Horacio El Negro Hernandez y Yissy García. Foto: Larisa López / Magazine AM:PM

Horacio “el Negro” x Yissy García: “La batería es un juego de niños”

en Meridiano

Con este trabajo damos el pistoletazo de arrancada a MxM, una conversación entre dos músicos unidos por un mismo instrumento.  MxM, (de Músico por Músico) es una sección que soñamos desde el comienzo de la revista, porque nos interesa mucho escuchar de primera mano esos diálogos que se generan entre dos creadores que manejan un mismo idioma. Para nuestra fortuna comenzamos con una entrevista que la baterista Yissy García le realizó a ese maestro de la percusión que es Horacio “El Negro” Hernández, en la casa del Festival del Nuevo Cine Latinoamericano.


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¿Por qué ese nombre de “El Negro”, Horacio?  
Yissy, eso es increíble. Mi mamá, que gracias a todos los dioses me duró noventa años, nunca me llamó por mi nombre, ni una vez en mi vida. No recuerdo haber oído decir a mi madre Horacio u Horacito, jamás. Ni mi abuela, ni mis tías, ni mis amigos, siempre: “Negro, Negro, Negro”…

Y aquí está El Negro. Dime, ¿por qué te decidiste por la batería?

La batería tiene un elemento infantil, una conexión con los niños que es espectacular. Todos los niños quieren jugar a la batería; esto es un juego. Creo que esa es una de las razones por las que soy baterista. La otra es que yo quería estar con el grupo; o sea, esto no es un instrumento concebido para ser tocado solo, siempre ha sido parte de la banda. Y yo no solo quería ser parte de la banda, sino además el chofer de la guagua que iba a llevar a mis amigos a la playa: ese es el baterista. Y a partir de ahí, la batería y la batería. Sabes que en ese sentido nuestro país es muy especial.

¿Estudiaste en conservatorio, en la ENA, o algo así?

Mi padre me llevó a la primera lección como a los siete años, pero fue una experiencia poco agradable. Fuimos a ver a un maestro con capacidad para enseñar la técnica, quien tenía todos los libros adecuados. Pero a través de esa experiencia me di cuenta de lo difícil y diferente que tiene que ser —y es— enseñar a un niño. En esa primera lección el maestro me dijo que yo tenía que estar dos horas haciendo esto [golpea sincronizadamente la caja con las baquetas], tenía que mover una baqueta hacia abajo y la otra hacia arriba a la misma vez. ¡Pero yo tenía siete años, y lo que quería era tocar [ejecuta un ritmo de rock en la batería] como Ringo Starr!

A mí me pasó lo mismo. Cuando empecé en la escuela me ponían a hacer ejercicios así, y yo le decía a mi papá: “¡Pero yo no quiero eso, lo mío es tocar la batería!”

¡Claro, divertirte! Entonces no fui más nunca. Les dije a mis padres: “No quiero más lecciones”. Y me quedé solito en casa, mirando la televisión, escuchando los discos e imitando lo que escuchaba.

¿Y a qué edad empezaste a trabajar como un profesional en bandas?

A los trece años entré en la escuela de…

¡¿Trece años?!

… instructores de arte. Fui expulsado de esa escuela, y la razón por la que me expulsaron es que nunca asistí a ninguna clase, solo a la clase de batería. Iba a las ocho de la mañana a la clase de batería, y me quedaba hasta las ocho de la noche. Por supuesto que al final del curso los maestros de historia y matemáticas ni siquiera sabían quién era yo…  Expulsado.

Entonces le pregunté a mi maestro, un grandísimo maestro llamado Santiago Reites:  “Maestro, ¿y ahora qué puedo hacer?” Y él me respondió: “¿Qué puedes hacer? ¡Vete a tocar, si ya tú estás preparado para ser un músico!” Entonces en ese año yo no fui a ninguna clase de percusión, pero hice cuatro años en uno. Santiago era un poco obsesionado con la historia de la coordinación, la independencia y todo eso, y nos enseñó los libros de Jim Chapin de independencia a un grupito de fiebrunos por la percusión, en el que todos habían sido expulsados como yo. Todo ese conocimiento aplicado a la música afrocubana, con la clave y toda la ritmática. Luego me dijo: “Tú estás preparado para empezar a trabajar”, y así, a mis quince años, hice mi primer trabajo profesional.

