Fotos: Larisa López

Héctor Téllez Jr.: canciones con vidas propias

por
AM

Ser cubano y no saber bailar es casi un sacrilegio ante algunos paradigmas que nos definen. Nuestra música más popular nos señala cómo marcar con los pies a golpe de síncopa, clave y bajo a contratiempo. Pero desde hace tiempo a estos modos de moverse se le han sumado en Cuba otros ritmos como el rock, el rap y la música electrónica, provenientes de disímiles coordenadas y que también vibran en el cuerpo nacional.

Una de las figuras más jóvenes que define esta diversidad de identidades musicales es el guitarrista y cantante Héctor Téllez Jr., intrépido en escena, intérprete virtuoso y creador de armonías que transitan entre el filin de los boleros de su padre y todo el blues y el rock que le ha rodeado.

Hallamos en Héctor una obra plena en historias y sueños, así como la esperanza en la música como principal oxígeno de vida. No sabe bailar, pero para conectar con nuestros sentimientos están su guitarra y su ritmo.

Héctor, tu formación musical es empírica y así has logrado un gran dominio de todo el universo técnico y expresivo de la guitarra, de sus recursos como instrumento melódico-armónico. ¿Cómo fue tu acercamiento a la guitarra para ser el intérprete que eres hoy?

Yo tenía 14 años cuando lo tomé en serio; de niño moneaba con una guitarrita de juguete que me habían regalado. Comencé a estudiar con dos o tres acordes que me enseñó mi papá. Empecé a recibir nueva información, música que me copiaban los amigos y me di cuenta que con solo esos acordes no podría hacer mucho.

Mi papá es empírico igual que yo; aprendió preguntando y experimentando cómo se logran las cosas en la guitarra. Entonces yo comencé como él, como lo hacemos todos cuando queremos hablar o caminar: imitando. Era lo único que podía hacer porque no tenía la escuela. También conocí a mi amigo Junior que me dijo “yo te voy a enseñar”, y al final realmente me mostró como instruirme yo mismo y le agradezco mucho por eso. Junior me dijo que fuera con la guitarra y unos Cds vírgenes –cuando aquello las memorias eran algo muy nuevo–, entonces me copió música, métodos, libros, videos y conciertos. Me dio herramientas y cosas básicas como escalas y ejercicios de digitación para que partiera de ahí y pudiera empezar. Aprendí de esa manera, es una técnica que he seguido usando hasta el día de hoy, continúo estudiando la guitarra del mismo modo: por imitación.

Cada persona que conozco y cada experiencia hacen que nuevos sonidos se escuchen en mi cabeza; estos me obligan a ir a la guitarra para encontrar la manera en que suenan y se tocan. He acomodado muchos ejercicios y técnicas a mi manera de interpretar para poder reproducir y expresar estos sonidos que llegan constantemente a mí.

Foto: Larisa López
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¿Y qué tal tu acercamiento a otros instrumentos de percusión o el bajo?

Esas son las cosas que ha hecho mi papá toda la vida y me he atrevido porque me viene de la escuela más cercana que tengo. Llegué al bajo pensando que sería como la guitarra, pero es otro instrumento. Sí, he estudiado un poco su sonido, y lo hice porque quería experimentar, expresarme a través de cosas nuevas. Al final el bajo lo toco bastante guitarreado, también por imitación de algunos de mis ídolos, como por ejemplo Sting, que no es guitarrista, sino que es más conocido como bajista.

Por imitar no me siento mal, todo el mundo inevitablemente lo hace con alguien y lo más importante es lograr expresarse. Todos hablamos español y no nos copiamos el idioma, sino que es el lenguaje que usamos para decir y comunicarnos.

Tu papá sobresale siempre que hablas de tu música. ¿En este aprendizaje por imitación cuánto has tomado de él?

Mi papá es músico y es un artista, esto es algo que no todos logran. En mi casa siempre hubo mucha música y fiestas con instrumentos de todo tipo. En ocasiones vi a mi papá tocando las tumbadoras y luego iba hacia una batería, comenzaba a dar palos y se oía bien. Me di cuenta que él no era percusionista, pero lo hacía y sonaba [bien] porque entiende la música. Y es por esto que también yo me atrevo a moverme a otros instrumentos.

