Cimafunk. Foto: Cortesía del artista. Foto: Marie Aureille.

Cimafunk: “Yo no quiero que mi música sea una alternativa”

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Cuando de música cubana se trata nos enfrentamos a un océano de posibilidades sonoras, que van desde la interpretación de géneros tradicionales en su forma más pura hasta la apropiación de elementos muy específicos de nuestra identidad. De ahí lo difícil que resulta combinar de forma atractiva las sonoridades netamente cubanas con códigos estéticos globales y  contemporáneos.

Por eso mi asombro cuando descubrí, casi por azar, en un tema titulado Paciente, la perfecta combinación entre el bajeo típico de la música funk y un tumbao propio del son montuno, sintiéndose por igual groove y cadencia. Esa admiración aumentó una vez que le puse rostro a esa voz y me encontré a Cimafunk, un pinareño que canta funk a lo cubano. Con semejantes credenciales, resulta más que comprensible mi necesidad de conversar con él, uno de los exponentes de la música cubana contemporánea que más aceptación tiene dentro del panorama sonoro actual.

Respaldado por un imaginario casi místico, Erick A. Iglesias “Cimafunk” sustenta su propuesta artística sobre una identidad cultural peculiar. Su capacidad para transitar de un lado a otro, tanto en lo musical como en lo estético, resulta elemento determinante dentro de su creación.  

¿Qué es Cimafunk?

Cimafunk es la mezcla de música afrocubana con funk, tiene que ver con lo que soy. Yo me di cuenta que estaba muy identificado con “lo afro”, por eso Cimafunk tiene “cima”, que viene de cimarrón. Luego, en mi historia familiar, empecé a buscar ese vínculo y descubrí que tuvimos un ancestro que vino de Nigeria y que fue un personaje. No sé realmente si fue esclavo, pero sí que vino para Cuba en esa etapa.

¿Te sentiste identificado con todo lo afro o solo con la “cultura del cimarrón”?

Con lo afro en general. De lo afro lo que más me interesa es lo cimarrón porque es lo que más tiene que ver conmigo. En los tiempos de la esclavitud en Cuba estaban los cimarrones y los esclavos; y yo prefiero ser cimarrón. Además, la música del cimarrón tiene sus transformaciones. Todos ellos tenían su propia identidad, su manera de tocar el tambor, y de repente, esa gente viviendo en el mismo lugar, conviviendo, ahí se creó otra cultura, que es la que yo estoy intentando encontrar.

Ya siento que mi música es algo intermedio, otra cosa. Por eso me gusta identificarme con el cimarrón, porque a mi modo de ver, mi trabajo, lo que hago, está un poco salido del medio, de lo que está sonando.

¿Qué elementos crees que diferencian tu música de otras que suenan actualmente en Cuba?

Yo creo que lo diferente es que me manifiesto a mi manera, y lo que trato de hacer siempre es mostrarme como soy. El final del camino, lo que uno busca o al menos lo que yo busco, es ser cada vez más sincero con la música. Ser lo más honesto posible en el show y expresarme realmente como quiero. Va de descargarme a mí mismo. Y entonces cuando eso pasa, me doy cuenta de lo divertido y lo bien que me siento haciéndolo.

Entonces ¿para ti, tu propuesta artística va más allá de lo musical?

Mi propuesta es un show, una identidad, un mensaje a disfrutar algo nuevo y a abrirle la mente a mucha gente. Hay un vacío de este tipo de música; y las masas la necesitan.

Concierto de Cimafunk en el Pabellón Cuba, La Habana. Foto: Marie Aureille.
Concierto de Cimafunk en el Pabellón Cuba, La Habana. Foto: Marie Aureille.

Cuando dices este tipo de música ¿a cuál te refieres?

A la música que yo hago, que es la mezcla de música afrocubana con funk.  Yo no le digo alternativa ni fusión. Yo no quiero que mi música sea una alternativa, yo quiero que mi música sea lo que es.

