Ángel “Pututi” Arce. Foto: Cortesía del entrevistado
Ángel “Pututi” Arce. Foto: Cortesía del entrevistado.

Ángel “Pututi” Arce, recuento percutivo de un músico cubano en Miami

16 minutos / Paulo Simeón

04.12.2020 / Entrevistas

Una tarde cualquiera paseábamos mi tía Mirtha y yo por el Parque Vidal de Santa Clara, mi tierra natal. Ahí, en el centro histórico de la ciudad, estaba tocando el grupo de la Casa de la Cultura, conformado por niños muy talentosos un tanto mayores que yo. En ese momento dije: “Ya, ¡esto es lo que quiero!”. Aquella escena fue la primera lanza hacia la música. Luego empecé a estudiar. Mi papá, quien era percusionista de la orquesta Aliamen —la agrupación más famosa de la ciudad en ese entonces—, comenzó a enseñarme su instrumento y, poco tiempo después, integré las filas de aquel grupo que me había flechado por completo. En solo unos meses me convertí en su director. No sé por qué, pero siempre termino dirigiendo las orquestas en las que he tocado.

En el pueblo, en tanto, me conocían como un “niño prodigio”; sin embargo, a mí se me daba tan natural la batería que nunca entendí aquel epíteto. En una ocasión, NG La Banda se presentó en el hoy cine teatro Camilo Cienfuegos, que está justo al lado del Hotel Santa Clara Libre. Recuerdo que en la mañana vi cómo llegaron los utileros con los instrumentos, los sonidistas con los equipos; contemplé toda la maquinaria de la orquesta. Ese era el primer gran espectáculo que iba a presenciar, y que estaba a punto de cambiar mi vida para siempre. A mitad de concierto El Tosco detuvo la música y dijo: “Me han comentado que aquí hay un muchacho muy joven que toca la percusión. Si eso es verdad, que suba al escenario”.

Imagínate, ¡me cagué en los pantalones! Al instante la gente me señaló y ayudó a subir. El Tosco se asombró con mi corta edad, pero automáticamente me preguntó si yo tocaba el bongó; cuando le respondí que prefería la batería, se giró y le pidió a Calixto [Oviedo] que me cediera su lugar. Empezó a sonar un walking —suerte de intro en el jazz donde cada músico, poco a poco, va haciendo su entrada— y me integré a lo que musicalmente estaba pasando ahí. Cuando más cómodo me sentía, cambiaron a un tumba’o que siempre ponía a bailar a la gente. Lo que siguió fue timba de arriba abajo. En algún momento me envalentoné con el apoyo del público e hice un solo. El teatro se puso de pie y no paraba de aplaudir; mientras El Tosco, asombrado, me dijo: “Quiero llevarte a La Habana a estudiar”. Yo tenía apenas 11 o 12 años, razón por la cual hubo que pedirle permiso legal a mis padres para llevarme a vivir a su casa. Luego hicimos el traslado de la Escuela Vocacional de Arte de Santa Clara a la Escuela Nacional de Arte. Al final, entré a la capital en la guagua de NG La Banda.

Ángel “Pututi” Arce tocando con Manolín, el Médico de la Salsa

Ángel “Pututi” Arce (niño) tocando con Manolín, el Médico de la Salsa. Foto: Cortesía del entrevistado.

A los meses de estar en La Habana, a Chucho Valdés le comentan de mis progresos y me invita a tocar en el Festival Jazz Plaza. Eso, con solo 14 años. Recuerdo que colocaron dos baterías —una para el maestro Enrique Plá y otra para mí—, pero yo estaba tan chiquito que no alcanzaba los platos con mis brazos; los utileros me acomodaron de la mejor forma posible y así pude compartir escenario con el gran Chucho. Al bajar de la tarima, estaba el imponente Changuito — ¡mi ídolo!—, quien me dijo: “¿De dónde tú saliste, brother? Qué lindo eso que hiciste allá arriba. Escúchame, mañana a las nueve de la mañana voy a la escuela y te llevaré un timbal”. Yo sabía que el maestro tenía buenas intenciones, pero de ahí a que eso sucediera había un buen tramo. Al día siguiente se apareció con un timbal, pero no uno cualquiera, sino con el que tocaba en Los Van Van. Más tarde me puse a detallar el instrumento y me di cuenta de que, en los parches, tenía los nombres de las canciones más conocidas de El Tren de la Música Cubana.

Bueno, te cuento que ese timbal, en lugar de llevármelo a casa, lo dejé en la escuela. Todo el mundo que estaba estudiando percusión le dio palos. Fue una fuente de inspiración importante para nosotros ese gesto de Changuito con quien —con el tiempo—, establecí una muy linda amistad.