Horacio El Negro Hernández. Foto: Larisa López / Magazine AM:PM.
Horacio El Negro Hernández. Foto: Larisa López / Magazine AM:PM.

¿Con qué grupo?

Con el grupo de Julio César Fonseca, por el que pasaron músicos cubanos de gran calibre como Ernán López-Nussa y Gabriel Hernández. Toda esta gente eran los pianistas de Julio César. Y allí fue mi primer trabajo, mi primera gira nacional. Llegué hasta Camagüey. Cuando mi madre vio que yo andaba por allá vio que había esperanza. (risas)

¿Tú te acuerdas de cómo sonabas en esa época?

Para nada. Y grabaciones no hay. Mi primera grabación, quizás con 17 años, fue para el primer disco del trovador Donato Poveda. Es curiosa, cómica, la manera en que entré a ese circuito. Para entonces yo trabajaba con Mario Dali, guitarrista de Arte Vivo. Donato tocaba con nosotros, y Mario había hecho todos los arreglos para su disco. Un día fuimos a grabar a los estudios de la EGREM y le preguntaron a Donato: “Bueno, ¿quién va a tocar la batería?”, a lo que él respondió: “El muchachito ese que está ahí”. Lo llamaron aparte y le dijeron: “No, no, no, mira, Donato, para este trabajo hace falta experiencia”. Donato se portó muy bien y dijo: “No, él va a grabar la batería”. Entramos entonces, grabamos el disco de Donato y, de pronto, me convertí en el baterista de la EGREM.

Allí hice más de trescientos discos. Llegaron a  ponerme un catre en un cuartico, y cada vez que terminaba un disco me tiraba a dormir dos horas. Y otro disco más. Nosotros decíamos que hacíamos discos por libras —“¿Dime cuántas libras de discos quieres?”—. Fue una época muy bonita, sobre todo de mucho aprendizaje. Es precioso, primero que todo, tener que leer música, interpretar lo que escriben los diferentes arreglistas, eso es una escuela inmensa.

Cuéntame un poco de tu llegada a la gran ciudad, a Nueva York.

Yo diría que mi entrada a Nueva York fue por una puerta inmensa. El mismo día que llegué llamé a Paquito D’ Rivera, quien me dijo: “¿Y tú que haces aquí, cómo llegaste?” Le respondí que no se preocupara, que ya estaba allí. Entonces me dijo: “Oye, estoy haciendo un disco, y mañana me voy a Miami a grabar, ¿quieres venir conmigo? Vamos, te invito al disco”. Le dije que sí, por supuesto, y nos fuimos a Miami, donde grabamos 40 años de descargas cubanas (40 years of Cuban jam sessions), que ganó un Grammy ese mismo año. A partir de entonces comencé a moverme por Nueva York. Tú has estado allá varias veces, y has visto seguramente el ambiente musical que se respira en esa ciudad, el ambiente de camaradería musical también, que todos los músicos están para intercambiar, para verse y aprender de los nuevos que llegan. Y así fue girando la voz y girando la voz…

Entraste con el pie derecho.

Sí, o con el izquierdo, hay quien dice que es con el izquierdo. (risas)

Muchos bateristas estamos súper muertos con la manera que haces la clave e improvisas. ¿Tú estudias ejercicios de independencia con la clave?

Todo, todo… [demuestra cómo ejercita en la batería la independencia con la clave, y ambos se ríen].

Negro, ven acá. A la hora de componer, cuéntame un poco. ¿Tienes ritmos preferidos para componer? ¿Cómo te baja la musa?

Yissy, la verdad es que a mí me encanta estudiar. Es como un laberinto en el que entro y empiezan a aparecer cosas que yo no puedo tocar. Tratando de descifrar cómo puedo tocar eso que no puedo, me vienen un montón de ideas y ritmos nuevos. Ahora es muy fácil hacer todo eso, porque si tienes una idea puedes grabarla al momento. Pero todo viene de estudiar.