Es bueno cuando de pronto esa música llega a las masas, a personas que se sienten identificados con otros géneros, que de repente puedan aprenderse una canción y pueda gustarles. Que de pronto mi papá, mis tías, o la gente del barrio le puedan descargar a esa música. Esa es la idea. Siento que es importante para mi música y para otra mucha música que hay en Cuba que le empiece a llegar a todo el mundo, que sea masivo.

¿De dónde bebe sonoramente Cimafunk, cuáles son tus referentes musicales?

La música vieja… El Benny, Arsenio Rodríguez, Rolando Laserie. En el caso de Laserie… él es algo que me parte la cabeza, además, sus shows también me cuadraban muchísimo, como se vestía y eso. De aquí de Cuba hay mucha gente más. Por ejemplo, José Luis Cortés, su obra, su performance. Siempre he pensado “mira a este tipo en lo que anda metido”. Su ropa, los músicos, los cantantes, la locura… Todo lo que él hacía que es un performance violentísimo, siempre me ha gustado. Los Van Van… toda la música cubana tiene mucha calidad.

Sí, pero cuando escuchamos a Cimafunk, también se perciben otras influencias…

Sí, claro. Por otra parte, está la música de los Estados Unidos, la música del mundo, de África, de Nigeria. Fela Kuti es una cosa muy fuerte. Yo creo que tengo mucha influencia de su música y de su concepto musical, y de James Brown por supuesto. Toda la cosa del funk que después se convierte en pop, hip-hop, estas tendencias que salieron de él. Entonces, lo que yo hago es la mezcla de eso a mi manera. Yo me alimento de allí todo el tiempo.

Entonces, partiendo de lo que dices anteriormente, se puede entender que tú música tiene como pilares fundamentales el funk en su estado más puro, la música afro y la música cubana. Si lo vemos desde esas tres vertientes ¿cuál tú crees que esté más presente en tu creación musical? ¿Crees que tu música es una fusión de elementos de las músicas afro y cubana teniendo el funk como base, o crees que es una fusión de ritmos foráneos tomando como cimiento la música cubana?

Cuando escribo una canción normalmente empiezo por algo que sienta. Muchas veces comienzo con un tumbao en la guitarra, y a ese tumbao le voy incorporando cosas. Para mí es muy difícil definir qué elemento está más presente.

Lo afro es algo que últimamente me hala muchísimo. El groove de Fela Kuti me tira mucho en las cosas nuevas que estoy haciendo, igual que el funk. Este tipo de movimientos en el drums y en el bajo, haciendo esos esquemas rítmicos y melódicos que se repiten me está halando mucho. Pero igual la música cubana.

A veces cuando hago una canción, aunque no la enfoque hacia eso, el elemento de lo cubano está presente porque es inevitable. Si te fijas bien, todas mis canciones tienen algo cubano. A veces estos elementos están todo el tiempo en la base, otras veces hay un pedazo que es cubano netamente y que luego entra con una timba pero que es más para el funk, aunque al final es música cubana y es una locura.

La manera de fusionar estos tipos de música ¿es intencional o de forma espontánea?

Normalmente llega cuando me pongo a armar los temas. Yo hago las canciones normalmente en la computadora, la base o lo que es la esencia del tema siempre la hago yo en la casa. Luego llego al ensayo y nos ponemos a probar cosas. De pronto vas por un pedazo y piensas “…y si aquí fuera tal cosa…, vamos a probar esto aquí… Bueno, dale, se quedó.” Eso va sucediendo así, es bastante espontáneo.

Al verte actuar, es muy fácil darse cuenta que tienes mucho de James Brown en tu performance, en los gestos, en la forma de bailar, en la fuerza en escena, en la imagen. ¿Es intencional esta “apropiación” o es algo inconsciente en ti?

Cuando tú haces esta música, cuando interpretas un funk como Ando relajao, ese tipo de cosa, eso lo hizo James Brown, el dictó las maneras. La referencia que yo tengo de esa música es él, como también lo es para muchísima gente que oye ese tipo de música. Todo el que ha hecho algo de música popular, sobre todo algo que tiene que ver con pop más a’lante, con funk, con hip-hop, toda esa gente ha bebido de James Brown porque no hay de otra.