De esto me di cuenta sobre todo cuando comencé a cantar, que fue de las cosas que más trabajo me costó. En primer lugar yo no quería hacerlo, quería ser guitarrista y ya. Pero llegó un momento en que no era suficiente; necesitaba expresar más cosas y la guitarra no me alcanzaba, me di cuenta que tenía que usar mi voz. Comencé imitando a Robert Plant de Led Zeppelin, a Freddie Mercury, a Chris Cornell y en el único que no me había fijado era en mi papá. Un día estábamos en otra fiesta cuando tenía 21 años, mi papá cogió la guitarra, empezó a cantar y lo único que tuve que hacer fue ver su lenguaje corporal. Del modo en que ponía la boca, los movimientos de su cara, como respiraba, tan solo mirarlo me indicó qué era lo que tenía que hacer yo.

Antes de ese momento estaba jugando, no usaba mi propia voz y me era difícil afinar. Luego de imitar a tanta gente, creo que la llave para saber dónde entrar a cantar fue haber visto a mi papá ese día. Una vez más fue por imitación, sin maestros ni formación.

En tu creación sobresalen dos grandes fuerzas: una música enérgica, libre, de intensa expresión que se apoya en el performance y géneros como el rock & roll, y otra donde prevalece el blues, el jazz, la experimentación tímbrica, la ausencia de textos o letras que recrean meditaciones más introvertidas e íntimas. Coméntame cómo se conciben estos estilos, por ejemplo, a partir de tus canciones: I don´tknow how to dance y Spiny days.

Me he dado cuenta recientemente que siempre he sido igual; a veces soy alguien en el escenario y otro en persona. No somos solo uno, sino la convivencia en un mismo cuerpo de una multiplicidad de yoes que reaccionan según el momento. Entonces ese Héctor escandaloso que hace muecas, toca la guitarra y corre todo el escenario es el mismo que habla hoy contigo.

Las emociones pueden reflejarse de maneras distintas. Spiny days es una canción de despecho como todas las de amor: no me quieres ya, tienes a otra persona y yo estoy muy triste, pero te sigo amando. Y I don´tknow how to dance habla de los mismos sentimientos, pero lo expresa diferente por el estado de ánimo que tenía cuando me senté a escribir.

Todo esto parte un poco del equilibrio que hay en la naturaleza, soy la misma persona experimentando de modos distintos las cosas de la vida. Ese balance es incontrolable, son fuerzas como el yin y el yang donde no existe una cosa sin la otra. Cuando la música viene a mi cabeza y comienzo a buscar lo que quiero decir, con qué sonidos queda mejor, es como una espiral, y los textos vienen solos.

Spiny days y I don´tknow how to dance las escribí en diez minutos. Las canciones están ahí, solo tienes que sacarlas en el momento en que toca, en un estado de aceptación, de dejarte llevar y no pelearte con ellas. La música te dice que viene Do mayor, entonces no la contradigas y pon el acorde, se está presentando de ese modo.

Hay momentos en que no estás en el estado de ánimo de la canción que te está llegando. La música, al igual que un cuadro o un libro, viene a ti como información sutil desde otras partes. No siempre sabemos cómo usarla o cómo crearla, proviene de fuerzas superiores que nos utilizan como un canal para que nazcan y todo el mundo las pueda ver. No creamos desde cero, no concebimos un idioma, por lo tanto, es información reinventada y expresada a partir de cómo ves la vida y cómo son tus sentimientos. Con esto las personas se identifican, porque a su manera también necesitan expresar lo que dice tu canción. Todo el mundo lo muestra diferente, algunos con salsa, y otros con reguetón, rock & roll o música clásica.

Por ejemplo, I don´tknow how to dance es algo a lo que todos en el planeta nos hemos enfrentado. Siempre llega un momento en el que dices no sé cómo hacer esto, y así es el proceso creativo. Yo escucho esa información que viene, las señales, los sueños; la música está en todos lados y en todo lo que hacemos, incluso en el silencio.

Foto: Larisa López
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En tus interpretaciones una misma canción cambia constantemente de género, timbres y carácter. ¿Cómo logras esto y por qué?

La canción después de ser escrita también tiene varias personalidades y sufre los cambios emocionales que tiene el intérprete. Se mezclan el estado el original de cuando fue creada y el que tienes en el momento de tocar. A veces esto se define por etapas de tu vida. Por ejemplo, cuando se hicieron las sesiones en BandEra todo para mí estaba suave y I don´tknow how to dance quedó de esa manera porque todo venía en cámara lenta.

Al final las canciones son para mí como seres con vida y están durmiendo hasta que coges la guitarra y despiertan con la posibilidad de coexistir en diferentes estados de ánimo.

