Dando la nota: Art Bembé

por
AM

Ahora me parece lo más natural del mundo decirlo al revés pero en los primeros tiempos decíamos “Pavel y Gema”. Yo había escogido a Pavel como única persona que compartiría conmigo el espacio que bauticé como La Peña de Marta Valdés. Sus canciones nada tenían que ver con las mías y eso era bueno para la salud de aquellas tardes de sábado. Lo que sí tenía que ver y mucho, era la vocación suya y mía por la música, el empecinamiento de ambos en contra del facilismo. En más de un ocasión me había desempeñado como jurado en concursos donde aparecían canciones suyas que alcanzaban la categoría de “finalistas”, pero a la hora de adjudicar los premios comenzaban las objeciones y siempre se les aplicaba, a piezas que artísticamente eran inobjetables, el esquema que desviaba las cosas hacia el plano de la interpretación colocándoles el cartelito de “difícil de cantar” o “difícil de aprender para la gente”. El colmo fue cuando la que considero ya un clásico en la obra de Pavel Urquiza no figuró entre las que salieron a competir en público bajo el argumento de “eso no hay quien lo cante”.

Todos los sábados en aquella reunión de asiduos en un patio centenario de El Vedado, bajo una mata de zapotes, se me hacía un nudo en la garganta y se me aceleraba el corazón cuando el público —personas de todas las edades, de todos los puntos de la ciudad— se despedía hasta la semana próxima entonando a coro esa misma canción como si fuera un himno: “…yo te quiero ver al amanecer, mi Habana querida; yo te quiero ver mi Habana, intacta, toda la vida…”. Esto fue solo un año después del episodio en que había sido nominada como una candidata al silencio perpetuo.

Un sábado de junio a principios de los 90, coincidiendo con el Festival Boleros de Oro que siempre tiene lugar en La Habana, Pavel se apareció con un estreno. Era un bolero dedicado a mí y lo traía a dos voces con Gema Corredera. Cuando escuché el Bolero Inconcluso por primera vez, la emoción me dejó espacio para intuir, con toda mi lucidez, que estaba comenzando algo irreversible en la historia musical cubana. Y así fue, porque ya desde ese mismo día al caer la tarde, la peña cerró con el consabido himno cantado a coro por los presentes pero sazonado con las improvisaciones de Gema que pedía “un aguacero pa’ que limpie mi ciudá de quien no está ni con Dios ni con el diablo”.

El patio donde nos reuníamos es un sitio especial. La casona de finales del siglo XIX o principios del XX donde está enclavado, fue la residencia de una familia cubana de abolengo. Su arquitectura peculiar la hace atractiva a los ojos del transeúnte. Durante varias décadas sus locales han servido como espacios para diversas actividades propias del grupo Teatro Estudio. Su entrada mira hacia la calle Línea, su patio, al fondo, sale a la calle 11, paralela a esa avenida, por el único camino trazado con baldosas de hierro que posee la ciudad de La Habana y que debió servir para la circulación de todo tipo de vehículos utilizados por la familia. La tarde que concebí la idea de abrir mi peña venía yo deprimida luego de un descalabro sufrido por culpa de unos burócratas. Decidí acortar la ruta hacia el autobús que me llevaría a casa entrando por aquel camino y alcanzando la avenida por la puerta de la reja que rodea la entrada principal. Cuando cruzaba el patio me entraron unas ganas tremendas de no salir de allí. No sabía si estaba sintiendo nostalgia de algunas sesiones de ensayos con actores (yo trabajaba como asesora musical del grupo), pero miraba aquel espacio que circundaba la mata de zapotes y sentía que algo me inclinaba a no moverme del lugar. Fue así que concebí, como una manera de trasmitir mis canciones a la gente, la idea de colocar mi vieja silla americana debajo del árbol, anunciarme públicamente y comenzar a aparecerme allí en un momento fijo cada semana. Desvié el rumbo y en lugar de ir a mi casa, toqué a la puerta de la directora del grupo, la actriz Raquel Revuelta, le confié mi idea y obtuve de ella la más generosa respuesta cuando me dijo: “no me digas nada más y hazlo…”. Seleccioné un elenco integrado por dos o tres actores y añadí, como ya he dicho, a Pavel.