Para mí es un orgullo que me asocien con un personaje que es tan importante para la música del mundo. Yo tengo que ver con James y también con el Benny. A esa gente yo la fusilo. Fusilo la música, los estudio, porque al final ya la música está hecha. Todo lo que nosotros estamos haciendo es reciclando, y si tú reciclas de lo bueno tienes la posibilidad de lograr mejores cosas que si reciclas de los más actuales, que no son malos pero que ya hicieron su proceso de reciclaje.

Lo mejor es reciclar del producto puro. Yo prefiero ir para atrás y para atrás, y buscar de allí, alimentarme de allí para luego transmitirlo a mi manera. Ellos marcaron su tiempo, crearon algo. De cero, cogieron e hicieron “bum” algo genial; nosotros estamos aquí haciendo un remix, todos.

Otro aspecto que llama mucho la atención y que es característico de Cimafunk es tu proyección vocal, la misma que por momentos puede sonar medio rajada o aparentemente descuidada en cuanto a su colocación. ¿Esto lo haces a propósito? ¿Pretendes hacer de este aspecto un sello estilístico de Cimafunk?

Esa es mi voz. Cada tema se canta de una manera. Por ejemplo, Parar el tiempo, que es una canción pop se canta en falsete completamente; un tema cubano se canta con un color de voz que tiene que ver con tu voz también, pero que es una manera de colocación diferente. Yo no lo entiendo bien, pero siento que la coloco de una manera diferente cuando voy a cantar algo como Ponte pa’ lo tuyo.

La canción Alabao, en la parte cantada, tiene una proyección diferente porque yo intencionalmente quiero que en ese momento se vaya toda la banda, quedarme yo cantando acompañado solo por el piano y que sea más sutil, hasta que vuelve a entrar toda la banda. Es un timbre bastante nasal en algunas partes, en otras no. Todo tiene que ver con la canción, con el ritmo, con el clímax.

Cuando hago un tema yo pienso en el show, en bajar a la gente, en subirla, de pronto darles un rapeo. Voy buscando las maneras de proyectar eso con la voz. Pero sí, es mi voz natural, es lo que hay. De la academia no sé porque no estudié música en academia ni nada de eso. Yo la “echo” como soy, y así estoy bastante cómodo. Igual, si tengo que dar un día clases o algo de eso sería genial, pero de momento me siento cómodo con mi color de voz.

¿Cuál crees que sea el elemento artístico-musical que más atrae de Cimafunk al público? ¿Cuál es el mayor gancho que tiene tu banda?

Creo que son los temas y la sinceridad de toda la banda, el disfrute. Cuando ves la banda y ves lo que está pasando te contagias. Los temas son bastante nuevos, son bailables. Muchos de estos tienen que ver con la manera en que se habla actualmente. Son varios factores.

El texto es algo que la gente entiende porque habla de lo que te pasa diariamente, pero yo igual lo combino. Trato de dar el mensaje como en doble sentido, tocando cositas un poco eróticas, pero sin llegar a la vulgaridad. Se trata de reflejar y de comunicarte usando las palabras de la gente. Hoy no se dice “me dejaste, mi amor” o “eres una arpía”, la gente en la calle habla de otra manera, yo hablo de otra manera. No puedo ahora escribir una canción y tratar de escribirla de la manera en la que no hablo, porque no estoy siendo sincero y eso la gente lo entiende. Por eso es que el público se siente conectado…están hablando tu mismo lenguaje.

Yo me siento identificado con lo que hago de manera natural, es simplemente escribir un texto como tú lo sientes y sobre todo como lo podrías comunicar. Y lo tiro así, y al final la gente lo entiende y lo puede bailar. Y cuando va al show lo que ve es que los músicos y yo lo estamos disfrutando. Tú no puedes hacer una música que es para gozar y no estar gozando, porque si no la gente dice “tú me estás engañando loco”. “Tú eres un obrero, estás haciendo una pincha de obrero y esto es arte, es comunicación, es otra cosa”. Entonces, yo lo que hago es descargarle a lo que hago y descargarle a como lo hago. A eso es a lo que la gente le descarga, porque la gente quiere sentirse bien.

