Dúo Ibeyi. Foto: David Uzochukwu (cortesía de Ibeyi).

Ibeyi: What’s your sound?

por
Meridiano

La Habana, 2002. Para la grabación de El güije, una alegre canción de aires arábigos, Haydée Milanés y Descemer Bueno reúnen a un coro de niños. En él, dos hermanas de 7 años cantan cosas como “cum chá cu chá cu chá” y “eeehh aaaahh leeeiiii lee leeee, va repartiendo la felicidad / eeehh aaaahh leeeiiii lee leeee, la fantasía de su libre andar”, con la despreocupación del que juega.

Un año más tarde, morirá el padre de ambas. No era su primer encuentro con la muerte, antes había sido una hermana pequeña. Algo se rompe y se funda con cada muerte. En la próxima década una de las hermanas asumirá como testamento no dicho desentrañar los misterios de la percusión mientras que la otra se sumergirá en los estudios de piano clásico y jazz. Nunca pensando en una carrera, sino como resultado natural de crecer en la música. En el medio, eso que llaman adolescencia. En el medio, YouTube, Rihanna, la música yoruba, Beyoncé, la música tradicional del Este. En el medio, París, La Habana una vez al año, y viajes por toda Europa. En el medio, libros, películas, el Louvre. Y luego 2013. La explosión que nadie previó.

Llegaron como casi todo lo que presenta Richard Russell en XL Recordings, el exquisito sello independiente ubicado en Londres. Hasta ese momento las lecturas en el siglo XXI de la música afrocubana habían sido escasas y de poco impacto internacional. Pero aparecieron las Ibeyi: Naomi y Lisa-Kaindé Díaz Dagnino, dos jimaguas cubano-venezolanas criadas en París entre la efervescencia del último gran tamborero del siglo XX cubano, las melodías maternas como nanas y el cruce promiscuo de una metrópolis que es africana, árabe, latina y europea a la vez.

Ibeyi (XL Recordings, 2015), su primer disco, fue una bocanada de aire fresco, una impresionante revisión de los códigos y las maneras de abordar una de las músicas más vitales de nuestro país. Con los cantos rituales yoruba como fuente inspiracional, desplegaron una serie de viñetas familiares en las que se dibujan retratos íntimos a golpe de juegos vocales, secuencias loopeadas de piano, beats de drumpad y cajón.

“Nos gusta que nuestra música sea bien ecléctica”, explica Lisa-Kaindé, “poder viajar en diferentes géneros. Por eso hay canciones que son más hip hop, y otras canciones más dance, y otras más down tempo”.

El resultado, de una belleza esplendente, nos tomó por sorpresa a todos: a escuchas, a críticos, a periodistas.

Aunque residen en Europa, Lisa-Kaindé y Naomi vuelven a menudo a la tierra que las vio nacer. Entrevistarlas aquí, en Cuba, es tarea difícil. Acá vienen a recargar las pilas, a convivir como hermanas fuera del trabajo —en la actualidad Naomi vive en París y Lisa-Kaindé en Londres—, a olvidarse de todo ese mundo de trabajo y periodistas. Pero a veces, con un poco de suerte y ayuda, puedes sentarte con ellas —Lisa-Kaindé y tú en sillas de jardín, Naomi en una hamaca— en el amplio portal de una casa de Miramar. Una casa toda de blanco, muy cercana a la línea de costa, con el césped y las plantas medio marchitas aún como recuerdo de la última penetración del mar en La Habana, en diciembre de 2018.

Uno, de tanto pensar en el dúo, de tanto leer sobre las hermanas, puede caer en la trampa de verlas como “las Ibeyi”, como si fueran una unidad, pero basta escucharlas dos minutos para caer en la cuenta de que se trata de dos mujeres que, a pesar de crecer juntas y bajo los mismos valores y educación, han desarrollado personalidades marcadamente diferentes y complementarias. Para fortuna nuestra y de su música.

