VIH, grupo punk de los noventa

Jodidos, perdidos y ocultos: temas del punk noventero

en PM

Ninguna reconstrucción puede reemplazar la manera en que ellos sintieron. Ni una película ni una reseña ni otra canción. Suelen mostrarse algunas imágenes: incrédulos, sentados sobre el asfalto… Pero las grabaciones que quedaron son la prolongación más gloriosa de sus sensaciones. La música fue la mejor forma que encontraron de quemar su tiempo. Como lo gritaban, el mundo ya ardía afuera. También dentro de sus cabezas. Riesgo y contexto hicieron el material del punk cubano de los noventa. Unas letras salidas de la urgencia del fuego interno, y la distorsión como mueca sonora de lo que estaban diciendo.

Con esto se podría afirmar que el punk no tardó en llegar a la Isla. Más bien su escena “apareció” en el momento preciso, cuando aquellos jóvenes trataron de aguantar la crisis y la desilusión de la época con las figuraciones más radicales que les rondaban e impulsaban a un arte propio.

Ante el panorama actual, con más facilidades para acceder a nuevas (y viejas) producciones, ¿por qué volver al punk de los noventa en Cuba?, ¿por qué unirse a quienes viven extrayendo del tiempo otros temas de cabecera? Hay tantas razones como trayectos sonoros en esas “recaídas” de la escucha. La nostalgia devuelve composiciones cuya hondura marcó a una generación. Suenan, a veces, por su perfección estética; sin arrugas a pesar de los años: siguen siendo ejemplo de vitalidad creativa. Otras, unas pocas muestras existentes de toda una escena musical, consiguen darnos pistas sobre su época.

Cuando en su libro Music and Revolution (University of California Press & Center for Black Music Research, 2006), Robin Moore aborda la trova cubana y afirma que piezas muy conocidas de los ochenta y noventa no sonaron abiertamente, pensamos en la aún más escasa difusión que recibieron las canciones de un circuito no tan grande y “raro” como el del punk hecho en Cuba.

Por esa razón, retornar a esos registros, salvados precisamente por quienes de una manera u otra han estado ligados a esa corriente, es pararse en las calles, que es donde la música cubana cuestiona y reformula sus trazos. En esa ampliación de nuestro espectro sonoro; en la inconformidad de aparecer solo en el cuadro difuso de los aplausos, de los derribados en lo profundo por un concierto; en el distanciamiento de las formas más conocidas de expresión durante el período; en la búsqueda de narrar y vivir musicalmente sus circunstancias, está la trascendencia del punk en la Isla.

Sin embargo, ni el texto de Moore, que hace un recuento de la música cubana desde el 59 hasta inicios del siglo XXI, atravesando con detenimiento polémicas culturales ―un libro que definitivamente se disfruta―, se adentra en la escena del punk. Algunos investigadores como Humberto Manduley, ocasionalmente la radio (el programa Sabarock, por ejemplo), y los fanzines independientes, han hablado o pasado cortes de esta música en el patio.

Con toda intención se unen en el título de este trabajo producciones del punk nacional. Referentes en esta historia, por un lado, el Jodidos y perdidos (1992) de Rotura (el grupo que junto a Futuro muerto marca las raíces de este movimiento), y por otro, el Oculto (1995) de VIH, banda importante en la hornada punkera del decenio. Esos nombres reflejan el modo en que se vieron a sí mismos y a su realidad, el mismo en que parece percibirlos hoy el panorama musical nacional.

“Fidelidad al lema no futuro”, “lo suyo fue ―y siempre ha sido― ‘aquí y ahora’, literalmente”, “con abundancia de lenguaje callejero y direccional”. Con esos rasgos, Manduley deja abierta la puerta en Hierba mala. Una historia del rock en Cuba (Ediciones la luz, 2015) para otras consideraciones sobre el punk cubano. Poco se ha dicho, por ejemplo, de la relación de esta escena con la trova, con esa que se rehacía a partir del rock y las poéticas salidas de lo profundo de la ciudad. De hecho, el mapa de los sitios donde más vigorosa ha sido la creación trovadoresca (La Habana y Santa Clara), coincide con el del punk.

Según cuentan algunos estudiosos con acceso a lo más subterráneo de la escena musical de la época, como el propio Manduley, las mayores influencias vinieron de “Sex Pistols, Dead Kennedys, Ramones, Black Flag, en alguna medida de Clash, Napalm Death, Misfits, Crass”, y sobre todo de Rip, La Polla Records y Eskorbuto. Sin embargo, su emergencia aquí no fue una cuestión de mímesis. Ya la canción contemporánea venía por la cuerda del antiautoritarismo, pisando el terreno donde emergían la violencia y los conflictos generacionales que, a su vez, envolvían otros. Lo que hizo el punk internacional fue prestar los códigos para hablar con más crudeza acerca de esas realidades.

La estética y la ideología anarquista tuvieron sobre todo una repercusión formal y filosófica en aquellos muchachos sin mecenas artísticos, algunos desprotegidos también en su escenario social, mientras otros se soltaron de casi todo como protesta interior, sentido de irreverencia o libertad frente a la larga ola de los noventa. La anarquía, que interpretaron como poder de la gente para pensar, sentir y moverse sin muros de ningún tipo, se tradujo esencialmente en sus líricas, otro imán que junto a la crítica punkera al pensamiento clásico en torno a la música, permitió la extensión en la Isla de una nueva escena. Se forzó así un espacio entre las duras condiciones económicas, sociales, políticas y culturales de entonces.

