Ilustración: Mayo Bous.

Descarga: Telmary

en PM

Esta sección, que abrimos con la rapera Telmary, es una invitación a que los músicos cubanos cuenten, canten, rapeen, improvisen, en fin, descarguen en primera persona sobre el tema que le venga en ganas.

Cuando supe que lo que más me gustaba en el mundo era estar en un escenario, micrófono en mano, palabra lista, vista al frente, punto fijo, pie forzado, ego en cero, marca un beat, público atento, manos sudadas, respirar… y soltar el verbo, conocí mi vocación, para lo que nací: ese momento especial de mi vida, ese segundo en que pongo un pie en escena y vuelan las palabras.

Descubrirlo me tomó tiempo, y en eso llegó un amigo DJ que hoy todos conocemos (DJoyvan de Cuba), y un diario en mi bolso que guardaba los tesoros del acontecer de la farándula, esa cartelera extraoficial que solo se sabía corriendo la voz, sin celular, sin flyers, carteles. “¿Pa’ dónde nos vamos hoy a descargar?” … pleno periodo especial, finales de los noventa.

Y ahí estaba yo, descubriendo mi arte, “haciéndome la artista”, cuando me paré frente al espejo y dije: “¿Ahora quién soy, de qué voy? Quiero ser distinta, marcar la diferencia, tener mi propio swing, mi propio look…” Me miro los pelones, sueltos, rizados “a la fuerza”, entrigueñada habanera con tilde de “mulata blanconaza”. Y yo sintiéndome negra, NEGRA DE SELVA, NEGRA DE SER, NEGRA ADEMÁS, mirando como los pelones rizados se erizaban, se engrifaban, se frizaban (¡tremendo calor!) y caían en mi cara como una cortina incómoda que no dejaba ver la luz. Me dije: “¡Esta pinta es de rockera total!”, y claro que lo era. Escuchaba a Pink Floyd, Nirvana, ¡Alanis Morrisette me encantaba! Y también a Prodigy, Chemical Brothers, Massive Attack, la era electrónica llegando a La Habana… y pantalones campanas, colores, tejidos, plataformas, pelos sueltos sí… pero ese pelo en mi cara todo el tiempo mientras rapeaba la vida cotidiana no me cuadraba, vaya… ¡no estaba en ná!

Me miro en el espejo; jamás supe hacerme nada curioso ni lindo en el pelo, ni tenía tiempo (ni lo buscaba) para ir a la peluquería (¿yo?, nooooo, una tira alante no resolvía el problema, un moño tampoco, ¡que cheo!). En fin, no me encontraba.

Sí seguía todo tipo de música donde quiera que fuera la descarga: trova, rock, jazz, house, techno, timba y, claro, folk. El mismísimo folklor cubano.

Un día fui a un tambor a Yemayá en Centro Habana (siempre me decían que era hija de Yemayá o de las dos aguas; acuática que soy, Piscis además, me lo creía y me encantaban sus cantos, su danza, su potencia, su fuerza). En ese tambor me dijeron que las malas energía entraban por la cabeza y de repente me sentí desnuda con los pelones sueltos, me dijeron que ahora que era artista tuviera mucho cuida’o, que debía protegerme. Una hija de Yemayá me puso un pañuelo blanco en la cabeza al estilo cubano, como Mamá Inés, me reí de mi pinta y seguí de rumba, olvidé que tenía el pañuelo en la cabeza y llegué a mi casa con él puesto, me miré en el espejo y me dije: …“Así quiero verme… ¡esta soy Yo!” Cubana, afro, guerrera, protegida por las deidades de las aguas, lengüisuelta y lista pa’ comerme el mundo… (un mundo de hombres, de raperos equivoca’os y de gente que no siempre me desean el bien). Este es mi swing, mi imagen, mi protección, pa’allá, pa’allá las malas energías, esta es mi arma, mi sello, mi cura pa’ los malos ojos, ¡mi ashé! Ahora me llamo Telmy Telma de La Habana sana y mi turbante es mi identidad.

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