Las productoras Tania Menéndez, Marla Cruz y el guitarrista Rober Luis. Foto: Larisa López.

El sonido de la Fábrica por dentro

por
PM

La fila de personas ha crecido desde las siete u ocho de la noche. Tiene unos 70 metros de longitud y dobla la esquina. Muchos están impacientes: son las once y treinta y saben que en cualquier momento el equipo de seguridad de la entrada podría cortar la hilera de un tajo, y mandar a casa a toda esa gente que quiere sumergirse en la Fábrica de Arte Cubano (FAC). Entonces habrá que reorganizar la noche o irse a dormir.  

Desde hace un lustro la brújula cultural habanera apunta hacia la antigua factoría de aceite de la calle 26, entre 11 y 13, en el barrio del Vedado. X Alfonso ancló allí lo que comenzó siendo un proyecto de intercambio entre públicos y artistas de varias disciplinas, medio itinerante por la ciudad.

Lo de la brújula no es una exageración. En la capital, cuando sales de fiesta, podrás dar vueltas por varios destinos pero es muy probable que si no te detuviste a la primera en FAC, lo hagas cuando cierren los cines y teatros, compruebes que siguen por el cielo los precios en el club La Zorra y el Cuervo, o en el Jazz Café, y se suspenda alguna de las peñas que sobreviven en La Habana. De jueves a domingo la Fábrica tendrá música, esa es una apuesta segura.

La máquina no se detiene hasta casi las cuatro de la madrugada. Comenzará a funcionar de nuevo, invisiblemente, desde las cinco de la tarde.

Tres utileros, tres técnicos de sonido y dos de luces, y tres productoras, se encargan de dejar listos los escenarios de la sala Santiago Feliú (Nave 1), el Teatro (Nave 3) y la Sala de Conciertos (Nave 4). Antes de abrir las puertas deben “cablear” los espacios, “microfonear” los instrumentos, mover los pianos para donde se necesiten, hacer pruebas de sonido, resolver alguna petición del artista de última hora…

En este punto todos saben quién tocará hoy, quién cantará mañana. La programación de los conciertos está bajo la égida de Carlos Alfonso –director de Síntesis–,  voz principal en el asunto de quién sube al escenario y quién no, aunque los coordinadores Pepe Gavilondo (música clásica y de concierto) e Iván Lejardi (electrónica y electroacústica) y las productoras, sugieran a su vez incluir a algunos artistas.

A inicios de mes están organizadas todas las noches de Fábrica y el cronograma se revisa cada martes. Es un sistema flexible que se adapta a cambios, como la llegada imprevista de algún artista extranjero que pida actuar, algo cada vez más común.

Cuando hay algún evento fuera de la programación habitual, la máquina se mueve más o menos similar, quizás con más intensidad, pero con los mismos engranajes y diseños. La productora Tania Menéndez explica que “FAC tiene una manera de funcionar y el que viene tiene que insertarse en ella, justo porque funciona bien”.

A las ocho de la noche ya está listo lo esencial para arrancar. Por el camino puede ser que se corte una línea, falle alguna consola, o las cronometradas salidas de músicos se desajusten, pero las productoras están atentas y rumiando planes b para que apenas se noten las costuras en el acto de magia.

Nave 1. Sala de Conciertos Santiago Feliú

Este es el espacio más pequeño de la Fábrica y el primero en concebirse para conciertos. Aquí comienzan los días de entrenamiento para no pocas bandas jóvenes, y se presentan habitualmente conjuntos de jazz de pequeño formato.

“Lo más difícil es montar todos los días: siempre tengo una experiencia nueva, porque aquí lo mismo ponen jazz, que música alternativa, que funk o rock”, dice Jorge A. Temprano, técnico de sonido.

Pero quizás lo principal que se viva sea la música electrónica y electroacústica, en largas sesiones organizadas por Iván Lejardi. Él es el Dj Productor residente de FAC y los habituales saben que “calienta” detrás de las máquinas, a veces durante cuatro horas o más.