Yo tengo un amigo, muy buen baterista de hip hop, que se llama Jo Jo Meyer. Jo Jo dice que si tú suenas bien cuando estás estudiando es porque no estás estudiando, que tú estás simplemente tocando lo que tú sabes tocar. Y verdaderamente estudiar es tratar de lanzarse a algo que uno no conoce. ¡Y eso es tan vasto, tan inmenso! ¡Todo ese mundo de la coordinación es tan bonito! Leer música es muy facil, Yissy, o sea, leer ritmos…

Oye, no es tan fácil na…

Es muy fácil. La música es un idioma que tiene 100 palabras, ¿ entiendes lo que te digo? La negra, la corchea, la blanca, esto, la corchea, la fusa, el silencio, esto, lo otro, y se acabó el idioma de la música. Hay  que practicar, porque si uno lo hace un día y no lo vuelve a hacer por dos meses, por supuesto que vas a ser mucho más lento cuando vuelvas. Pero si lo haces todos los días, si lees, lees y lees, es muy fácil.

Los bateristas Horacio "El Negro" Hernández y Yissy García en la casa del Festival del Nuevo Cine Latinoamericano. Foto: Larisa López / Magazine AM:PM.
Los bateristas Horacio "El Negro" Hernández y Yissy García en la casa del Festival del Nuevo Cine Latinoamericano. Foto: Larisa López / Magazine AM:PM.
Los bateristas Horacio "El Negro" Hernández y Yissy García en la casa del Festival del Nuevo Cine Latinoamericano. Foto: Larisa López / Magazine AM:PM.
Los bateristas Horacio "El Negro" Hernández y Yissy García en la casa del Festival del Nuevo Cine Latinoamericano. Foto: Larisa López / Magazine AM:PM.
La baterista Yissy García en la casa del Festival del Nuevo Cine Latinoamericano. Foto: Larisa López.
El baterista Horacio "El Negro" Hernández en la casa del Festival del Nuevo Cine Latinoamericano. Foto: Larisa López.
Los bateristas Horacio "El Negro" Hernández y Yissy García en la casa del Festival del Nuevo Cine Latinoamericano. Foto: Larisa López / Magazine AM:PM.
Los bateristas Horacio "El Negro" Hernández y Yissy García en la casa del Festival del Nuevo Cine Latinoamericano. Foto: Larisa López / Magazine AM:PM.
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¿Cuál es la mayor alegría que has tenido como músico?

Mi mayor logro, si se puede decir así, es que mi batería duerma todas las noches al lado de la trompeta de Louis Amstrong, el piano de Duke Ellington, el sintetizador ese con el que sales caminando de Herbie Hancock, en el museo Smithssonian, en Washington. Hará cinco o seis años, me llamaron para decirme que ellos querían tener una batería mía en ese museo que cuida tantos instrumentos históricos. Siempre me olvido de mencionarlo, pero verdaderamente eso es mucho más valioso que todos los Grammy y todas las condecoraciones, que también son importantes y bonitas, ¿no? Pero saber que tu instrumento va a estar de por vida durmiendo a esos otros es como “guau”, algo increíble.

Igual tú no paras, tú con diferentes proyectos estás todo el tiempo girando…

Sí, pero estoy tratando por Dios de…

De parar un poquito…

Sí, de quedarme en casa. Es que a mí lo que de verdad me gusta, como te decía, es estudiar. Tocar en conciertos y todo eso está muy lindo, muy bonito, pero a mí lo que me satisface inmensamente es estar solo con mi instrumento, meterme por allá a volar. Y no sé, quizás seguir haciendo DVDs y videos instruccionales y libros y esas cosas, pero por lo menos desde una base más tranquila. ¡Que han sido cuarenta años sin parar! Tengo una loma de pasaportes, con todas las páginas llenas. Es una vida preciosa, ¿sabes?, llena de oportunidades y lugares que uno conoce, gente maravillosa, audiencias… Una vida intensa, súper intensa y súper bonita. O sea, si tuviera que hacerlo de nuevo, no cambiaría nada.

¿Hay algún artista con el que has soñado tocar y todavía no…?

Uuh, imagínate tú… tantos…

¿Sí?

Hay muchos, sí… ¡contigo!

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