El patio de la que llamábamos Casa de Línea había sido escenario, años antes, de un movimiento de desarrollo musical ideado para los niños por quien fuera, a finales de los cincuenta, mi profesora de guitarra, Leopoldina Núñez. Al cabo del tiempo, cuando ya Gema se había hecho imprescindible en La Peña de Marta Valdés, al tratar de explicarme de dónde sacaba ella su facilidad para improvisar y descargar junto conmigo alguna de mis canciones, recordé que ella había figurado entre los niños que entraron al mundo de la música y de la guitarra de la mano de esa misma maestra en aquel mismo patio; me vino a la mente aquella noticia de que existía “una niña que canta y se acompaña tus canciones, tienes que oírla…”. Cuando Gema llegó con Pavel por primera vez a la peña, yo la conocía e incluso la había invitado a un programa de televisión dedicado a mi obra, en su calidad de intérprete más joven. Ahora llegaba a la conclusión de que ella posee el don de descubrir en la música caminos secretos desconocidos para el propio autor. Gema llegaba al mismo patio hecha una mujer y hacía de Pavel y de mí misma lo que ella pensaba que podíamos lograr como autores y como intérpretes.

Pavel comenzó desde entonces a ser un cantante que encajaba como nadie en sus propias canciones; empezó a componer temas que parecían hechos a la medida para ese diálogo con Gema, para esa manera de entretejerse que hacía inseparables las canciones de la forma en que se cantaban y tocaban; ahora pulsaba la guitarra enriqueciendo el ritmo, destacando los bajos, logrando unos saltos que nos hacían parecer que el instrumento tenía más cantidad de cuerdas; más cantidad de trastes. Nunca me he explicado dónde puede haber terminado el momento de componerse una de esas canciones suyas y dónde habrá comenzado para Gema el aprendizaje. La impresión real que tengo, lo aseguro, es que cada vez que cantan algo, aunque no le estén cambiando una nota o una inflexión en relación con otra ocasión en que hayan cantado lo mismo, lo están improvisando. Hoy por hoy, al escucharles, no me interesa saber cómo será el proceso de trabajo en el que el compositor se vuelve intérprete y la intérprete resalta lo que hay de creación en la obra. Gracias a Dios me he liberado y he logrado entregarme cuando me enfrento a ellos y los disfruto.

En un momento dado, Pavel y Gema comenzaron a ser Gema y Pavel —es cierto que suena más musical—; Gema y Pavel que insertan en su mundo a otros autores como quien busca a sus iguales para iluminarlos y decir “no estamos solos”. Ellos se desdoblan y nos obligan a desdoblarnos en cada sacudida del espíritu. Por ellos conocí, a estas alturas de mi vida, tantos rostros de la incertidumbre, el frío, el hambre y el miedo, tantas trampas del tiempo, que nunca voy a poder aburrirme. Por ellos me llegan todos los dioses a la vez reunidos y entrelazados en un lenguaje que desconozco y a la vez reconozco, que me lleva a mirar lo que está por detrás de la selva de Lam o en cada recinto de mi ciudad favorita de Portocarrero, o desde un balcón habanero de la entrañable Mirta Cerra. Por ellos olfateo un Madrid oloroso a nostalgia de frijoles negros servidos con amor en medio de ilusiones que se arman y se desarman para desembocar en los descubrimientos insólitos que nos ayudan a resistir el peso de la lejanía.

No sé por qué me han pedido unas palabras para este disco si estoy diciendo más de cuatro cosas de las que tanta gente se va a enterar por ellas. Que viajo con una cinta llena de grabaciones suyas y a veces encuentro gentes que los conocen y a veces gentes que salen a buscarlos porque los quieren en sus vidas. Que cuando me agarran las tardes escuchándolos a solas, me pongo a llorar porque me hacen mucha falta.

Que han sido diez años practicando el oficio de parecer siempre nuevos; extendiendo la mano y regando por todas partes su gracia; que son muchos los que han sido tocados por su influencia sana y luminosa. Que por eso ya no somos cincuenta o sesenta debajo de la mata sino que el teatro más grande de la ciudad se pone repleto para pasar un rato con ellos diez años después del estreno de aquel Bolero Inconcluso. Que también por eso estoy aquí, sea este o sea otro el disco para el cual me han pedido unas palabras.