Eso sí, es cierto lo que dicen, escucharlas es presenciar un inusual espectáculo a medio camino entre la telepatía y el choque de trenes, sus pensamientos tropiezan entre sí, se agolpan y aúpan para llevarlas finalmente a donde quieren llegar. En la entrevista se anotan declaraciones a una y a otra por pura convención, pero no pocas veces las respuestas llegan desde una construcción colectiva, como una autopista de varios niveles que se entrecruzan constantemente.

Esta conversación, que interrumpe sus vacaciones, está interrumpida por la entrada y salida de amigos a la casa, el jardinero, la madre que sale por un rato. La alegre calma de las simples cosas.

¿Qué grupo creen que hubiera sido Ibeyi si no hubiesen tenido la conexión, las raíces cubanas?

Lisa-Kaindé: No tan interesante, seguro, porque lo que nos dio la fuerza para poder hacer Ibeyi fue eso, darnos cuenta de que teníamos algo que decir con una visión y una perspectiva diferente a la de otras personas. Y creo que no hubiera sido tan interesante Ibeyi sin Francia.

“Nos gusta que nuestra música sea bien ecléctica”

Quería preguntarles de eso también, porque es menos evidente. Yo lo percibo en la actitud de ustedes, esa cosa ecléctica y multicultural que fomenta París, donde unas jóvenes como ustedes pueden pasar de las músicas folclóricas del Este a Rihanna, sin ningún complejo.

Lisa-Kaindé: Creo que, gracias a Francia, nosotros crecimos con YouTube, escuchando la música de Estados Unidos, la música del este… o sea, teníamos un acceso increíble a toda la música del mundo, y eso fue algo que nos dio Francia. Un París que de verdad es increíble, podíamos ir al Louvre, podíamos ir a veinte millones de lugares. Y viajábamos también por Europa, y todo eso es una oportunidad enorme. Creo que sí, que lo interesante de Ibeyi, de nuestra perspectiva, es que no tenemos los pies en un mismo lugar. Tenemos un pie aquí y un pie allá.

Tengo entendido que con el primer disco ustedes llegaron con las maquetas y Richard Russell fue quien incorporó sonidos más electrónicos. ¿Cómo llevan ustedes el proceso con los productores?

Lisa-Kaindé: Nosotras coproducimos con él; teníamos que encontrar un productor que nos dejara experimentar, hacer lo que queríamos.

Naomi: Sí, porque hay muchos productores que te dicen: “esta es la canción, vamos a hacer esto, esto y esto”.

Lisa-Kaindé: Hay gente que dejan sus canciones en el estudio y cuando vuelven para cantar ya está todo cambiado. No hay nada malo con eso, pero nosotras queríamos controlarlo todo, queríamos ser parte de la producción. Él fue genial con eso porque no lo hablamos, fue algo que surgió. Él nos guía, pero nunca impone.

Naomi: A veces Richard viene con ideas y nos las muestra y yo le digo: “no, no, no, eso está malo, malo, malo”. Él dice: “ah, ok”. Es así, lo hablamos.

Lisa-Kaindé: A veces yo tengo ideas, pero ellos dos me dicen “esto está fatal”, y a veces con ideas de Naomi pasa lo mismo… Eso es lo lindo de ser tres [produciendo]. Siempre hay dos que pueden decir no o sí.

Naomi: Hay mucha comunicación, hablamos de todo. Y también en el estudio vemos películas, escuchamos música… vivimos. Todo es muy creativo y a la vez muy tranquilo. Es como una familia.

Lisa-Kaindé: Cuando vimos a Richard por segunda vez nos dijo: “Me van a tocar todas las canciones que tienen”. Entonces teníamos como 30 canciones y tocamos las 30. Hizo dos listas y dijo: “esta sí, esta no, esta sí, sí, sí, sí, no, no no…”. ¡Resulta que todas las que le gustaban eran las que nos gustaban a nosotras!

O sea, hubo como una conexión ahí…

Lisa-Kaindé: Sí, pero Naomi fue la que dijo que quería música electrónica en el disco.

Naomi: Yo ya sabía bien lo que quería. Me dijeron: “¿tú sabes?”. Y me escucharon y por ahí fue la cosa.

