Portada: Como los peces (1994)

Los diez (y tantos) discos de trova que debes escuchar

en Meridiano

Invitan las páginas de AMPM a un interesante ejercicio. ¿Qué discos de la trova cubana debiera escuchar quien recién se asoma a estos predios del gusto sonoro? Tal escogida, parece una tarea titánica.
Consideremos que hay trova en Cuba desde La bayamesa, de Céspedes, Castillo y Fornaris, cantada en 1851 bajo la ventana de Luz Vázquez. La trova tradicional, el filin y todas las edades y generaciones de la Nueva Trova, exhiben no pocos temas imperecederos y plurales autores de valía. De hecho, parece más fácil hablar de compositores imprescindibles, y luego de sus grabaciones, que sólo cerrar el cerco a los álbumes notorios. Aun así, y sin que esta sea para nada una selección definitiva o la única posible, dejemos que gire un acetato con scratch, o pulsemos el táctil del móvil. Y vamos a escuchar.

Amargas verdades, lágrimas negras y buenas canciones
Cualquiera que haya vivido los años setenta y, sobre todo, los ochenta recordará cuán pródigas eran nuestras tiendas de discos de vinilo. Esto incluía, por supuesto, no pocos de la trova tradicional. Sin embargo, ese tesoro no ha sido todavía digitalizado del todo. Por ende, cualquier gema vale su peso en sonido.
Por ejemplo, hay que oír La música de Pepe Sánchez (2000) donde el Cuarteto Patria y las Hermanas Martí, entre otros, defienden temas de ese iniciador de la trova. Otra joyita es el álbum La perla marina (1993), con clásicos de Sindo Garay, defendidos por Guarionex Garay, Adriano Rodríguez, Dominica Verges o Barbarito Diez, entre otros gigantes. Igual, las grabaciones de María Teresa Vera con Lorenzo Hierrezuelo y las del Trío Matamoros o Los Compadres, no tienen precio.
No obstante, hay varias antologías, más cercanas, donde la trova tradicional está bien representada. De ellas, sume los Años I y II (1983 y 1986) de Pablo Milanés, con la presencia de Luis Peña, Octavio Sánchez (Cotán), el propio Lorenzo Hierrezuelo y un Compay Segundo ya genial pero aún no famoso. Rescate además Colibrí (2001), un regalo exquisito de Vicente Feliú y Cantar la trova (2005), de Miriam Ramos con Pancho Amat. Por ahí, es posible ya hacerse una idea, mínima pero sólida, del valor de la obra trovera tradicional.

Portada: Pablo Milanés Años (I) (1983)
Portada: Pablo Milanés Años (I) (1983)

Ese sentimiento que se llama amor
Con el filin, ocurre algo semejante. Hace décadas era posible encontrar con suma facilidad los discos de José Antonio Méndez, de César Portillo de la Luz, Ñico Rojas, Ángel Díaz y Marta Valdés, entre otros. Ahora tales registros, en predios digitales, no aparecen fácilmente. Los hay, lo hemos constatado, pero rondan en el azaroso intercambio de mp3 (sin créditos) o en el más azaroso, y caro, albur de las tiendas. Si se los tropieza, no los deje ir, especialmente si la cantante se llama Elena Burke. Otra vez, Pablo Milanés aporta su serie Filin (I hasta el VI, entre 1982 y 2008), que es magnífica. Un directo de Sara González, Sin ir más lejos (2001), rinde homenaje a Marta Valdés.

Fue en los 80, por si se olvida…
Fue, incluso, un poco más para allá y hasta para acá, porque los setenta y los ochenta son los años pródigos de la Nueva Trova. Los fundadores grabaron varios discos cada uno y aparecieron también los primeros de Santiago Feliú, Donato Poveda, Alberto Tosca, Xiomara Laugart y Anabell López. Ya en los noventa, graban Carlos Varela, Gerardo Alfonso y Frank Delgado, entre otros.
En un paréntesis, de regreso a los setenta, rescate las musicalizaciones a textos de José Martí que registrara Casa de las Américas bajo las firmas de Pablo Milanés, Amaury Pérez, Noel Nicola y Sara González. Agregue también el Ismaelillo, que musicalizó Teresita Fernández. Son oro puro.
Entonces salvemos, de Silvio Rodríguez, Al final de este viaje (1978) y los dos con Afrocuba, Cauzas y azares (1986) y Oh, melancolía (1988), así como el Querido Pablo (1984), de Pablo Milanés con una pléyade de invitados. El Vida (1984), de Santiago Feliú y, en cierre de círculo, el Ay, la vida (2010), son de lo mejor en la muy buena obra del zurdo maravilloso. Carlos Varela sella la década con Jalisco Park (1989) y alcanza luego una altísima cota en Como los peces (1994).

Portada: Santiago Feliú. Ay, la vida (2010)
Portada: Santiago Feliú. Ay, la vida (2010)

De cualquier modo, hay excelentes canciones en los álbumes troveros de la época, individuales y de grupos. Si las grabaciones de esos años de Manguaré, Mayohuacán, Mezcla, Moncada y Síntesis aparecen digitalizadas, es aconsejable atraparlas. Lo mismo ocurre con los muchos discos colectivos, por fechas señaladas o como memoria de festivales y concursos. Hay muy buenas vetas sonoras ahí.

Década especial, borrón, y siglo nuevo
Ya en los noventa, Frank Delgado anota Trova–Tur (1995), disco de lujo. De Gerardo Alfonso, aunque graba varias obras en esos años, sobresale, el directo Recuento (2000), por ser una excelente antología de su trabajo. Otro Recuento (2002), igual en directo, pero de Polito Ibáñez, también es magnífico. Y otra antología, Soy y no soy el mismo (1998), de Noel Nicola, reúne lo mejor del trovador. No olvidar aquí el Entre otros (2002) de Noel y Santiago, una placa en mayúsculas. Otro infaltable es Pedro Luis Ferrer, con Cien por ciento cubano (1994).
En el departamento de las compilaciones, los álbumes Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC (1997) y la Antología de la Nueva Trova (1998), cada uno en cuatro volúmenes, son registros muy importantes. Aunque en la segunda faltaron y sobraron nombres, vale como buen botón de muestra de autores y temas.
De la obra de Habana Abierta, dice su productor musical, Pavel Urquiza, que el mejor es 24 horas. Y del propio Pavel, con Gema Corredera, anote Trampas del tiempo (1995). Vale mentar otras dos antologías. Una, del grupo Moncada, 3D´cadas (2002), que recoge en tres volúmenes lo mejor de esta banda. Otra es Sara siempre (2015), una muestra amplísima de la labor de trovadora.

Portada: Noel Nicola y Santiago Feliú. Entre otros (2002)
Portada: Noel Nicola y Santiago Feliú. Entre otros (2002)

Se nos quedan muchos creadores, de ayer y de hoy. Trovadores más cercanos, ya de renombre y con sólida obra, cuentan con registros excelentes, que vale la pena conocer. Pero se acaba el espacio. De esos artistas, todavía podemos esperar lo mejor y más alto de sus carreras y, tal vez, volvamos a hablar sobre sus trabajos, en estas páginas.
Sobre la trova de siempre, pues, habrá tantas listas como escuchas. El desacuerdo con este intento de selección, más las obras y nombres que quizás pasamos por alto, son prueba infalible de lo mucho y bueno de nuestra canción. Por suerte, hay mucha trova por donde cortar.

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