Queridos Gema y Pavel: son las cinco de la mañana y algo me ha sacado del sueño en vísperas de un día especialmente laborioso, con la obsesión de encontrar un final para este mensaje, a sabiendas de que el tiempo apremia. Ojalá que todas las ilusiones y los desvelos colocados en este disco sirvan para sembrarles definitivamente en los corazones de todas las personas del mundo. Ojalá mis palabras sirvan para seguir acompañándoles en esta aventura espléndida que hemos venido compartiendo en complicidad con el tiempo y la distancia. Hace frío por estos días en nuestra ciudad. Dicen que Raquel ha puesto el patio de lo más bonito. Yo hilvané este párrafo, tal cual, con la cabeza en la almohada. Entonces me lo aprendí de memoria, corrí a prender el ordenador y me puse a escribir, pero al llegar a esta palabra me entraron unas ganas muy grandes de cerrar como si estuviéramos en la peña, tarareando aquello que dice: yo te quiero ver al amanecer, mi Habana querida / yo te quiero ver mi Habana, intacta, toda la vida.

Este mensaje se fue enhebrando, con amor, entre la tarde del 28 de diciembre de 2002 y la madrugada del 10 de enero del 2003 en el barrio habanero de Almendares.

CD 1
  1. Mamá Perfecta (Anónimo). Versión: Pavel Urquiza. Arreglo: Pavel Urquiza y José Ramón Mestre. Concepto de guitarra eléctrica: Ahmed Barroso
  2. Locura (Pável Urquiza). Arreglo: Pavel Urquiza y José Ramón Mestre. Concepto de guitarra eléctrica: Ahmed Barroso
  3. Si te abrazo más (Pável Urquiza). Arreglo: Pavel Urquiza y José Ramón Mestre. Concepto de guitarra eléctrica: Ahmed Barroso. Arreglo de cuerdas: Pavel Urquiza.
  4. Bangán (Pável Urquiza). Arreglo: Pavel Urquiza y José Ramón Mestre. Concepto de guitarra eléctrica: Ahmed Barroso. Arreglo de metales: Roberto Carcassés, Julio Padrón y Carlos Miyares. Tumbao: Roberto Carcassés.
  5. El bufón y el trágico. (David Torrens). Arreglo: Pavel Urquiza
  6. Flor de agua (Pável Urquiza). Arreglo: Pavel Urquiza y José Ramón Mestre. Concepto de guitarra eléctrica: Ahmed Barroso.
  7. Partir (Pável Urquiza). Arreglo: Pavel Urquiza y José Ramón Mestre. Concepto de guitarra eléctrica: Ahmed Barroso. Arreglo de cuerdas: Pavel Urquiza.
  8. La lluvia (Pavel Urquiza, Descemer Bueno). Arreglo: Pavel Urquiza y José Ramón Mestre.
  9. Sé feliz (Descemer Bueno). Arreglo: Pavel Urquiza y Descemer Bueno
  10. Diosa de Cobre (Pavel Urquiza). Arreglo: Pavel Urquiza, Fernando Favier, José Ramón Mestre. Concepto de guitarra eléctrica: Ahmed Barroso.

CD 2

  1. La zorra y el cuervo (Pavel Urquiza). Arreglo: Pavel Urquiza y José Ramón Mestre. Arreglo de metales: José Ramón Mestre. Concepto de guitarra eléctrica: Ahmed Barroso.
  2. Déjate llevar (Pavel Urquiza). Arreglo: Pavel Urquiza y José Ramón Mestre.
  3. Tu amor (Pavel Urquiza). Arreglo: Pavel Urquiza y José Ramón Mestre.
  4. No te vayas (Pavel Urquiza). Arreglo: Pavel Urquiza y José Ramón Mestre. Arreglo de metales: Roberto Carcassés. Concepto de guitarra eléctrica: Ahmed Barroso.
  5. Bolero filin (Pavel Urquiza). A Elena Burke, a lo Marta Valdés
  6. Unas horas de más (Pavel Urquiza, Descemer Bueno). Arreglo: Descemer Bueno, Ahmed Barroso y Pavel Urquiza.
  7. De Nueva York a La Habana (Pavel Urquiza, Descemer Bueno). Arreglo: Descemer Bueno, Ahmed Barroso y Pavel Urquiza.
  8. La puerta y el espejo (Pavel Urquiza). Arreglo: Pavel Urquiza y José Ramón Mestre. Arreglo de violín: Gladys Silot y Pavel Urquiza. A Robertico
  9. La lengua (Pavel Urquiza, Descemer Bueno). Arreglo: Descemer Bueno, Ahmed Barroso y Pavel Urquiza.
  10. Elewa (Pavel Urquiza, Descemer Bueno). Arreglo: Descemer Bueno, Ahmed Barroso y Pavel Urquiza. Arreglo de metales: José Ramón Mestre.

