Portada del álbum "Fuerza Arará", de Telmary.

Coherente is awesome

en PM

Entre la música que más me gusta está aquella que no se deja poner nombre, un poco inasible, mulata. En ese larguísimo playlist agrego a Telmary con su Fuerza Arará, disco-criatura concebido con laborioso amor. (La mayoría de sus fans la siguen a partir de su comienzo con Interactivo. Me incluyo. Así que perdonen si escribo desde ese vasto lugar que es la parcialidad).

Empecemos casi por el final. Soy el verso le pone tiempo de jazz y rap a los versos sencillos del Apóstol. Eso mismo. Aun sin haberlo escuchado antes, uno puede repetir el coro porque son estrofas que nos sabemos desde la primaria: Yo vengo de todas partes / y hacia todas partes voy… Después de tanta palabrería hueca, apuesto que a Martí le hubiera encantado oír sus rimas entonadas, poderosas, en la voz de una mujer.  

Una mujer que una noche, tal vez, se quedó sin más canciones para su niña que no se dormía. Entonces decidió inventar su propia Nana para Samara. Qué cosa bonita un arrullo con tambores batá, emparentado por línea directa con el Drume negrita de Bola de Nieve.

Siguiendo el orden inverso, se acabó.

O sea, Se acabó cuenta cómo a las mujeronas –a las duras, las emancipadas– también les pasan gato por liebre; y cómo se arranca sin piedad ese pedazo del alma. Pero mejor que se forme. De hecho, Se formó la conga con Rumbatá. En la próxima carpeta de “Variado pa’ la fiesta” no puede faltar este tema.

Alguna vez Telmary se refirió a sí misma como una artista del featuring. Este disco, al igual que los dos anteriores, lo confirma. Por ejemplo, en la nueva versión de Cógela cómo arde, con el Ruzzo, de Orishas. Gran idea revivir esta sabrosa crónica urbana, que ya quisiera yo viniera a mi cabeza cuando el no-transporte saca el Míster Hide dentro de uno.

Fuerza Arará abre el disco, a dos voces con Kumar. Él y Telmary –hermanos de alma– forman un tándem infalible, y lo saben. Sublevao Bit está a cargo de la producción musical y los arreglos del CD, y su mano se presiente detrás de varios temas.

Hace algunos años, en un Simposio de Hip Hop en La Habana, el líder del grupo italiano Zero Plástica, Sergio Limuti, afirmaba que los rumberos rapean y no lo saben; hay una arteria que une la tradición afrocubana con el rap. Telmary encontró esa fibra, y ahí plantó su bandera.

Con Fuerza Arará continúa una ruta que ya se perfilaba en A diario (2007), y que siguió andando en su siguiente entrega, Libre (2014). La mayor virtud de este disco, creo yo, es que su música madura, crece, y a la vez continúa pareciéndose a ella misma. Esa coherencia deviene mérito supremo; algo de lo que no todo el mundo es capaz.  

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