Guilherme Kastrup: “El foco es siempre la emoción”

en AM

En junio de 2017 el evento AM-PM “América por su música”, organizado por tercera vez por Fábrica de Arte Cubano, decidió reunir a algunos de los más destacados productores musicales del continente con la intención de que compartieran y debatieran con sus iguales de Cuba las principales regularidades, preocupaciones y tendencias de la profesión.

Como parte de ese encuentro, AM-PM encargó un grupo de entrevistas a varios de los productores musicales imprescindibles de Latinoamérica, las que fueron publicadas como un dossier en la revista española Zona de Obras y que hoy comenzamos a reproducir en nuestro magazine, con la intención de continuar divulgando el pensamiento musical de estos “monstruos”.

***

La historia es como sigue. En abril último me llegaron varias señales de que debía prestarle atención a Muhler do Fim do Mundo, el último disco de Elza Soares. La más fuerte de todas, unos versos de Do Cóccix Até O Pescoço —otro álbum de ella publicado hace 15 años del que soy fan incondicional— que de la nada comenzaron a martillarme la cabeza: “Hoje é dia de festa…. Alô comanche… Alô poeta”. Así que hice caso y busqué lo último de la cantante de 80 años, una de las grandes divas de la canción brasileña de todos los tiempos.

El hecho es que durante 24 horas no pude dejar de escuchar su música, y en medio de esa sobredosis, llegó a mi buzón de correo una invitación del equipo de AM-PM, América por su Música. Me pedían entrevistar a Guilherme Kastrup (Rio de Janeiro, 1969), importante percusionista y productor musical brasileño, con el argumento de que había producido nada más y nada menos que Muhler…, y que, invitado a esta edición que pone el foco en el productor musical, a última hora se había visto impedido de venir a La Habana por encontrarse de gira con Elza. De modo que sin poder recuperarme aún del misterio que propició nuestro encuentro, una semana después recibía de vuelta las respuestas de Kastrup, con este encabezado: “Es que sabemos muy poco todavía. Las energías e informaciones circulan por otros medios más allá del habla y la escritura. Está todo allí, en el aire, en nuestra red. ¡Estamos conectados! Somos un solo organismo vivo”.

Según tu biografía, de joven te gustaban bandas como Black Sabbath y Led Zeppelin, y luego pasaste por Pink Floyd y la música progresiva. ¿En qué momento de tu vida comenzaste a interesarte por la percusión popular brasileña, por géneros como el jongo y el tambor de criolla?

Sí, ese fue mi camino. Heavy metal-rock psicodélico-jazz moderno, bandas de fusión como Weather Report, Jean-Luc Ponty, Mahavishnu Orchestra, entre otras, que me abrieron la mente y los oídos para escuchar luego a Hermeto Pascoal, Egberto Gismonte, Naná Vasconcelos. Ellos a su vez me llevaron a las canciones de Milton Nascimento, Toninho Horta, Gilberto Gil, a toda la música popular brasileña y también a las músicas de otros pueblos como Cuba. Fue a los veinte y pocos años que entendí que necesitaba abandonar un poco la mirada académica para sumergirme en las músicas populares y tradicionales. Y ese conocimiento que no me daba la academia lo tuve que buscar en las calles, en las fiestas populares. Al inicio sólo quería aprender el vocabulario de la percusión para llevarlo a la batería, pero eso me abrió a un mundo de cosas nuevas del que nunca más salí.

Elza Soares reconoce que fuiste (y eres) “la cara”, el mentor de su proyecto Muhler do Fim do Mundo, y que además eres una persona muy dulce e inteligente a la hora trabajar. ¿Qué es para ti trabajar junto a alguien como ella, tocar a su lado, producir y dirigir su show? 