¿Y se sienten cómodas trabajando con XL Recording? ¿Creen que el camino sería distinto si trabajaran con una major o con otro sello independiente?

Lisa-Kaindé: Empezar con XL Recording fue genial, porque la gente escucha tu música, la prensa escucha tu música.

Naomi: Y no te dicen nada sobre tu música.

Lisa-Kaindé: Sí, cuando en XL te firman no te hacen comentarios sobre tu música, lo hacen porque creen en tu visión y eso es muy importante para nosotras, porque si una disquera nos firma pero después en el estudio nos dice: “¿mira, no quieres poner un bongo ahí?” eso no nos interesa.

Dúo Ibeyi. Foto: David Uzochukwu (cortesía de Ibeyi).
Dúo Ibeyi. Foto: David Uzochukwu (cortesía de Ibeyi).

En puridad no puede decirse que las Ibeyi son artistas cubanas. Pero a quién le interesa la pureza —a ellas no, ciertamente. El caso es que nunca han perdido el contacto. Siempre regresan a su tierra natal, siempre buscan la manera de estar actualizadas con lo que sucede en materia musical en Cuba. Naomi, sobre todo, cuya mejor amiga vive acá y la mantiene al día respecto a los últimos hits del reguetón y el reparto. Un observador atento puede encontrarlas en conciertos de Alaín Pérez, Cimafunk, o en el Jazz Plaza.

Lo que ha faltado, en cambio, son presentaciones en Cuba. Apenas cuentan con una, un concierto ofrecido en el Salón Rosado de La Tropical durante el malogrado Festival Musicabana, en mayo de 2016. Un concierto brutal que removió a sus asistentes con su mezcla de sonidos lascivos y místicos, populares y sofisticados, enérgicos y sutiles. Como en la leyenda yoruba, seres salvados de La Muerte a golpe de música.

Una prueba de fuego “rara e increíble”, en palabras de Lisa-Kaindé. Por un lado, eran unas desconocidas para la mayoría del público, por otro cargaban con el pesado título de ser las hijas de Angá.

—Fue un poco estresante —dice Naomi.

—La gente se quedó esperando primero a ver qué hacíamos… —comenta Lisa-Kaindé.

—Sabemos que el cubano es un público muy difícil, y si no le gusta lo que tiene delante, se vira y se pone a hablar, no le importa nada. Nosotros decíamos: “ay, Dios mío, esperamos que les guste, porque si no, qué pena…”. Al final la pasamos muy bien, pero con mucho estrés. Por suerte les gustó. Esperemos que podamos estar pronto de nuevo en un escenario acá. La gente piensa que es tan sencillo como llamar a cuatro músicos y montar un piano, pero la música electrónica tiene sus requerimientos, y no se puede hacer improvisado. Y si lo hacemos, queremos hacerlo bien.

Cuando pudieron haber seguido transitando el seguro camino del éxito inaugurado, apostaron por ir más allá, y con las canciones de Ash (XL Recordings, 2017) dijeron al mundo que son dos músicas con vocación universal, sin la más mínima intención de encasillarse. Aprovechando el empujón inicial, capitalizaron la popularidad rápidamente alcanzada para incorporar en sus producciones a colaboradores de la talla de Kamasi Washington, Meshel Ndegeochello y Mala Rodríguez. Estiraron el pie fuera de la sábana y se sacudieron la etiqueta world music con un álbum rabiosamente contemporáneo lleno de hip hop, electrónica, jazz y algo bastante parecido al reguetón, donde se habla de racismo, xenofobia e igualdad de género. Todo esto antes de cumplir los 23 años.

“Uno tiene que ir a zonas donde se sienta un poco incómodo”

A propósito de los géneros: tienen un espectro amplio, pero las coordenadas son bastante fáciles de identificar, al menos con el trabajo que han hecho hasta ahora (hip hop, electrónica, música yoruba, R&B). ¿Se visualizan explorando otros terrenos en el futuro?