¿Y qué sucede cuando trabajas con otros músicos y la canción despierta en otro estado?

Las emociones en el proceso de convencimiento son contagiosas. Las canciones lo logran por sí mismas. Cuando ves frente a ti o en televisión a alguien con lágrimas te dan ganas de llorar, aunque te sientas perfectamente bien. Algo en ti salta por ver a las otras personas y de igual modo sucede con las canciones y sus emociones. Entonces si en el ensayo tomas la guitarra y comienzas a tocar despacio, y quitas un poco de distorsión, creas un ambiente que coloca a los demás músicos en un estado similar. No hay que convencerlos, ellos te siguen.

Héctor, tu obra es mayormente en inglés. ¿Qué te proporciona este idioma creativamente?

No trato de explicar mucho eso, es simplemente porque me gusta. Me atrae cómo suena la música en inglés. Como te expliqué anteriormente, casi todo lo que he aprendido ha sido por imitación y podría asegurar que el ochenta por ciento de todo lo que he escuchado en mi vida ha sido música en este idioma. El rock & roll de las bandas inglesas, el rock americano, el blues y en general gran parte de la cultura que he recibido por las películas que ponen en la televisión y las series, son todo en inglés.

Esto en parte se ha sumado a esa aceptación sobre ser feliz con el hecho de imitar las cosas que he visto y escuchado, sin que te importe lo que las personas puedan decir sobre eso; lo elemental es llegar a un momento donde lo único verdaderamente valioso es disfrutar la música que estás haciendo. Cuando estoy en el escenario tocando y cantando simplemente soy feliz.

Yo no conozco bien el inglés —ni siquiera conozco el español—, pero logro comunicarme a través de ambos y el conocimiento que tengo me resulta suficiente para expresar lo que necesito. He escrito canciones en español y me gusta mucho la música en mi idioma: Benny Moré, Héctor Téllez, Carlos Varela; en un momento de mi vida me gustó Silvio Rodríguez, los compositores del filin como César Portillo de la Luz y José Antonio Méndez, la trova tradicional; en general la música cubana, la que ya casi no ponen en la radio, tiene un valor increíble. Pero no es la que más he escuchado o me ha influenciado.

La canción no se sabe en qué idioma viene, por eso hay algunas que ni siquiera tienen letra, son solo instrumentales. Me gusta más el sonido de la música en inglés, sin que signifique que valoro más un idioma por encima del otro. Es una cuestión de preferencias porque es lo que me ha tocado vivir.

¿Y qué hay del público, del consumidor? Pueden amar tu música, mas nunca llegar a comprender que estás diciendo. La canción es un mensaje que vino a ti con sus sonidos, pero también con un texto. ¿No quisieras que todo el mundo te entendiera?

Eso lo pensé en algún momento, ya no lo hago más. Me di cuenta que en Cuba toda la vida se han escuchado canciones en inglés. Estoy seguro que un gran por ciento de las personas que oyen a Los Beatles en nuestro país no logran entender sus letras, simplemente les gusta lo que está sonando. La música habla por sí sola y puedes no entender el texto, pero sí comprender lo que pasa. Por ejemplo, Silvio Rodríguez en sus inicios recibió muchas críticas porque no se entendían sus canciones escritas en el propio español. Pero había muchos que sí lo hacían.

Las canciones son como un símbolo del cual deducirás lo que tu propio conocimiento te permita. Aunque fuesen en español, quienes las van a entender lo harán sin importar el idioma o complejidad. Por esto hay personas que escuchan música “culta”, ¿qué es la música culta? Creaciones que no entiende todo el mundo y aun así hay quien la consume.

Yo respeto mucho al público, esto que te estoy contando es una línea de pensamiento que asumo cuando soy yo parte del auditorio, cuando he ido a ver gente que no entiendo lo que está cantando. Otro ejemplo, en el concierto de los Rolling Stones en la Ciudad Deportiva yo sabía lo que se decía, porque conozco las canciones y comprendo bastante el inglés. Pero el estadio estaba lleno esa noche de cubanos que no captaban del todo lo que coreaba Mick Jagger y sin embargo bailaban, gritaban, lloraban de emoción y la pasaban bien. La necesidad de que la gente deduzca el mensaje detrás de la letra para mí nunca ha sido tan importante, porque la música sola es un lenguaje que te llega sin importar el idioma.