Es maravilloso. Una oportunidad de vida espectacular, increíble. Elza nos enseña a vivir, con su fuerza extraordinaria, su humildad y dulzura. Es un honor convivir con ella y poder dirigir un show así, que creamos para ella. Este es un proyecto de amor a una de nuestras grandes representantes. No solo artísticamente, sino desde un punto de vista social y político. Elza representa al pueblo brasileño, es un gran símbolo de libertad y lucha contra las desigualdades sociales, contra el racismo, el machismo, contra la homofobia. Ella es una fuerza de negritud y mestizaje. Una sobreviviente a través del arte. ¡Cada show, cada encuentro es un chorro de emoción fenomenal! Pero deseo añadir algo importante: sí, fui el mentor del proyecto A Mulher do Fim do Mundo, porque eché las cosas a andar, pero la verdadera “cara” y estética son resultados del encuentro de Elza con un grupo de artistas muy especiales de aquí, de Sao Paulo. En especial el núcleo creativo formado por los compositores e instrumentistas Kiko Dinucci, Rodrigo Campos, Marcelo Cabral, Romulo Fróes y Celso Sim, pero también con un grupo mayor de la escena musical paulista más reciente que incluye a Cacá Machado, Douglas Germano, Bixiga 70, Thiago França, y hasta el mismo José Miguel Wisnik, director artístico de Do Cóccix Até O Pescoço, quien se convirtió en mi consejero, además de componer la canción que abre el disco, Coração do Mar.

Después de más de 100 colaboraciones en grabaciones de compositores tan grandes como Chico César, Arnaldo Antunes y Adriana Calcanhoto, decidiste abrir tu propio estudio Toca do Tatu. ¿Qué te enseñaron todos esos artistas a la hora de grabar? 

Fueron mis grandes maestros. Todos ellos, cada uno, y también los grandes productores con los que tuve la oportunidad de trabajar. Alê Siqueira, Chico Neves, Liminha, y otros tantos. Nunca fui a un curso de producción musical. Todo lo que sé se lo debo a ellos, y a la oportunidad de aprender a su lado. Fueron mi gran escuela.

La percusión brasileña atesora nombres emblemáticos como Naná Vasconcelos y Airto Moreira, gigantes que elevaron su ejecución a un plano autoral, compositivo. ¿Cuánto hay de esa tradición en la publicación de tu disco Kastrupismo en 2013?

Mucho. Muchísimo. Totalmente. Especialmente de Naná, por un disco suyo llamado Storytelling, que me dio el deseo y el norte para hacer música visual. Pero también, y mucho, de Marcos Suzano y Ramiro Musotto (percusionista argentino ya fallecido que vivió muchos años en Brasil), que me hicieron creer que es posible componer a partir de la percusión.

Tu disco despliega una energía positiva muy especial. En Texto, por ejemplo, hay sonidos de berimbau, el profundo lirismo que despide el piano de Benjamin  Taubkin y varias texturas electrónicas. Uno piensa que está en un laboratorio de mixturas, donde la tecnología juega un papel determinante.

Muchas gracias. Me hace muy feliz escuchar eso. El foco siempre es la emoción, cualquier tecnología, avanzada o retro, tiene que estar al servicio de ella, porque de lo contrario no tiene sentido para mí. A inicios de los años 2000 comencé a usar la MPC, un sampler de Akai muy importante en el mundo del hip hop de los años ochenta. Ahí también la influencia de Suzano y Ramiro fue importante, porque ya ellos lo venían utilizando desde los años noventa, fueron los precursores de su uso en Brasil. La mayor parte de las mixturas electrónicas que hago vienen de ahí, muchas veces de samplers grabados de instrumentos orgánicos y manipulados digitalmente por la MPC, o de otros objetos que adoro y que pueden producir música electrónica, como bolsas de basura, latas viejas, etc. Me gustan las mezclas. De géneros, de estilos, de instrumentos, de gentes. No es algo preconcebido, sino una eterna experimentación con las herramientas de que dispongo.

Primero fuiste rockero y estudiante de música de conservatorio; luego te convertiste en  instrumentista, productor, compositor y director de shows. ¿Todos esos vasos comunicantes de tu carrera forman parte de algún plan premeditado, de un círculo perfecto en torno a la música que aún no termina?  