Lisa-Kaindé: A mí siempre me gustó el rock, tal vez probemos algún día, pero no creo que sea del tipo AC/DC —que me encanta AC/DC—. Me gusta la guitarra eléctrica y todo lo que envuelve.

Naomi: Nosotros pensamos, no sé, intentar algo un poco más hip hop, ir más allá de lo que ya hicimos, pero por ese camino.

Lisa-Kaindé: Creo que cuando uno hace un primer disco tiene que tener una identidad muy fuerte. En el segundo tienes que confirmar esa identidad e ir más allá. Y ya cuando haces el tercero tienes que proponer algo nuevo. No puedes hacer la misma historia tres veces porque la gente se aburre. Tienes que ir más allá de lo que ya hiciste y proponer algo nuevo. No todo nuevo, pero sí algo, un detalle que lo cambie todo.

Naomi: Pero también tiene que ser algo muy orgánico; no pensamos: “vamos a hacer esto o luego aquello…”.

Dúo Ibeyi. Foto: David Uzochukwu (cortesía de Ibeyi).
Dúo Ibeyi. Foto: David Uzochukwu (cortesía de Ibeyi).

No lo tienen prediseñado.

Lisa-Kaindé: No, pero también sabemos que tenemos que buscar, eso se busca, no es que te levantas un día y ya tienes la idea. Bueno, a veces pasa así, pero la mayoría del tiempo uno tiene que buscar e intentar cosas en el estudio, ir a donde te da miedo. El primero no dio miedo, el segundo tampoco. El tercero nos tiene que dar miedo. Uno tiene que ir a zonas donde se sienta un poco incómodo.

Se ha hablado demasiado sobre si son cubanas o no, o sobre si su música puede considerarse cubana o no. Dejarlas fuera del mapa sonoro de Cuba sería no solo una injusticia para con ellas, sino, sobre todo, una tremenda mutilación a nosotros mismos como nación, como oyentes. Ellas forman parte de ese pequeño pelotón que está ayudando a cambiar el rostro de la música cubana a nivel mundial. Entre tanta resaca de Buena Vista Social Club, latin jazz y reguetón, artistas como Ibeyi vienen demostrar que no hay que seguir los trilladísimos senderos ni dar las respuestas obvias para ser globales a la vez que originales.

¿Ustedes creen que ya tienen un estilo propio? ¿Qué alguien puede identificar “esto es de Ibeyi”?

Lisa-Kaindé: ¡Oh, sí!, desde el primer disco. La gente lo escucha por la radio y dice que eso es de Ibeyi. Eso fue algo muy importante para nosotras. Mira, las primeras palabras que nos dijo Richard fue: “What´s your sound?” (“¿Cuál es el sonido de ustedes?”). Recuerdo que me quedé pensando: “¿Y eso? ¿Por qué nos pregunta eso? Ya escribimos 30 canciones, eso es suficiente, para qué nos vamos a preguntar ‘What´s our sound?’”. Después me di cuenta de que esa es “la” pregunta que uno tiene que hacerse, a la que hay que encontrar respuesta. Bueno, de dos preguntas, qué quieres decir y cómo va a sonar eso, cuál es tu identidad.

Naomi: Hay muchos artistas jóvenes que quieren ser famosos, pero no saben qué quieren hacer, ni cómo lo quieren hacer. Entonces llegan ahí y se los comen, como no tienen ideas, les ponen ideas en la cabeza y después es que se dan cuenta de que lo que hicieron no era lo que querían. Eso es muy peligroso.

Lisa-Kaindé: Creo que más que talento, uno tiene que saber [qué quiere], y eso se busca. Toma tiempo… ¡Y se transforma! Cambia, va y vuelve. A veces vas a hacer discos que no van a funcionar porque así te sentías en ese momento y la gente va a pensar: “eso es tremenda mierda”. Y vas a hacer otro y le va a encantar a la gente. Y también hay algo injusto, que tiene que ver con el momento correcto; pasa que a veces estás muy adelantado a tu tiempo o muy retrasado a tu tiempo. Por ejemplo, yo he oído a músicos talentosos, increíbles, que tenían ideas como las de James Blake, pero no las desarrollaron en el momento correcto, y entonces llegó James Blake, y se comió todo… El timing es muy importante y eso tú no lo puedes controlar. A mí me cae mal a veces eso, saber que uno es músico, y claro uno tiene que trabajar mucho, pero el éxito viene de muchos parámetros que no tienen nada que ver contigo. Y eso es muy difícil.