Fábrica de Arte se ha convertido en uno de esos raros lugares en Cuba donde siempre podrás encontrar algo de house, techno, new age o experimental…

Lejardi intenta llegar a un punto medio entre géneros bailables y zonas de creación más conceptuales: “Cuando encuentro algo que sé que podría tener un balance entre la propuesta experimental del artista y la conexión con el público, lo recomiendo a programación”.

La visibilidad lograda por Fábrica la ha convertido en algo así como un puente entre el arte cubano y el mundo. “Mucha gente mira Cuba a través de nosotros, sobre todo en el caso de los Dj extranjeros que piensan que nuestra música solo es salsa y reguetón; es una responsabilidad grande demostrarles que no”, dice.

Lejardi y el equipo de FAC ha colaborado en el bocado de la Isla que se han llevado Paul Oakenfold, Chus & Ceballos, John Acquaviva, Questlove (líder de The Roots) y otros.

“Muchos Dj hemos coincidido en el criterio de que el público de la electrónica que viene quiere bailar, directamente, conectar con el artista en el escenario. Los Dj internacionales sienten que el público cubano es uno de los más agradecidos del mundo, por su cultura de fiesta y las ganas de conocer música nueva y diferente”, concluye Lejardi.

Pepe Gavilondo, coordinador de los conciertos de música clásica en FAC y el guitarrista Ernesto Blanco. Foto: Larisa López.
Pepe Gavilondo, coordinador de los conciertos de música clásica en FAC y el guitarrista Ernesto Blanco. Foto: Larisa López.

Nave 3. Teatro

La palabra clave es equilibrio. “Siempre hay que balancear entre los ensembles y artistas más reconocidos, con músicos que no han tocado aquí y a los cuales es muy importante dar un espacio”, explica Pepe Gavilondo, coordinador de música clásica en FAC.

Todos los jueves, cerca de las nueve de la noche, cierran las puertas, apagan las luces, y así se va creando la atmósfera que requiere este género. Dos o tres utileros se ubican en los puntos de acceso, para regular el flujo de personas en un área de por sí abierta. “A veces el ruido es un poco incómodo –reconoce Gavilondo–, no solo para mí, para los artistas en general. Pero bueno, eso forma parte de la dinámica de Fábrica; no es un salón de conciertos”.

Una de las productoras, Yoana Grass, explica que este es un espacio informal y todas las músicas no se defienden bien en esas condiciones. “Si al público no le gusta una propuesta, se va a otra sala y los músicos en ocasiones no son receptivos a estas señales, pero creo que son oportunidades de crecer para ellos, si las aprovechan bien”.

La programación se guía por criterios flexibles. “Antes era estrictamente música clásica, y con el tiempo se han presentado diversos formatos de música contemporánea, experimental, world music… Hemos tratado de ampliar esa gama, para tratar de mostrar todo lo que se pueda”.

El trabajo se extiende, a su vez, cuando comparten la sede oficial de varios eventos, como el Festival Esteban Salas de Música Antigua, el Festival de Música de Cámara y, próximamente, el Premio de Composición de Casa de las Américas.

La ventana para los artistas foráneos permanece abierta. “Todo el que llega sabe que existe Fábrica, y quiere tocar aquí. En ocasiones hay que mover músicos cubanos de una fecha, correrlos para acá, dejarlos para la temporada que viene o hacer doble función”.

Cada semana el público cambia: un día parecen más callados, otro día demasiados conversadores. “Es la naturaleza del lugar y hay que lidiar con eso, adaptarse, sin cerrar completamente un espacio”.

Nave 4. Sala de Conciertos

“El público que viene aquí es conocedor, le gustan las cosas experimentales, y hacia eso vamos en la programación”, asegura Carlos Alfonso, quien coordina las manifestaciones de jazz, pop y rock.