MUSICOS:

  • Pavel Urquiza: Guitarra acústica, electroacústica y española. Djembes en Tu Amor y percusión menor en La lluvia.
  • Fernando Favier: batería cajón, djembe, darbuka, zurdo, percusión menor, bongó, chekeré y berimbau. Set en Tu amor.
  • José Ramón Mestre: Teclados. Piano en Locura, La lluvia, Sé feliz y La zorra y el cuervo.
  • Roberto Carcassés: Piano en Mamá Perfecta, Flor de agua, Partir y Diosa de Cobre. Piano Phodes en Bangán, No te vayas y Unas horas de más.
  • Ahmed Barroso: Guitarra eléctrica y tres. Loop De nueva York a La Habana.
  • Descemer Bueno: Bajo eléctrico. Voz en Flor de agua, De Nueva York a La Habana y Elewa.
  • Yelsey Heredia: Contrabajo en Locura, Si te abrazo más, Tu amor y La puerta y el espejo.
  • Javier Kilez: Bajo eléctrico y Fredless en Partir.
  • Juan Carlos Formell: Baby bass en La Lengua.
  • Junior Terry: Contrabajo en Unas horas de más.
  • Gladys Silot: Violines.
  • Ivette Falcón: Cello en El bufón y el trágico.
  • Carlos Puig: Trompetas en Mamá Perfecta, La zorra y el cuervo, Tu amor; De Nueva York a La Habana y La lengua. Fliscornio en Sé feliz.
  • Carlos Sarduy: Trompeta en Bangán y No te vayas.
  • Manuel Machado: Trompeta en Elewa.
  • Alexander Batista: Saxo alto y tenor en La zorra y e cuervo. Flauta en Locura.
  • Segundo Mijares: Saxo soprano en Flor de agua y Tu amor.
  • Cándido Mijares: Saxo tenor en Elewa.
  • Roberto Martínez: Saxo alto en Bangán y No te vayas.
  • Denis Cuní: Trombón en Bangán y No te vayas.
  • Román Díaz: Congas en Unas horas de más, De Nueva York a La Habana y La lengua. Tambores batá en Elewa.
  • Moisés Porro: Congas en Mamá Perfecta, Bangán, La zorra y el cuervo. Quinto en Tu amor. Bongó en Mamá Perfecta y La zorra y el cuervo. Percusión menor en Bangán y La zorra y el cuervo.
  • Tany Allende: Congas en Locura, Flor de agua, La lluvia y No te vayas.
  • Telmary Díaz: Rap en No te vayas.
  • Francis del Río: Voz y coros en Mamá Perfecta.
  • Haydée Milanés: Voz en El bufón y el trágico y Flor de agua. Coros en Flor de agua.
  • Alberto Fabián: Voz santero en Mamá Perfecta.
  • Junior (El Narra) Cortesía Frutos Lavapies Lázaro y Lourdes: Voz abakuá en Bangán.
  • Camila J. Saidén Rojas: Voz niña en Bangán.
  • Gema y Pável: Coros.
  • Marilyn Rosillo: Coros en No te vayas.
  • En Mamá Perfecta aparecen Miguelito Valdés, Bola de Nieve, Celeste Mendoza, la Orquesta de Chapotín y Barbarito Diez.
  • En Bolero Filin aparece Elena Burke, extraído del documental Y me gasto la vida de Jorge Luis Sánchez.

Grabado por David Revuelto en Scramble Sound Studios, Madrid.

Temas El bufón y el trágico, Sé feliz y Bolero Filin grabados en Estudio Chitón y mezclados en estudio Arcos por Andrés Vázquez.

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