¿Cómo se sienten con el público? ¿Les importa lo que digan el público y la crítica? ¿O van a lo suyo, hacen su música?

Naomi: ¿Crítica de quién?

De los medios

Lisa-Kaindé: ¡Sí, claro!

Naomi: A mí me importa menos que a Lisa.

Lisa-Kaindé: En el estudio de Richard hay un cartel que dice “No outside realities”. O sea, que cuando estamos en el estudio no pensamos en la crítica, ni en la gente. En lo que sí pienso cuando escribo canciones ahora es que oigo en mi cabeza a la gente cantar —entona el coro de Deadthless: “Whatever happens, whatever happens… we are deathless”—. Lo oigo, pero eso es como natural, no es que esté pensando “espera, eso no lo van a poder cantar…”. Pero intentamos, cuando creamos, no pensar en las consecuencias de lo que estamos creando. Para mí el público es muy importante también…

Naomi: Porque sin ellos somos nada.

Lisa-Kaindé: Y los momentos de gran felicidad que nosotras vivimos con Ibeyi siempre han sido con un público increíble. Y cuando tú ves que el público se sabe las canciones, y durante una hora y media se sueltan, lloran, y bailan y cantan… ¡y ves esa energía! Eso es lo más lindo del mundo. Y la crítica… bueno,  yo tengo que aprender a que no me afecte tanto… ¡Gracias a Dios tenemos muy buenas críticas!

Naomi (entre risas): Tenemos una o dos malas por ahí. No todas son buenas.

Lisa-Kaindé: ¡Gracias a Dios, de verdad! Porque las dos que fueron malas siempre me hicieron llorar.

Háblenme un poco de esa importancia que le dan a lo visual. ¿Por qué sienten esa necesidad? (tanto en los videoclips como en los performances de los shows se ve que lo destacan mucho)

Lisa-Kaindé: Creo que más que músicos somos artistas (siempre me cuesta decir eso). Queremos que todo sea fino, y hay cosas que hicimos que hoy en día no nos gustan visualmente, y nos quedamos como “… ¡shit! Eso no estaba al punto de Ibeyi, eso no era suficientemente fino”.

¿Se consideran detallistas, exigentes?

Naomi: Uuuuy, mucho. Con nosotras, sobre todo.

Lisa-Kaindé: Y claro, como todos los músicos, cometemos errores, porque “no hay tiempo; hay que hacerlo rápido”. Sabes que la música es así: “tienes que tener una idea el martes a las diez” —ahora sabemos que si el martes a las diez no tenemos la idea buena, pues uno dice no y ya.

“No entiendo cómo una persona va caminando por la calle y ve a dos muchachas besándose y no puede ver el amor ese. No entiendo cómo un tipo que le da golpes a su mujer piensa que él tiene el derecho de hacer eso, que él es superior a ella.”

Entonces, ¿han aprendido a decir “no”? Creo que esa es una de las cosas más difíciles de los seres humanos y también de los artistas, sobre todo cuando están empezando.

Naomi: Siempre hemos sabido lo que queremos, y decir no cuando queremos decir no. Me refiero a lo musical, porque con lo visual hemos tenido que aprender. Nos pasó con dos videoclips, que tuvimos que hacerlos en una semana y no quedaron las mejores ideas; eran las mejores ideas que se nos ocurrieron en ese momento, pero ya después cuando los ves te das cuenta de que no eran buenas.