Llegando al Médico

En Cuba nunca se hizo salsa pura como se hacía en Nueva York, Puerto Rico y Colombia; nuestro público era más riguroso y demandaba algo más allá. Así que en los ’80 se empezó a timbear la salsa —se ensuciaba, así decíamos— y esa fue la salsa que yo conocí. Después llegó el fenómeno Manolín, que le incorporó la batería y la guitarra eléctrica, así como nuevos elementos del pop y el funk, afianzándose o definiéndose lo que hoy llamamos timba feroz. Como complemento, él tenía un registro muy peculiar, no era un súper cantante pero funcionaba para el género; tenía mucho ángel y carisma. Él hizo un upgrade a la timba, incorporando, además, los coros hablados ¡Y con el swing con que los escribía! La calle era el reflejo de sus coros. Por aquel entonces Los Van Van eran exitosos por plasmar historias populares en sus canciones, pero el Médico usó crónicas cortas y pegajosas, muy refrescantes e innovadoras. En lo que otros hacían una canción basada en experiencias cotidianas, Manolín incluía en una sola canción cuatro o cinco coros con diferentes historias populares. Todavía hoy hay mucho suyo en la música cubana actual.

Yo me sabía todo su repertorio. Mi hermano Alexis hacía la percusión en su orquesta y yo siempre estaba en los ensayos. Un día, Paulito FG e Issac Delgado, al unísono, me proponen tocar con ellos; pero Manolín, al enterarse, me ofreció el trabajo. En ese momento esta agrupación era el fenómeno musical en Cuba, así que acepto su propuesta, antes de la de los otros dos excepcionales artistas.

El primer toque fue en el Palacio de la Salsa. Esa mañana, digo: “Manolín, no tengo platillos ni nada, solo el timbal”. Y esa misma tarde, antes de comenzar el show, nos fuimos a andar La Habana en busca del resto de los elementos percutivos.

Con la banda de Manolín, el Médico de la Salsa. Foto: Cortesía del entrevistado.

Con la banda de Manolín, el Médico de la Salsa. Foto: Cortesía del entrevistado.

La primera parada fue en casa de Samuelito Formell, quien nos prestó una contra campana; después de dos o tres lugares más, sin éxito en nuestra búsqueda, llegamos a la casa de Yoel Driggs, y nos prestó un platillo con un stand. Así resolvimos, aunque ese día no hubo prueba de sonido y cuando los músicos llegaron y vieron un set up diferente en la orquesta, pensaron que otro grupo iba a abrir el concierto. Nunca pensaron que yo era el nuevo integrante de la banda. Esa fue mi primera noche como músico profesional, el Palacio estaba sold out y yo era un niño entre tantos adultos.

Al año de estar tocando con Manolín, me llamaron para integrar el Team Cuba, conformado por los músicos más destacados de las agrupaciones más importantes en ese momento en el país. Eso fue lo más grande que pude vivir en Cuba como músico: compartir escenario con Issac, Paulito FG, la Charanga Habanera, Los Van Van, Adalberto Álvarez y su Son, Alain Pérez, etc. Hicimos dos conciertos en la Isla muy lindos y después nos fuimos de gira por Europa. Y allí toqué al lado de un grande de la percusión: mi hermano Samuel Formell.

A los 18 años, en una gira por los Estados Unidos con Manolín, mi hermano y yo decidimos quedarnos en Nueva York: vida nueva, otro idioma y el frío que golpeó duro. Nunca olvidaré la generosidad de Xiomara Laugart y Cucú Diamantes, quienes nos hospedaron en sus casas; pero fue tan difícil que decidimos bajar a Miami, donde formé mi propio grupo musical ―Los diez de Miami― y, más tarde, comencé a tocar con casi todos los artistas cubanos que aquí residen: Amaury Gutiérrez, Willy Chirino, Albita, Aymée Nuviola, Luis Bofill, entre otros.

Termino este recuento percutivo afirmando que todavía sigo en contacto con la percusión, muy cerca del timbal y la batería. Hasta el año pasado toqué y dirigí la banda de Gente de Zona; e incluyo percusiones en la mayoría de los temas que produzco ―sobre todo en los de Beangel, dúo que comparto con mi esposa, Beatriz César.