Aun así, la popularidad o aceptación mayoritaria no definen la selección. Por ejemplo, la salsa y el reguetón quedan fuera, pues ya cuentan con otros espacios. “A nosotros no nos interesa si la sala se llena o no se llena. Cuando el público deja a un artista valioso, y no lo escucha, lo que yo pienso es: ‘la gente se lo perdió’. Pero si es un buen músico no vacilamos en programarlo”.

Algo similar ocurre con los invitados de otros países. “Les pedimos conocer lo que hacen, escuchar grabaciones, si son en vivo, mejor; porque no por ser extranjeros tienen que ser buenos. El problema es si tienen calidad; ese es el criterio”.

De hecho, Fábrica ha sido el escenario de varios conciertos memorables en los últimos años, como el de Dave Mathews y el de Preservation Hall Jazz Band. Algunas de estas presentaciones han sucedido por azar, “pero siempre procuramos tener a los mejores aquí –señala Marla Cruz, productora–. A cualquier lugar le gustaría que los más grandes sean parte de sus espectáculos, y que el público después recuerde el sitio porque ahí tocó Marcus Miller”.

Lo dicho: en temporada de eventos, la actividad se vuelve más intensa. El Festival Jazz Plaza, el Havana World Music, AM-PM América por su Música… tienen ya en Fábrica un espacio habitual. “Cuando está el festival de jazz casi todos los que llegan pasan por aquí: dando una clase, un concierto, o en colaboración con artistas cubanos”, destaca Carlos Alfonso. Durante esos días, la programación debe tejerse con cuidado para evitar choques.

“Aquí vienen muchos músicos, el público es conocedor, y eso te obliga a superarte cada día –comenta Fabric Aguilar, sonidista de Nave 4–. Quien está ahí sabe lo que está oyendo, lo que tiene que suceder. Por eso tienes que trabajar muy fino”.

Backstage de un concierto de Cimafunk. Foto: Larisa López.
Backstage de un concierto de Cimafunk. Foto: Larisa López.

La noche es joven

Cinco años después, Fábrica de Arte mantiene esa vocación de brindar espacio a quienes comienzan, o a quienes lo merecen y quizás no lo encuentran. “Hay muchos que empezaron desconocidos y ya no lo son; es decir, esto es una rueda, porque ellos han crecido junto con la Fábrica –comenta Alfonso–. Por ejemplo, Cimafunk, ahora yo no sé si querrá venir a tocar aquí” (risas).

En la lista de deseos está lograr una relación más cercana con las escuelas, y continuar la formación vocacional con niños. “Es difícil, pero hay que seguir intentando que haya presentaciones a la misma vez –subraya Pepe Gavilondo–. Si dejamos que todo el mundo esté en un área, y después en otra, pues entonces no tiene gracia, porque este es un lugar interactivo, aquí la gente tiene que pasar, salir, entrar”.

Cada fin de semana, de jueves a domingo, se suceden como mínimo ocho conciertos. Ahí parece estar el quid de haber alcanzado –y mantenido– un puesto delantero en la vida nocturna de la ciudad. “Quizás si FAC estuviera en Nueva York no sorprendiera tanto –sugiere Yoana Grass–. Creo que la distinción también viene por contraste, porque la gente no se lo espera en Cuba”.

Backstage de un concierto de Dafnis Prieto. Foto: Larisa López.
Backstage de un concierto de Pancho Céspedes. Foto: Larisa López.
Backstage de un concierto del Preservation Hall Jazz Band. Foto: Larisa López.
El baterista Oliver Valdés y la productora Tania Menéndez. Foto: Larisa López.
El pianista Aldo López-Gavilán y el locutor Juanito Camacho. Foto: Larisa López.
Equipo de Producción de FAC. Foto: Larisa López.
Las productoras Tania Menéndez y Marla Cruz en el backstage de un concierto de Roberto Fonseca. Foto: Larisa López.
Santiago Auserón y X Alfonso. Foto: Larisa López.
X Alfonso y Billy Gibbons. Foto: Larisa López.
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