Enrique Carballea. Ilustración: Mayo Bous.

Backstage: Enrique Carballea

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Desde el amanecer a la madrugada Enrique Carballea busca concretar sueños. Da igual si se trata de la trayectoria de un músico, la realización de un disco, un video o un evento. Todo requiere de intuición, paciencia tibetana y golpear puertas, ventanas y hasta paredes. En eso se ha vuelto un capo. Le alcanza con abrir un agujerito: por ahí se va a colar, imbatible.

Por más de cuatro décadas se ha movido en el eje de una cultura de resistencia a las etiquetas. Manager, productor, coordinador, visionario: amigo. Se relaciona con debutantes y consagrados. Algunos le deben buena parte de sus cuotas de popularidad o trascendencia. Sin su apoyo eficaz o su crítica precisa, el presente no sería el mismo. Le atraen los cruces de caminos, la experimentación y el factor riesgo. Lo suyo es propiciar que las complejas piezas de la creación hallen su sitio exacto en el rompecabezas. No es casual que su entrada en estas lides fuera con Arte Vivo, un colectivo sin precedentes ni continuadores en Cuba. Aquello era un rock innovador, que se movió entre lo concertante, la improvisación, el jazz y el danzón. Fue su primer choque con egos y burocracias, con problemas y soluciones. Terminó graduado con los altos honores que dejan sonrisas y cicatrices.

Más tarde se involucró con distintas responsabilidades en carreras y proyectos de Víctor Rodríguez, Pedro Luis Ferrer, Sergio Vitier, Silvio Rodríguez, Haydée Milanés, Interactivo, Robertico Carcassés, Elmer Ferrer, Polaroid y El Diablo Ilustrado. Un abanico donde hubo más rock, pero también blues, jazz, música clásica, funk, canción, trova, folclor, fusiones. Estabilizó propuestas enlazando oficio y afectos. Y, por supuesto, estuvo Santiago Feliú: un punto y aparte para ambos. Lo acompañó en uno de sus períodos más fructíferos, en discografías y escenarios. Algún plan quedó trunco cuando el corazón del cantautor faltó a la cita con la vida. Pero incluso así, quizás Enrique logre que vuelvan a trabajar juntos. La muerte no es siempre un final.

Con Jazz Cuba Today (2005) se estrenó en la producción de audiovisuales. Valioso testimonio de aproximaciones instrumentales al género en la isla, el DVD marcó un estilo de labor sustentado en la sobriedad y el interés hacia ángulos diversos de la música nacional. A partir de allí ha mantenido una coherencia estética en siguientes experiencias con Luna Manzanares, Sampling, Enrique Pla, los Hermanos Arango y Drums La Habana (Rodney Barreto & Oliver Valdés), entre otros. Al margen de los premios obtenidos, los identifica una ética que renuncia a las candilejas del aplauso fácil.

Para Enrique Carballea el éxito es apenas una forma de sentirse bien tras cada jornada. Más músico que algunos que andan por ahí, cuando se apagan el último amplificador y la última bombilla, es feliz sencillamente escuchando sus discos de Led Zeppelin y Emiliano Salvador, tomando una cerveza y repasando memorias para un libro que no acaba de escribir. Como cuarenta años atrás, con fluctuantes dosis de locura y lucidez, sigue en busca de un arte vivo.

Padre por partida doble, melómano sin diploma y actual desempleado laboral. Le gusta caminar, leer y escuchar música sin un orden específico. A veces escribe.

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