¿Plan premeditado de un círculo perfecto? ¡No, de ninguna manera! Pero con certeza sí son vasos comunicantes de esta cabeza llena de voluntad y deseos de crear. Recuerdo que un momento premeditado de mi vida fue cuando tenía veinte y pico de años. Decidí alejarme también de mis estudios de Comunicación Visual en la Escuela de Bellas Artes para vivir de la música. Me dije: “Necesito ser un gran músico para conseguir sobrevivir en la música”. Y me zambullí de cabeza. Luego llegó el resto. Voluntades diversas. Curiosidades diversas. Vasos comunicantes. Y siempre un malabarismo para seguir viviendo de la música.

En Cómo funciona la música, David Byrne describe el espectro de variantes que se dan hoy a la hora de producir, promover y comercializar la música. Es muy interesante porque pareciera que cada artista escoge una u otra en función no solo de sus expectativas artísticas y económicas, sino a partir también de sus lecturas éticas y políticas. En ese sentido, ¿cuál es tu posición como músico y productor con respecto al mercado y la industria de hoy?

Mi impresión es que hoy los artistas, además de crear, se aproximan a las funciones de producción ejecutiva y promoción de mercado. Diría que es una necesidad de estos tiempos. El artista tiene que asumirlo de frente, o estar lado a lado con los profesionales que le producen y promocionan. De esa forma se convierte en un pequeño empresario de sí mismo y de su carrera. Pero eso impone un cierto riesgo, una seducción, incluso en el ámbito independiente, porque puedes asumir una estética en función del mercado. En lo personal creo que mantenerse enfocado en la creación artística sostiene la verdad que profundiza tu expresión. Tal vez sea una visión un tanto romántica aquella de que si nos dejamos seducir por el pensamiento del mercado con respecto a la música estamos de cierta forma traicionando al arte y a nosotros mismos. Sin embargo, estoy seguro de que hoy es posible crear mercado para el arte autoral y autónomo. La verdad y la profundidad de la música terminan por llegar al público, aun cuando así sea más lento el proceso.

El mundo está lleno de festivales y eventos de música. Sin embargo, AM-PM tiene un perfil muy singular porque visibiliza aspectos de la industria musical que pasan desapercibidos para la mayoría de la gente.

Estoy de acuerdo. Son muy interesantes los enfoques y alternativas que propone AM-PM. La producción se enriquece con eventos así, porque la creatividad se alimenta del intercambio. América por su Música puede estimular y fomentar la carrera de muchos profesionales y artistas. Dejar caer las semillas. ¡Cómo me gustaría estar presente esta vez! Espero que en breve pueda ser.

Brasil parece un planeta cultural independiente. Sin embargo, la percusión (y la cultura en general) de Cuba y Brasil tienen un punto fuerte en común: la herencia africana. Me gustaría saber cuáles son tus referencias musicales de Cuba y qué posibilidades hay de estrechar la relación entre ambos países, en términos de conciertos, promoción y distribución de músicas.   

Esa característica de Brasil es a la vez una gran cualidad y un gran defecto. Cualidad por tanta producción cultural, y defecto porque nos encerramos y damos la espalda a la cultura latina de la cual también somos parte. Nuestros pueblos tienen mucho en común. Las etnias que fueron a Cuba son prácticamente las mismas que llegaron a Brasil, muchas veces, incluso, de las mismas familias. Somos hermanos, de cultura y de sangre. La música cubana es parte fundamental de mi formación como músico, así como de mi visión política y social. Y entonces las colaboraciones comienzan con los contactos, que son como hilos. Este con AM-PM es el primero de ellos, y estoy muy feliz y orgulloso. Espero que otras invitaciones y oportunidades surjan a partir de aquí, y podamos ayudar a profundizar esas relaciones. Del lado de acá siento que hay mucho interés, y personalmente tengo la voluntad de estrechar nuestros lazos. Lancemos entonces nuestros anzuelos y tiremos de esos hilos.

En síntesis, ¿qué características debe tener un productor musical en el siglo XXI?

Voluntad. Curiosidad. Potencia.

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