Resulta interesante que Moore, siguiendo planteamientos de Alberto Faya y otros sobre “la nueva trova y la cultura de rebeldía”, dé cuenta de características que se emparentan con las utilizadas por Joaquín Borges Triana en Con-cierto cubano: la vida es un divino guion (Editorial UNEAC, 2015), para definir la música alternativa cubana, de la que hace parte el punk nacional.

Teniendo esos aportes como referencias, podemos afirmar que los “elementos de innovación y contestación” de este género en Cuba fueron tomar aspectos musicales y culturales foráneos para crear un tipo de arte diferente que desafiara la producción sonora anterior; un estilo de vida e identidad artística como representación del quiebre de normas ideo-estéticas; y una nueva priorización de temáticas, de acuerdo a la experiencia y la necesidad expresiva de ese grupo juvenil.

Durante el año 1991, mientras el vocalista y bajista Abel García creaba Futuro muerto, Gil Pla daba forma a Rotura. El primer concierto de esta alineación se hizo en la Casa de Cultura Roberto Branly, ya establecida como “El Patio de María”. Fueron también parte del grupo Joel Bejerano, en la guitara; Jorge Luis Barba, en el bajo, y Wendell Gutiérrez, en la batería. Humberto Manduley recoge otros nombres en Parche. Enciclopedia del Rock en Cuba (NialaNai Ediciones, 2015): los bajistas Rodolfo Humpierre y Pedro Saizen, además de los guitarristas Ludwig Rivero y David Blanco. También se conoce que Canek Sánchez contribuyó con la memoria musical que dejó la banda.

En lo que ha podido recuperarse de la producción de Rotura, sobresalen cortes de Jodidos y perdidos como Violencia policial y Barrio bajo. Con esos temas empieza a asentarse el puente entre la creación internacional y la isla, a partir de la disipación de códigos sonoros y temáticas centrales del punk, principalmente del realizado en español. La recurrencia al hastío y la precariedad se hallan en otras canciones como Suicidio, Marcando su final y la propia Jodidos y perdidos, que dieron forma a un concierto de 1993. No obstante, el pesimismo en estas letras estuvo matizado por la posibilidad de hacer música como tabla salvadora; como “mejor consejo” o “lema” para “la nueva generación”, según ese último tema.

Su autodefinición identitaria a través de la música igualmente se evidencia en Breaking the problem, donde el punk se caracteriza como espiritualidad libre que se aparta de la violencia y “la guapería”, sin renunciar a la crítica social, la catarsis y la irreverencia. Es también el sentido de El mundo arde: “la burocracia y la burguesía/ todo es la misma porquería/ a la mierda con lo que sobra/ que eso a ellos no le importa/ el mundo arde/ se quema por todas partes”. O de la canción La farándula apesta, en donde se hacen eco de la desigualdad en las formas de consumo, que quedaron diseccionadas en los noventa.

Cadillac solitario, un número de Loquillo y los Trogloditas ―como explicaron en esa presentación que marca su breve paso por la escena musical cubana―, da cuenta de las influencias diversas que los alcanzaron. Se perciben no solo en la incorporación de ese tema de la banda española, sino a lo largo de sus propias grabaciones, donde además de un estilo punk incuestionable, las guitarras consiguen moverse, por momentos, entre breves pasajes melódicos, algunos colindantes con la energía del heavy metal, lo cual pudo figurar como fuente de otras composiciones.

Conformada en 1994 por Amaury Triana, “el Chile”, como vocalista y guitarrista; el bajista Pedro Sainzen y el baterista Marcos Díaz, VIH dejó varias producciones en su corto período de actividad. En Oculto incluyeron temas donde el punk rock es predominante: Deskontrol, VIH y Cárcel de lujo.

A través de sus canciones, el trío puso a circular en su medio símbolos libertarios resultantes de sus propias búsquedas. Coros con una actitud enérgica y catártica, acordes en los que se cuela también una sutil melancolía, llegan como cantos de rebeldía e inconformidad. Son piezas contra la resignación, armas para cortar ―hasta donde se pueda― las frustraciones.

Algunos integrantes de Rotura y VIH transitaron por otros proyectos durante los noventa. Textos contestatarios y la imbricación con tendencias que emergían o evolucionaban en el período definieron propuestas como Censura y Desperdicio. Todas estas agrupaciones, junto a Futuro muerto, Detenidos, Enemigos de la Sociedad (Sancti Spíritus), Joker, Eskoria (una de las que más desafió al tiempo, de Santa Clara) inauguraron aquí el escenario del punk. Si bien no todos sus cultores asumieron una identidad total dentro de ese circuito musical ―aunque muchos sí lo hicieron―, ayudaron a crear una banda sonora nacional que incorporaron quienes, desde fines de los setenta y los ochenta, ya conocían el panorama internacional del género y llevaban en sus cuerpos algunos de sus símbolos.

Aun en los registros en mal estado de varios de estos grupos, sobresale una peculiaridad del punk cubano de la primera ola. Consiguieron que en esa “creación descarnada” frente al contexto ―como ha sido catalogada por varias miradas―, la sensibilidad quedara intacta. Es lo que se redescubre, a pesar de los años, mientras se escuchan otra vez aquellos temas.

1 Comment

  1. Sencillamente espectacular. Es importante que los músicos alcen sus voces y nos dejen entender la música desde sus imaginarios… justamente así… sin lenguajes rebuscados que calen profundo por su sinceridad.

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