Gastón Joya en la sala Covarrubías del Teatro Nacional de Cuba, en el Festival Jazz Plaza 2019. Foto: Gabriel Guerra Bianchini.

Gastón Joya y su New Cuban Trio: sobrio, trepidante, tradicional

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Ir a concierto del Jazz Plaza un lunes a las 6:30 de la tarde es una de las sensaciones más anacrónicas que un habitual de estas citas puede sentir. Como yo, deben haber pensado las decenas de personas que no ocuparon los numerosos asientos vacíos de la Covarrubias del Teatro Nacional, una sala en la que el bajista Gastón Joya y su New Cuban Trio irradiaron belleza por cerca de una hora (lo más curioso del caso es que llegué minutos antes del comienzo de la presentación y en taquilla me anunciaron que las entradas estaban agotadas…).

Inmejorablemente escoltado por los talentosos Marcos Morales y Adrián Estévez –batería y piano, respectivamente–, a Gastón solo le faltó ofrecernos unos tragos para trasladarnos completamente de las rígidas butacas del teatro a la acogedora semipenumbra del club de jazz, gracias a un discreto y acertado uso de las luces y las máquinas de humo y lo íntimo de su propuesta musical, más cercana al jam que al concierto formal.Gastón Joya y Marcos Morales en la sala Covarrubías del Teatro Nacional de Cuba, en el Festival Jazz Plaza 2019. Foto: Gabriel Guerra Bianchini.

Gastón Joya y Marcos Morales en la sala Covarrubías del Teatro Nacional de Cuba, en el Festival Jazz Plaza 2019. Foto: Gabriel Guerra Bianchini.

Después de una década codeándose con la élite del jazz mundial, gracias a su participación en bandas como la de Harold López-Nussa, Omara Portuondo y Chucho Valdés, Gastón se ha ganado por derecho propio un lugar en el Olimpo del género en la Isla cubano. Su espectacular sentido del ritmo, la musicalidad de su ejecución, su capacidad de servir de bisagra perfecta entre el ritmo y la melodía y su defensa continua del uso del contrabajo lo convierten en el heredero absoluto de la tradición cubana de bajistas, esa que enlaza a Cachao con Carlos del Puerto con ese cubano de espíritu que es Javier Colina.

Tuvieron que pasar 33 años de Jazz Plaza y 31 de vida de Gastón para que este tuviera su primer concierto como solista en el Festival. Como queda claro, para nada le eran ajenas estas justas. Pero fue ahora que llegó su hora de hablar en primera persona.

El del pasado lunes fue un personal recorrido por toda esa música que lo vertebra, y comenzó con el standar Mambo Inn, de Mario Bauzá, uno de los pilares fundacionales del cruce entre el jazz cubano y el norteamericano. En lo adelante, el trío hizo un repaso por buena parte de Mamá Ina, su más reciente disco (seleccionado como uno de los mejores del 2018 por esta revista), una mezcla de clásicos como No te empeñes más, de Marta Valdés –“vamos a decirlo, es una compositora de jazz”, dijo– y La sitiera, de Rafael López, con temas de su propia autoría, en los que Gastón confirma sus credenciales como hombre de raíz.

Mención aparte para temas como Messié Julián, de Armando Oréfiche y popularizada por Bola de Nieve, y Tres lindas cubanas, de Antonio María Romeu, en los que subieron a escena los invitados de la noche. Bobby Carcassés, bujía inspiradora y bendito culpable de que exista un festival de jazz en La Habana, hizo suya la canción de Bola con una versión en el scat que tanto le gusta. Por su parte, Enrique Lazaga, maestro de generaciones en el arte del danzón, y Gabriela Joya, hermana menor del bajista, sumaron güiro y flauta para entregar una ejecución al más puro estilo de las charangas.

Gastón ha construido una particular iglesia alrededor de su instrumento, una iglesia en la que funge de profeta y predicador, y a la que nos invita cada tanto. Podemos comulgar o no, pero no es eso lo que sostiene su fe, si no la pasión confesa por la música tradicional cubana y esa columna de madera, aire y acero llamada contrabajo.

En el diálogo que es el jazz (nunca competencia, algo que suelen olvidar muchos a menudo) Gastón conversa con otra época, es síntesis y antítesis a la vez de la vanguardia jazzística cubana, borde y centro, en una suerte de curioso fenómeno Schrödingeriano.

¿Se escandalizaría alguien a estas alturas si digo que Gastón Joya es el mejor bajista del jazz cubano actual? Sospecho que no demasiada gente. Igual exagero, pero para qué están los buenos conciertos,  si no para dejarnos en ese estado de éxtasis hiperbólico.

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