El compositor y productor, arriba de la bola

La primera canción que escribí en Cuba se llamó Siempre música, con apenas 13 años. Manolín me dio la oportunidad de grabarla con su banda y me llevó al programa Contacto para cantarla. Ese fue mi debut como compositor. Luego, en Nueva York, la soledad me obligó a escribir más. Allí compuse algunas muy tristes, por todo lo que había dejado atrás. Algún día estaré preparado para sacarlas a la luz. Sin embargo, en Miami ―además de seguir escribiendo―, empecé a tener más contacto con los intérpretes. Uno de los primeros fue Luis Enrique, quien se interesó por mis creaciones; luego vinieron Boni & Kelly junto a una lista bien grande de artistas para los que he tenido la oportunidad de componer canciones como Si no vuelves, Te duele, Lo que tú y yo vivimos, de Gente de Zona; Soy yo, de Marc Anthony; Te quedaste solo, de Fanny Lu feat. Farina; La vida me cambió, de Diana Fuentes feat. Gente de Zona; Mejor sin ti, de Leoni Torres feat. Gente de Zona; y Bailando todo se olvida, de Aymée Nuviola, que fue número uno en las listas de Billboard Tropical, por solo mencionar algunos.

Más tarde llegaron otras sorpresas: las bandas sonoras de telenovelas como Acorralada ―que le dio la vuelta al mundo en 2007―, Sacrificio de mujer y Cosita linda; el álbum Como anillo al dedo, de Aymée ―del cual fui productor musical y compositor de algunos temas junto a ella, Bea, Alexis Valdés y Tirso―, y que mereció el Grammy Latino en 2018; así como la nominación más reciente por Muchacha (Becky G feat. Gente de Zona). Ahora, mientras, sigo escribiendo para Enrique Iglesias y Descemer Bueno. Cosas lindas vienen muy pronto.

Siempre compongo sobre la base de cómo creo que debe escucharse cada nota e instrumento. No solo escribo la letra, sino también la música, pienso que es un plus. Por ello, cuando me encuentro con buenos compositores, pero de formación empírica, les hablo de la importancia de estudiar música, aunque sea a un nivel elemental. Conocer bien las células musicales te enriquece el alma y te da mucha seguridad.

Pututi junto a Marc Anthony y Beatriz César. Foto: Cortesía del entrevistado.

Pututi junto a Marc Anthony y Beatriz César. Foto: Cortesía del entrevistado.

También firmar con una empresa como Magnus ha llevado mi carrera y mi catálogo como compositor a niveles inimaginables. Después de muchos años sin ningún tipo de respaldo, solito, batallando con el mundo, llegó una compañía efectiva y poderosa como esta, y me sentí muy abrigado. Es muy reconfortante.

Pero si vamos a hablar de mi trabajo como productor, hay una canción que me dio la confianza para descubrir mis potencialidades en esa área: Arriba de la bola, de Manolín, de la cual produje los mambos y que es hoy uno de los temas más emblemáticos de la timba cubana. Aunque realmente el oficio de producir a tiempo completo nació en Estados Unidos, debido a las oportunidades que me dieron (y dan) muchos artistas a quienes les escribo. Creo que, al ser músico, ellos sienten que puedo enriquecerles más los temas.

Que le pongan salsa

La timba, al igual que el reparto, nace de músicos que se criaron en barrios difíciles, pero con la peculiaridad de que en su mayoría habían estudiado música a niveles muy altos. A diferencia de la música repartera o urbana, la célula de la timba tiene mucho de jazz, de rock, de funk y, por supuesto, del son cubano con la clave bien puesta. En este género eso es lo fundamental para obtener un resultado musical coherente y elevado. En tiempos de Manolín inventamos el set de percusión cubana con el timbal y la batería; mientras ese patrón de clave con bombo, con los tumbaʼos, con los mazacotes, que traía la timba, solo se podía lograr con estudio, mucho estudio. Para ser más claro, toda esa música estaba en clave, puntualizo que nunca estaba la clave atravesada, y ese es el éxito de la música bailable en pareja.

Ahora la nueva generación de productores no está informada o no la integran músicos para darse cuenta de cuándo la clave está mal o bien. A ello, súmale que esta música urbana se hace de manera muy digital, copiando y pegando compases, y jamás se dan cuenta cuándo la clave está montada. Resultado: jóvenes con un oído menos exigente a la hora de consumir música. A pesar de todo esto, puedes notar la diferencia en el éxito entre un productor urbano que ha estudiado música y otro que no; el primero siempre tendrá la ventaja, al entender la regla, sabe por dónde romperla sin poner en peligro el resultado. Pero, repito, yo creo mucho en mantener la clave como va.

Pututi junto a Aymée Nuviola y Gonzalo Rubalcaba. Foto: Cortesía del entrevistado.

Pututi junto a Aymée Nuviola y Gonzalo Rubalcaba. Foto: Cortesía del entrevistado.

Por otra parte, las grandes compañías ya no apuestan por la salsa, aunque hay músicos que la defienden a capa y espada: Marc, Gilberto, Víctor, Tito. Pero la tienen muy difícil, pues nadie estaba preparado para el fenómeno urbano. El público, la radio, las compañías están completamente viciados por ese género y desafortunadamente los números hablan por sí solos. Cuando un producto da resultado, por supuesto que la industria apuesta por lo más fácil para hacer dinero, en lugar de por la buena música; por ende, los salseros están incorporando elementos urbanos a sus producciones.