Dúo Ibeyi. Foto: David Uzochukwu (cortesía de Ibeyi).
Dúo Ibeyi. Foto: David Uzochukwu (cortesía de Ibeyi)

Lisa-Kaindé: Pero la verdad es que cuando yo veo River, Oyá o Deathless me quedo encantada, porque sé que esos videos no son ruido, que de verdad es arte. Lo hicimos con personas que queremos y con las que tenemos una conexión; creo que son videos que se van a quedar. Y eso es lo que se quiere, dentro de cincuenta años mirar atrás y estar orgulloso de lo que hiciste, ¿no?

Son jóvenes, son lindas, son étnicamente exóticas, son buenas músicas de la mano de un sello potente como XL. Por supuesto que las redes las aman. Sin embargo, tienen una relación ambigua con ellas.

“Siento adoración y odio por ellas”, dice Lisa-Kaindé. “Yo, por ejemplo, me comparo mucho, ¡es horrible! Las semanas en que no voy sobre Instragram me siento genial, y las semanas que voy veo a todas esas muchachas con cuerpos perfectos, con vidas perfectas, con todo perfecto…

—¡Eso es mentira! —salta Naomi.

—Claro que es mentira —le riposta Lisa—, pero es inconsciente, y de repente te sientes tan mal, y piensas que tu vida es una mierda. Y después te das cuenta “no, ¡mi vida es genial!, ¿por qué yo me siento así?”, y es porque estuviste 20 minutos mirando a muchachas posteando el perfil perfecto de sus vidas. Por eso creo que es un medio muy complicado. Las personas dueñas de esas compañías, su familia no las usan; ellos saben que es muy peligroso.

Estamos en una época donde hay un montón de temas sociales (machismo, racismo, xenofobia) que se están discutiendo mucho a nivel mundial, y se amplifican las discusiones en las redes sociales a veces de manera agotadora incluso. ¿Qué de todo eso sienten que llega a su música? Hay textos bastante explícitos en el último álbum, pero, ¿cómo ustedes lo ven?

Lisa-Kaindé: A mí me da miedo. La tolerancia es un tema muy difícil en el mundo de hoy; a veces me quedo sorprendida y no entiendo. Justamente hoy hablaba de eso, es una cuestión de perspectivas, y entonces quizás no entiendo su perspectiva [de la gente que comete actos de violencia]. Pero a veces me sorprenden.

Naomi: Es que depende de cómo tú creces, de cómo te educan.

Dúo Ibeyi. Foto: David Uzochukwu (cortesía de Ibeyi).
Dúo Ibeyi. Foto: David Uzochukwu (cortesía de Ibeyi).

Lisa-Kaindé: Sí, y los miedos que uno tiene. Pero no entiendo cómo un policía con pistola mata a un joven que tiene la mano así (se guarda la mano en el bolsillo). No entiendo cómo una persona va caminando por la calle y ve a dos muchachas besándose y no puede ver el amor ese. No entiendo cómo un tipo que le da golpes a su mujer piensa que él tiene el derecho de hacer eso, que él es superior a ella. Y yo no entiendo cómo ella se puede sentir inferior a él. Bueno, ahora sí lo entiendo; entiendo que todo parte de la educación y es parte del mundo desde hace miles de años, y zafarlo es algo muy duro. ¿Quizás cantar sobre eso ayuda? No sé.

Comparado con sus años anteriores, los últimos meses del 2018 y los primeros del 2019 han sido de una calma chicha. Pero algo ha pasado. Hicieron un featuring con el rapero brasileño Emicida. Forman parte de las sesiones de Hamilton’s drops, a donde llegaron convocadas por un casi que extraviado mensaje vía Twitter de Lin Manuel Miranda, el creador de uno de los musicales más aclamados e iconoclasta de lo que va de siglo. Participaron en el reciente álbum que se lanzó como complemento de Roma, el filme de Alfonso Cuarón del que no paramos de hablar en el 2018. En camino, una colaboración con un rapero de la que no quieren o no pueden decir nada. Mientras, sueñan con el día en que lleguen a trabajar con James Blake o Kendrick Lamar (considerando lo logrado, no suena a algo demasiado descabellado) y se piensan de qué manera rompen el ciclo con el tercer álbum. Un álbum del que solo sabemos que estará signado por la libertad.

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