Primera, Tony recurre a la reiteración y reafirmación de acordes por varias secciones dentro de los tumbaos, uno de los elementos perceptibles en los temas y que deduce el reconocimiento de un sonido como marca de identidad. Esta reiteración va creando tensiones acumulativas desde el punto de vista armónico-rítmico y melódico.

Otro apunte interesante en la carrera discográfica de Tony Rodríguez es la producción de Pa’lante el mambo, de Diego Gutiérrez, donde construye los arreglos a partir de elementos y secciones de géneros populares como el mambo, el son y el guaguancó, llevados a un entorno contemporáneo y desde el prisma de las composiciones de este cantautor. La obra explora otro de los discursos de la música cubana: la necesidad de construir, a través de experiencias sonoras colectivas, obras que transformen el imaginario concebido por un creador. Se trata, en este caso, de llevar a un cantautor a los márgenes que entrelazan sus estructuras con otras de experimentación genérica, de interrelación estilística y, a su vez, de mayor alcance para gustos, audiencias y espacios de proyección.

Pa’lante el mambo resulta una propuesta genuinamente cubana, un estudio de nuestras tradiciones y sus variantes contemporáneas a través de la sonoridad de un cantautor con influencias del pop rock como Diego Gutiérrez. Como productor y arreglista de este disco, Tony Rodríguez alcanzó el reconocimiento de la Academia internacional, con una nominación de este álbum a los Latin Grammy 2018 en el apartado de Música Fusión.

En nuestra era, la palabra de orden parece ser versatilidad. En la música, como en cualquier otra profesión, los artistas explotan al máximo sus capacidades, diversificando sus funciones en un esquema de producción que les permita ser convocados dentro del mercado. En la escena del jazz, este comportamiento es moneda corriente, pues por lo general se trata de músicos que desarrollan habilidades en diferentes campos como la composición, los arreglos y la interpretación.

Viendo los resultados de su carrera, en la que ha probado sus capacidades en diversas áreas —intérprete, arreglista y productor—, podemos decir que Tony Rodríguez se desempeña de manera privilegiada en cada una de estas funciones. Prueba de ello es el disco At Last, fruto de la madurez musical y de las necesidades de exponer un universo “otro”, distinto al escuchado hasta entonces. Grabado en el año 2017 bajo el sello Páfata Productions y distribuido por Abdala, el fonograma reúne una propuesta jazzística que agrupa seis temas de la autoría de Rodríguez y se adiciona una creación del saxofonista Carlos Miyares.

Como es tendencia entre los jóvenes jazzistas contemporáneos, se apuesta por un formato de base: piano, bajo y batería, al más tradicional concepto de trío de jazz. A Yandy Martínez (bajo), Oliver Valdés (batería) y Tony Rodríguez (piano) se suman Alejandro Delgado (trompeta) y Carlos Miyares (saxofón), quedando la formación definitiva como un quinteto.

Estéticamente At Last defiende diversos espacios de creación dentro del jazz cubano, retomando influencias del cool jazz, la música de concierto académica, la canción, además del interés rítmico del trabajo con el piano, elementos que forman una síntesis de la experiencia musical de su gestor.

Tony enrumba un camino en el que plantea la búsqueda de sonoridades a través de la exploración armónica, ya sea mediante el discurso pianístico o del ensemble, exponiendo atmósferas de tensión, virtuosismo instrumental y variedad rítmica. Los temas son muy diversos entre sí; abre el volumen September 12, un esquema tradicional de jazz donde nos deleitamos con las improvisaciones de piano, batería y trompeta, mostrando en cada caso la exposición del llamado “sonido propio” que defienden estos instrumentistas ya reconocidos en el panorama jazzístico.

Sin embargo, luego se hace la entrega de Just Play, con un esquema mucho más agresivo desde el punto de vista rítmico y melódico. Se trata de la exposición de un juego constante con el diseño armónico que hace lucir de forma paralela los recursos de los intérpretes como el fraseo melódico del saxo, el walking del contrabajo o el beat de la batería en un primer, segundo y tercer plano de escucha, llegando por momentos a expresarse de forma simultánea.

Otro track que llama particularmente mi atención es 7-24, donde se expone un lirismo en la melodía muy propio de la canción, y que sugiere enlaces con temas de este género en Cuba. Yandy Martínez en el contrabajo, una vez más, demuestra la exposición de un discurso virtuoso, con un fraseo delicado y exquisito a través del sonido de este instrumento. Completan el disco los temas A lot of miles, 3.15, Disappointed message, y Keep on playing, que indistintamente diseñan el abanico de exploración del álbum.

At Last se ubica dentro de ese universo que se ha gestado en nuestro país para los jóvenes jazzistas. Jóvenes que solo comparten el criterio de generación debido a su rango etario, pero que, desde el punto de vista estético, transitan por individualidades más complejas dentro de su quehacer. Como no me gustan las etiquetas, prefiero defender el criterio de aquello que los distingue como creadores en el presente, ya que esto también puede variar en el tiempo.

Este volumen prefiere la sencillez vista desde la concepción misma del formato o la proyección de sus temas. La ausencia de invitados demuestra el interés por mostrar lo más genuino como carta de presentación, sin tentaciones a la dispersión en el universo sonoro. De ahí que su mayor valor está dado por la solidez y sinceridad como propuesta. En su esencia, se trata de compartir con amigos, un juego que se traduce en las experiencias y el talento desarrollado por sus intérpretes para exponer una creación autóctona dentro de su amplia trayectoria musical.

At Last es un resumen de la madurez de un músico que ha trascendido la mera exposición del virtuosismo instrumental y que, además, ha asimilado completamente los elementos y las técnicas de composición y arreglo. Tony prefiere transitar en un terreno mucho más complejo y apuesta por un sonido propio desde la creación en sí misma, en un disco que no se propone cumplir con alguna tendencia, casilla o etiqueta. Es un espacio de creación, de exploración y búsqueda de nuevos retos. Ideas de las que seguro escucharemos más, porque presiento que Tony Rodríguez solo pretende proponer música.

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Yentsy Rangel

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