Para mí hay algunos factores fundamentales que ayudaron a que el movimiento urbano le pasara por encima a la salsa: a los salseros les cuesta mucho hacer colaboraciones entre ellos, abrirle espacio a los exponentes más jóvenes ―sobre todo si son mujeres―, así como tampoco se abren a las nuevas sonoridades. Por ejemplo, la timba era, por naturaleza, el próximo step de la salsa y, sin embargo, los salseros fuera de Cuba y consagrados a nivel internacional nunca la arroparon ni le dieron entrada. Como consecuencia, dejaron un vacío que fue cubierto por lo urbano. Por otro lado, en lo que tú produces un tema de salsa, grabas varios instrumentos, los afinas y mezclas, los urbanos producen digitalmente tres o cuatro canciones y las suben a las redes.

Pero no todo está perdido. La salsa todavía sigue siendo apetitosa y encuentra espacio en fiestas, clubs, bailables populares, que sabemos no lo tiene en la radio. Te puedo asegurar que una agrupación salsera genera más trabajo que muchos de los reguetoneros que no están pegados, porque al final es más show y corazón en tarima. Hay más de once músicos trepados, tocando de verdad y eso es espectacular. Todavía despierta el cuerpo de una generación muy activa que consume ese tipo de espectáculos.

Dúo Beangel. Foto: Cortesía del entrevistado.

Dúo Beangel. Foto: Cortesía del entrevistado.

Beangel, el dúo y otros proyectos futuros

En este proyecto mezclamos lo urbano con elementos del pop y viceversa. Lo hacemos de una manera elegante, con sentido y coherencia, nos pensamos las letras. Beangel, aun siendo urbano, de una manera genuina piensa como “popero” y esto, repito, ayuda mucho a marcar la diferencia. También es muy importante cuando tú mismo puedes producirte, pues vas exactamente al grano. No hay nada más gratificante que saber plasmar, de principio a fin en un tema, todo lo que uno siente como artista. En nuestro dúo tenemos otro plus: Bea, mi compañera, no es solo una gran cantante, sino que compone y produce muy bien. Tenemos mucho que compartir de nuestras vidas en cada canción.

Actualmente estoy produciendo un álbum homónimo del dúo. Pero, además, el próximo año estaremos disfrutando de un lanzamiento mundial, una canción titulada El mundo está en tus manos que nació como regalo para mi sobrina Luna. Ya llevo en este proyecto más de 12 años, y me ha enseñado a tener paciencia porque ha sido muy difícil unir a más de 50 artistas cubanos que admiro, con formas de pensar e ideologías diferentes. Me siento bendecido de contar con músicos de la talla de Pancho Céspedes, Jon Secada, Arturo Sandoval, Issac Delgado, Aymée Nuviola, Descemer, Lena y Malena Burke, entre tantos otros que representan la música cubana alrededor del mundo. Ya los tengo grabados a todos, ahora estoy en la recta final recopilando videos de cada uno cantando el tema; pero ha sido un proceso muy difícil y doloroso a la vez, sobre todo cuando ya tienes grabado a un artista y se entera de que hay alguien que está participando con el cual él no se identifica políticamente y me pide que lo quite del proyecto. Es muy duro para mí porque es una canción de aliento de vida, pero bueno, esta es la parte más triste de nuestra historia.

A Dios gracias ya tengo el permiso de todos. El lado positivo de este largo proceso fue poder incorporar, a última hora, al maestro Gonzalo Rubalcaba. Este será un regalo lindo, ya no solo para Luna, sino para todos los artistas que se mantuvieron firmes en participar en una canción de amor y esperanza tan necesaria en estos tiempos difíciles.

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Paulo Simeón

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    Candida Isla

    05.12.2020

    Soy su madre, puedo asegurar que esta historia es genuina de principio a fin, que me he emocionando viendo toda la vida de mi querido hijo plasmada en ese escrito, porque se la maravilla de ser humano que es y el gran talento que tiene y el amor que poner en todo lo que hace, la música es su vida, si existencia por eso, doy gracias a Dios, es una larga carrera, pero todavía falta, te amo.

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    Elizabeth Llanes

    05.12.2020

    Soy la suegra de Angel. Al que conozco desde 2011. He visto plasmadas muchas de sus obras ineditas y les cuento que son tesoros escondidos..Pues de màs està hablar de lo que ya se escucha..Lleno de profesionalidad y rigor..Con entrega total. Te deseo Dios te conceda todos tus sueños y puedas seguir regalàndonos exquisites en tus composiciones. FELICIDADES.


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