¿Tiene Cimafunk el sonido ideal para ti?

Todavía le falta muchísimo. Falta mucho ensayo, sobre todo falta tiempo. Esa es una de las cosas que me tiene siempre más preocupado. Tú vas alcanzando una cosa, pero no puedes acomodarte, porque el hecho de que te descargue la gente no quiere decir que todo está bien. El sonido que estamos teniendo ahora no es el sonido ideal que yo quisiera tener en un momento determinado. Yo quiero meter metales…

A mí lo que me importa realmente es el sonido de la banda en vivo, porque el disco tú lo haces como sea. Eso es un año de producción en tu casa, poniendo esto, quitando lo otro, eso se hace; pero la cosa en vivo es lo realmente importante. En vivo tienes que ser suficiente; por eso siempre voy tratando de buscar las cosas que faltan en ese sentido, y falta muchísimo.

Falta mejorar la concepción de lo que se quiere, la limpieza en el sonido, la seguridad en lo que se toca, lo que hace el bajo, incluso los arreglos. Todos los temas en vivo se hacen diferentes a como están en el disco. Entonces eso hay que cuadrarlo, hay que cerrarlo porque ya cuando estás cuerpo a cuerpo con la gente es diferente. Pero sí, falta muchísimo todavía.

Si te dieran a escoger músicos al azar para armar Cimafunk nuevamente ¿quiénes integrarían tu banda?

Eso está complicado porque mira que yo he buscado gente, pero ahora mismo con estos chamacos que estoy me siento tan cómodo. Todos entendemos el mensaje, todos están súper nuevos, listos para lo que haya que hacer. Me gusta el nivel de comunicación que tenemos, el hecho de que podamos llegar todos a un grado de entendimiento donde la pincha sea lo más importante, no que el músico sea lo más importante, no que yo sea lo más importante. El producto en general tiene que ser lo más importante.

Hay músicos que son súper bueno, súper talentosos, pero de pronto les es difícil la comunicación más general, no con los otros músicos, sino con el concepto de la música que se está haciendo en ese momento. Si tú haces pop o si haces un tema funk donde el bajeo es el mismo porque tiene que ser así, porque es el groove lo que mantiene a la gente, es necesario que ese bajista sea capaz de tocar eso y ya. Entonces, tú puedes buscarte el mejor músico del mundo, pero si no puede mantener los dedos tocando lo mismo una y otra vez porque es lo que lleva el tema, si no puede mantenerse haciendo eso no es funcional, no me sirve. Es preciso que sienta la importancia de hacer una nota, transmitir más con menos.

Por eso yo con estos chamacos estoy súper en talla, porque ellos entienden eso. Y sobre todo el funk… El funk es lo que tú no tocas. Eso es lo que hace que el groove se mantenga. El silencio es lo que te da la cadencia, lo que te da la esencia. Y es muy difícil cuando tú tienes músicos muy buenos. Que también te digo que aquí hay músicos muy virtuosos y talentosos que entienden eso a la perfección, porque aquí hay músicos geniales, pero hay muchísimos que no. Siempre es como la búsqueda y siempre es como más difícil cuando yo lo explico.

Yo no soy músico, yo no sé nada de música. Yo grabo los temas con la voz en la casa y le digo a un músico “ven grábame esto que hice”. Entonces es más difícil cuando tú en medio de un ensayo tienes que explicarle a él que el concepto es otro, que la cosa es otra y entonces él te dice “no, pero esto es lo correcto musicalmente”; y tú tienes que volver y decirle “pero es que eso no es lo que me importa, lo que yo quiero es lo que es correcto aquí, en esto, lo que todo el mundo siente o al menos encontrar la manera en que todo el mundo pueda sentirlo”. Entonces con estos chamacos estoy súper bien porque entienden eso perfectamente y cada día más. Creo que estamos logrando el camino hacia un sonido más específico, hacia un lugar donde al fin encontremos un sonido propio.

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