Foto: Larisa López
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Eres parte de BandEra Studio, el primer sello de gestión colectiva de rock surgido en Cuba. Sabemos que es un proyecto fundado en el 2016 que apuesta por la creación y producción musical y audiovisual, la realización de conciertos, eventos, apoya y difunde la escena del rock en nuestro país y a sus protagonistas. ¿Cuáles son los próximos logros que te gustaría que alcanzara BandEra?

Los artistas debemos pasar muchos filtros: crear, grabar, difundir, interpretar y demás. Me gustaría que en los créditos de estos filtros, en la obra de muchos músicos, se mostrara BandEra Studio. Eso sería una meta lograda. Quisiera que sucedieran noticias como que Lady Gaga vino a Cuba y grabó su último single en BandEra Studio, ¿por qué no? Eso pudiera pasar.

El hecho de que seamos o no reconocidos legalmente o institucionalmente no es tan importante al final del día. Los más significativo es seguir creando y haciendo porque eso es lo que define a quienes estamos en BandEra. A mí me encantaría hacer un disco en Abdala porque es un estudio que es un sueño, pero es en BandEra donde logramos obtener, musicalmente hablando, los resultados más cercanos a lo que deseamos.

En mis viajes por otros países siempre me llama la atención la radio porque posee una emisora para cada género. En nuestro país los medios se han enfocado principalmente en la música tropical, latina o bailable. Eso no es que esté mal porque integra nuestra idiosincrasia, pero hay otras cosas que caminan de la mano, que también son parte de la cultura cubana y es lo que apoyamos desde BandEra: blues, rock, funk.

Los públicos vibran en distintas frecuencias, aunque vengan de lugares comunes. Lo que deseo desde BandEra es que se sepa sobre la existencia de otra línea de pensamiento de los cubanos que no es solamente reguetón, salsa, cha cha chá y guaguancó, mulatas y ron. Hay otras formas y nuestro pueblo tiene en las cabezas muchas historias y modos distintos de ser, no es solo lo que te venden los medios. Y ese es el camino de BandEra.

Conocemos como funcionan los mecanismos de trabajo para los músicos en Cuba con sus aciertos y desaciertos. Para ti, en este momento ¿cómo sería un escenario ideal de trabajo? ¿Tendrías un lugar fijo, harías una gira, nuevos conciertos?

Ese escenario ideal para mí no lo conozco, nunca lo he visto. Pero te contaré algo que le dije a mi mamá cuando iba a empezar en la música. Al anunciarle que dejaría la universidad y todo lo demás mi mamá me preguntó: “¿y si no triunfas?” Mi respuesta fue: “ya triunfé porque tomé la decisión de hacer única y exclusivamente lo que a mí me gusta”.

Entonces no te diré cuál es, sino cuál no es. Lo que no resulta mi escenario ideal es no tener la posibilidad de hacer lo que hago. El espacio perfecto es ser músico en el portal de una casa, en un estadio con 100 mil personas o en el Malecón.

¿Si te menciono rock cubano cuál es la primera palabra que viene a tu cabeza?

Abundancia. En la televisión cubana existen programas donde se pone rock, pero solo extranjero. No se pone la música de casi ninguna de las bandas nuestras, o al menos no tanto. Hay mucho rock cubano y con talento alrededor de todo el país. Es cierto que la gran mayoría del público no es un gran consumidor de este género, sin embargo, también creo que uno entiende lo que conoce.

Me pasa constantemente cuando me cuestionan qué tipo de música canto y yo respondo  rock, enseguida me preguntan si soy de los peludos que dan gritos. Con la palabra rock se transportan al arquetipo vestido de negro con pelo largo y botas con pinchos que hace canciones sobre el diablo. Eso es una parte del rock, pero no lo es todo. Yesterday de Paul McCartney es una canción de rock y es muy linda, Hotel California también. El cubano debe primero conocer para ser capaz de entender, como lo hace con las diferencias entre salsa y timba, reguetón y reparterismo. Comprendemos esas diversidades porque las vemos, las vivimos todos los días. Por eso es un poco difícil llegarle a más públicos.

Creo que en Cuba abunda el buen rock en todas las manifestaciones. Hay quienes escriben Yesterday y hay quienes escriben sobre el diablo. Y cuando me refiero a abundancia estoy hablando no solo de creadores sino del público, porque muchos no son músicos, pero entienden la cultura del rock & roll. Creo que, sobre todo en los últimos tiempos, nuevas mentes se han abierto y se han sumado a esa abundancia.

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