Portada del álbum "En tiempo real", de Charly Mucharrima y Los Niches.

En Tiempo real, rap de fórmula diferente

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Hay pocas experiencias más sorpresivas para un melómano que toparse con un disco de rap que, si bien no pierde el carácter cuestionador que define al género, logra sobrevivir a los contextos comerciales de la industria musical cubana.

En Tiempo real (Asé-D Records / Emetrece Productions, 2016), la primera entrega de la unión de Charly Mucharrima y Los Niches apunta claramente hacia una dirección: arriba. La agrupación se luce con su experimentación sonora, en la que se dan la mano el rap y otras tendencias como la timba, el funk y el rock. El resultado es un producto que se aparta un poco del redil de los raperos más ortodoxos y se acerca más a todo tipo de público.

Quien sigue desde hace unos años la carrera de Carlos Bravo (conocido artísticamente como Charly Mucharrima) en las agrupaciones Homeboys, Convoy Criollo, Cuentas Claras y los Aldeanos, de seguro sabía que con su talento y constancia le seguiría dando la patada a la lata, esta vez en otra dirección. Lo mismo sucede con los hermanos Yaseell y Raysel Sotomayor (Los Niches) quienes, formados bajo las influencias de su abuela, la reconocida cantante de filin y bolero Ela Calvo, cuentan con una larga trayectoria en los escenarios.

En Tiempo real es un disco que le da un gusto otro al rap, y materializa el proceso creativo que unió a sus protagonistas en el año 2009, cuando se conocieron en la primera edición del Festival Puños Arriba.

Si pensabas que la coreografía del rap se reducía a agitar la mano en alto, quizás te sorprenda este fonograma que se inserta como soplo de aire fresco en la escena del hip-hop insular. Con este disco, el grupo busca socializar el género con arreglos musicales bailables que no impiden disparar las rimas y mandarle un mensaje a la gente. No por gusto, estuvo nominado al premio Cubadisco 2016.

Charly y Los Niches no solo tienen el poder de llevar a la reflexión con sus letras vibrantes, sino también de entrarle por los poros a los oyentes con su propia visión del underground, adaptada a las nuevas tendencias de la música de fusión.

El fonograma está compuesto por 16 tracks que, a través de la exploración instrumental y particulares mezclas, resultan perfectos para vivir la noche, despejar la mente y aliviar el “too much” de cada día.

Si bien predomina la narrativa de los temas sociales, se trata de un rap que transgrede las fronteras monotemáticas y contestatarias, y que busca otras formas de contar historias. Así, nos topamos dentro del álbum con joyitas como Nada queda, junto a la cantante cubana Gretell Barreiro. Cuando rompe en los primeros segundos el sonido de la guitarra eléctrica, el buen flow de las rimas y las altas notas alcanzadas por la Barreiro, ya podemos predecir que el tema, que refleja la temática del amor, no caerá en lugares comunes.

Luego tenemos otros como A-Rrima, una colaboración con La Alianza, y Será que tal vez, que se caracterizan por un rap más puro y el juego agudo de palabras rápidas, aunque también llegan a ser bastante versátiles, musicalmente hablando. Dentro de este conjunto destaca Se baila, una canción que no puede faltar en tu playlist si tu objetivo es darles buen uso a los pies. Es este un tema en el que los músicos juegan con el codiciado punto en que el rap se transforma en una pieza bailable.

Las canciones son escritas en su totalidad por Charly Mucharrima y Los Niches, aun cuando abunden las colaboraciones con los artistas ya citados y otros como El Estudiante, Yamil Reyes, Nene 9mm y MC Navi Pro. Asimismo, destaca la guitarra y el espíritu roquero de Miguel Comas, quien agregó acordes precisos a varias canciones, además de asumir el peso de la edición y masterización de las mezclas. Las composiciones digitales estuvieron a cargo del productor de música electrónica, Carlos “Yongolailan” Martínez.

El bajista de Paulito FG, Amilkar Marsk, puso el sello de garantía para convertir este rap en un producto bailable y aportar complejidad estética a la nueva sonoridad del grupo, a través de los arreglos acústicos.

La unión entre Asé-D Records (Cuba) y Emetrece Productions (Estados Unidos) hizo posible este fonograma caracterizado por la exploración musical y particular mezcla de estilos. Eso sí, que no te engañe la portada propuesta por Marcos López, demasiado sobria, minimalista, casi invisible… diría yo. Este es un disco que no merece estar encadenado a tus últimas opciones. Atrévete y ponle play. Es un cañonazo en tiempo real.

 

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